sábado, 3 de octubre de 2026

COYUNTURA - Elecciones en Brasil 2026

 Siempre Brasil tuvo una indigna masa de pobres. 

Gente que pasaba hambre.

Las enfermedades del hambre, la desnutrición de los chicos, son un cáncer social. Tienen un poder enorme para destruir el futuro de un país.

Pero entre 2003 y 2014 el PT en el gobierno redujo 82% la población que estaba en situación de subalimentación.

Se trataba del futuro de Brasil y de la dignidad humana.

El gobierno forzó que el pan se compartiera. Compartir el pan es el primer paso para la paz.

Ese 82% planteó el desafío de ser llevado al 100%, el desafío de sostenerlo y el desafío de atacar las causas estructurales de la injusticia social que crea la pobreza.

Este domingo 4 los brasileños tienen el poder de cerrar los ojos ante esos desafíos y destruir lo que se construyó estos años o de enfrentarlos votando a un gobierno que asuma como una responsabilidad del Estado el bienestar del Pueblo, la garantía de que mañana todas las familias volverán a comer y el futuro de los chicos.






martes, 22 de septiembre de 2026

Más que vos

Vamos por la feria comprando verduras.

Me paro y le pregunto a Lore:
— Pero ¿te divertís más con él?

— Sí, pero estoy enamorada de vos.
— ¿Y te parece más copado?

— ¡Sí! ¡Y Carlsen me parece mejor ajedrecista que vos!¡Y Riquelme me parece más hermoso que vos!¡Y mi hermano Julián es mucho más alto que vos!¡Y Elon Musk es más inteligente que vos!¡Y más millonario!
— La reputa madre, Lore, ¿Hace falta que me lo digas así?

— ¡Sí!¡No sos lo más! Vos me pedís que te lo diga así.

— Cierto. Lo que más me gusta es que los celos me ardan como si me hubiera tragado medio litro de ácido. Y decime la verdad, cuando hicimos el amor anoche, ¿no estabas pensando en Tomás?

— Sos insoportable. Y te lo voy a decir, no para castigarte sino porque es la pura verdad: sí, sí, sí, estaba pensando en Tommy. Y para demostrarte que no te miento, te cuento que no estaba pensando en que tenía sexo con él, sino que estaba pensando en nuestras cosas…

— ¿Las cosas tuyas y mías o las cosas tuyas y de él?

— Las cosas de él y mías. Estaba pensando en cómo mejorar una postura de yoga.

Tomás, es el profesor de yoga de Lorena. En realidad, ya son casi compañeros, porque ella ya llegó a ser también instructora, porque él la formó.

Lo tremendo de todo esto es que yo mentiría como un energúmeno si dijera que Lore no está enamorada de mí. Está completamente enamorada de mí; me pide que vivamos juntos, me pide que viajemos juntos, me pide que tengamos hijos, me hace regalos todo el tiempo, se ha jugado por mí en situaciones extremas, más que cualquier amigo de toda la vida.

Está enamorada de mí y no está enamorada de Tommy. Quisiera decirlo de la manera más enfática posible.

Lo que tiene con Tommy es que comparten algo que para ella es un corazón que le toma toda la vida. A mí me incluye en ese corazón; todo lo que hace con Tommy, diríamos que lo hace teniéndome de la mano. Realmente no tengo ninguna razón para pensar que ella tenga deseos de Tommy, y a decir verdad, tampoco tengo ninguna razón para decir que yo vea que Tommy tiene algún interés en ella más allá del yoga.

Mis celos me dicen que Lore me tiene en la plataforma de su existencia y lo tiene a Tommy en el corazón de su vida.





 

domingo, 20 de septiembre de 2026

Breve historia de una joven higuera

 Buenos días. El año pasado me compré una higuera. Un pequeño árbol. Fue en los días en que me puse de novio. 

Comprar un árbol y ponerlo en mi patio era como fundar algo. 

Pensé que era un poco atolondrado, porque las parejas no me duran mucho y posiblemente me quedara con la higuera nuevamente solo. 

Pero tampoco quería vivir sin tener una ilusión. 

Creo que es mejor tener la vida encendida por una ilusión apasionada que evitar tener ilusiones para tener la seguridad de que jamás se sufrirá una decepción. 

Esa pequeña higuera, flaca, un solo palo que se había ido para arriba como un adolescente que se hace alto de un día para el otro, para mí era lo más parecido que tuve a la decisión mía de formar una familia, de empezar algo que duraría el resto de mi vida. 

Me la vendieron con tres hojas y dos higos. Con mi novia nos comimos un higo cada uno, riéndonos, diciéndonos que nos alimentaremos de la higuera y así conseguiremos estar a dieta. 

Pero cuando llegó el invierno, se le cayó una hoja, luego otra y al fin quedó un triste brote de madera tortuoso, en una maceta gigante. 

Las cosas habían salido al revés. 

Déjala, me dijo mi novia, a lo mejor está viva. Mi tristeza le ganó a mi bronca y no la tiré. Todos los días veía ese signo tal vez de que no soy una persona fértil. Lo único que sé hacer de verdad es escribir, pero nunca gané un concurso literario  y mis colegas escritores consideran, sin decírmelo,’que no soy bueno. 

Se había muerto el primer arbolito que quise tener en mi vida, que había plantado en la casa que conseguí comprar con la ayuda de mis padres y de toda una vida de 65 años de trabajo. 

Y el invierno de una crueldad sádica, y la gente, hasta con chicos, envuelta en trapos durmiendo en una vereda. 

Algunos, pensé, estamos destinados a no dar fruto. 

👤

Sin embargo, la vida. 

La vida hace lo que quiere. 

La vida es indiferente a nuestros pensamientos, a nuestras preocupaciones y nuestras pasiones. Nace donde quiere, se apaga donde quiere. 

Me fui de viaje, un viaje largo, al otro lado del mundo, y un día mi novia me dice me parece que le quieren nacer brotes a la higuera. 

¿Cómo, no se había secado?, le pregunté, y ella no sé, pero tenés que tener fe. Algunas cosas salen bien. 

Cuando finalmente vuelvo, me recibe, me lleva de la mano al patio y ahí estaba la flaca, apenas viva higuera, con unas hojas tan verdes y deseosas de vivir que eran las hojas más lindas que vi en mi vida. 

🦄

De mi novia, qué les voy a decir. Nunca se sabe qué quieren las mujeres. A lo mejor un día se muda de jardín. Pero por ahora nos sentamos a ver la higuera juntos.



jueves, 17 de septiembre de 2026

Con buenos amigos

Vinieron a probarnos a los pibes, de un club de Rosario. Casi todos estaban con su papá; algunos estábamos solos. Yo fui solo.

No quedé.

Volví caminando a mi casa, que quedaba lejos. Y bueno, no podían quedar todos.

Caminé como dos horas. No estaba triste ni nada. No pensaba. Tenía nueve años, creo. Ahora no soy anciano aún, pero ya tengo una carrera madura como escritor, y me duele no haber sido elegido tampoco como escritor. Aquel día que volví a mi casa sin pensar, abajo de ese silencio sabía que yo no era tan bueno jugando al fútbol. Ahora igual, sé que no soy tan bueno escribiendo. No podemos ser todos buenos. Pero entonces lo tapaba y ahora ya no puedo. Me pone muy triste. Y no sé cómo evitar la tristeza. 

Me ayudan mis amigos, que me consuelan. Dicen que las editoriales, los jurados de los concursos, los snobs del mundo literario están equivocados. Dicen que no seré el mejor escritor, pero soy irremediablemente escritor, porque antes de mí necesito decir, contarles a otros lo que veo, lo que se me ocurre. Dicen que mi valor es otro, diferente del canon. Dicen que el afán por ser ganador es una vulgaridad. 

Me consuelan. Por eso son mis amigos. 

No soy tan bueno escribiendo, pero tengo buenos amigos.






jueves, 3 de septiembre de 2026

Adónde miran

 La competencia entre los jóvenes chinos es el medio natural y angustiosamente generalizado en el que transcurren sus vidas. 

Sin embargo, podría ser un modo que no sale de ellos, sino del ritmo y el modo del desarrollo de China. 

Escucho adultos que se quejan de que la falta de entusiasmo de los jóvenes por competir conduce a la frustración ya una resistencia que se manifiesta en una infantilización crónica. 

Podría ser un fenómeno que no nos es del todo ajeno a los occidentales. 

Podría suceder que algunos de nuestros jóvenes estén siendo más y más indiferentes respecto a temas en los que sus padres y abuelos nos iba la vida. 

Ni siquiera son reticentes: son completamente indiferentes respecto de la política. 

Los pobres, los explotados, las mujeres castigadas hasta el asesinato, los niños que se drogan, la corrupción ambiental, la creciente cantidad de familias que carecen de vivienda y duermen en la calle, los ancianos solos, enfermos, y sin atención, los adolescentes, chicos, adultos que no tienen qué comer, en fin, los desastres sociales, no los convocan, ni los ven, ni les son propios. 

Quizás haya algunos que cada vez les interesa menos el sexo, que fue obligatorio para sus padres, el placer obligatorio para resistir la represión puritana. 

Quizás haya cada vez menos interesados ​​en la buena salud. 

Quizás no les interese ganar dinero. 

Ser famosos. 

Quizás sean perfectamente desapacibles ante la carrera para ser superiores. Quizás ser superiores o inferiores no les signifique nada. 

Quizás tampoco les signifique nada tener posesiones, autos, cadenas de oro, ropa de marca, un departamento en un barrio de jerarquía, estatus, un récord de viajes. 

Quizás la indiferencia que acaso está creciendo sea desapacible incluso ante la misma rebeldía. La indiferencia no sería una forma de resistencia. 

Quizás no tengan la intención de ser insolentes, ni irritantes. Quizás no les importen causar nada. 


Sin embargo, explotaron con la selección argentina, les gusta que un líder apueste a fondo, les apasiona apostar online, les gusta jugar, poner la realidad en juego, tener el poder de dar vuelta las cosas patas arriba. 

Cuando se prohibió hablar de Malvinas, aullaron de locura en el momento que los jugadores de la selección mostraron una bandera improvisada, perfectamente de espaldas a la inteligencia artificial. 

Es posible, entonces, que su desidia ante temas que creemos que deben asumir, las banderas que les legamos que deben enarbolar, se debe a que, sin saberlo, tengan la mirada puesta en otro lugar, que nosotros no vemos en absoluto. 

Un lugar al que se dirigen por un camino en el que nuestros temas son una distracción. Quizás estén yendo directo a algo que no conocemos. 

O quizás no. 

La tasa de nacimientos cae en picada y la tasa de suicidios aumenta horrorosamente. 

Puede ser que en parte esto sea explicado porque la vida no les interesa, o tal vez porque no encuentran la manera de ir hacia donde quieren ir.




r.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Aplaudan

Cada uno de los funcionarios chinos que habló en la apertura de esta Conferencia, dio el mismo discurso protocolar, repitiendo vacíamente palabras del presidente Xi Jinping.


Cada uno de los representantes de otros países (Tailandia, la isla de Vanuato), repitieron lo que dijeron los funcionarios. Pero la vicepresidenta de la Cámara se Diputados de España rompió las reglas y dio un discurso político que incendió el aire gigante del salón, que tenía el tamaño de un hangar. Sin embargo , cuando terminó, el público chino la aplaudió por cumplir, con la misma distracción con que aplaudió a los delegados de la isla de Vanuato y a los chinos que los precedieron.


No importa que el encuentro esté cargado de hipismo, feminismo, rebeldía, juvenil y bases movilizadas, porque es un encuentro de ONGs: invariablemente se suceden los discursos formales de hombres de traje con el pelo teñido de negro en lugares lujosos, en un escenario Imperial.


Claro que también es cierto que China atiende cuestiones de hippies, etc.  Con sus mejores ropas. Es como Eva, que no quería “casas de pobres“ para los pobres, sino chalecitos, californianos, decorados, como se veían las películas de Hollywood. Gente de las islas Maldivas, de un pueblo de Kenia, de Sudán y de Yemen son tratados como reyes y reinas. Para llegar al salón donde se hace la ceremonia de apertura, van por una alfombra roja de siete metros de ancho, por un pasillo que toma 20 minutos de caminata. Así saben que su tema es importantísimo. A los costados hay cientos de pinturas, cada una con una foto y una bio de su autor. Las pinturas son de una belleza que te deja sin aliento. Con esa muestra regalan a los desheredados de la tierra. Al fin uno encuentra un texto que explica la exhibición: son los artistas inspirados por la sugerencia que les hizo el presidente Xi Jinping en 2017: que no pinten cualquier cosa. Que pinten para mostrar la alegría del Pueblo porque China progresa y que pinten para darle ánimo a la familias para llevar adelante sus vidas. No es censura: es mucho peor. No es decirles que no, es decirle lo que sí tienen que hacer. 


Pero también los comunistas sacaron a la gente de la miseria, ¿cómo no va a estar felizla gente? 


Así es como China atrapa. Como quien acarrea gansos, por acá, no, por allá tampoco: para adelante, para donde yo te digo.


martes, 1 de septiembre de 2026

El Guangxi y la Tercera Posición

 1

Hace poco, en una presentación de la revista DangDai, traté de contar de qué manera Laura Ma Qian no hace contacto con las personas sino que tiende lazos. 

Más que lazos: tiende un espacio familiar comunitario. 

Mete a sus amigos allí dentro y así sus amigos pertenecemos. 

Se acabó la licitación constante que es la forma de la amistad occidental: si decís algo que no soporto, si te mandaste una macana, hasta acá llegó nuestra amistad. 

Digo “familia comunitaria”: puedo decir, comunidad, familiar, o en chino, 家 jiā, hogar. Allí lo privado no está escindido de lo público, como en los hutongs, donde los espacios entre las casas son pasillos públicos y a la vez patios privados.


Laura recrea, en la lógica de lo contingente, del puede estar o no estar, la lógica de la seguridad: podemos pelearnos, podemos discordar, podemos maltratarnos, podemos incluso traicionarnos, pero no podemos dejar de ser parte de nuestro nosotros.


Esto abre la puerta a la impunidad, claro. Podemos ser desagradables, porque de todos modos seguiremos juntos.


Esta es la explicación a lo infinitamente desagradable, que se pone Liu Xiaoming. 


Más aún, Liu es desagradable a propósito para crear ese espacio. 


Eso es el guangxi .


Institucionalizar la relación.


2

Alguien planteó que si la relación artística entre países era controlada por los gobiernos, inevitablemente se producía una colonización del más fuerte. Por tanto, el único contacto horizontal posible era el individual. Otro objetó que en ese caso, el intercambio quedaba en manos de los poquísimos artistas que podían pagarse el viaje a China, y que sería mejor buscar una institucionalización que no estuviera en manos de los poderosos. 

Es lo que veo estos días en la reunión de ONGs de la APEC. 

El mundo de las ONG es un asunto peludo también, pero quizás no se trata tanto de encontrar la solución perfecta, sino de ir buscando por dónde es mejor andar. Deng Xiaoping decía: el río se cruza, tanteando las piedras que se pisan. No es muy diferente que plantear una tercera posición, es decir, un camino propio, en vez debe de obedecer recetas de afuera.




Volamos todos

 El imperio americano comenzó a decaer hace rato. No hay ninguna novedad. Empezó a decaer antes de que fuera americano; tenía la semilla de su decadencia en el demonio de la crueldad y la violencia. ¿Puede decirse que fueron otra cosa que decadencia sus conquistas a fuerza de genocidios? ¿Qué fueron, si no, las guerras mundiales? Si la decadencia no es nueva, sí lo es el punto de inflexión del poder, menos determinado por la caída que por el ascenso de una masa de pueblos que han sufrido la brutalidad de Occidente.

Tuve una pastilla de ese momento de inflexión en el vuelo de África a Asia —Etiopía a China. Un pequeño incidente, que me recordó vivamente a ese hermoso capítulo del libro Tristes trópicos dedicado a los mercados de los pobres países del Tercer Mundo, que le resultaron al tan europeo, Cloaude Lévy-Strauss tan vívidos y coloridos como horrorosos y ajenos.


La salida del vuelo de Ethiopian Airlines de Addis Abeba hacia Guangzhou no se diferenció mucho de un vuelo doméstico que tomé en Perú en 1992, cuando el despegue se demoró porque había un pasajero demás: un colado. En el preembarque del aeropuerto internacional de Addis Abeba había una multitud en la que se mezclaban personas que estaban para tomar diferentes vuelos. No había nadie que informara ni que ordenara. En un momento, muchos pasajeros empezaron a gritar hasta que terminaron volteándose los vallas y todos corrieron a su puerta de embarque. En cada puerta volvió a formarse una apelotonamiento agitado, en el que viejos, padres con niños, gente en sillas de rueda, y todos los demás, se apretujaban mezclados sin piedad.

No sé qué ocurrió en las demás puertas; la B7, la que me correspondía según los tableros de información, estaba clausurada como para la eternidad. La avalancha se aprisionaba contra los vidrios peligrosamente, hasta que apareció un petiso, abrió la puerta y se fue rajando. Los pasajeros se lanzaron al otro lado, donde no encontraron una manga, sino una fila de conectivo estacionados, bastante parecidos a los de la línea 823, que va de Lomas de Zamora a Berazategui por una ruta en la que no escasean los  prostíbulos. 

Llovía a cántaros. La gente corrió bajo la lluvia a meterse en los colectivos, que terminaron hinchados, igual que los 823 en hora pico, con gente en el estribo agarrada con una mano de una baranda y teniendo la valija en la otra. No tengo idea de qué habrá de la gente en sillas de ruedass, entre ellos  viejitos chinos y un gordo africano del tamaño de tres gordos comunes, que me tenía obsesionado preguntándome cómo iban a subirlo a la aeronave. 

Los colectivos recorrieron bajo la lluvia, torrencial las pistas durante 20 minutos —ya había pasado el horario de despegue hacía más de media hora—, hasta que llegaron a un avión, donde abrieron sus puertas para que cientos de personas se empujaran para poder meterse primero en una escalerita.

Mientras repartía codazos a tronche y moche, yo tenía una sola duda: ¿estaría abordando el avión correcto? ¿O tal vez iría a parar a Georgia, Libia o tal vez Hawaii?

Pero en fin, fue una duda de un tipo que se las quiere dar de fino, de un wannabe quejoso, de un “¡Mis Derechos!”,  porque bastó llegar al avión y encontrar una azafata para que ella confirmara que era el vuelo six-to-six to Guangzhou. Tanta angustia de vieja de Recloleta para que las cosas estuvieran en orden — y no era un asunto menor, no era un viaje por el conurbano, ni siquiera por adentro de Perú: era un flor de vuelo internacional, 10 horas en un avión gigantesco que llevaba muchísima gente. 

Las varias multitudes, como a la de la valla, las de las puerta de embarque, las de los colectivos, la de la escalerilla, no sólo mezclaban pasajeros de primera, con mamás con bebés de brazos, negros, chinos, árabes, el gordo en silla de ruedas y todos los demás, sino que entreveraban a unos pocos europeos con gente de una diversidad de países que hace unos años eran, y aún siguen siendo, colonias, No Alineados, periféricos, subdesarrollados y hasta algunos inventados por los imperios de Occidente.

El quilombo era proverbial, pero estaba viajando mucha gente que antes no podía viajar, así como ocurrió cuando fue recuperada Aerolineas Argentinas y empezaron a conocer la Argentina muchas personas que nunca habían soñado con subirse a un avión.

En el año en que encontraron al colado en el vuelo de Perú, también volé de Buenos Aires a La Habana en Cubana de Aviación. Fue en un avión soviético. Militar, austero, frío. Todo era cuadrado, de hierro y fijo. Las asientos no reclinaban y uno se sentaba sobre un almohadón tan chato que no se sentía. Las azafatas tenían los uniformes impecables, pero las telas estaban gastadas y estaban cocidos y vueltos a cocer donde se habían roto. Ellas cumplían con su deber como soldadas puestas a servirle a pasajeros capitalistas. La diferencia con las aerolíneas que yo conocía, eran notables. La atención eran tan irreprochable como distante, incluso robótica. Aquellas mujeres eran desalmadas. 

Pero el vuelo duraba nueve horas. Una vez que quedó claro que eran profesionales, cuando quedó establecido que primero el deber, entonces se empezaron a aflojar. Los pasajeros argentinos y las azafatas empezaron a entender la situación y poco a poco se fueron aflojando. Ya una azafata se quedaba charlando con unas chicas, ya otras dos sonreían con los chistes que le hacían unos muchachos. Las caras de soldados iban ganando las ganas de vivir caribeñas. Ya en la última parte del viaje, todo el avión tenía un clima de familiaridad y buen humor, y si en los parlantes hubiera sonado música cubana, estaríamos todos bailando.


(En el vuelo ET606, de Addis Abeba a Guangzhou). 




jueves, 27 de agosto de 2026

Espera la Cabra, pastando estrellas

Es verdad que muchas Cabras son artistas (horóscopo chino).

Más verdad es que el arte explica a las Cabras.

El arte como formalización de la irrupción de otra realidad en esta realidad.

Pensemos en una expresión muy literal de esta fórmula, el surrealismo.


Su objetivo era darle forma a las fuerzas que están reprimidas en la mente.

Los surrealistas pensaban en fuerzas psíquicas, concediéndole así a la psiquis un poder casi supremo.

No les interesó detenerse a pensar en ese poder.

¿De dónde surge?

¿Cuál es su naturaleza?

 

Más tarde, Carl Jung, Walter Benjamin y otros le dieron una vuelta rosca, en sí interesante, pero cuyo valor más incisivo fue poner en evidencia la superstición y la soberbia de los surrealistas —una soberbia anticlerical, sólidamente justificada por siglos de opresión eclesiástica, que atribuía toda fuerza al Dios judeocristiano.

(Debe notarse que también le dio una vuelta más, dentro del surealismo, el cubano Wilfredo Lam, al materializar en sus pinturas no lo inconsciente, sino seres surgidos de la profundidad indeterminada de las junglas originarias).

 

El pensamiento occidental ofrece elementos para pensar en la naturaleza de esas fuerzas en Kant (la cosa en sí), Homero (el thymó), Merleau-Ponty (el yo reflexivo), Nietzsche (la atracción del poder), Shopenhauer (la voluntad), Sócrates (los dáimon). En Asia, desde Confucio hasta los taoístas hablan del qi.

La tarea aún está abierta.

 

Y es incitada —acá en Argentina, país que se hunde en un Occidente que se hunde— por la obra de Verónica Gómez.

 

Pararse frente a una de sus pinturas es recibir como un viento, una fuerza cuyo nombre no es posible pronunciar y que conmueve el animal de fondo que vive en algún lugar dentro de nosotros.

 

Eso es el arte, lo que define a la Cabra que reinará el 2027.







Este viernes 28 de agosto a las 19 se inaugura en Galería Cott (Perú 973, San Telmo, CABA) la muestra “Juntar los bordes de la noche”, en la que podrán verse obras de Verónica Gómez.



 

 

 

jueves, 20 de agosto de 2026

Doctora Laura

Quiero bosquejar algunas cosas que fui sabiendo de nuestra querida Ma Qian, Laura Ma porque creo que en su vida aparecen rasgos profundos del mundo de las mujeres chinas en Argentina —las mujeres de origen chino que se criaron en Argentina, las chinas que parieron y criaron chinos en Argentina, o argentinos de sangre china: las mujeres que tienen dos identidades y sienten que no son ni chinas ni argentinas, las que tienen dos identidades más una tercera, las fundadoras del componente cultural y físico chino en la sociedad argentina de aquí en más, para sumarlo al originario, al español, al boliviano, al italiano, al judio, al paraguayo, al sirio libanes, al vasco, al peruano, al  alemán, al inglés, etcétera.


Sólo voy a contarles diez escenas, como unos pocos pedazos de un rompecabezas muy grande.


Escena 1: El señor chino que atiende en la rotisería de la calle Viamonte casi Azcuénaga, por donde pasan judios ortodoxos y compradores de telas, me dice que su hija estudia en la universidad. Le pregunto qué estudia y me dice “Medicina” con un orgullo que le pinta una sonrisa de amor en la cara. A propósito, es la primera vez que veo en su cara un gesto diferente de la impasibilidad. 

Su esposa está oculta en la cocina de la  rotisería que no mide más de 20 metros cuadrados. Contra la vidriera está el horno donde dan vuelta los pollos cocinándose al spiedo. Pollo al spiedo y chaufan con una gaseosa es lo que todos los clientes vamos a buscar.

Es la comida con la que me alimente todos mis años de universitario, y es la comida que le pagó a Laura su carrera de Medicina.


Escena 2: La doctora Laura Ma se acerca a nuestro grupo de amigos y periodistas de la revista DangDai. Comienza a venir a las presentaciones de cada edición y a las reuniones de cumpleanos y otros encuentros que hacemos sólo para juntarnos. 

Laura es medio china y medio argentina: está ahora con un grupo medio chino y medio argentino.


Escena 3: Laura trata de charlar con una señora china que está internada hace muchos años en el hospital psiquiátrico Moyano. La familia la ha abandonado allí y Laura, que no la conoce de antes, va a estar con ella. Le lleva comida, le toma la mano.


Escena 4: Laura habla con sus excompañeros de la escuela china, adónde fueron de adolescentes. A diferencia de ella, que vino de China continental, son casi todos taiwaneses. También es taiwanes su marido. Naturalmente Laura no pone un separador entre los chinos y los argentinos. Para ella son toda gente amiga. 


Escena 5: Laura nos comparte al grupo de amigos de DangDai las historias de China que se cuentan en las reuniones de su familia. Historias trágicas, lejanas, pero que le sucedieron a sus abuelos, a sus tíos.
Laura nos regala esas intimidades, algunas misteriosas, que apenas entendemos porque no tenemos suficientes conocimientos del contexto. Comprendemos que Laura viene de otro mundo, de otra historia, y sentimos su bondad de incorporarnos al legado de su familia.


Escena 6: Laura está en un hospital. Le sostiene la mano a una chica de 22 años que está allí para tener a su bebe. El médico le hace preguntas en español a la parturienta y Laura traduce la conversación.
Laura hace eso una y otra vez, con muchas parturientas chinas que no pueden comunicarse con médicas, médicos y enfermeras.
Es un trabajo voluntario.
Si esas chicas no se pudieran comunicar, ¿como harian?

Cuando Laura llega del hospital, donde ha estado acompañando durantetres días a una mujer a tener su hijo, y nos cuenta, nos quedamos en silencio. Un silencio de asombro y de admiración.

Laura no alardea. Termina de contar con una anécdota: antes de que ella fuera, una enfermera, para que la chica puje, pregunta “¿como le digo?” Nadie sabe responderle y entonces la enfermera le dice a la chica lo único que sabe en chino: “chaufan!, chaufan!”


Escena 7: Los cuentos de hadas son lindos porque son simples. Creímos que papá Ma y mamá Ma vinieron de China con sus dos hijitos, se compraron una casita, trabajaron, los chicos estudiaron y todos progresaron. Un dibujito. La verdad es siempre más rica. Cuando la familia llegó a Argentina, el abuelo Ma ya había hecho una vida. Había creado una escuela de artes marciales, la escuela había prosperado, muchos alumnos abrieron su propia escuela. Quien mira a Laura en el dibujito de la familia, tal vez la sienta una recién llegada, pero Laura vino a vivir a una ciudad sembrada de escuelas de artes marciales que tienen en la cabecera del salón principal la foto enmarcada de su abuelo.


Escena 8: El grupo de amigos de la revista DangDai es una mezcla de partidarios de la IV Internacional y la izquierda peronista. Laura interviene con planteos ideológicos que están muy lejos de aquella intersección. Inevitablemente se producen desencuentros. Pero Laura está determinada a sostener el encuentro. Se banca los topetazos como en una discusión familiar. Está en las antípodas de la posición dicotómica que manda: “si no piensan como yo, me voy”.

Escena 9: Le cuento a mi padre de Laura. Mi padre se interesa. Desde Nueva York, llamamos a Laura para hacer una videollamada. Laura atiende, se queda charlando con mi padre (hablan en español, porque Laura no entiende el cantones de mi padre y mi padre no entiende el mandarín de Laura). Me voy, los dejo charlando.
Durante un tiempo, mi padre me pregunta por Laura. Luego no me pregunta más. 

¿Qué ha pasado?
Que comenzaron a comunicarse directamente.
Mi padre le manda cada día un sticker chino, ella le responde.
Habla con mi padre mucho más de lo que hablo yo.
Comprendo que Laura soporta a su suegra tirana igual que soporta a los argentinos revolucionarios no porque acepte el autoritarismo ni porque quiera hacer contacto: es porque crea lazos.
Crea lazos comunitarios.
Crea comunidad.
Tiene en ella esa sabiduría maravillosa de los chinos.

Escena 10: Esta es una escena doble.

Por un lado, tengo la foto de mi padre chino tomando mate con mi abuela argentina.

Por otro lado, en la madrugada, Laura busca y rebusca en su departamento y no encuentra yerba para hacerse unos mates. Termina haciéndose un mate con té.
El supermercado chino aún no ha abierto y ella tiene que ir al hospital a atender a una parturienta.









martes, 18 de agosto de 2026

Haremos las cosas mal, pero nosotros

Estamos a NADA de pudrirnos de que la IA haga todo bastante mal y volvamos a hacer las cosas bastante mal, pero nosotros.





A la mitad del Año del Caballo

 Está siendo un típico Año del Caballo: quilombo.

 Cambios que tienden a la desmesura.

 A esta altura, lo que podría estar empezando a suceder, o ya sucede a pleno, es que llega la ola de la gran desorientación.

 Como el Caballo no tiene mecanismo de recule, no tiene marcha atrás, podría aparecer la sensación de que no hay lugar adonde volver.

 No hay pertenencia a la que se pueda regresar para refugiarse.

 La vida es sólo avance, sólo adelante.

 Los intentos de aferrarse a la madriguera, donde todo es previsible y seguro, no resultan, porque la madriguera se ha vuelto desconocida o ya no está.

 En su lugar, hay un vacío.

 Conviene sufrir esta falta.

Conviene desesperarse por perder lo que hasta hoy hacía de uno, propio.

Conviene llorar hasta que nos sequemos de lágrimas.

Llegará el momento de ponerse de pie.

Y entonces, tendremos frente a los ojos un mundo nuevo.

Será entonces la hora de detenerse unos instantes, de suspender el tiempo, y mirar todo, hasta elegir un punto al que dirigirse.

Por favor, paren el tiempo, Caballos y animales influidos por el Caballo, antes de largarse a correr. No permitan que su impaciencia e impulsividad les haga elegir cualquier cosa.

Porque el impulso de galopar en una dirección, el cauce en el que entren, puede permanecer más allá del Año del Caballo— de hecho, por lo menos unos cinco años.




Para decidir adónde ir tenemos el mundo entero.

Más que el mundo: tenemos el Paraíso.

Toda la realidad es una invitación a que hagamos algo con ella.

En el Año del Caballo, todos somos Adán y Eva.


lunes, 17 de agosto de 2026

17 de Agosto, día de San Martín

 Hay dos tipos de personas que habitan la Argentina.

Están los que sienten que la historia argentina es parte de su mundo

Luego están los que sienten que la historia argentina es asunto de los argentinos y ellos se sienten de afuera.

Se han publicado muchos libros que proporcionan material para que la gente sienta que la historia argentina le es propia. Libros como los de Felipe Pigna, y todos los que humanizan a los próceres de la Patria, revelan sus chismes y secretos. Hacen que las personas hablen de, por ejemplo, Juárez Celman, como si fuera el marido de una tía.

Por otra parte, como hijo de un chino y de una familia de gallegos, vascos e italianos que se encapsularon en su origen, puedo escuchar una discusión entre alguien que defiende a Artigas y otro que lo defenestra, pero no me siento autorizado a meterme.

Quizás estas dos posiciones están por afuera de ese triste homenajismo que convierte a muchas personas en un busto de bronce.

Hoy, para algunas personas, San Martín no es de bronce, sino un personaje familiar, mientras para otros, San Martín es ese que está en todas partes y que los argentinos veneran.