Qué mirás cuando vas a la casa de alguien.
Los adornos, cuadros, muebles, cosas que pone para que
puedan ser miradas.
Las plantas.
Las cosas que tiene en la cocina.
Las cosas del dormitorio.
Los recuerdos.
Las cosas del baño.
Lo que se ve por las ventanas.
Las fotos de la familia.
Los libros de la biblioteca.
Las marcas de otras épocas.
Nada. No te fijás en nada.
Pero si miras, todo lo que veas, te hablará de las personas
que habitan la casa.
Si ya las conocías, probablemente te confirmen lo que sabés.
Aunque tal vez te cambien un poquito la imagen que tenés de
ellas.
Por ejemplo, mi amiga, la Cló es medio chusma. Si va a la
casa de alguien, le revisa el botiquín del baño, los cajones de la cómoda, lo
que tiene en la heladera; si hay una cajita, la abre, si encuentra un lavadero,
se mete y mira todo. Una vez encontró en la casa de su amiga T., en un cajón de
su placar, una cosa larga, negra, como de goma, que terminaba en una forma
inconfundible. No podía ser otra cosa. Era enorme. La Cló hasta medio se asustó
por el tamaño. Desde entonces, T. le pareció una persona más interesante. T. no
entendía por qué la Cló le hablaba diferente, con más interés y más empatía.
También puede suceder que entrás en la casa de gente que no
conocés mucho, y entonces lo que ves o mirás te dice mucho de quiénes son.
Un árbol genealógico que viene desde el siglo XVII, en un
pergamino enmarcado y colgado en el hall de entrada.
Un gato malísimo.
Libros que vos consideras de tu intimidad.
Un altar a un gurú indio.
Un cuadro que pintó cuando era niña o niño y es muy bueno.
Una colección de piedras.
Los espejos, los objetos espejos de vidrio, te devuelven una imagen de vos.
Es sólo una imagen. Una entre infinitas imágenes de vos.
Las demás personas, que han mirado tu casa, que han
escuchado tus pensamientos, que conocen tus gustos; las demás personas que han
visto lo que hiciste, han padecido decisiones tuyas, se han beneficiado con tus
acciones o las han hecho felices; esas personas también son espejos.
Esas personas te dicen quién sos.
La inteligencia artificial se parece al espejo de vidrio.
No es humana.
Quizás muchas personas se estén encaminando a relacionarse
con el mundo a través de la inteligencia artificial.
Corren el riesgo de terminar tan alienadas como le pasa a
cualquiera que se mira mucho tiempo en el espejo y empieza a desconocerse.
Conviene no perder la vieja costumbre de juntarse alrededor
de un fogón.

Fogata de San Juan, en el Centro Cultural El Obrador, Rosario.

