Estuve de visita por San Nicolás, la ciudad donde nací.
Estas impresiones que comparto no tienen valor periodístico. Nadie me pagó por contarlas.
Un clásico de la política
De “roban pero hacen” a “no roban pero no hacen”.
De “no roban, hacen pero no sabemos”, a “no robarán, pero no
sabemos si harán o no”.
Huey Long, gobernador de Luisiana, Estados Unidos, fue acusado de corrupción, clientelismo y autoritarismo, pero hasta hoy muchos lo recuerdan como el mejor gobernador de la historia del Estado porque construyó miles de kilómetros de rutas, hospitales y escuelas.
Como primer ministro de Singapur, Lee Kuan Yew limitó libertades políticas mientras conseguía uno de los mayores aumentos de bienestar social del siglo XX.
Los opositores fustigan al gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, por concentración extrema del poder, clientelismo, represión. Por otro lado, sus seguidores hablan de gran mejora de los servicios públicos, electrificación, rutas, más educación.
Quizás las mayorías soporten casi cualquier cosa con tal que haya empleo, que las calles estén limpias, que funcionen los hospitales, que se hagan obras, que exista seguridad, que el gobierno responda rápidamente.
Si estas cosas funcionan, la democracia se vuelve algo teórico, un lujo progre, y la legalidad es fácilmente relativizada.
San Nicolás de los Arroyos
Desde 2011 la mayoría de la ciudad de San Nicolás vota por una especie de monarquía, los Passaglia.
Varios de mis familiares y amigos los tienen como criminales, pero a la vez me cuentan que han recuperado plazas, parques, paseos y sectores degradados, por ejemplo, el Ecoparque, para que las familias anden por la naturaleza, hagan picnics, etc. Vi unos juegos gigantes para chicos de buena calidad junto al río, con mesas y bancos alrededor y baños, todo gratis. También había puestos de comida móviles.
Me dicen que esta política no la limitaron al centro
sino que alcanzaron barrios y localidades de todo el partido.
Que están eliminando barreras físicas que separaban a la
ciudad del río Paraná, por ejemplo, disponiendo para toda la sociedad de los
terrenos de un cuartel militar.
Que desarrollaron un plan extensivo de pavimentación,
iluminación pública, acceso al agua potable y cloacas. Fue compulsivo:
muchos al principio se quejaron, pero la mayoría terminó aprobándolo.
Me dicen que mejoran los sistemas de escurrimiento de agua en
un partido donde las inundaciones han sido traumáticas (intervenciones en el
zanjón La Cautiva; trabajos hidráulicos en La Emilia; limpieza y ampliación de
zanjones y desagües).
Que hacen planes de vivienda social.
Que construyeron tres hospitales descentralizados y también
implementaron un seguro de salud que se saca con el DNI —las personas tienen
gratis casi todos los servicios médicos de San Nicolás.
Que hicieron o terminaron un autódromo (donde se hace cada
año la ExpoChacra, lo que deja ganancias importantes), un estadio de fútbol para
25.000 personas, habilitado por la AFA, donde además de jugarse partidos con
equipos como Boca y River, se hacen espectáculos artísticos, y que también construyeron
otros espacios deportivos y recreativos.
Me dicen que trabajan en el patriotismo local, para que todos los nicoleños se sientan orgullosos de San Nicolás.
No niegan que los Passaglia han hecho obras, pero enfatizan que hay una investigación judicial seria y prolongada por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.
Que hubo medidas de prueba y falta de mérito, pero no hay un
sobreseimiento definitivo.
Que abusan de las contrataciones directas.
Que instauraron un poder dinástico de caudillos.
Que muchas de las obras avanzaron sobre terrenos de privados
que harán juicios y en el futuro la ciudad deberá pagar fortunas cuando los
pierda.
En fin, que hacen, pero roban.
Protagonizan la incómoda paradoja de sobornar al pueblo con
felicidad.
Para mis familiares y amigos detractores de los Passaglia,
más que incómoda, esta encrucijada histórica es insoportable.
Mi primo Héctor lo dijo de esta manera: “estos tipos son unos chorros y son los
representantes de los poderosos. Le roban al Pueblo. El problema es que, de lo
que roban usan una parte para tener a la negrada feliz, y eso es mucho más que
lo que vemos que hacen los políticos que nosotros apoyamos. Al final, fueron estos delincuentes los que terminaron con el poder de los militares en San Nicolás, sacándoles el cuartel. Tenemos en el
gobierno al vendepatria de Milei, que se cae con un soplido, pero no tenemos ni
a uno solo que sople prometiendo hacer lo que estos malandras demuestran que se
puede hacer. Si nuestros líderes hicieran lo que hacen los Passaglia, encima
sin robar, haríamos un gobierno muy bueno".




