miércoles, 16 de mayo de 2012

Ahí nomás


Intento traducir lo que me dijo hace unos años don Sixto, minero de Potosí.


Se me hace que por ahí no hace tanta falta mirar fijo hasta quedarse bizco. A lo mejor hay que fijarse menos, largar la mirada hacia allí, digamos hacia el sur en vez del norte, y a ver qué pasa. Si hay algo interesante, con el tiempo va a saltar solito y los ojos lo van a ver.

A los lugares, con ir alcanza. Andar inventando “actividades”, “rutinas”, es vicio nomás. Hay que permitirle al lugar que haga lo suyo, y permitirle al cuerpo que se deje impresionar por el viento, los colores, la fuerza, los olores del lugar.

A veces, cuando uno no sabe cómo decir, alcanza con abrir la boca. Los pensamientos que ya hemos tenido nos ponen las palabras.

Con las personas, a lo mejor no hay más que arrimarse. Así, arrimados, si tiene que armarse algo, se arma. No es necesario forzar las cosas. Para qué, si se van a dar. Y si no se dan, es que no están, y entonces empujar es al pedo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Patxi



Hace unos días me llamó mi madre para contarme que había encontrado un viejo amigo mío: Ortiz.
El tipo se presentó como jardinero en la fábrica de mi tío Juan. Si yo hubiera querido dar con él no sé adónde habría recurrido.
Y si finalmente hubiera descubierto esa oficina de Localización de Viejos Amigos Perdidos, preguntaría por Patxi.
Con Patxi fuimos compinches a los catorce o quince años. No sé a qué lugar fuimos a parar en una de esas veces que nos íbamos por ahí. Creo que fue a un rancho en la isla.
Una noche nos quedamos charlando.
Patxi siempre tenía una sonrisa en la boca, tensa, como un tajo en la carne, y en un brillo en los ojos que expresaban fácilmente sus ganas de divertirse. Recuerdo que me elogió el mate justo en el momento en que yo estaba sorprendido de que estuviera tan rico, siendo el primer mate que hacía en mi vida. Por ahí nos miramos, no sé, pero siento hoy como en aquel momento la sensación de empatía que me unió a él.
Mucho más con la larga charla que tuvimos. Hablamos de lo buena que estaba la flaca Ruibarbo, de Mouzo, el Chino Benítez y el campeonato mundial que había ganado Boca; de los militares en el gobierno, de la película Rollerball, que habíamos visto en el cine Gran Rex, del papá de Saldías, que era comisario y el papá de Ciccone había dicho que hacía torturar a los presos; de Carlitos Suri, de 5º año, que era un capo y tocaba la batería, de Guillermo Vilas, de la Loca Guruciaga, que era la profesora de Geografía, del Tero, que era un maestro viejísimo de la Sección Electricidad del Taller; de si era más importante decir la verdad que defender a un amigo, de Lole Reutemann, de la Máquina de Hacer Pájaros, de Deep Purple, de Pink Floyd; de si creíamos en Dios, si existían los OVNIS, del comunismo, de lo buena que estaba la flaca Ruibarbo. Y cada tema lo tratábamos largamente.
—Mirá —dijo en un momento Patxi, señalando las hendijas de una ventana. —Ya empieza a amanecer. Estuvimos toda la noche charlando.
Sonreía, como siempre. No me voy a olvidar de aquella sonrisa. Estaba alegre y orgulloso de que fuésemos grandes, charlando toda la noche mientras los demás dormían.
— ¿Vamos a pescar? —le propuse y se entusiasmó. Empezamos a preparar las cañas.
— Mirá estos cómo duermen —me dijo, cuando ya estábamos preparados.
— Vamos a despertarlos —le dije.
— ¡Já! Dale.
— Los cago un tiro —dije, agarré la escopeta y la cargué. Noté que Patxi me miraba, con la sonrisa pero expectante, con los ojos fijos en mí. Entonces tuvo un arrebato y en un instante me arrancó el arma de las manos.
— Dame —me dijo y me ordenó salir.
Fuimos saliendo juntos, primero yo y él rezagado, y cuando estaba en el umbral, apuntó el caño de la escopeta al interior del techo y disparó.
La explosión fue tremenda. Nos hizo huir mucho más rápido de lo que pensábamos que lo haríamos. Corrimos hacia el río unos cincuenta metros y cuando la risa fue mayor que el susto nos tiramos al piso y nos revolcamos a las carcajadas.
Con el tiempo no lo vi más. Una pena, quién sabe en qué andará.

Chaco, 3 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Unas buenas botas


Hija, estoy muy contento con las botas que te compraste.



Porque es la primera vez que te comprás botas sola.
Porque te quedan muy lindas.
Porque son muy lindas.
Porque te quedan cómodas.
Por las hebillas que tienen a los costados.
Porque son negras.
Porque son de cuero.
Porque son calentitas, dijiste.
Porque me las mostraste orgullosa.
Me dan ganas de dibujarlas.
Por la sonrisa que tenías cuando te las mirabas mientras me las mostrabas.
Porque no se te mojaron los pies, hoy que fuiste a la escuela mientras llovía desatadamente.

Buenas botas, hija.
Uno tiene que calzarse una buenas botas en la vida. Ahí es donde empieza la cosa.

Tu padre

martes, 8 de mayo de 2012

Welcoming onself on board



A veces tengo miedo de estar entre los jóvenes porque los quiero vampirizar sorbiéndoles la sangre de la juventud, y a veces me siento más joven que muchos jóvenes porque le encuentro sentido a todo y a cada paso me entusiasmo y tengo ganas de empezar de nuevo a cada rato, y de cada barco que pasa salto abordo.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mínima estrategia


A mis amigos de corazón: todos aquellos que vivimos en una cierta masa de torpeza nos merecemos alguna vez sacar una pata de ahí. Lo mínimo en cualquier estrategia es hacer un plan de salida. Tengamos un plan de salida, por favor.

sábado, 5 de mayo de 2012

El profesional bilingüe, por Laura Santos




Charlamos con Laura Santos, en cuya alma tiene puesta el alma Dani Jayo, sobre qué efectos causa en el trabajo hablar más de un idioma. Laura anotó algo de lo que dije en su artículo "El profesional bilingüe: ¿todos podemos aprender una segundalengua?"

Gustavo Ng podría funcionar como una sencilla metáfora de lo que es la globalización: tiene un apellido impronunciable para los acentos occidentales, es argentino de padre chino, vivió en Brasil, recorrió Latinoamérica como corresponsal y ahora dirige, desde Buenos Aires, la revista de intercambio cultural con China, Dang Dai.

Además de español, habla inglés y portugués con tal fluidez que no se sabría cuál es su segunda lengua. De niño le contrataron una maestra para que le enseñara inglés, pero dominó el idioma cuando se lo llevaron a vivir un tiempo a Estados Unidos. El portugués, en cambio, lo aprendió siguiendo a una ola de rockeros argentinos (como Charly García) cuando visitaban Brasil.

“Cada lengua me da un mundo distinto, me permite pensar de una manera totalmente diferente, tengo la posibilidad de ser otra persona, porque cuando hablás otro idioma, sos otra persona”, revela en entrevista realizada vía Skype.

La clave para que él haya podido aprender otros idiomas fue que en su casa escuchaba hablar a su papá en chino y en inglés, por lo que desde chico aprendió que era posible y fácil hablar otras lenguas. Ahora intenta darle la misma apertura de pensamiento a sus hijos y ve con agrado cómo Irina, su hija adolescente, comienza a aprender japonés por el sólo gusto que le provoca el anime.

Gustavo lamenta que su papá que no le haya enseñado chino. Mercedes Guhl, tomando como base sus investigaciones como traductora, afirma que las lenguas generalmente son transmitidas por las madres.

Como parte de las herramientas que necesita para dirigir la revista, Gustavo se enfrascará en aprender chino. En este sentido, advierte un fenómeno que se está dando en Buenos Aires: “Hay chicos que están buscando retomar el chino. Se vinieron a Argentina, lo hablaron de chiquitos y lo perdieron. Ahora se están recibiendo de abogados, médicos, y se dan cuenta de que les serviría de mucho hablarlo”.

***


viernes, 4 de mayo de 2012

Tres días en el Chaco

Tengo abrojos en los pantalones, tengo chivo en la panza, tengo la cara quemada por el sol en el río. Tengo picaduras de mosquitos grandes como avispas, tengo el olor del dorado en la nariz y huelo a caballo. 




 En busca del dorado que habita la confluencia del Paraná con el Paraguay.






 A caballo entre los cañizales de la Isla del Cerrito.


En la otra orilla dormían los yacarés.





El Parque Nacional Chaco, la selva está repleta de secretos.








 
Mire a la cámara que lo quieren ver en Buenos Aires.




El Tuto no se da por enterado. Ahí lo vamos a encontrar
cuando volvamos.