sábado, 30 de noviembre de 2019

El Día del Mate en el mundo de China


En esta nota Ezequiel de Freijo demuestra que “en el largo plazo el crecimiento de la economía argentina está notablemente ligada al crecimiento de la producción agrícola”.
Podría estar a favor de que nos dejemos de pensar en un sino histórico de industrializarnos y, mirando el futuro, nos dediquemos sólo a la agricultura.
Ustedes han escuchado mil veces frases como esta (esta es de Young Kong, presidente del Grupo Bloque Asia): “Estamos viviendo la decadencia de Occidente y el resurgimiento de Asia. América y Europa en su totalidad son 1.500 millones de población, pero en China hay 1.800 millones y otros 1.300 millones en India. Van a necesitar cada vez más alimentos, y ¿de dónde los van a sacar? De Brasil y de Argentina”.
El sino histórico de la industrialización era un vector contra la dependencia imperialista dentro de otro orden mundial.
Vamos entrando en uno nuevo, y entonces renace el antiimperialismo, ahora en resguardo de China, porque el orden será otro, pero la función de Argentina sería calcada a la anterior.

Bien. Esta disyuntiva Argentina-granero del Imperio vs. Argentina-autosuficiente es una disyuntiva excluyente que tiene como presupuesto el mandato moderno del desarrollo.
Desde que fue eliminado de la Marcha Peronista el verso "combatiendo al capital", las dos alternativas son modelos que tienen como premisa el desarrollo.
Llegar lo más lejos posible lo antes posible.

No quisiera descartar que uno de los factores por los cuales ni un modelo ni el otro nos llevó a ser Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica ha sido, más que nuestras limitaciones, una decisión de no desarrollarnos como el mundo manda.
“Éramos uno de los países más ricos del mundo, mirá dónde estamos ahora”, dice la consciencia nostálgica de derecha.
Esa consciencia explica la falta de desarrollo por la negativa. “No supimos, no pudimos, nos enredamos, nuestros políticos son corruptos”.

Pero nada dice que no hayamos tenido, en cambio, una actitud positiva. 
A partir de la sospecha de que el desarrollo capitalista trae mayor desigualdad y mayor dependencia, trancarnos y resistir, poner distancia.
Una actitud positiva, basada en razonamientos como “nos dicen que nos deslomemos trabajando, que así vamos a mejorar, pero nos deslomamos y cada vez cobramos menos, mientras ellos se llevan el producto de nuestro trabajo”.
Esta actitud es la que le hacía hervir la sangre de odio a Sarmiento y al enano fascista del que todos estamos embarazados, que sintoniza bien ese político Olmedo al aborrecer a los pobres concibiéndolos como haraganes: “¡agarrá la pala!”.

Estoy hablando de una actitud positiva de querer vivir todos tranquilos y bien.
Y listo.
Sin estar dispuestos a sacrificar esa tranquilidad y bienestar en pos de un desarrollo del que desconfiamos, en principio porque viene de afuera, no es deseo nuestro, y luego porque la experiencia nos dice que, adonde se produce, el desarrollo es aprovechado por otros.
Acaso es esa actitud positiva la que se ha impuesto en las pujas interiores de Argentina en pos y en contra del desarrollo, la que explica que no nos hayamos convertido en una potencia agrícola ni en una potencia industrial.

Es lógico que el tema vuelva a desparramarse sobre la mesa en este momento en que el nuevo mundo que tendrá a China como potencia organizadora, vuelve a prever que seamos granero (el Granero de la Franja y la Ruta), pero sobre todo, sigue dentro del paradigma del Desarrollo.
China está diciendo que Argentina debe desarrollarse.
Debe.
No hay otro camino.

Comento esto hoy, que es el Día del Mate.
Fecha establecida no por entusiastas materos silvestres, sino por el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, mediante la Ley 27.117, ​ sancionada el 17 de diciembre de 2014, promulgada de hecho el 20 de enero de 2015, y publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina, el 28 de enero de 2015.
De acuerdo al Instituto Nacional de la Yerba Mate, cada año los argentinos beben cerca de 100 litros de mate por persona, y la yerba está presente en el 90% de los hogares argentinos.
Ayer, hoy y mañana se está celebrando en La Rural la feria Matear 2019.
Es de notar que la costumbre del mate es indolentemente anticapitalista: con un puñado de unas hojas trituradas de una planta silvestre y un poco de agua de la canilla calentada con un mínimo de combustible, se conforma el hambre de varias personas.
¿Cómo puede una economía desarrollarse si su gente toma mate?




El juramento de mi tía Irma



Mi tía Irma no era maternal en el sentido de la mamá del monumento a la Madre en el Día de la Madre, buena, con niños, esposa abnegada, toda esa perversión.
Mi tía Irma era maternal en lo derecha que era.
Cuando se iba a dormir, pensaba en algunas personas que estaban enfermas o desdichadas.
Tenía un sentido fuerte de la desdicha porque era enfermera del hospital de San Nicolás, adonde iban a parar los apuñalados en una pelea, los niños de tres años que se tiraron una sartén de aceite hirviendo encima, las viejas que se habían quebrado la cadera bombeando agua, la mujer a la que el marido le había partido cuatro costillas a trompadas.
En ellos pensaba mi tía. Y también en personas queridas, que no la pasaban tan mal, pero que eran cercanas. En una tía que había enviudado hacía poco, en una sobrina que le daba demasiado trabajo a sus padres, en una amiga que se había enamorado de un hombre casado.
Revisaba la situación de cada uno, sopesaba alternativas para una solución, le pedía a Dios que ayudara a esta o aquella persona.
Al día siguiente, si se le había ocurrido algo que ella pudiera hacer, lo hacía.
Así era como le deseaba el bien a otras personas.
Yo tuve la suerte de que una parte de mí estaba dentro de esa tía.
Soy plenamente consciente de que mi vida ha marchado bien porque esa tía me deseó que me fuera bien.

En once días empezará un nuevo gobierno.
Yo estoy a favor de éstos que ganaron, porque su idea de sociedad puede permitir la solidaridad más que el gobierno que está terminando, que favorece más el bienestar de cada uno sin pensar que ese bienestar sólo puede ser completo si otros también están bien, especialmente las personas queridas.

Mi tía Irma era enfermera, había hecho un juramento con el que estaba enteramente comprometida y deseaba que la gente estuviera bien.
No hace falta mucho más que eso.
Y quiero decirles, hoy que mi tía Irma está muerta hace muchos años, que eso solo es una revolución.


martes, 26 de noviembre de 2019

El nombre del día




¿Hay mayor locura en que cada conducta sea diferente, sin lógica, o en repetir un patrón indefinidamente?
Cada día se me presenta con una impronta propia, como si cada día fuera una persona. El día resulta lo que yo hago con la realidad, que está impregnada de la personalidad del día. 
Podría decir que hay días tristes, vivaces, anodinos, cansados, saludables.
Si me pusiera perspicaz, podría distinguir las sutilezas de algunos días que tienen personalidades muy ricas.
Así, a cada día podría ponerle un nombre propio, Elizabeth Morales, Carla Alarcón, Ricardo Rossi, Mariana Rizo, Juan José Pinto.
Esto es lo que hizo en una de sus novelas un escritor de ciencia-ficción muy bueno, y en definitiva es lo que hacen los católicos con el santoral.


Cumpleaños 60


Estoy cumpliendo la sexta década de mi vida.

Es asombroso cómo las personas de la familia a la que pertenezco continúan siendo niños hasta que mueren; a los 50, 60, 70, 80 años o más.
Durante mucho tiempo vi esto como un defecto. Luego me he preguntado si no es una táctica inteligente. Como niño, uno siempre está abierto a que la realidad sea diferente de lo que uno cree, tiene la inteligencia ágil, todo el tiempo tiene ganas de jugar.

Algunos amigos muy entrañables me preguntan cómo voy a festejar mi cumpleaños. Me lo pregunto a su vez, a mí mismo, porque no me sale una respuesta automática.

Digo: “con sexo y drogas”.
Por supuesto que es literal. Pero no sólo. Sexo y drogas ¿qué significa?

Quiero decir que sobre los 60 años ya no puedo tragar sapos, tratar con personas ante las que deba sonreír hipócritamente porque tienen un pensamiento que no soporto y con quienes no tengo nada que intercambiar, nada mío que las nutra, nada de ellas que me interese.

“Sexo y drogas” es estar en pelotas, para poder decirte la verdad.

Llego entonces a los 60 años, con la urgencia de dejar atrás las relaciones de compromiso, las relaciones inútiles, que obedecen a morales a las que yo no adscribo. 

Por lo menos, no quiero esas relaciones dentro de mi casa, el día de mi cumpleaños.

Y sí quiero estar con personas que necesiten que el contacto con otras las trastorne. 






Carta política del día: la alternativa legalista



Algunos nos hemos impacientado con lo que hemos entendido como un michaelmoorismo en el estilo de Cristina Fernández de Kirchner: una fe en que la solución de todo pasa por atenerse a la ley. Sabemos que la ley es el resultado, aunque provisorio, de la victoria de unos sectores sociales sobre otros, y la herramienta de esos sectores para someter a los demás. Pensar en modificar este estado de cosas a través de las herramientas construidas para su implementación y defensa, parece contradictorio.

Así, hemos visto a Cristina más como una primera ministra que como una caudilla. Más como una administradora que como una líder. 

Nos impacientamos porque sospechamos que por esa vía sólo se sustanciaba el statu quo y jamás se habilitarían cambios sociales en favor de una justicia social.

Sin embargo, ante lo que está sucediendo estos días en América Latina, la estrategia legalista de la ex presidenta parece ser la correcta. 

Como sociedad política, desde la instauración de la dictadura de 1976 tocamos tres extremos.

Primero, la atrocidad de los militares que actuaron promovidos por y en connivencia con la oligarquía.

Segundo, la reacción ante el embate de la violencia.  Si bien la dictadura tuvo un apoyo masivo, sustentado por el nacionalismo y los valores más conservadores, también  hubo una reacción en contra. Se ha discutido y se discutirá cuán determinante resultó esa resistencia en la caída de la dictadura. Lo cierto, es que la resistencia existió.

Tercero, los crímenes de la dictadura no generaron actos de venganza. No hubo conductas ilegales: nadie le pegó un tiro a un torturador, no hubo una sola bomba en la casa de un militar asesino. Todo se resolvió en el marco de la Justicia, o sea, con la aplicación de la ley. Esto fue visto como una máxima expresión de civilización

Esta tercera tesitura es la base de la política de Cristina Fernández de Kirchner —y el presidente Alberto Fernández pareciera compartirla cabalmente.
En momentos en que el imperio nos empuja a la paradoja de vivir sometidos o entrar en una guerra civil, o sea, perder sí o sí, la alternativa legalista podría ser una opción válida.







lunes, 25 de noviembre de 2019

"Escucha, hijo"

Un padre, una madre, a veces declama algo contrario a lo que actúa.
"Las personas son todas iguales. No hay que hacer diferencias", le dirán a su hijo, pero el hijo los escuchará decir "es un negro de mierda".
¿Qué aprende el hijo?
Uno. Que la gente es diferente. Unos son superiores a otros. Nosotros somos superiores a los negros de mierda. Hay que odiar a los negros de mierda.
Dos. Que se le miente a los hijos y a otras personas.
Tres. Que lo están sometiendo a una psicopateada, ordenándole que haga lo contrario a lo que ellos hacen, mientras le juran que actúan de otra manera.
En cuanto imite a sus padres, hará estas tres cosas.
Llevarlas al extremo será una manera de serle fiel y honrarlos.
Ser buen padre, buena madre, en fin, quizás tenga que ver más con la coherencia que con cumplir con la imagen social del matrimonio que no se separa, la mamá perfecta o el gran padre.



domingo, 24 de noviembre de 2019

La tienda de los aparatos

En el barrio de Kadiköy, Estambul, hay una calle de antigüedades, que tiene varios locales dedicados a aparatos mecánicos. Rompenueces, trampas para grillos, balanzas, termómetros, juguetes voladores, muchas máquinas de cocina -desplumadoras de gallinas, evisceradoras de pescados, aparatos para sacarle aceite a las almendras o para convertir en flores las zanahorias, los zucchini y las manzanas, o las cáscaras de frutas en cajitas, o para hacer turrones con dibujos interiores-, metrónomos, máquinas para fabricar zapatos, para desenmarañar redes de pesca, veladores de aceite para crear seres de luz.
Me detuve en una tienda que parecía especializada en autómatas. Abundaban las luciérnagas, los escorpiones y conejos, de pocos y simples movimientos y luego los había de mayor tamaño y de comportamiento más complejo, como un zorro que jugaba al ajedrez y una cabra que caminaba sobre una cuerda. Algunas asustaban: una tortuga lo seguía a uno con la cabeza y con los ojos y si uno pasaba cerca de una mantis religiosa del tamaño de una gallina, ella empezaba a seguirlo de lejos. Había, claro, autómatas humanos, unos más toscos, otros inquietantes. Uno tenía entre los dedos una chapita con una inscripción ilegible. Y había también una pequeña serie de autómatas de seres imaginarios, seres concebidos sólo para fabricar el autómata.
Lo que resultaba más fascinante eran los aparatos misteriosos. Aparatos que, cada uno es un género en sí mismo. Muchos de ellos tienen funciones tan misteriosas que los vendedores no saben dar cuenta de ellas. El visitante llega a dudar de que sirvan realmente para algo.
Uno de esos aparatos extraños es un medidor de distancia entre las personas.
Por supuesto, no mide la distancia en longitud física, o en diferencia de temperatura, o de hercios de la actividad cerebral. Es harto más complicado. Tiene en cuenta esas distancias o diferencias, pero también muchos otros factores que hacen a la confianza que hay entre dos o varias personas, incluso la que una persona tiene con sí misma.
El modo en que este aparato expresa la distancia entre las personas no carece de cierto lirismo lúdico. "Dos señoras que se han encontrado tendiendo la ropa y conversan", "enamorados en el momento en que desesperan por estar juntos", "médico que escucha los dolores que enumera un anciano pensando en otra cosa", "niño con su perro, aún no habiendo tomado consciencia de que pertenecen a razas diferentes", "soldados que se acobardan juntos en una batalla de pronóstico muy malo", "primos que recién se conocen y observan el cielo de la noche en silencio",  "madre que acompaña a su hija en el primer parto", y así.
"¿Para qué sirve este aparato?", le pregunté al vendedor.
"Para saber", me dijo seco, habiendo comprendido con sagacidad que yo no tenía dinero para comprarlo.
"¿Y para qué sirve saber?", volví a preguntarle.
Entonces me miró a los ojos, evaluando si valía la pena meterse en el tema sólo porque le gustaba hacerlo.
"El sentimiento es importante, ¿no?"
Asentí.
"También es importante ser práctico. Este aparato puede medir la distancia absoluta que hay entre las personas, pero también mide la distancia relativa. Vos podés sentir a una persona muy cerca de vos, pero si se mide desde ella, resulta que la distancia es muy grande. O al revés", especuló, con una dosis de pensamiento cientificista.
"Es importante que las personas no se engañen en cuanto a la distancia que tienen con las otras", continuó. "Es muy práctico saber a qué distancia estás realmente de alguien. Para los negocios, para saber con quién podés contar realmente, y aún para la relación sentimental".
"¿Podemos medir la distancia que hay entre usted y yo?", le pedí.
"Cuando te expliqué para qué sirve el aparato, estábamos muy cerca, pero no vas a comprar. Cuando tengas dinero, volvé y la probamos", me despachó.
En el camino a la salida, me detuvieron los maravillosos relojes. Relojes de arena de todas las formas imaginables, relojes que reproducen aquella calle de Kadiköy, iluminada según la hora, para que quien compre uno tenga, a la vez de un reloj, un recuerdo de haber estado allí; relojes de agua que cantan, relojes que van marcando la hora con brillos diferentes, relojes que son maquetas gigantes que representan mundos en los que suceden muchas cosas al mismo tiempo -uno sabe que son las dos y media de la tarde porque un gato salta de un techo a otro, las diez de la mañana cuando un autobús se detiene ante la luz verde de un semáforo y un motociclista que iba detrás insulta al chofer, que son las once de la noche porque una enfermera se tropieza a la salida del hospital, y así.


sábado, 23 de noviembre de 2019

El vecino del 7º C

Tengo un vecino, en el 7º C. Un día con un amigo lo socorrimos; íbamos en el ascensor y la señora nos pidió ayuda, que el marido se le había caído. Fuimos y estaba en el piso, tratando de levantarse, entre dos sillones, un viajo alto y flaco. Por suerte no se había golpeado, aunque se había puesto un poco nervioso. Lo levantamos despacito, lo sentamos en un sillón y nos quedamos a ver si estaba bien.
Desde entonces nos hicimos amigos. Siempre hablamos de Boca, porque es de Boca.
Hace unos días me contó que su esposa había viajado a 9 de Julio a visitar una hermana. Ayer le pregunté cómo había pasado el día y me contó esto.

No pasé solo el día en Buenos Aires, no. O bueno, un poco. Es que había mucha gente…
Fui caminando (pese a lo que me cuesta caminar, porque me duelen mucho los pies) hasta la boca del subte, pagué la entrada, bajé por la escalera mecánica hasta el andén y me senté en uno de los bancos que hay allí, no muy cómodo, porque es de acero inoxidable y tenés la impresión de que te deslizás, de que sin darte cuenta vas a terminar en el piso.
Me pasé el rato mirando a la gente que bajaba de los vagones.
Los extranjeros -a lo mejor son brasileños, o árabes.
Estos son estudiantes, estos también. Aquellos. Muchos son estudiantes.
Los matrimonios.
Los personajes -cada tanto aparece un flor de personaje.
Una pareja de dos varoncitos que van muy enamorados dándose besos. Uno con tatuajes por todos lados.
Una familia con muchos chicos. Muy pobres. Los chicos van pidiendo, el padre con la gorra, vende pañuelitos de papel. Y andan todos juntos.
Dos monjas, pasan.
Las chiquilinas, tan lindas en la primavera, y esta mujer, ¡qué mujeres, las argentinas!
Miro cómo se visten los hombres de mi edad, algunos haciéndose los más jóvenes, con la camisa afuera, incluso con una coleta, otros formales, varios como yo, con unas zapatillas deportivas, que parecen de deportista profesional, y las usamos porque no duelen los pies.
Los oficinistas. La ciudad es de estos y de los vendedores que van con sus carpetas y cuadernos, los visitadores médicos con su portafolios, los abogados, de traje.
De estos es la ciudad.
No es mía. Antes fue mía, ahora la miro pasar, nomás. Al que me saluda, lo saludo, pero no saluda nadie, cada uno anda en lo suyo, hoy se vive así.




Uno solo




"Resulta en un sentimiento glorioso el descubrir la unidad de un esquema de fenómenos que en primera instancia se creían completamente inconexos". Albert Einstein

"Una conexión oculta es más fuerte que una obvia". Heráclito de Éfeso. 


La entomóloga búlgara Bozhana Dimítrova descubrió que un tipo de aguacil pequeño, o más bien enano, que tiene una habilidad perceptiva asombrosa. Con la gran actividad mental que los rusos han descubierto recientemente en los insectos del orden de los odonatos, este aguacil es capaz de diferenciar miles de especies vivas, clasificando cada especie como un solo organismo. Ve a todas las garzas como una sola garza ("una nube de garzas", dice Dimítrova, para hacer la idea más asible), todos los cabellos como un solo organismo caballo, todos los humanos como un solo cuerpo. No es que no sea incapaz de recortar los individuos, sino que los ve como los humanos vemos las hojas de un árbol o las células del cuerpo de un cisne.
Para este insecto, los individuos se comportan con el concierto que conduce a las aves en bandada, o a los lobos en manada o a las anchoas en cardumen. Dimítrova sospecha que incluso es capaz de percibir las líneas que conectan a los individuos, e incluso que lo que ve principalmente son esas líneas, y los individuos serían unas derivaciones, indispensables pero de entidad supeditada, que deben ser de resposición fácil.
Por tanto debe concebir la muerte de los individuos como un descascaramiento del animal único, y comprende el ciclo vital desde el surgimiento de la especie hasta su extinción.
Ciertamente todos los alguaciles de ese particular tipo son parte de una única percepción, una sola mente y un solo cuerpo, que es la masa física de todos los individuos, distribuidos como están, por todo el planeta.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Veinte kilos de sobrepeso


La pregunta "qué soy yo" se responde con la voluntad (qué quiero ser yo) y desde una escena.
Por ejemplo, la actual escena en que emergen desde el fondo de sus agujeros los cadáveres vivos más violentos de los mundos que los ingenuos creíamos superados.
Aparecen zombies los que descuartizaban indios, los que los metían de por vida dentro de las minas, los que pagaban por un par de orejas, los que salían a cazarlos como animales, los que llenaron un tren con cadáveres, los que torturaban por placer, los que tiraron personas desde un avión al río, los que llenaron un estadio de gente a la que asesinarían, los que le deshicieron las manos a culatazos a un músico.
Desde esa escena, ¿qué soy yo?
Entre infinitas respuestas, se puede decir:
Quiero ser una madre, un padre útil.
Quiero que la próxima generación tenga la vida digna que quiera tener, floreciendo, dando fruto, que sean arco iris, que sean gigantes, que sean agua, que sean laburantes, que sean lo que quieran.
Entonces, quiero ser un buen instrumento para eso.
En este momento de peligro, nuestros los que vienen detrás nuestro están amenazados. Corren riesgos que pueden ser muy complejos.
Entonces, quiero ser una herramienta para que esos peligros no los acosen.
Para eso quiero afilar mi pensamiento, mi consciencia, mi poder crítico, mi lucidez.
Para eso quiero labrar mi experiencia, de modo que les sirva de la manera más directa.
Que les sirvan mis fracasos, mis aprendizajes, mis aciertos, mis vivencias, los lugares que conocí, los traumas que me han determinado, los mandatos en que me revolví.
Para eso quiero que mi cuerpo esté en las mejores condiciones. Con un bypass como consecuencia de autoconsentirme fumando dos atados de cigarrillos por día, no les seré muy útil.
Con 20 kilos de sobrepeso no podré defenderlos.
Medio ciego por indolencia seré un trasto.
Medio paralizado por un acv seré una carga.
Quiero estar fuerte, sano y ágil para que los chicos puedan apoyarse en mí, en lo que les puedo dar.
Y luego, lo más importante:
Quiero ser parte de una familia, unos amigos, unos compañeros, un clan, una tribu.
Porque bajo ninguna circunstancia, en ninguna situación, bajo el efecto de ningún deseo, soy un individuo entero, sino sólo soy parte de una red.
El instrumento que quiero ser para los chicos es parte de un esquema, una máquina, un sistema. Gente que se tiene una a la otra. Si alguien necesita algo, tiene a los demás.

Así las cosas, si en un momento de desconcierto me preguntara "pero ¿yo, qué puedo hacer?", puedo responderme: puedo ser con otros la madre, el padre, de los que vienen.





miércoles, 13 de noviembre de 2019

Para la chiquilinada



En la hora de la victoria en las elecciones del 27 de octubre, se oían gritos "¡No vuelven más!", o más prudentemente, "¡se van!" 
Pero en el escenario de los triunfantes, Axel Kicillof, uno de los que más ganó, se tomó interminables minutos para explicar las dificultades económicas en que estamos, cómo llegamos a esto y quiénes nos trajeron hasta este desastre.
Pinchaba el globo, Axel, cortaba por la mitad el grito de deshahogo.
Pero casi todos pensaban igual que él. Las advertencias contra el triunfalismo, que decían "cuidado con ilusionarse con que se van", fueron rápidamente confirmadas en Chile, con unas fuerzas de seguridad desatadas como hienas hambrientas, y en Bolivia, con un golpe de Estado ejecutado por un aparato con ramificaciones en todo el continente.
No se fueron, están acá, sin el gobierno institucional en Argentina, pero más radicalizados que nunca. El odio a los pobres en Argentina está hecho de la misma materia que mueve a los carabineros a dar patadas y palazos y a los golpistas bolivianos a agredir a los indios blandiendo una cruz.
Esa bestia está enardecida. Ahora se agazapa en Argentina, mientras toma el poder en Bolivia, lo revolea en Brasil y destroza cuerpos en Chile como en la época en que estaba vivo su macho.
Con esa bestia tenemos que vérnosla.
Esa bestia es la que amenaza a nuestros cachorros.
Y no son cualquier generción: son una camada de oro. Se criaron con el idealismo convertido en realidad, en Venezuela, en Ecuador, en Uruguay, en Brasil, en Chile, en Paraguay, en Argentina.
Dénse vuelta y mírenlos, son los chicos que tuvieron tablets, los nietos de las viejas que recibieron la justicia de la jubilación universal, las chicas que tomaron las calles como leonas para que ni una más muera violada o muriera en un aborto clandestino; son los chicos que salieron a la calle con una consciencia que estaba más allá de ellos, cuando el Gobierno quiso imponer el 2 x 1 para beneficiar a sus asesinos.
Y son los chicos que se levantaron en Chile. Se han erigido como una montaña de dignidad. El plan del Imperio es convertir Latinoamérica en un campo de Estados nacionales en disgresión eterna. La fuerza del Imperio, con sus bestias locales, es tremenda. Pero la fuerza de estos chicos es impredecible. Chile lo está probando. La decencia que apenas se insinuó en Argentina en las elecciones del 27 de octubre es insondable.
Yo observo a mis chicos y no sé hasta dónde son capaces. Sí presiento que son mucho más fuertes que sus padres, los hijos de la Dictadura del 76. 
Invito, dada esta situación, a la gente de mi edad, a los que somos padres y abuelos, a poner los años que nos quedan, a disposición de los pibes.
No nos van a traicionar.
Son gente maravillosa.
Démosle nuestros brazos, nuestros sentimientos, nuestra experiencia, nuestra inteligencia, las mutilaciones que sufrimos, los fracasos que nos traumatizan, para que ellos construyan una realidad que tendrá como materia la solidaridad. 
Una realidad que durará diez mil años, y que tendrá en su subsuelo, viva pero del tamaño de un insecto, a esta bestia que hoy los amenaza. 




lunes, 11 de noviembre de 2019

El mandato de la astucia


Qué bueno que la nueva ola nazca con nombre, Grupo de Puebla. El grupo de Lula, Chávez, Kirchner, Mujica, Evo, Lugo, Correa no tuvo nombre. Qué bien que se haya hecho esta corrección.
En lo que tuvo de místico aquel grupo, hubo una dosis de ingenuidad.
No es posible olvidar aquella frase de Lula, “Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una elite que se harta de tirar comida a la basura todos los días”.
Es una frase de una elocuencia maravillosa, tan enorme como su inocencia. Luego de recuperarse de su eficacia expresiva, a alguien se le podría ocurrir preguntarle a Lula: ¿cómo, Lula, nunca pensaste?
¿Qué pensaste?
¿Pensaste que no tendría consecuencias darle una bofetada a la oligarquía, al imperio, a los dueños?
¿Pensaste que iba a ser gratis?
Las nuevas generaciones podrían reprocharle: Lula, no tenías derecho a no pensar que la reacción, cuyo veneno recaerían sobre nosotros, sería vil, brutal, aplastante, asesina.
Hubo ingenuidad en todo aquel grupo sin nombre. Tal vez fue el candor del triunfo, ver que los bolivianitos recién nacidos ya no morían por la falta de higiene en los hospitales, ver que las mujeres que se habían deslomado toda la vida y llegaban a viejas desamparadas, ahora tenían jubilación, ver que un pobre tenía un plato de comida en su mesa.
Quizás esa ingenuidad los llevó a pensar que beneficiar a las grandes mayorías siempre postergadas garantizaba a sus gobiernos cierta invencibilidad, los ponía un paso delante, donde ya no serían alcanzados por la Reacción y su máquina de odiar.
Cuando finalmente apareció, la Reacción los barrió del mapa.
Utilizando, además, el arte cruel de poner en contra de los líderes a gran parte de los mismos que sus gobiernos habían beneficiado (tampoco habían pensado en eso, "nunca pensé que el pobre que tuvo un plato de comida en la mesa, me clavaría un puñal en la espalda para ir a comer a McDonald´s").
Lula, Chávez, Kirchner, Mujica, Evo, Lugo, Correa: debieron haber pensado.
Lula, Maduro, Mujica, Evo, Lugo, Correa, Cristina, Fernández: deben pensarlo. Tienen la responsabilidad de ser astutos como lo fue Fidel Castro.

La cantidad de veces que intentaron matar a Fidel es casi irreal (los servicios de seguridad cubano hablan de más de 600 planes, de los cuales más de un centenar fueron. ejecutados), y la variedad es casi surrealista. Ataques mientras hacía caza submarina, francotiradores, comida, explosivos colocados en sus zapatos, femme fatales, veneno inyectado en un cigarro, una carga explosiva dentro de una pelota de baseball. Miguel Escalante, ex jefe del servicio secreto cubano, dijo que lo intentaron los gobiernos de Kennedy, Johnson, Nixon, Carter, Reagan y Bush.
Tengo la sensación se que Fidel fue enfático y tenaz con Chávez respecto de no ahorrar en todos los esfuerzos necesarios para mantener la guardia alta, y que eso no estaría desvinculado del hecho de que este año los Estados Unidos, con el apoyo de todo Occidente, no pudieron doblarle el brazo al gobierno de Maduro, aún con todos los frentes abiertos que tiene.
Esa cautela extrema, que consiguió eludir decenas de intentos de asesinato de Fidel, fue desestimada por el Che, y de la misma manera fue subestimada por los líderes del grupo sin nombre.
El golpe de Estado contra Evo debería ser la lección determinante.
Las posiciones, los logros conseguidos para el Pueblo , para las próximas generaciones, deben defenderse construyendo con la solidaridad una realidad que dure mil años, y para eso deberá ser sostenerse la lucha, porque la oligarquía, aún reducida al tamaño de un insecto, es una serpiente de esas que "la mato y aparece una mayor".




domingo, 10 de noviembre de 2019

Carta política del día: El odio en Bolivia



Escribo para un puñado de gente que a veces lee lo que escribo y transmito por redes sociales.
Escribo cosas que pienso y que deseo compartir, quizás con la ilusión de que despierten reflexiones. Pensar escribiendo es mi mejor aporte a la lucha porque tengamos una vida más digna, con menos chicos que deben ir a la escuela para poder comer, con el papá en la cárcel y la mamá hecha bolsa.
Pensar las cosas que pasan, pensar honestamente, no repetir los mismos argumentos para no pensar, puede cambiar la realidad.

Evo Morales acaba de anunciar nuevas elecciones.
Es una decisión valiente y producto de que están sometiendo ilegalmente a su Gobierno.
Es una decisión que tiene algo de renunciamiento, buscando detener la violencia, como hizo Perón en el 55.
En verdad, la Bolivia de este momento tiene parecidos con las Argentina del 2015. Por ejemplo, la falta de una sucesión por parte de Evo. También una masa de personas que salieron de pobres y ahora comen en Burger King, en la que se ha encendido el individualismo y el odio a los pobres, que aborrece a Evo.
Evo está cediendo al odio incendiario, respondiendo con un exceso de democracia a un ardor fascista que demuestra su vocación democrática prendiendo fuego la casa de un gobernador, esposando en un poste al director de una radio como espectáculo público o violando a una alcaldesa cortándole el pelo y pintándola de rojo.

Veamos un aspecto de los logros de la economía que el gobierno de Evo Morales distribuyó entre los bolivianos para que pudieran tener una vida mejor, incluso ir a comer a Burger King.
Los defensores del gobierno de Evo hemos reiterado con asombro su decisión de invertir las proporciones de las regalías de hidrocarburos. Bolivia retenía 19% en concepto de regalías a petroleras que amenazaban con retirar sus inversiones si el porcentaje no bajaba al 14%, arguyendo que ese 19% hacía insostenible su negocio. Evo no sólo no las rebajó sino que las subió a un absurdo 81%. He aquí que las petroleras no se fueron.
En el informe "¿Qué sería de Bolivia sin su política de nacionalizaciones?", el CELAG, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, despliega la explicación de este tema. Detalla que con el Decreto Supremo 2.8701 de 2006 "se establece que el 82% de la producción petrolera pasará a manos del Estado para todos aquellos campos que hayan alcanzado una producción superior a los 100 millones de pies cúbicos diarios de gas durante el año 2005. El Decreto Supremo establece que YPFB debía pasar a controlar al menos el 51% de las empresas Chaco S.A. (50% más una acción), Petrobras Bolivia, Re nación S. A. y Compañía Logística de Hidrocarburos de Bolivia S. A."
El reporte también informa que "el 1 de mayo de 2008 el Estado boliviano adquiere la totalidad de las acciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos y recupera la mayoría accionarial (50% + 1 acción) de las empresas petroleras Chaco, Panamerican Energy, Andina y de la empresa transportadora Transredes. De esta forma se da cumplimiento a lo establecido en el DS 28.701.
• El 15 de octubre del año 2008 se firmó un acuerdo entre la estatal YPFB para iniciar la gestión compartida de la empresa YPFB- Andina junto con la empresa hispano- argentina Repsol-YPF.
En enero de 2009 se nacionalizó la petrolera Chaco, hasta ese momento participada por British Petroleum y la argentina Bridas. El Gobierno boliviano decretó la completa nacionalización tras haber comprobado que la empresa había sacado del país 277 millones de dólares en el año 2008".

El modelo de gobierno de Evo Morales distribuyó esta renta en la sociedad. Estos son algunos resultados, enunciados en el informe de la CDELAG:
- La pobreza se redujo de 59,6% en 2005 a 16,8% en 2015, según los datos del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INEB), mientras que según el Banco Mundial la caída fue del 9,9% al 2,5%. Si sigue esta trayectoria mostrada en el periodo 2005-2015, la pobreza estaría erradicada en menos de un lustro.
- En cuanto a la vivienda, se observa un importante crecimiento en el acceso de los hogares a los servicios básicos que hasta hace poco eran considerados bienes de lujo.
- El acceso a la electricidad y al abastecimiento de agua pasó de 68,3% y 82,9%, respectivamente, en 2005, a 93% y 90% en la actualidad.
- En términos educativos, hoy el porcentaje de bolivianos que asistió a la secundaria es de 58,2%, mientras que hace 12 años era un 42,7%.
- En salud, el presupuesto aumentó del 4,9% al 6,4% del PIB en estos años y la mortalidad infantil se redujo de 46 cada 1.000 a 28 por cada 1000. En menores de 5 años la mejora fue de 60,6 a 34,9.


sábado, 9 de noviembre de 2019

A veces

"Pero se termina. Y así vas por la vida".
"Sí. ¿Está mal?"
"No sé. No sos feliz."
"A veces sí".

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Cuando era chico o era muy feliz en un lugar jugando o inmediatamente se quería ir.
Aquel chico aún vive en mi hijo.
"Seguís necesitando siempre más", le dije hace poco.
"No tengo remedio. Quiero ir más lejos. Me aburro acá".
"¿Qué significa acá?"
"Esto. Lo que va a seguir siendo como es. Necesito otra cosa. Casi nunca lo encuentro; sólo encuentro restos, indicios de que existe. Pero a veces lo encuentro y soy feliz".






Alientos invisibles

François Cheng refiere una pintura china a la que alude como "impresionista". Propone que es correlativa al budismo, mientras que otra "realista" sintonizaría el confucionismo y otra "expresionista" el taoísmo.
Lo que tienen de forzado estas correspondencias, lo compensan con fecundidad en el pensamiento y la percepción, porque toda la pintura clásica china puede volver a mirarse con este criterio y se observarán dimensiones que antes no se habían notado.
De la "impresionista" dice en Vacío y plenitud que "busca ante todo discernir las tonalidades de un paisaje en sus infinitos matices, percibir las vibraciones secretas de los objetos bañados por los alientos invisibles que animan el Universo".




jueves, 7 de noviembre de 2019

Algo con una borla roja

Las personas de alma pequeña (me apena decir pusilánimes) sentimos un especial alivio al confesar.
Pues voy a confesar en estas líneas, en intimidad sólo a mis amigos, que pertenezco al conjunto de personas que compite por el reconocimiento de China, el Viejo Imperio Renaciente.
Late en mí la codicia de que la Embajada de China o cualquier oficina de la infinitamente vasta burocracia del Estado chino, ni qué decir un área importante del Gobierno chino, me invite.
Que me invite a cualquier cosa, no importa qué. Lo importante es que llegue la invitación, que tenga el sello y que tenga mi nombre.
Segundo. Mi felicidad está en la gatera y estalla si una agencia de noticias china, o una radio, ni qué decir la televisión, me llegan a mencionar.
Si me entrevistan y mis declaraciones aparecen en una nota, salgo a correr por la calle, gritando y riéndome.
Tercero. Me carcome el ansia por publicar cualquier artículo mío en una publicación china. No me interesa tratar un tema, ni me interesa el intercambio que se generará a partir de un aporte mío; no me interesa aportar, ni siquiera me interesa que me lean: me interesa publicar. Que mi nombre esté en una revista o un libro publicado en China. Qué esté en el índice.
Si está en la tapa, bailo de dicha.
Y si llegaran a traducir o publicar en China un libro mío, soy Marlon Brando.
Cuarto. Cada dos o tres días abro la puerta de mi placard y observo mi traje. Me quedo mirándolo, y ustedes deben saber que eso es como un rito propiciatorio: mi deseo intenso es que me llamen para formar parte de un panel sobre China, para dar una charla o, dioses acudan a mí, una conferencia. Tampoco me importa el tema, ni me importa que diré lo mismo que ya dije tres mil veces. Lo importante es que seré yo, y no otro, el elegido.
Y si me llegan a pedir un curso, bueno, disculpen, ya no hablaré con nadie que esté por debajo de mí. Desde ya les digo, no pretendan ustedes que yo los reconozca.
Quinto. Como quien aguarda el resultado de un examen que le dirá si vivirá o morirá pronto, espero el día en que cualquier entidad de China, una empresa de deliveries, un asociación de una ciudad perdida en el oeste, me comunique que me ha nombrado miembro. Miembro de cualquier cosa, no tiene importancia, pero que sea miembro.
Sexto. El paraíso, el Cielo, Dios, es que me inviten a un viaje a China. No sé si ustedes pueden comprender la importancia descomunal que tiene eso. Nada se compara a que te inviten a un viaje, que es carísimo, y encima a veces te invitan el hotel. 
Tener la oportunidad de declinar una invitación con un "perdón, no puedo, estaré en China", se parece demasiado a un orgasmo cósmico.
Y cuando estás en el aeropuerto sos como un diplomático, como una persona de Estado, sos lo más. 
Ni te digo si a alguien que conocés y un día te refregó que dio una conferencia, no lo invitan y a vos sí. Es mucho más que toda la felicidad que soñé en toda mi vida.
Y finalmente, está la remota, quimérica posibilidad de que te den un premio. Eso ya no lo puedo ni imaginar, ni concebir. Y tampoco lo podría disfrutar, porque si un día China me da un premio, en el momento de enterarme, me da un síncope y quedo frito ahí mismo.

Bien, esto que siento no le pasa a nadie más que a mí.
El resto de quienes están en esta carrera están por motivos profesionales. Cualquiera de estos reconocimientos no es para ellos otra cosa que puntos en su carrera profesional, de sinólogo, economista, especialista en temas internacionales, etc.
Yo, en cambio, estoy completamente carcomido por la egolatría y la miserabilidad.
Quedan advertidos mis competidores que haré cualquier cosa por ganarles de mano cualquier cosa que ofrezca China, un prendrive, un coso con una borla roja, un lindo llavero con unas letras chinas que dicen algo, no sé qué, tal vez una frase de Confucio, o de Mao.




miércoles, 6 de noviembre de 2019

¡Grande, abuelo!




- A tu edad, me había pasado la mitad de mi vida trabajando. 
Empecé a los once años. 
Nunca nadie me regaló nada. Todo lo que tengo me lo gané pelándome el ojete.
Trabajé como un negro cada día de mi vida. 
Jamás unas vacaciones. Jamás un franco. 
Trabajé siempre, con este gobierno, con aquel, con dictadura, con democracia. 
Y ahora que tengo 73 años, sigo trabajando, porque la jubilación no me alcanza. 
Dale y dale. 12, 13, 14 horas arriba del taxi. 
¿Y para qué?
Para morirme trabajando. 
Tanto sacrificio, tanto trabajo, ¡para nada!
¡Yo no quiero nada!
¡Yo me la aguanto!

- ¡Sos un grande, abuelo!

- No nene, no soy ningún grande. Soy un pelotudo.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La etiqueta y el bosque

Es posible hacer el ejercicio de sacarse los anteojos que ven fascistas y ponerse los que ven fascismo. 
Cambiar los anteojos que ven compañeros por los que ven compañerismo. 
Los que ven conchetos por los que ven aspiración. 
Los que ven odiadores por los que ven odio. 
Los que ven peronistas por los que ven peronismo. 
Los que ven burgueses por los que ven en una persona egoísmo, consumismo, pretensión de clase alta, aborrecimiento de los pobres. 
En vez de ver autoritarios, podemos en cambio ver una dosis de placer por el poder.
Donde se etiqueta a alguien como machista, ver la vocación por el abuso.
En quien se ve un santo, ver el brillo de la santidad.
En quien se clasifica como honesto, ver el protagonismo de la honestidad.
Aceptar que quien se tiene la satisfacción de tildar como traidor, es también habitado por cierta lealtad.
Es el ejercicio de ver dosis, en lugar de etiquetas.
De ver adjetivos (o mejor, verbos) en lugar de sustantivos.
Ver ingredientes en lugar de elementos puros. 
Es trabajoso, es enojoso, es complicado, pero se ajusta más a la realidad comprender que una persona está compuesta por una gran cantidad de componentes.
Son fuerzas, convicciones, deseos, estructuras, que están en la sociedad y que habitan cada individuo.
Esos elementos que atraviesan los individuos se conjugan entre sí, se contradicen, se mezclan, se eliminan, se relacionan de infinitas formas.
Quizás sea mejor tratar con la bondad que habita a alguien, antes que tratar con un bondadoso. 
Con el deleite por ser superior que domina a alguien que con un burgués.
Etcétera.








viernes, 1 de noviembre de 2019

Carta política del día: Ingredientes para una inflexión

Nada es absoluto en las sociedades. 
Hay tendencias, ingredientes, contradicciones, movimientos, flujos y reflujos. 
La victoria del peronismo en las elecciones contiene una dosis de echarle soda a la Reacción contra la construcción popular de Lula, Chávez, Kirchner, Evo, Mujica, Correa (a propósito, ¿por qué no tiene nombre esa movida?).
La Historia parece concertar el triunfo en Argentina con la región.
Venezuela repelió un golpe de Estado descaradamente orquestado en Estados Unidos.
En México frente al imperio de la Reacción, surgió López Obrador.
En Ecuador los movimientos populares ganaron la calle.
Esos movimientos están sustaciados por pueblos originarios, los mismos que mantuvieron a Evo en el poder, pese a un avance voraz de la derecha.
Y está Chile, que es la sorpresa dignificante. La pasividad ante el pinochetismo, que nunca terminó, se quebró con la emergencia de una fuerza que es difícil prever hasta dónde llegará.
Podría interpretarse que el resultado electoral de Argentina hace institucional lo que en Chile es estallido en las calles. Y luego podría especularse con que habilite procesos en diferentes lugares de América Latina, e incluso si ya no ha estado dando habilitación, por lo menos en Bolivia y Chile.
En este escenario se enmarcaría el rotundo, casi místico, saludo de Alberto Fernández a Lula en el discurso de la victoria electoral el domingo pasado -"hoy, 27 de octubre cumple años Lula, que es un hombre injustamente peso, por quien debemos seguir pidiendo por su libertad, ¡¡Lula libre!"
Parece utópìco pensar en Lula de regreso a la presidencia, pero más utópico hubiera parecido hace unos meses imaginar que se suspendiera la cumbre de APEC, con Trump, Putin, Xi Jinping, por lo que sucede en Chile.
Entonces, si supusiéramos que hay un elemento de punto de inflexión regional en las elecciones de Argentina, la restauración de Lula, siendo Brasil el gigante planetario que es, podría tener potencias de punto de inflexión mundial, en un escenario del capitalismo que comenzó en el 2008 y viene desde entonces derrapando .