sábado, 7 de noviembre de 2026

Las necesarias historias

En un momento del cine la “historia” se volvió sagrada. Se instaló un dogma que dotaba a las historias de un poder inefable. Se buscaba la historia en cada película, se hizo generalizada la superstición de que para filmar cualquier cosa, la historia era el requisito que determinaba si se había hecho una película o no.

“Cuenten historias”, les recomendaban los grandes directores, los próceres, a los jóvenes, para marcar un camino de redención de un cine que había perdido el rumbo.

Esto tuvo su replicación en la literatura, por ejemplo, llevando a Paul Auster a un lugar casi sagrado, y estableciendo un canon tiránico.

El dogma no necesitó justificarse. Apenas se enunció, la gran masa lo asumió como verdad trascendental.

Por supuesto que no hay cine ni literatura sin historias, desde la Odisea a Mo Yan, cuando dice que no sabe si es un escritor pero sí sabe que es un contador de cuentos, pasando por el Cantar del Mio Cid y todos los narradores junto a un fogón desde que éramos cavernícolas.

Las historias son maravillosas, pero, impuestas como obligatorias, entronizadas, acabaron siendo cosificadas. Los temas de las películas se forzaban como historias. Importaba más la historia que cualquier otro aspecto de la película y se terminaron metiendo historias de cualquier manera. La historia comenzó a ser un artefacto que solo existía por obligación. Se le notaban los hilos.




COYUNTURA - Cuatro gordos hablando de política




¡Le rompimos el culo a Trump!

¡Ya lo están metiendo preso!

¡En EEUU ganó el socialismo!

¡Se acabó el capitalismo!

¡No vamos a necesitar visa para ir a Miami!

¡Ya se cae Milei!

¡Está meado adentro del helicóptero!

¡Va a ir en el helicóptero derecho a la cárcel, con Caputo, Macri, Karina, Alberto Fernández y la Bullshit!

¡Les van a incautar todos sus bienes y sus $Libras y con los fondos vamos a recuperar PakaPaka!

¡Lula aplastó a Bolsonaro!

¡Bolsonaro, sin un ápice de poder, huyó como rata por tirante!

¡Todos los evangelistas se hicieron católicos y leen el Libro Rojo de Mao!

¡Netanyahu perdió!

¡Se disuelve el Estados de Israel!

¡Viene a la Argentina el Papa que aplastará a Milei!

¡Es el fin de la ultraderecha!

¡Los jóvenes que votaron a Milei nunca existieron!

¡Los jóvenes en Francia están recreando el 68!

¡Se terminó!

¡Cambio cultural!

¡Empezó la revolución!


Peter Capusotto: cuatro gordos hablando de fútbol.

La inconsistencia de los periodistas y los intelectuales argentinos es imbatible.


Tronquitos

Hubo una muestra de pintura en la que todos los cuadros tenían como tema el mundo mapuche. 

El curador explicaba en un texto impreso y pegado en la pared que el arte de los pueblos originarios era indignantemente ignorado por el ámbito artístico, y que eso era una muestra de autodenigración colonial, una declamación gratuita de vasallaje entregado a la “superioridad” cultural europea, más específicamente anglosajona. 

Convertir rasgos visuales de la cultura mapuche en el asunto de la producción artística, era, así, una suerte de protesta, de militancia, americanista, la misma que se viene haciendo desde hace un siglo. 

Era la justicia cultural materializada en la pintura. Los visitantes veían el tema antes que el arte, antes que los colores, que cualquier sentimiento o sensación, espíritu, lo que fuera que hubiera en la obra. 

El tema cosificado de la cultura mapuche la convertía en algo estático, con lo que no se entraba el diálogo; sólo podía mirárselo o, más bien, obedecerlo.

Algo parecido ocurre con cualquier asunto que es transformado en tema —los troncos en la construcción en Bariloche, el animé, palabras como “conjetura”, “dialéctica”, “problemática”; el tao aplicado a cualquier cosa. la armonía, cualquier marca comercial. Con todo ismo. 

Con todo posicionamiento ideológico, estético, religioso. 

Con toda identidad y pertenencia. 

Con todo lo que no es verdad.





viernes, 6 de noviembre de 2026

Los que se atreven

Personas aburridas son aquellas que no rompen.

 

¿Quiénes no rompen?

Los que se preocupan miserablemente por conservar su cuota de poder, por rapiñar unos pesos, por alargar su vida muerta.

 

¿Quiénes rompen?

Wilfredo Lam, metiendo en este mundo los seres de la jungla de otro mundo.

Prometeo, cuando roba el fuego.

Jesús, cuando dice que es el hijo de Dios.

Eva, cuando decide que los pobres no tengan nada que envidiarles a los ricos.

 


 

COYUNTURA - Amor a Milei

Desde que Milei asumió como presidente, creció en casi todo el periodismo opositor una dosis enorme de fascinación por Milei.

Cada cosa que dice Milei, cada cosa que insinúa, implica o habría dicho, es reproducida por el periodismo opositor.

Es un ejército obsesionado con Milei.

Es un defensor al que el DT le ordenó seguir a Milei por toda la cancha, no separarse tres centímetros de él.

Todo el esfuerzo, la emoción, la profesionalidad, el tiempo, las palabras, la energía, las dedica a Milei.

A veces menciona a los jefes de Milei, pero no les presta mucha importancia, para que no lo distraigan de Milei.

Con nadie tiene Milei más éxito.

Está haciendo todo lo posible porque Milei sea reelecto.

Se moriría si Milei desapareciera.

No tendría motivo para vivir.






miércoles, 4 de noviembre de 2026

El camino hacia el espanto









 La mamá de John Brown le decía a su hijo que se iba a la guerra: “Oh hijo, te ves tan bien, me alegro de que seas mi hijo. Me haces sentir orgullosa de saber que sostienes un arma”. Bob Dylan cuenta que “mientras ese viejo tren partía, la mamá de John comenzó a gritar, diciéndole a todos en el vecindario: ‘Ese es mi hijo que está a punto de irse, ahora es un soldado, ¿saben?’”

Plutarco contó esa historia muchas veces. Una madre espartana le entrega el escudo a su hijo cuando parte a la guerra y le dice: “Volví con él o sobre él” y otra sentencia: “Lo traje al mundo para que muriera por Esparta”. 

El australiano Edwin Greenslade Murphy sostiene en un poema que un padre debe entregar a su hijo a la guerra para evitar que viva deshonrado. Los norteamericanos Andrew B. Sterling y Arthur Lange compusieron la canción “America, Here's My Boy”. 


Hay horror en esto, pero los vientos de una época lo pueden barrer. Las mujeres pueden nacer en una normalidad que les haga sentir orgullo parir soldados, asesinos alienados, carne de masacre.

Para eso hace falta que se afirmen poderosos inhumanos, que desprecien la vida, que sean indiferentes ante las masas de la muerte.

Hacia ahí vamos.

Nos lo recuerda la editorial Buchwald, reeditando los dibujos de lo que vio en los campos de batalla Dix.



Trump y el pacifismo demócrata

 Estas horas son las de una paliza histórica del Partido Demócrata a un Donald Trump que ha empobrecido a su gente y de pasea por el mundo, camorrero, repartiendo sanciones, amenazas, criando títeres y utilizando el poder de Estados Unidos para sembrar inestabilidades a troche y moche.

Imagino, sin embargo, que nadie confunde la satisfacción justiciera de que le dieron su merecido al matón de Trump con la alegría porque hayan ganado los demócratas.

Es ampliamente conocido que el presidente demócrata Harry Truman ordenó la intervención de Corea. 

Uno de los mayores símbolos de la democracia de Estados Unidos, John F. Kennedy, decidió invadir Cuba, así como inició el conflicto en Vietnam que su sucesor Lydon Johnson convirtió en una guerra a gran escala. En 1965 Johnson ordenó la campaña de bombardeos Rolling Thunder contra Vietnam del Norte y amplió el despliegue de tropas de combate. Para 1967 había cerca de 500.000 militares estadounidenses en Vietnam. 

También sabemos que el mismo presidente en 1965 envió tropas para invadir la República Dominicana, y que en 1999 Bill Clinton metió a Estados Unidos en la campaña aérea de la OTAN contra la República Federal de Yugoslavia. 

Un año antes había ordenado la operación Desert Fox, en la que Estados Unidos y el Reino Unido bombardearon Irak.

El premio Nobel de la Paz Barack Obama ordenó el ataque a Libia y ha sido pública la asistencia de armas de la administración de Joe Biden al Estados de Israel para su “guerra” contra los niños de Gaza. En enero de 2024 Joe Biden también ordenó ataques contra posiciones hutíes en Yemen

Estos son apenas unos casos del belicismo de los demócratas. Hay muchos más. Abundan.




Y tenemos a Taiwan, con un recorrido registrado y un futuro incierto en manos de los demócratas. 

No sé si es imprudente aventurar la hipótesis de que los demócratas han contribuido a construir y sostener una política que contempla combatir directamente con China por Taiwán. 

Truman envió en 1950 la Séptima Flota para impedir un ataque contra Taiwán al comienzo de la guerra de Corea.

Jimmy Carter, otro ángel de la democracia en el planeta, Carter, firmó la ley que preservó el vínculo no oficial con Taipei y la provisión de armamento defensivo. 

Clinton envió en 1996 dos grupos de combate de portaaviones a la región tras los ensayos de misiles chinos. 

En 2022 Joe Biden dijo a 60 Minutes que fuerzas estadounidenses defenderían la isla en caso de un ataque sin precedentes. En diciembre de 2024 autorizó una transferencia de hasta 571,3 millones de dólares en material, servicios y formación militar. 

De cara a lo que vendrá los antecedentes no transforman precisamente en ridículo el temor de que una presidencia demócrata podría ampliar el respaldo militar y político a Taipei hasta hacerle creer a Beijing que Washington está dispuesto a avalar una independencia formal. 

Cuando Trump y Xi Jinping, el 24 de septiembre de 2026 21 senadores demócratas firmaron un comunicado que tiene un apartado “Taiwan and Regional Security”. El apartado dice: “El apoyo de Estados Unidos a la autodefensa de Taiwán es innegociable y crucial para prevenir un conflicto en el estrecho que desestabilizaría la región y amenazaría la economía mundial”.

También piden a Trump que entregue de inmediato la asistencia militar aprobada por el Congreso, incluidos los 1.300 millones de dólares en fondos asignados, y que concrete tanto las ventas de armas ya acordadas como el nuevo paquete de 14.000 millones de dólares. 

Reclaman que Estados Unidos actúe junto con sus aliados del Indo-Pacífico frente a la presión económica y militar de China y responda directamente a la reanudación de la construcción china de islas en el mar de China Meridional y a lo que califican de creciente agresividad china en el mar de China Oriental.

Los senadores son Jeanne Shaheen, Chris Coons, Chris Murphy, Tim Kaine, Jeff Merkley, Cory Booker, Brian Schatz, Chris Van Hollen, Tammy Duckworth y Jacky Rosen (integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado), Dick Durbin, Jack Reed, Michael Bennet, Tammy Baldwin, Elizabeth Warren, Raphael Warnock, Peter Welch, Andy Kim, Adam Schiff, Elissa Slotkin y Chuck Schumer.