sábado, 21 de marzo de 2026

Libro sobre China bajando la pobreza: tres pescados y una caña en cómodas cuotas

El jueves pasado presentamos el último libro que escribimos con Néstor Restivo, “China, una muralla contra la pobreza”.

Informamos de las entrevistas que fuimos teniendo con académicos, funcionarios del gobierno e intelectuales durante siete años, en los que también recorrimos proyectos de alivio de la pobreza en las provincias de Guangdong, Gansu y Qinghai y en las regiones de Tibet, Guangxi y Xinjiang. El jueves compartimos fotos y detalles de tres de esos proyectos.

Presentamos el libro a un centenar de amigos y de gente que ya entiende que China es parte de nuestra realidad. Gente que, sobre todo, no acepta que en un país como Argentina haya gente viviendo en la calle y chicos que no comen bien.

¿Por qué, si China, con 1400 millones de personas, pudo acabar con la pobreza?


Contamos que los políticos no estaban rosqueando, chupándole las medias a Trump, ni entregándole el país a los chupasangre, sino que anduvieron por los lugares más inhóspitos de China discutiendo con los pobres cómo hacer para que no fueran más pobres.

Explicamos que el gobierno solucionó la situación de la gente menos con subsidios que con créditos razonables para actividades que funcionaron porque la economía crece.


El Estado no hizo eso de “no le des pescado al pobre, enséñale a pescar”, sino que les vendió las cañas a los pobres (en cómodas cuotas), les enseñó a pescar, les dio tres pescados a los que venían con hambre atrasada y sembró una población descomunal de peces en el río para que el que tuviera la iniciativa, pescara.

Dijimos que aún en una situación de desigualdad social muy incómoda, terminar con la pobreza no fue un fin en sí mismo, sino una consecuencia de elevar el nivel de vida de todos los chinos. Los ricos más ricos, los pobres menos pobres.


Advertimos que no hay una receta china que, aplicada a la Argentina, de cómo resultado el fin de la pobreza. Lo que China ofrece es la esperanza, porque hace 80 años estaba destrozada, con millones de pobres muriendo de hambre y todos viviendo en la miseria, y hoy han acabado con la pobreza.

Si ellos pudieron, también otros, nosotros, podemos sacarnos a los chupasangre de encima como para poder producir lo suficiente para que la gente tenga trabajo y todas las familias tengan tres platos en la mesa cada día.








 

 

  

domingo, 15 de marzo de 2026

TONY

En el barrio de Saavedra vivió, o estuvo, o pasó, un hombre llamado Tony. 

Un día descubrí que había hecho un banco de hierro en la esquina de Ruiz Huidobro y Roque Pérez. 

Es un banco muy, muy pequeño, que montó el aire libre, entre tres postes de luz que están juntos. Toni, se ve, tenía vocación u oficio de herrero, porque toda la armazón es de hierro, tiene muchas soldaduras, cinchos y tornillos, y aunque es muy incómodo para sentarse, lo decoró con arabescos de hierro y también, en el breve respaldo le puso una letra T, luego el número 1920, luego las letras ON, luego el 2020, y al fin una Y. Número y letras son de hierro, y las letras, están soldadas sobre chapitas. Pintó el banco de violeta y como asiento le hizo una base de cemento sobre la que pegó cerámicas azules para el piso.




A un par de metros, sobre una pared de una escuela, instaló otro banco, y en la misma pared en la altura, arriba de la señal donde dice el nombre de la calle, colocó una mariposa que también hizo con hierro, que tiene escrito “SONRIE QUE LA VIDA VUELA”. 

Cuando descubrí estas obras, pensé que el tal Tony trabajaba en mantenimiento en el conjunto de escuela, convento e iglesia de la cuadra, de modo que fui a preguntar por él a la sacristía. Para mi sorpresa, nadie tenía idea. Ni siquiera habían visto los bancos. 

Extrañado, fui a preguntar a un kiosco que estaba frente al banco, cruzando la calle. Era un viejo kiosco, atendido por un viejo kiosquero. Me señaló una casa y me dijo que le parecía que vivía allí.

—¿No sabe por qué instaló ese banquito? 

El hombre meneó la cabeza mientras su gesto era de perfecta indiferencia.

— ¿Pero quién era? —le insistí.

— No sé.

Me quedé esperando. No dijo nada. El viejo no tenía el mínimo interés en el asunto.

Un poco me impacienté.

— ¿No sabe quién era, que puso ese banco? ¿No le parece extraño que alguien ponga un banco para los demás, ahí enfrente?

No me miró más.

Fui a tocar el timbre a la casa que me había indicado y sin abrirme la puerta, un hombre me dijo que le habían alquilado el garaje, y que se había ido durante la pandemia.

El banco tenía el número 2020, año de la pandemia. 



Consulté más tarde en una librería y su dueña me dijo que tampoco sabía casi nada, sólo que el hombre estaba muy mal, “me parece que tenía demencia senil”, y que creía que estaba viviendo del otro lado del parque.

¿Por qué creía eso? ¿Cómo sabía? ¿Tenía familia, el hombre? ¿Qué más sabía de él?

No obtuve respuesta.

Todo lo que queda de Tony es el banquito, el otro banco y la mariposa. 

Tal vez era viudo. Tal vez tenía hijos que vivían 233lejos. Tal vez no vivía solo.

¿Por qué escribió 1920?

¿Por qué hizo el banquito?

Quizás tenía mucho para dar.

Quizás quería mucho dar algo.

Quizás no tenía a quien dárselo. Quizás no tenía para quien vivir y pensaba que cualquier cosa que hiciera, no le serviría a nadie.

Todo lo que tenía para dar era hacer un banquito para que quien anduviera caminando por Saavedra y se cansara, tuviera dónde sentarse. 

No es un personaje del barrio. Nadie lo menciona, nadie lo recuerda. Nadie sabe si está vivo, ni sabe nada de su vida.

Dejó algo, con una intención angelical, y desapareció, quizás en la locura.

Para todos, es menos que un recuerdo. Nadie le prestó ninguna atención. Pasó como un fantasma.

Tal vez hizo el banquito para que alguien, algunos años después, piense en esta dimensión de la vida. Vivimos 60, 70, 80 años, no más del tiempo necesario para un repentino aletazo de una mariposa; para que llegue al piso, desde la rama de la que se desprende, una hoja de un árbol. Lo que tarda una gota en entrar en el agua. 

No más. 

Nos afanamos con tantas cosas, con ideales, con sacrificios, con amores, con anhelos, con fracasos, éxitos, hijos, y sin embargo nuestra vida, como la de Tony, es un solo tintineo de una estrella. 

Y sin embargo, algunos tenemos la necesidad de dar algo, dejar algo, crear algo que le sirva a otro, aunque sea a un caminante que necesita sentarse un minuto en un banco muy incómodo.






Aprendiz de brujo

En Cenital, Alejandra Kohan se detiene a pensar en la "subjetividad de la época".

Piglia veía en Borges que la literatura no refleja la realidad, sino que de un modo particular la antecede. 

En realidad, se trata de algo dialéctico, entre la premonición y la instalación de la premonición —algo parecido a la profecía autocumplida.

Piglia veía que Borges detectaba tramas lógicas o conflictos que aún no se han manifestado plenamente en la historia, y al escribir sobre ello, los lectores empiezan a ver el mundo desde ese punto de vista.

Borges no era un adivino, sino que su genio le permitía identificar las estructuras de poder y lenguaje que terminarían dominando la sociedad (por eso, cuando suceden algunas cosas, decimos “esto es borgeano”).

Presenta lo que ve en un formato paranoide, como en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, en que una sociedad secreta inventa un mundo que termina reemplazando al mundo real.

Piglia induce que el fondo del tema en Borges es que veía que la realidad se construye como un texto. De ello se deriva que si alguien (la oligarquía, una corporación, la Iglesia, un grupo de sabios) tiene el poder de imponer un relato, la realidad se plegará a él.

El proceso de construcción de ese texto es la ficción. Borges no solo narraba, sino que en sus cuentos y ensayos ponía a prueba hipótesis sobre cómo funciona el universo o la política.

Para Piglia, Borges no profetizó, sino que diseñó una arquitectura ontológica con la que luego la sociedad fue interpretando la realidad.


Estos son textuales de la clase de Piglia (https://www.youtube.com/watch?v=m3htEzn1BIc):

El problema no es cómo está la realidad en la ficción, que es lo que en general se busca, cómo una novela representa la época. Más que tratarse de ver cómo está la realidad en la ficción el problema es ver cómo está la ficción en la realidad. Esa es la vuelta que dio (Borges). ¿Cómo actúa la ficción en la realidad? ¿Dónde la buscamos a la ficción en la realidad? Porque si ustedes me permiten una traducción, es lo que Gramsci llamaba Hegemonía ¿no? Lo que Valery llama… Valery tiene una frase lindísima, dice: “No se pude gobernar con la pura coerción, hacen falta fuerzas ficticias”. Hay que crear un consenso. Por lo tanto, hay que construir utopías, ficciones, ilusiones, cuestiones. Macedonio y Borges empezaron a hacer eso, empezaron a buscar eso, a percibir cómo eso funciona.

En Tlön está la realidad y después está un texto escrito que incide sobre la realidad y la transforma. (…) Si uno lee la Enciclopedia Británica sabe cómo es el mundo en el que estamos moviéndonos. Tiene alguna idea, por lo menos. Hasta ahí estamos bien, es un mundo paralelo. Pero resulta que el mundo paralelo de Tlön empieza a intervenir en la realidad y la empieza a transformar. El final del relato es extraordinario. Dice: El mundo será Tlön.




viernes, 13 de marzo de 2026

Una pavada

Hace muchos años estuve en una entrevista abierta que le hicieron a la escritora de novelas Nené Cascallar, tal vez en la Feria del Libro.

Los artistas, los políticos, los pubilicistas, de diferentes modos captan algo que hay en el alma masiva de la gente, del Pueblo. Nené Cascallar se lució aquel día poniendo en palabras hebras del sentido común de su público.

Dijo, por ejemplo, que a los varones les cuesta mucho estar con las mujeres. Forzados a estar juntos mucho tiempo en una misma casa porque se casaron, el varón se aburre de la mujer y ya se quiere ir a ver la televisión o a dormir. 

— Porque ¿qué quieren los varones? —preguntaba—. Quieren estar con otros varones. Quieren ir a jugar al fútbol, a hablar de negocios, todas esas cosas que hacen entre ellos.

Podía ser una verdad muy parcial o caprichosa, pero era una verdad.

En otra parte de la charla habló de la infidelidad. Dijo que la infidelidad es tener intimidad con otra persona. Una chica que le cocina a un amigo, un hombre que le cuenta a su mamá lo que no le cuenta a su esposa. 

— No hace falta mucho. Nada de grandes traiciones, sexo, aventuras de película, pasiones. Alcanza con pequeñas cositas, un regalito que uno le hizo al otro y lo conserva en un lugar muy propio, algo que vivieron juntos, una pavada, pero que dejan al mundo afuera. La intimidad. Y además es muy solapada. Se puede hacer sin que nadie lo note y no es necesario confesarlo, porque es una pavada.

Nené Cascallar fue la autora de “El amor tiene cara de mujer”, que estuvo ocho años en el aire. Era sobre mujeres que trabajaban en un instituto de belleza. Estaban Bárbara Mujica, Iris Láinez, Delfy de Ortega, Claudia Lapacó, y trabajaron Rodolfo Bebán, Arnaldo André, Norma Aleandro, Evangelina Salazar y otros.





martes, 10 de marzo de 2026

La verdad y listo

 Ayer escuché a un tipo decir: “me tienen podrido, voy a decir la verdad y listo”.

Pensé que sería una buena consigna para un taller literario.

“Escribir en dos páginas qué sucedió para que el tipo dijera esa frase”.


El momento de la honestidad.

El sincericidio.


Me vienen a la cabeza diálogos que escuché.


— Deberías saberlo. Simplemente no creo que esto vaya a funcionar como vos creés… No soy alguien que vaya a quererte como vos querés que te quieran.

— ¿Querés que sigamos juntos o no?

— Para siempre, no.


— Sentí repulsión cuando me tocaste.

— Sos una consentida.

— O sea, la idea de coger con vos me da ganas de arrancarme la piel. 

— Nunca vas a ser feliz... Vas a creer que encontraste a un hombre mejor pero te vas a rebelar contra él porque vas a decir que necesitás ser vos, pero no querés ser vos, nada más querés quejarte por no ser alguien.

— ¿La querés?

— No, pero ella no me odia. Dejaste de tener sexo conmigo… nunca te engañé.

— ¡¿Esto no fue engañarme?!

— La vida con vos es triste.


— ¿Tuvieron sexo?

— Sí.

— ¿Cuántas veces?

— No lo sé.


— Creo que nunca te quise como necesitabas ser querida.

— Somos analfabetos emocionalmente.


— Soy su amante. Lo amo. Soy su enemiga, y no te soporto.


— Sos un buen tipo... pero no existís.


—Si querés amor, el amor es esto que tenemos. Esto es la vida real. No una novela.







lunes, 9 de marzo de 2026

Romántico

Soy romántico.

Para los románticos estar enamorado es sólo dos, sólo vos y yo, sólo nosotros.

Un cuento con tufo a ropa vieja húmeda.

Soy romántico porque soy viejo.

Soy de Rolando Rivas taxista.

Soy hijo de gente que escuchaba boleros, vivir así es morir de amor, y es que eres mi existencia, mi sentir, eres mi luna y eres mi sol.

Para ellos, para nosotros los románticos, estar enamorados es vivir un sueño.

Poner la esencia de nuestro ser, dar la vida, hasta el último aliento.

Pero entonces se parece a un incendio que lo consume todo.

Este amor que de amor va muriendo

Es decir, empieza con fecha de vencimiento.

Hemos sido enamorados de esta manera, apasionada, feliz y trágica.

Hemos despreciado el amor administrado, la pasión gestionada.

Quizás pudimos elegir vivir el amor de otra manera, quizás no quisimos.




Primates

En un documental sobre los chimpancés hacen el relato de cómo una banda se mete en el territorio de otra porque el suyo ya no le alcanza y los machos destrozan a los machos invadidos.

La explicación es económica, pero la manera en que los chimpancés matan a otros no es explicada de modo exhaustivo por la economía.

Hay algo más.

De hecho, los bonobos, primates parientes de los chimpancés, al encontrarse dos bandas, liberan las tensiones a través de las hembras: las de una banda tienen sexo con las de la otra.

Qué les pasa a los primates humanos que necesitan odiar a otros, agredir a otros, pegarles, violarlos y finalmente salir a destrozar a otros.