viernes, 5 de junio de 2026

Muestra "La Zoncera"

  

Lo inimaginable puede pasar en lo oscuro.

El terror en lo negro vacío.

Podés dormirte para siempre si entrás.

Y cuando estás dormido lentamente lo negro te disolverá en lo negro.

 

¿Cómo sabemos esto?

Porque lo negro tiene ojos abiertos.

Lo dijo G. K. Chesterton, “la noche es un monstruo hecho de ojos”, y lo muestra Emmanuel Franco en sus dibujos.

 

Pero Emmanuel no se quedó dormido.

En cambio, ha traído a plena luz a las personas que lo miran desde la oscuridad. Agarró sus ojos y al arrancarlos de lo negro, trajo con ellos las personas de los ojos.

Emmanuel se rió a carcajadas de ellas, y las maquilló con líneas que crecen en la luz como las guías de las enredaderas se desenrollan contra el cielo.

La gente de los ojos, liberada de lo negro por Emmanuel Franco, se ha transformado en personas livianas que flotan, sonríen, cantan, son hechiceras como los cuerpos del carnaval, danzan, hechas de una sustancia fluida como un agua perfumada.

Se mezclan con las infinitas criaturas del arte thangka —el arte de los budistas— y en ellas se escucha la risa íntima, aguda y dulce de Ney Matogrosso.

Anoche estuvo Ney en la muestra, tímido y sonriente, escondido entre las criaturas de Emmanuel.

 

Los dibujos están expuestos en la muestra La Zoncera, curada por Verónica Gómez —que ha visto con el alma todo esto, los ojos, las guías de las enredaderas, el agua perfumada, Ney Matogrosso.






jueves, 4 de junio de 2026

La maduración perdida

 La ciencia que Occidente ha sabido llevar a un grado superlativo, puede ser un recurso bendito, por ejemplo, si se usa para operar del corazón y salvar a un bebé recién nacido, o una maldición si se usa para matar con una bomba atómica a decenas de miles de inocentes.


La sentencia “la ciencia no es ni buena ni mala, depende de para qué se la use”, peca un tanto de rudimentaria.


Una bomba o una máquina para torturar nunca serán buenas, una vacuna contra el cáncer nunca será mala.


Puede argumentarse que la bomba puede ser buena si es defensiva y que la vacuna puede ser utilizada para la especulación capitalista farmacéutica en contra de los enfermos, pero en sí una bomba es mala y una vacuna es buena.

Lo mismo sucede con un martillo: es una gran solución para la construcción y el arreglo de cosas, pero cualquiera lo puede usar para hundirle la nariz en la cara a otra persona. 


Un invento de la ciencia es bueno o malo según el objetivo para el que es creado. Es decir, en sí nace bueno o malo. 


Algo de esto es lo que dice sobre la inteligencia artificial el nuevo Papa en su primera encíclica.


Si la ciencia es usada por un sector social que somete al resto, difícilmente sea buena, porque es una herramienta de explotación. Es concebida, fabricada y utilizada como un aparato de sometimiento y expoliación. 


Esa ciencia crea una visión del mundo y un modo de conducirse en el mundo. 

Crea un tiempo. 

Crea un espacio. 

Crea una sociedad y crea un individuo. 


Por ejemplo, ha suprimido en la gente la noción, que aún sentimos tan natural, del proceso. En la realidad creada por la ciencia, se aprieta un botón y se obtiene inmediatamente un resultado.


Para dar un ejemplo brutal, hace dos siglos, para tomar leche, había que mantener una vaca, hacer que su cuerpo produjera leche, ordeñar la leche, y al fin hervirla. Hoy se va al supermercado y se agarra una caja se paga con el celular. En la cabeza del comprador, el proceso entero que va de la vaca a la ingestión de la leche se ha perdido.


Así, el candidato irracional convenció prometiendo como solución a la crisis economía, darle un mazo a una maqueta del Banco Central.

Y así la oposición creyó a los tres meses de su gobierno, que sus abusos acabarían con su gestión en pocos días. 


Nos hemos vuelto supersticiosos de la causa-efecto. 

Nos creemos que para conseguir algo alcanza con generar su causa. Una sola causa, que produce sin mediaciones un solo efecto. 

Perdimos la noción de la maduración que lleva una fruta en el árbol, del paso a paso que lleva la elaboración de una comida, de la serie de pequeñas conclusiones de la que está hecha un pensamiento, del paciente y constante trabajo que lleva convocar a los vecinos hasta reunirlos para debatir un tema del barrio, del labrado metódico que lleva un tejido. 





miércoles, 3 de junio de 2026

Polémica por el fin del Estado

 Este ocurrió el martes pasado, en una cena de amigos.

 

Mimicha: No tengo hijos. Me preocupa que no tendré quién me cuide cuando sea vieja, me enferme, no pueda valerme a mí misma.

Papu: Pensando así te estás programando para ser enferma y desvalida.

Juan Carlos: El Estado no te va a acompañar, aunque hayas aportado a la jubilación y hayas pagado impuestos toda la vida.

Mimicha: Por eso. Tengo que ahorrar.

Juan Carlos: Yo tengo hijos y lo mismo tengo que ahorrar, porque no quiero que ellos tengan que trabajar para mantenerme y cuidarme.

El Mudo: ¿Ustedes están a favor de estos hijos de puta que desmantelan el Estado y que sea la ley de la selva?

Mimicha: No estoy a favor, sólo soy realista.

China: Hay muchas formas de acompañar. No todo en la vida es dinero. Te acompañan con afecto, con comunidad.

Juan Carlos: ¡Qué vamos a tener comunidad! Todos vamos siendo cada vez más individualistas.

Mamu: Pensar en tener un hijo para que te cuide cuando seas vieja es un egoísmo atroz.

Pichi: Mi hermana espera hacerse viejita para que la cuide nuestro padre. (Risas). Es algo patético y absurdo, pero ¿no vamos a preocuparnos por lo que le sucederá a nuestros hijos cuando sean viejos? ¿Quién los cuidará a ellos? ¿No deberíamos intentar dejarles una posición económica que, al llegar a viejos y no existiendo un Estado responsable, les permita envejecer dignamente? ¿No deberíamos criarlos como personas íntegras, que al llegar a ese momento lo soporten con entereza? ¿No deberíamos mostrarles cómo envejecemos y nos vamos de este mundo mirando a la muerte de frente? ¿No podríamos darles el ejemplo de cómo se debe vivir: a fondo cada momento, con conciencia, haciendo lo que creemos que está bien hacer, de modo que cuando entremos en la muerte sintamos que nuestra vida valió la pena, que no debemos nada y que nuestros años en este mundo están justificados?

El Mudo: Estás hablando de cualquier cosa.

Papu: ¿Qué significa “entrar en la muerte”?


Pichi le responde y se arma otra discusión, sobre qué es la muerte.

  



martes, 26 de mayo de 2026

Los jóvenes sabrán

Alguien habló de aparatos ideológicos del Estado. 

Otro, antes, había hablado de las fuentes que alimentan el sentido común. 

Antes aún alguien había hablado de ideología, definiéndola como una versión de la realidad naturalizada que le conviene a los sectores hegemónicos de una sociedad. (Es decir, la realidad sería una entre muchas o infinitas versiones posibles).


¿Cuáles son, hoy, los aparatos ideológicos, del Estado, o que no son del Estado pero controlan a la sociedad, a cada persona generándoles un sentido común?


Los jóvenes, las nuevas generaciones, habrán de comprender que existen fuentes originarias de realidades. 

Que la realidad que cada uno vive, cada persona, cada sector social, está diseñada por poderes, que han sofisticado la creación de realidades hasta llegar casi a crear una realidad propia para cada persona. 


Los jóvenes comprenderán claramente esto, como no lo comprendemos los viejos.


Quizás se sometan como corderos o quizás entre ellos habrá quienes se rebelen y no lo acepten.






jueves, 21 de mayo de 2026

Herramientas

 Lo que produzca la inteligencia artificial va a complementarse con lo que hagan los humanos.

Con el tiempo, por esa relación la inteligencia artificial cambiará y también cambiarán los humanos.

Siempre pasó eso con las herramientas.








Cuando uno se hace la vasectomía

 Me hice una vasectomía.

No hay nada más que decir de la vasectomía.

 

Me siento rodeado por un infinito de silencio.

 

Ya se sabe que hace justicia contra el sometimiento de la mujer, porque en ella recaen los métodos de anticoncepción y de aborto.

No hay más nada más qué decir de eso.

 

Hay varones que se lo hacen porque está de moda.

Se sabe.

Y se hacen los buenos.

Se sabe.

 

Hay silencio porque el machismo no quiere hablar de eso, porque hablar es instalar el tema, y lo que sigue a instalar el tema es la decisión de la acción o la decisión de no hacer. La vasectomía es sentida como castración y la castración del hombre es insoportable.

 


 

Me hice una vasectomía.

A partir de ahora soy estéril.

A partir de ahora ya no soy fecundo.

No daré más fruto.

— No es así.

No produciré más.

— No es así.

No seré más útil.

— No es así.

No produciré nada en los demás.

— No es así.

No generaré ningún cambio.

— No es así.

No transformaré nada.

— No es así.

No inspiraré nada.

— No, no. No es así.

No crearé nada.

— No es así.

No favoreceré a nadie.

— No es así.

Seré impotente.

— No es verdad.

No serviré para nada.

— No es así.

No le daré nada a nadie.

— No es así, no es así.

No podré hacer nada.

— No…

Todo lo que haga será en vano.

— No…

No tendré poder para nada.

— No es así.

No aportaré nada.

— No es así.

Mi palabra no tendrá efecto.

— No es así.

Mi vida será en vano.

— No es así.

Mi cuerpo no tendrá ninguna razón para existir.

— No es así.

No tendré por qué estar saludable ni cuidarme.

— No es así.

Mi empeño no tendrá sentido.

— No es así.

Cumplir mis propósitos será ilusorio.

— No es así.

Tener sueños será vano.

— No es así.

Los esfuerzos que haga no conseguirán lograr nada.

— No es así.

No podré construir nada.

— No digas eso, no es así.

No tiene sentido que trate de hacer las cosas bien.

— No es así.

No tiene sentido que trate de hacer el bien.

— No es así.

Soy un castrado.

— No.

Soy un impotente.

— No.

Nunca fui un hombre; ahora nunca lo seré.

— No es así.

Será irrelevante juzgarme, porque seré insustancial.

— No es así.

Se me podrá pisotear, escupir, burlar, ignorar, torturar, traicionar, porque seré una persona intrascendente.

— No es así.

Soy estéril.

— No.

Soy infecundo.
— No.

No podré ayudar a nadie.

— No es verdad.

No podré defender a nadie.

— No es verdad.

 

 

 

lunes, 4 de mayo de 2026

Los dueños del circo

 Así como están en el campo de nuestra atención, la inflación, Colapinto, el aumento de los pasajes de los transportes públicos, el aumento de la nafta, la guerra de Irán, así también cualquiera podría saber quiénes son las personas que tienen el mayor poder de decisión sobre la economía de Argentina. 


Podríamos conocerlos, así como conocemos a Adorni, Milei, Cristina, Caputo. Los periodistas podríamos preguntarles por los hombres más poderosos a investigadores, sociólogos, politólogo, antropólogos, y también a psicólogos, economistas, grafólogos. Podríamos conocer cómo ven el mundo, cómo ven la Argentina, qué piensan de la sociedad. 

Podríamos conocer qué desea esa gente —esa gente que es la que manda redactar las leyes para que presente el presidente en el Congreso, y que aprueban la mayoría de los legisladores.


Podríamos saber cuáles son sus objetivos, qué hacen con su riqueza, cómo son sus familias, cómo son sus cotidianos.


Podríamos saber cómo ejercen el poder económico, el poder político, social, cómo manejan los medios y las redes sociales. Cómo se organizan, cómo se relacionan entre ellos; cómo compiten y cómo cooperan para mandar.


Podríamos estar enterados de cuáles son sus religiones, de sus historias personales y familiares, cuáles son sus placeres, como han sido educados.


En fin, podríamos saber quiénes son esas personas que mandan sobre nuestras vidas, que deciden cómo será la vida de nuestros hijos más que nosotros. 


Podríamos saber quiénes de ellos son norteamericanos, quienes son argentinos, quienes son de otros países. 

Podríamos conocer qué anhelan, qué sueñan, a qué le tienen miedo. 


Si ellos deciden sobre nuestra vida, quizás estaría bueno conocerlos. 


Se los podría llamar oligarquía plutócrata, el gobierno de los pocos ricos. 

La democracia se ha devaluado muchísimo. La libertad de expresión está sumamente manejada y las elecciones legislativas, presidenciales, etc., no parecen ser un buen mecanismo para representar el deseo de todo el pueblo.


Algunos periodistas mencionan a esos poderosos que usan a personas como Milei. Esas menciones, que incluso han tomado la forma de libros, las vemos pasar volando por el cielo, con una estrella fugaz. Su información no se instala en los medios de comunicación. La verdad es que la identidad real de esas personas no están en la agenda de los medios, y por eso no tenemos idea de quiénes son. 


A veces creo que la mayor estrella de la Argentina es Javier Milei, por sus características personales, y porque los periodistas lo encumbramos —alabándolo igual que criticándolo— como el rockstar que nos hipnotiza y entonces, esa oligarquía plutócratas queda como un monstruo fantasma, que nos chupa la sangre, a la que se condena, pero no se la cuestiona. No se lo investiga, no se le interpela, no se la mira. Se la acepta, se la naturaliza. Sabemos que son ellos, sabemos quiénes son, pero al fin pensamos: “siempre hubo y habrá ricos y pobres“.


Esa oligarquía manda que no se la mire ni se hable de ella, y pareciera ser que obedecemos esa orden, sumisa y resignadamente, asumiendo plenamente que somos impotentes. Pocos escucharon nombres como Mariano Bosch, Rob McEwen, Giancarlo Devasini, Paolo Ardoino, Jean-Louis van der Velde, Chakrit Sakunkrit o Stuart Hoegner. 


Los periodistas les decimos a la gente que nos escucha: “sabemos que son ellos, pero no se puede hacer nada. No tenemos poder” y entonces desviamos la bronca hacia los empleados de esos ricos, como el presidente Milei. 


Pareciera que estamos obsesionados con el payaso, pero no nos metemos con los dueños del circo.