jueves, 26 de febrero de 2026

Voces

Manuel Puig dijo, con ese tono íntimo del que no podía salir aunque estuviera frente a un teatro lleno: “No pude hacer callar a esos dos personajes. Ellos contaban la historia mucho mejor que yo”.

Hablada de los protagonistas de “El beso de la mujer araña”.

También dijo: “Las voces han dominado mis libros”.

Quizás sabía lo que había dicho Juan Carlos Onetti de él: “Sé cómo hablan los personajes de Puig. Cómo escribe Puig, no sé”.

Para algunos escritores la opinión de Onetti es una justificación de todo lo que escribieron y de sus vidas enteras.






https://www.youtube.com/watch?v=urPd6UUGV5w&t=624s


miércoles, 25 de febrero de 2026

El vecino

 Un señor, un vecino, que nunca supe su nombre, aunque sé que era italiano, vivía solo. Estaba muy grande. Se había quedado viudo hacía una vida entera. Dicen que tenía un hijo que se había ido a otro país y no tuvo más contacto.

Este vecino no era un tipo muy sociable. A su vecina le parecía que no le importaba ser amigo de nadie, ni caer simpático ni entablar conversación con nadie.

Sin embargo, eso no significaba que se sintiera bien estando solo. Tanto que un día superó su apatía, o antipatía, y le contó a ella que se sentía muy mal, tan solo.
Le dijo que le hubiera gustado tener familia o amigos, o conocidos, pero no los tenía.
A la vecina le dio pena y cuando barría la vereda o cuando volvía de hacer algún mandado y tenía tiempo, le tocaba el timbre y le preguntaba al hombre cómo estaba.

Con el tiempo, el vecino le dijo si quería pasar. Y así, poco a poco, fueron tratándose.

Como vecinos.
Hasta que un día el vecino le agradeció a la señora que se tomara molestias por él y le hizo una propuesta. Le dijo que él estaba bien de salud, pero se olvidaba de muchas cosas, y a veces se quedaba sin comer porque no tenía ganas de ir a comprar comida. No le pedía que lo acompañara ni nada de eso, nada más le proponía que ella lo escuchara y lo ayudara, porque se iba a ir poniendo más viejo y empeoraría.

Y a cambio él le dejaría la casa.
Y así hicieron.
Cuando el vecino murió, la señora recibió la casa y ahora está viviendo ahí su hijo.

 

 


Paréntesis

Me quedé impresionado con la forma en que el marido de Drive my Car se banca que la mujer le haya sido infiel muchos años con muchos tipos.

Hay un tema en esa película que saca el tema de la traición del formato de historia de amor. La infidelidad y la tolerancia a la infidelidad están de alguna manera relacionados con que se les murió una nena.

Dejando eso entre paréntesis, repasé casos de tolerancia a la infidelidad en novelas, películas y en la realidad.

Pensé que donde mejor lo encontraría expresado sería en el tango, porque nada hay más confesionario que el tango. 


Recordé la letra de “Cobardía”, de Luis César Amadori: 


No sé qué daño he hecho yo pa' merecer

esta cadena inaguantable de dolor,

que cuando no te beso no puedo respirar

y siento que me ahoga tus labios al besar.

De sufrir tanto perdí la dignidad

y no me importa saber que me engañás.

¿No ves que necesito de vos? Te quiero ver.

Hablame como siempre. Decí que me querés.


Yo sé que es mentira

todo lo que estás diciendo,

que soy en tu vida

sólo un remordimiento.

Yo sé que es de pena

que mentís pa' no matarme;

lo sé, y sin embargo

sin esa mentira no puedo vivir.


Anoche mismo he podido comprobar

que ni la puerta de esta casa respetás;

yo vi con estos ojos los besos que te dio

y oí que se reían burlándose los dos.

Humildemente, sin embargo, ya lo ves,

yo te pregunto: ¿Todavía me querés?,

y cerrando los ojos escucho que jurás

que nunca me engañaste, que no me olvidarás.


Como no recordé más, les pedí a dos inteligencias artificiales diferentes que me mencionaran letras de tango en la que un hombre cuenta cómo tolera la infidelidad y me dieron estos casos:


En “Mala suerte” Francisco Gorrindo dice:


“Yo sé que me engañás, que no me querés nada,

que cuando te ausentás es por otro querer.

Y sin embargo, mirá si soy zonzo,

que si no te veo, me pongo a llorar.”



En “Un tropezón” Luis Bayón Herrera dice:


“Un tropezón cualquiera da en la vida,

y vos tuviste el tuyo... ¡qué le vas a hacer!

Vení, sentate aquí, no estés así, afligida,

que ya no queda nada de aquel otro querer.”


“Hacé de cuenta que has tenido un sueño...

que lo que ha pasado ya se terminó.

Y volvé a ser la misma, que yo soy tu dueño,

que aquí no ha pasado nada... ¡entrá, que te quiero yo!”



En “Miedo”, César Vedani dice: 


“Tengo miedo de que un día te canses de mis mimos,

tengo miedo de que busques otra boca, otro calor...

Y por eso te perdono, y por eso me callo,

y aunque vea tus mentiras, te juro mi amor.”


Resulta interesante que las tres letras son totalmente inventadas por las IA.

Tres completos bolazos.

Quien no sabe nada de tango y confía en las IA, saldría a contar cómo Gorrindo, Bayón Herrera y Vedani escribieron esas letras, y estarían reproduciendo un disparate.

Ya lo sabemos a esto, no es ninguna novedad, sólo que vamos tomando mejor consciencia.

Este mismo tema llevado a una cirugía o al manejo de un auto sin chofer, se pone un poco oscuro.


En fin, el mundo de la inteligencia artificial pareciera que es otro paréntesis.






domingo, 22 de febrero de 2026

Gente con problemas

 Un amigo me dijo una vez: 

— El otro fin de semana, ¿Tenés algo que hacer? Te invito a mi casa en el Delta.

— Gracias. Qué amable. De hecho, estoy libre (yo estaba libre todos los días). 

— Pero hay que ver cómo está el río. Si está bajo, tenemos que tomar una lancha colectiva hasta un muelle y desde ahí no sé cómo haremos. Y encima me parece que voy a tener mucho trabajo. Se me va a complicar. 

No supe qué decirle. 

¿Qué le iba a decir?

Hay gente que tiene muchos problemas. 

— Usted, Mendieta —le dijo una vez Don Inodoro— para cada solución tiene un problema.








Los pibes no pueden volver al pasado que anhela la nostalgia de sus padres

 Concluye mi amiga, resignando la ilusión de que las cosas sigan siendo como eran: “Los pibes no quieren saber nada, solo resultados”.


No es toda la verdad, pero es una verdad.

Es decir, se puede relativizar, pero eso no le quita el fondo de verdad.


Los pibes no quieren saber nada, solo resultados. No quieren saber nada del proceso necesario para obtener resultados —el tiempo que lleva, el trabajo que lleva, la inversión que demanda, el involucramiento personal—, quieren el resultado inmediatamente.

Apretar un botón y que se encienda la luz.


Pero ¿acaso la modernidad no ha conducido las cosas en esa dirección?

¿Cómo culpar a los pibes?


A los pibes les chupa un huevo la ideología, los demás, el futuro, la racionalidad, y sólo quieren los resultados.


Aunque haya tendencias que contradigan esta tendencia, ¿cuál es la sociedad que ha dirigido la vida hacia otro lugar?


¿Cuál es la economía que ha planteado con poder algo diferente a “conseguir el máximo rendimiento con la menor inversión”?

¿Los odiadores de pibes pueden responder a esto?: los pibes aprendieron a la perfección la lección de economía que les enseñamos.


Hay algo de “los pibes no quieren saber nada, solo resultados” que no tiene vuelta atrás.

Las próximas generaciones pueden tomar elementos del pasado, pero no pueden volver al pasado.

Quizás los pibes que vengan después de los que no quieren saber nada y sólo quieren resultados, rompan con ese pragmatismo y hagan otra cosa.


Pero no volverán al pasado que anhela nuestra nostalgia.

No enmendarán nuestro error.




sábado, 21 de febrero de 2026

Pasar por el caos

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Leónidas Lamborghini: “Lo prolífico es el caos. El caos es el que engendra la luz. Pero hay que pasar por el caos, hasta decir ‘yo no nací para esto. No tengo virtud, no tengo fuerza, para esto’”.  






miércoles, 18 de febrero de 2026

Regalos interculturales

Un amigo chino que vive en Argentina invitó a su cumpleaños a una amiga argentina.

La amiga se sintió agasajada y se aplicó en hacerle un regalo que expresara cuán honrada se sentía. Averiguó, le preguntó a la inteligencia artificial, pensó mucho cuál sería el mejor regalo, que su amigo nunca olvidaría. 

Una vez que se decidió, pasó varios días buscando el regalo. Al fin lo encontró, y entonces le hizo un envoltorio hermoso.




Sin embargo, cuando se lo dio, su amigo le rechazó el regalo.

La amiga se quedó estupefacta.

Se sintió desairada, despreciada, menospreciada. 

No entendía qué había hecho mal.

No entendía por qué, si lo suyo no valía, había sido invitada.

Dejó de hablar con su amigo chino.


Ella no tenía manera de saber que su amigo chino estaba dándole una señal de cortesía y de modestia. Aceptar inmediatamente el regalo hubiera sido para él mostrar codicia o un exceso de deseo.

Al rechazarlo, lo que quiso decirle a la amiga fue: “No merezco tanto”, “no quiero parecer interesado”, “no quiero ponerte en la situación incómoda de pensar en mí”.

En mi familia china observé que esto es parte de un ritual. Alguien hace un regalo, el receptor rechaza, el que regala insiste, el otro sigue rechazando y así, en un tira y afloje que termina con que el receptor finalmente acepta de mala gana y deja el regalo sin abrir en un costado.


Espero que mi amiga me permita hacer un esfuerzo para explicarle el código de nuestro amigo chino.

De la misma forma, espero que mi amigo chino me permita intentar explicarle los sentimientos —bastante apasionados— de nuestra amiga.