lunes, 8 de junio de 2026

En la hora

Fue el Indio.

Fueron la banda de Los Redondos, incluidos todos los músicos y también la Negra Poli, Rocambole, toda aquella gente.

Fueron los que entendieron desde el primer tema que escucharon que estaban ante algo diferente.

Fueron los miles y miles hasta la masa tribal, el cuerpo masivo de gente que sacudía la realidad, que comenzó a viajar a todas partes, a copar ciudades.

Entre todos es toda una sola cosa.

 

Y ahora, qué hará esa masa huérfana con lo que le quedó.

Igual que con la Madres.

 

Qué haremos.

Qué vamos a hacer esa sola cosa, que tenemos nuestros muertos.

Tal vez nos dejaremos devorar, como el Viejo no pudo hacer nada cuando los tiburones le comieron el Pez.

 

Tal vez no.

 

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es nadie la muerte si va en tu montura, galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!

 

Quizás llegue la hora en que al fin sabremos que al que tenemos enfrente es la Bestia.

Que no se desintegrará sola.

Que está desplegando todo su poder para quedarse años, décadas, siglos.

Que todo lo que tenemos nos lo quitará, el dinero, las casas, el calor en invierno, la comida, los hospitales, los hijos.

Quizás llegue la hora en que al fin sabremos que nos han quitado todo, que nada conservaremos.

Si aún no estamos muertos, será la hora de pelear a muerte.

Ojalá no sigamos aferrados a pequeñas ilusiones tardando en despertar.

 

 


viernes, 5 de junio de 2026

Muestra "La Zoncera"

  

Lo inimaginable puede pasar en lo oscuro.

El terror en lo negro vacío.

Podés dormirte para siempre si entrás.

Y cuando estás dormido lentamente lo negro te disolverá en lo negro.

 

¿Cómo sabemos esto?

Porque lo negro tiene ojos abiertos.

Lo dijo G. K. Chesterton, “la noche es un monstruo hecho de ojos”, y lo muestra Emmanuel Franco en sus dibujos.

 

Pero Emmanuel no se quedó dormido.

En cambio, ha traído a plena luz a las personas que lo miran desde la oscuridad. Agarró sus ojos y al arrancarlos de lo negro, trajo con ellos las personas de los ojos.

Emmanuel se rió a carcajadas de ellas, y las maquilló con líneas que crecen en la luz como las guías de las enredaderas se desenrollan contra el cielo.

La gente de los ojos, liberada de lo negro por Emmanuel Franco, se ha transformado en personas livianas que flotan, sonríen, cantan, son hechiceras como los cuerpos del carnaval, danzan, hechas de una sustancia fluida como un agua perfumada.

Se mezclan con las infinitas criaturas del arte thangka —el arte de los budistas— y en ellas se escucha la risa íntima, aguda y dulce de Ney Matogrosso.

Anoche estuvo Ney en la muestra, tímido y sonriente, escondido entre las criaturas de Emmanuel.

 

Los dibujos están expuestos en la muestra La Zoncera, curada por Verónica Gómez —que ha visto con el alma todo esto, los ojos, las guías de las enredaderas, el agua perfumada, Ney Matogrosso.






jueves, 4 de junio de 2026

La maduración perdida

 La ciencia que Occidente ha sabido llevar a un grado superlativo, puede ser un recurso bendito, por ejemplo, si se usa para operar del corazón y salvar a un bebé recién nacido, o una maldición si se usa para matar con una bomba atómica a decenas de miles de inocentes.


La sentencia “la ciencia no es ni buena ni mala, depende de para qué se la use”, peca un tanto de rudimentaria.


Una bomba o una máquina para torturar nunca serán buenas, una vacuna contra el cáncer nunca será mala.


Puede argumentarse que la bomba puede ser buena si es defensiva y que la vacuna puede ser utilizada para la especulación capitalista farmacéutica en contra de los enfermos, pero en sí una bomba es mala y una vacuna es buena.

Lo mismo sucede con un martillo: es una gran solución para la construcción y el arreglo de cosas, pero cualquiera lo puede usar para hundirle la nariz en la cara a otra persona. 


Un invento de la ciencia es bueno o malo según el objetivo para el que es creado. Es decir, en sí nace bueno o malo. 


Algo de esto es lo que dice sobre la inteligencia artificial el nuevo Papa en su primera encíclica.


Si la ciencia es usada por un sector social que somete al resto, difícilmente sea buena, porque es una herramienta de explotación. Es concebida, fabricada y utilizada como un aparato de sometimiento y expoliación. 


Esa ciencia crea una visión del mundo y un modo de conducirse en el mundo. 

Crea un tiempo. 

Crea un espacio. 

Crea una sociedad y crea un individuo. 


Por ejemplo, ha suprimido en la gente la noción, que aún sentimos tan natural, del proceso. En la realidad creada por la ciencia, se aprieta un botón y se obtiene inmediatamente un resultado.


Para dar un ejemplo brutal, hace dos siglos, para tomar leche, había que mantener una vaca, hacer que su cuerpo produjera leche, ordeñar la leche, y al fin hervirla. Hoy se va al supermercado y se agarra una caja se paga con el celular. En la cabeza del comprador, el proceso entero que va de la vaca a la ingestión de la leche se ha perdido.


Así, el candidato irracional convenció prometiendo como solución a la crisis economía, darle un mazo a una maqueta del Banco Central.

Y así la oposición creyó a los tres meses de su gobierno, que sus abusos acabarían con su gestión en pocos días. 


Nos hemos vuelto supersticiosos de la causa-efecto. 

Nos creemos que para conseguir algo alcanza con generar su causa. Una sola causa, que produce sin mediaciones un solo efecto. 

Perdimos la noción de la maduración que lleva una fruta en el árbol, del paso a paso que lleva la elaboración de una comida, de la serie de pequeñas conclusiones de la que está hecha un pensamiento, del paciente y constante trabajo que lleva convocar a los vecinos hasta reunirlos para debatir un tema del barrio, del labrado metódico que lleva un tejido. 





miércoles, 3 de junio de 2026

Polémica por el fin del Estado

 Este ocurrió el martes pasado, en una cena de amigos.

 

Mimicha: No tengo hijos. Me preocupa que no tendré quién me cuide cuando sea vieja, me enferme, no pueda valerme a mí misma.

Papu: Pensando así te estás programando para ser enferma y desvalida.

Juan Carlos: El Estado no te va a acompañar, aunque hayas aportado a la jubilación y hayas pagado impuestos toda la vida.

Mimicha: Por eso. Tengo que ahorrar.

Juan Carlos: Yo tengo hijos y lo mismo tengo que ahorrar, porque no quiero que ellos tengan que trabajar para mantenerme y cuidarme.

El Mudo: ¿Ustedes están a favor de estos hijos de puta que desmantelan el Estado y que sea la ley de la selva?

Mimicha: No estoy a favor, sólo soy realista.

China: Hay muchas formas de acompañar. No todo en la vida es dinero. Te acompañan con afecto, con comunidad.

Juan Carlos: ¡Qué vamos a tener comunidad! Todos vamos siendo cada vez más individualistas.

Mamu: Pensar en tener un hijo para que te cuide cuando seas vieja es un egoísmo atroz.

Pichi: Mi hermana espera hacerse viejita para que la cuide nuestro padre. (Risas). Es algo patético y absurdo, pero ¿no vamos a preocuparnos por lo que le sucederá a nuestros hijos cuando sean viejos? ¿Quién los cuidará a ellos? ¿No deberíamos intentar dejarles una posición económica que, al llegar a viejos y no existiendo un Estado responsable, les permita envejecer dignamente? ¿No deberíamos criarlos como personas íntegras, que al llegar a ese momento lo soporten con entereza? ¿No deberíamos mostrarles cómo envejecemos y nos vamos de este mundo mirando a la muerte de frente? ¿No podríamos darles el ejemplo de cómo se debe vivir: a fondo cada momento, con conciencia, haciendo lo que creemos que está bien hacer, de modo que cuando entremos en la muerte sintamos que nuestra vida valió la pena, que no debemos nada y que nuestros años en este mundo están justificados?

El Mudo: Estás hablando de cualquier cosa.

Papu: ¿Qué significa “entrar en la muerte”?


Pichi le responde y se arma otra discusión, sobre qué es la muerte.

  



martes, 26 de mayo de 2026

Los jóvenes sabrán

Alguien habló de aparatos ideológicos del Estado. 

Otro, antes, había hablado de las fuentes que alimentan el sentido común. 

Antes aún alguien había hablado de ideología, definiéndola como una versión de la realidad naturalizada que le conviene a los sectores hegemónicos de una sociedad. (Es decir, la realidad sería una entre muchas o infinitas versiones posibles).


¿Cuáles son, hoy, los aparatos ideológicos, del Estado, o que no son del Estado pero controlan a la sociedad, a cada persona generándoles un sentido común?


Los jóvenes, las nuevas generaciones, habrán de comprender que existen fuentes originarias de realidades. 

Que la realidad que cada uno vive, cada persona, cada sector social, está diseñada por poderes, que han sofisticado la creación de realidades hasta llegar casi a crear una realidad propia para cada persona. 


Los jóvenes comprenderán claramente esto, como no lo comprendemos los viejos.


Quizás se sometan como corderos o quizás entre ellos habrá quienes se rebelen y no lo acepten.






jueves, 21 de mayo de 2026

Herramientas

 Lo que produzca la inteligencia artificial va a complementarse con lo que hagan los humanos.

Con el tiempo, por esa relación la inteligencia artificial cambiará y también cambiarán los humanos.

Siempre pasó eso con las herramientas.








Cuando uno se hace la vasectomía

 Me hice una vasectomía.

No hay nada más que decir de la vasectomía.

 

Me siento rodeado por un infinito de silencio.

 

Ya se sabe que hace justicia contra el sometimiento de la mujer, porque en ella recaen los métodos de anticoncepción y de aborto.

No hay más nada más qué decir de eso.

 

Hay varones que se lo hacen porque está de moda.

Se sabe.

Y se hacen los buenos.

Se sabe.

 

Hay silencio porque el machismo no quiere hablar de eso, porque hablar es instalar el tema, y lo que sigue a instalar el tema es la decisión de la acción o la decisión de no hacer. La vasectomía es sentida como castración y la castración del hombre es insoportable.

 


 

Me hice una vasectomía.

A partir de ahora soy estéril.

A partir de ahora ya no soy fecundo.

No daré más fruto.

— No es así.

No produciré más.

— No es así.

No seré más útil.

— No es así.

No produciré nada en los demás.

— No es así.

No generaré ningún cambio.

— No es así.

No transformaré nada.

— No es así.

No inspiraré nada.

— No, no. No es así.

No crearé nada.

— No es así.

No favoreceré a nadie.

— No es así.

Seré impotente.

— No es verdad.

No serviré para nada.

— No es así.

No le daré nada a nadie.

— No es así, no es así.

No podré hacer nada.

— No…

Todo lo que haga será en vano.

— No…

No tendré poder para nada.

— No es así.

No aportaré nada.

— No es así.

Mi palabra no tendrá efecto.

— No es así.

Mi vida será en vano.

— No es así.

Mi cuerpo no tendrá ninguna razón para existir.

— No es así.

No tendré por qué estar saludable ni cuidarme.

— No es así.

Mi empeño no tendrá sentido.

— No es así.

Cumplir mis propósitos será ilusorio.

— No es así.

Tener sueños será vano.

— No es así.

Los esfuerzos que haga no conseguirán lograr nada.

— No es así.

No podré construir nada.

— No digas eso, no es así.

No tiene sentido que trate de hacer las cosas bien.

— No es así.

No tiene sentido que trate de hacer el bien.

— No es así.

Soy un castrado.

— No.

Soy un impotente.

— No.

Nunca fui un hombre; ahora nunca lo seré.

— No es así.

Será irrelevante juzgarme, porque seré insustancial.

— No es así.

Se me podrá pisotear, escupir, burlar, ignorar, torturar, traicionar, porque seré una persona intrascendente.

— No es así.

Soy estéril.

— No.

Soy infecundo.
— No.

No podré ayudar a nadie.

— No es verdad.

No podré defender a nadie.

— No es verdad.