A la inteligencia de Miguelito González no le alcanzan las chirolas, pero tiene una cabeza con corazón. Dice de alguien: “Este es un miserable”, o dice “es una mujer muy fiel”, o “tené cuidado con esa familia”, y si le preguntás por qué dice eso, no te sabe decir, no puede fundamentar; si le insistís, dice “yo te digo… yo te digo, después no vengás con que no te avisé”, pero no puede decir por qué dice lo que dice. Sin embargo, algo en vos sabe que tiene razón. Dice: “Este libro es buenísimo”, pero no sabe explicar por qué, pero resulta que es buenísimo. Si le reprocha algo a alguien, por ejemplo, “Vos a mí no me valorás” y el otro le pide: “Contame una sola ocasión en que no te valoré”, Miguelito no recuerda nada, ni una sola, no puede presentar ni una sola prueba, pero está completamente en lo cierto.
Bitácora en Buenos Aires
Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
sábado, 10 de octubre de 2026
Con las orejas cansadas
Resistí diez años usar audífonos para no terminar dependiendo de unos aparatos. Bastante con depender de cuatro pastillas al día.
Al final los compré, pero no me sirven. Estoy dando esta batalla para tratar de mejorar el esquema, pero aunque oigo con mucho volumen, lo mismo no entiendo lo que dicen los demás.
He observado a los sordos en las reuniones. Si tienen un alma caritativa al lado, le cuenta algo que dijeron.
Al final, el sordo ya no pregunta.
En el epílogo, está a un costado, solo, sin participar.
En el posepílogo, ya no va a las reuniones.
Estoy en la etapa de hacer el esfuerzo por entender qué dicen. Un esfuerzo muy grande, desde hace ya muchos años.
Estoy cansado.
Me siento culpable de no oír. Pero les juro que hago un esfuerzo enorme. Quiero oír lo que dicen, para recibir lo que tienen para decir y para nutrirme de lo que dicen, y de lo que me genera lo que dicen.
Y también quiero compartir lo que siento y las cosas que me pasan.
Pero estoy muy cansado.
Nada más quería avisar que posiblemente en las próximas reuniones llevaré los audífonos, pero no podré comprender las cosas que digan.
jueves, 8 de octubre de 2026
Miguelito González
Creo haberles contado alguna vez de mi amigo Miguelito González, que no tiene nada adentro.
Está vacío.
Solo existe cuando habla con otros o cuando escucha voces en su cabeza.
Sin los demás y sin las voces, está solo inerte.
Es como un maniquí.
No piensa.
No siente.
Ni siquiera se angustia porque no siente nada.
El Big Data está jodido con Miguelito: no le saca nada.
Tampoco tiene rutina. Come cuando tiene hambre, duerme cuando tiene sueño, se abriga cuando tiene frío. Se lava los dientes si los siente sucios. Si siente dolor se toma una pastilla.
Un hombre vacío.
No tiene deseos.
No tiene sueños.
Ni siquiera parece diseñado por la inteligencia artificial. Más bien al contrario: parece un hombre tan inexistente que la inteligencia artificial no es capaz de imaginar.
No entiendo cómo está de novio con Lorena.
No entiendo qué vio en él Lorena.
Quizá a ella le guste esto que estoy diciendo, que no existe.
Así, no la molesta.
Cuál democracia
Nuevamente es hora de pensar en nuestra democracia.
Hay una base, que es la prohibición de poner la democracia en cuestión, porque eso equivale a aceptar siquiera la posibilidad de una dictadura —que para nosotros los argentinos es la dictadura militar de 1976–1983, el gobierno más asesino que tuvimos en nuestra historia.
Pero esa prohibición ha sido utilizada por la oligarquía para explotar al resto de la sociedad, porque la democracia que hemos tenido habilitó una dictadura económica.
Por supuesto, esto no es una novedad; desde el final de la dictadura muchos intelectuales advertían que una democracia formal es el instrumento político del poder económico concentrado del capitalismo.
Sin embargo, esta advertencia quedó siempre en la espesura de la torre de marfil donde viven los intelectuales, completamente desvinculados del sentido común y desvinculados de la práctica de los políticos.
Un objetivo inclaudicable, básico, pilar de los gobiernos más cercanos al campo popular que hemos tenido, ha sido preservar la institucionalidad, respetar la Constitución y las leyes como forma de sostener la democracia. Jamás se permitieron dudar de la democracia, porque eso sería permitir el regreso de los militares.
Paradójicamente, al quedarse clavados en la defensa de la institucionalidad, al no moverse un milímetro de la democracia que era esencialmente no-dictadura, terminaron habilitando el surgimiento de las fuerzas que generaron la dictadura del 76: el odio a los pobres, el individualismo, el autoritarismo, la violencia y, en definitiva, la indiferencia ante la ley.
Entre las personas bien intencionadas, inocentes, democráticas, impacta la sorpresa de que la mayor parte de la sociedad elige la sustancia de la dictadura.
Esa sorpresa sería menor si la voz de los intelectuales hubiera salido de ellos y hubiera llegado a la gente hasta hacerse consciencia.
¿Por qué van a preferir la democracia las personas a quienes la democracia no alimentó, no le dio casa, no le dio trabajo, no le dio la perspectiva de un mejor futuro, sino que, al contrario, ven que la vida de sus hijos es mucho más difícil que la de ellos?
Es cierto que en los años del kirchnerismo, en esos años del progresismo en América Latina, hubo un avance innegable en las condiciones de vida. Sin embargo, aquellos gobiernos no dejaron instalada una nueva realidad. Fueron desbancados por derechas que volvieron a entregarle nuestras sociedades de pies y manos a la explotación capitalista. En este momento está cayendo Lula, que acaso haya llegado milagrosamente hasta hoy.
En este sentido podrían abrirse dos campos para analizar. Por un lado, que las derechas parecen tener la fragilidad de haber ganado las elecciones por porcentajes escasos, lo que significa que las fuerzas progresistas, aun con sus líderes desactivados, desanimados, apáticos, sin deseo ni ambición, tienen un enorme apoyo popular.
Por otro, si nos hemos convencido de un círculo que parece una caricatura —el del 1) la gente pobre vota un gobierno popular, 2) el gobierno popular convierte a los pobres en clase media, 3) los ahora clase media votan gobiernos de derecha, 4) los gobiernos de derecha los empobrecen, 5) pobres, votan a un gobierno popular, etc.); si creemos que esto sucede en la realidad, convendría intentar comprender por qué los gobiernos populistas no se aplican a representar a las clases medias que crean.
El avance de las derechas en Argentina, América Latina, Occidente es un avance contra la democracia. Pero también los gobiernos que nuestros progresistas ven como una promesa de superación de la distopía en la que ya entramos, pueden, de lleno, ser calificados como no democráticos: India, Rusia, China.
China está haciendo el planteo que a nosotros nos convendría hacernos internamente: ¿de qué hablamos cuando hablamos hoy de democracia? ¿Qué democracia queremos?
Ojalá nuestros intelectuales hablen para la gente, ojalá la gente los escuche; ojalá los escuchen los políticos, ojalá las nuevas generaciones piensen en esto en las décadas por venir. No creo que hablen de democracia, pero ojalá hablen de la posibilidad de que todas las personas de una sociedad vivan dignamente.
Enamorada
Mara le está respondiendo a Agus:
— ¿Cómo va a ser el hombre que más me gusta? Está George Clooney, Ryan Gosling, Johnny Depp… Jude Law… Brad Pitt… Y está David Beckham y los futbolistas, dios mío, esos chicos… me desmayo. ¿Cómo Raúl va a ser el hombre que más me gusta? Es feo. ¿O no es feo?
— ¿Y por qué estás con él?
— ¿Qué tiene que ver? Me gusta, claro, me gusta mucho, pero ¿quién puede estar con Ryan Gosling? ¿Vos ves que yo tengo posibilidades?
— Pero Raúl, ¿es el más qué?
— ¿Tiene que ser el más algo? Es Raúl. Me gusta porque es Raúl.
— ¿Estás enamorada porque es simplemente Raúl?
— No sé si estoy enamorada.
— ¿Tampoco? ¿Ni es el hombre que más te gusta ni estás enamorada? No entiendo por qué estás con él.
— Y, ¡porque es Raúl!
— ¿En serio, no estás enamorada?
— Lo quiero, pero enamorada, así como lo preguntás vos, no sé. Sos un poco dramática.
martes, 6 de octubre de 2026
Otra resistencia
Hay unas personas que tienen mucho poder y no tienen ni amor ni respeto ni consideración por los demás.
Esa gente nos chupa la sangre y quiere extinguirnos
Muchos de los que no tenemos poder tampoco tenemos ni amor ni respeto ni consideración por los demás.
Algunos nos defendemos ayudándonos entre nosotros, sosteniéndonos, bancándonos.
Ojalá sigamos resistiendo.
Cuando terminó la dictadura militar del 76 sólo podíamos tener dos futuros: dictadura o democracia.
Eso fue la democracia para los argentinos.
Necesitamos convertirla en absoluta.
Los dos apremios de los militares, además, nos quitaron toda posibilidad de pensar la democracia.
La lucha era a muerte contra la dictadura.
Democracia era solamente aquello que no era dictadura.
Pero no alcanzó con sostener la institucionalidad.
Siempre supimos que lo que teníamos era sólo no-dictadura.
Que no era realmente una democracia, sino un instrumento de dominación de la oligarquía y de Estados Unidos.
Con los años se hizo plenamente claro que esta democracia la vida de la mayoría está cada vez peor.
Es imposible que no concluyamos que la democracia no vale más que la dictadura.
Es necesario que vayamos más allá de garantizar la vigencia de la ley.
La oligarquía no está presa de nuestra dicotomía democracia-dictadura, porque ejerce una dictadura capitalista usando la democracia como legitimación.
También nosotros tenemos que romper la dicotomía democracia-dictadura.
Necesitamos crear algo diferente de esta dictadura con forma de democracia.
Tenemos que inventar algo nuevo, algo que ya está en la gente y los políticos no están construyendo porque son parte de la oligarquía.
Tenemos que hacer una revolución para crear un sistema que no dejará a todos felices, pero que saque de la indignidad a toda la sociedad.
sábado, 3 de octubre de 2026
COYUNTURA - Elecciones en Brasil 2026
Siempre Brasil tuvo una indigna masa de pobres.
Gente que pasaba hambre.
Las enfermedades del hambre, la desnutrición de los chicos, son un cáncer social. Tienen un poder enorme para destruir el futuro de un país.
Pero entre 2003 y 2014 el PT en el gobierno redujo 82% la población que estaba en situación de subalimentación.
Se trataba del futuro de Brasil y de la dignidad humana.
El gobierno forzó que el pan se compartiera. Compartir el pan es el primer paso para la paz.
Ese 82% planteó el desafío de ser llevado al 100%, el desafío de sostenerlo y el desafío de atacar las causas estructurales de la injusticia social que crea la pobreza.
Este domingo 4 los brasileños tienen el poder de cerrar los ojos ante esos desafíos y destruir lo que se construyó estos años o de enfrentarlos votando a un gobierno que asuma como una responsabilidad del Estado el bienestar del Pueblo, la garantía de que mañana todas las familias volverán a comer y el futuro de los chicos.



