En la legendaria familia de mi madre, a la que pertenezco íntegramente, la palabra "amigo" no tiene esa carga positiva que es obligada en la sociedad. No se festeja el Día del Amigo, y nuestras matriarcas desconfiaban de los amigos, básicamente porque no eran personas de la familia. Como algunos llaman "negociados" a todos los negocios, en mi familia se le dice "amigote" a cualquier amigo.
Uno de mis tíos se fue a vivir a otro país con una hija pequeña. Cuando ella creció se casó con un argentino, que una vez me dijo "no tengo amigos, mi única amiga es tu prima". Naturalmente, la única amiga de mi tío es su esposa.
En esta familia los amigos te llevan por el mal camino, te traicionan, se relacionan con vos por interés y no están a la hora de tu muerte.
Yo, que hice un camino propio, quizás por idealizar la amistad, terminé relacionándome con aquellos parientes de los que me hice amigo, o sea, los que elegí.
Creo que la razón por la que esta familia odia a los amigos es que se llevan a sus parientes. Los amigos son parte de los de afuera, y son los de afuera quienes se llevan a las hijas, hijos, sobrinos, nietos, casándose con ellos. Todo lo de la familia es bueno, todo lo de afuera es malo.
A mí, en cambio, me da por desconfiar de la amistad porque la valoro demasiado. Siento que es usada para sacar beneficio. Me arruinan la idea romántica de la amistad quienes te dicen amigo en vano. "Amigazo", me decía una señora amiga de una suegra muy estirada que tuve. Se hacía la populachera, y yo sentía que me venía con el cuento de "somos amigos" nada más que para dejar en claro que yo era populacho. También aquel estudiante de antropología que venía de una familia patricia le aplicaba el "amigazo" a aquellos con quienes ponía distancia -mientras vendía que se mezclaba con su objeto de estudio.
Esos "amigazo" se parecen mucho al "amigo" del fulano que está tirado en la vereda y desde allá abajo te pide una "moneda pa la birra".
Mis amigos me dicen por mi nombre y nunca les cuento en qué ando porque ya lo saben.
Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
lunes, 20 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
El señor del apellido ése
Yo trabajaba en un lugar que tenía un señor de seguridad a
quien lo cargaban porque era muy bruto. A mí me daba pena y entonces me quedaba
charlando con él, lo mimaba un poco. Él estaba ancho porque era amigo mío,
amigo de uno de los que iban de traje, que encima tenía un apellido tan
especial, y entonces para mostrarle a los demás que no era tan bruto, que era amigo
de uno que tenía un apellido rarísimo y que él se lo había aprendido, apenas me
veía llegar decía mi apellido bien fuerte, a los gritos: "Buen día, ¡¡cómo
le va, Señor GN!!!".
Gustavo Ng
Gustavo Ng
Lo suyo
En Esperemos que sea
mujer (Speriamo che sia femmina, Mario Monicelli, 1986), la vida es
sostenida por las mujeres. Los únicos dos hombres de la película son el tío
Gugo, senil, paralítico, arterioesclerótico, odioso, y Leonardo, que es como el
tío un inútil, que jamás ha tomado una responsabilidad, a quien la obligación
de administrar la buena herencia que ha recibido lo ha problematizado y se ha
hecho socialista, y cuando las mujeres le reclaman que haga algún negocio, que
hace falta dinero, él despotrica contra el capitalismo y habla a favor de los
pobres del mundo. “El hombre siempre es un chico”, escribió Bioy Casares. La
película está relatada desde el punto de vista de las mujeres; quizás otra
versión de la historia hubiera mostrado a Leonardo como un pensador importante
del socialismo, un hombre a quien el cotidiano no le importaba, porque lo suyo
—aquello en que florecía y daba frutos, y le apasionaba hacer— era el
socialismo.
En Birdman, el actor Mike
Shiner (Edward Norton) es un alborotador, de talento explosivo, inmoral,
etcétera, pero a la hora de la verdad, en la vida es impotente y cuando la
cámara empieza a rodar es un campeón. En una escena tiene sexo en el escenario
con su mujer (en la obra y en la vida real), y más tarde enuncia el tema: “lo que
pasa es que en el escenario no tengo problemas”.
Asistí a un almuerzo que varios representantes de la
industria cultural, toda gente bien ubicada en la sociedad de Buenos Aires,
compartieron con un grupo de folcloristas santiagueños, hombres que
habían surgido de lugares muy humildes. Los primeros pasaron largos minutos
hablando de sus vidas en relación con el psicoanálisis y de psicoanalistas que
todos conocían. Los folcloristas no decían nada. Con sólida humildad, aceptando
que se hablaba de un tema al que ellos no eran invitados,
sino que más bien tenía el mensaje era “ustedes coman, nosotros vamos a ser
superiores”, comían en silencio, a veces mirándose entre ellos. En un momento la
mujer que había organizado el almuerzo, para interrumpir la incómoda situación le habló al líder de los músicos, un hombre que llevaba una vida desastrosa de alcoholismo,
en conflicto con varias ex esposas, juicios por paternidad, drogadicción,
peleas con otros músicos, enfermedades crónicas que no se trataba.
- Vos, X, ¿qué terapia hacés?
X le contestó con la rapidez de una serpiente:
- Nooo… La única terapia que tengo yo es el escenario.
Todos lo que lo vimos alguna vez convirtiéndose en carne de una epifanía cada vez que sonaba el primer acorde de un recital, entendimos en el instante que había dicho la verdad.
- Vos, X, ¿qué terapia hacés?
X le contestó con la rapidez de una serpiente:
- Nooo… La única terapia que tengo yo es el escenario.
Todos lo que lo vimos alguna vez convirtiéndose en carne de una epifanía cada vez que sonaba el primer acorde de un recital, entendimos en el instante que había dicho la verdad.
domingo, 5 de abril de 2015
Clark internado
Fui a San Nicolás a visitar a Madre y a su marido, Clark, que estaba en el hospital.
Clark es un fanático de tomar agua, cosa que irrita a Madre,
básicamente porque Madre se irrita por todo. Ayer dijeron que quizás le darían
el alta a Clark en dos o tres días y esta madrugada, mucho antes de que
empezara a clarear, cuando fui a la heladera en busca de algo para tomar,
encontré que Madre había puesto tres botellas de agua.
Ella lo acompaña todo el día en la clínica. Hace un rato
entré en la habitación y estaban los dos dormidos, él en la cama, ella sobre
una silla. Estaban tomados de la mano. Si no hubieran estado dormidos yo me
hubiera puesto muy incómodo. No recuerdo haber visto a Madre de la mano de mi
padre.
Como ahora Madre está todo el día en la clínica, deja solo al loro en su casa. Ella y el loro se hablan permanentemente, incluso se cantan.
Esta mañana Madre ya se había ido a la clínica cuando
desperté. Deambulando por la casa vacía encontré que junto al jaulón del loro
Madre había dejado una radio encendida. Un locutor hablaba con indignación del precio de las garrafas de gas. El loro no se dejaba engañar, estaba en
lacónico silencio.
Antes del accidente, Clark había traído de Santiago del
Estero varias toneladas de carbón para venderlas en San Nicolás. Madre estaba
furiosa. Nuestra familia no hace esas cosas, no se mancha con carbón ni, menos,
con dinero. Pero Clark, que es manso con ella pero incorregible por dentro, un día la llamó por teléfono para
avisarle que pronto llegaría el camión y que necesitaría dos o tres muchachos
para descargarlo en el patio de su casa. La mitad del carbón quedó sin vender
cuando internaron a Clark. El patio no alcanzó, de modo que hay bolsas en un
garaje, en un galpón y otras dependencias. Madre lo quiere matar, pero delante
de ella, inmovilizado, enchufado a sueros y máquinas, escuché que él arreglaba
hoy que mandaran el segundo camión ya, que hay buena demanda.
lunes, 30 de marzo de 2015
Querido Viejo, te mando una foto que me saqué con el Embajador de China, tu país
HELLO. GUSTAVO: HOW ARE YOU DOING? AFTER I SHOW U PICTURE TO U
FATHER. HE IS HAPPY &LOVE IT, HE IS SO PROUD FOR U. HE WATCH MANY
TIME ALREADY. HE SAID HE CAN"T FIND U PICTURE LAST NIGHT BUT I FIND
FOR HIM AND SAVE IN HIS CELL PHONE. HE PLAY AROUND THE CELL PHONE. MAY
BE HE WANT TO SENT U THE MESSAGE BUT HE SENT U WITHOUT WORDS.
viernes, 27 de marzo de 2015
Soy millones
Con el desarrollo de tantas vías de comunicación, ahora hay
muchas distancias entre las personas. Quizás siempre las hubo, pero ahora son
más notorias.
Con alguien tengo una distancia interior, se podría decir
subjetiva; la distancia con la imagen internalizada que tengo de alguien, el
fantasma de esa persona que hago vivir dentro mío.
Pero con esa misma persona tengo otra distancia cuando nos
vemos personalmente.
Y otra cuando hablamos por teléfono.
Y otra cuando hablamos por skype.
Y otra por facetime.
Y otra por mensajes de celular.
Y otra por mensaje de correo electrónico.
Y otra, ni qué decir, por correo postal.
Y por instagram.
Y otra por el chat de facebook.
Y otra por whatsapp, que aunque sea intercambio de palabras
escritas, igual que en el chat de facebook o los mensajes, es una distancia
específica.
Por cada vía nos decimos cosas diferentes (los temas son
diferentes), la charla se desarrolla de modo diferente, y tiempos diferentes.
Incluso con modos de hablar, con voces diferentes.
Cada medio de comunicación configura a la otra persona y a
mí de modo particular.
Diría que somos una persona diferente dependiendo del medio
por el que nos comunicamos.
sábado, 21 de marzo de 2015
Ecos y transparencias en el Museo del Libro y de la Lengua
Wang Zong Wei, leyó en chino un poema seleccionado por Lelia
Gándara.
Heu Ying, leyó en chino uno seleccionado por Rubén Pose.
Wang Jing leyó en chino uno seleccionado por Ángeles
Ascasubi.
Luego cada uno de los traductores leyó el mismo poema, en
español.
Los poemas son parte de la colección publicada en el libro Ecos y Transparencias, que fue
presentado la semana pasada en el Museo del Libro y de la Lengua de Buenos Aires, con una
concurrencia maciza, incluyendo aficionados a la literatura y la cultura china,
profesores y alumnos de idioma chino, referentes de la cultura porteña,
periodistas y funcionarios de la Embajada China.
Ángeles Ascasubi, Lelia Gándara y Rubén Pose seleccionaron 26
entre los poemas chinos que se extienden por cinco mil años de literatura y los
tradujeron.
Cada uno tuvo para la selección un criterio diferente, que
explicita en un prólogo interno.
Lelia encara la constelación infinita de la poesía china,
como un acontecimiento literario y lo aborda con énfasis analítico en sus
tradiciones y rupturas. En el Museo de la Palabra habló de la búsqueda de la
armonía y la palabra justa como una de los hilos que parecen enlazar a toda
aquella producción poética, pero sin embargo aún en esos rasgos que aparecen
tan genéticos, hay disrupciones.
Su introducción de academicismo exquisito no reprimió un
toque personal: “me emociona trabajar con textos que no cesan”.
Ángeles Ascasubi, apasionada, entregada toda su vida a sus
convicciones éticas, teóricas y estéticas, propone poemas de humanidad
desgarrada. Su capítulo es “Paisaje de guerra, condenas y destierros”.
Dijo: “razones íntimas me acercan a personas que padecieron
el exilio y la oscuridad. Esas personas están emparentadas con aquellas que en
China sufrieron persecuciones y castigos”.
Rubén Pose, por su parte, despliega con soltura irremediable
su curiosidad y gusto por lo que está del otro lado de los límites establecidos
como infranqueables. Comparte nueves poemas eróticos.
Profesional de las Letras, mencionó las dificultades para
traducir poemas que fueron escritos hace 500 o 1.000 años. “Para traducir esos
poemas, primero tenemos que hacer una interpretación profunda de los
originales”.
Con tres aportes alcanza en Ecos y transparencias para conseguir una variedad de puntos de
vista que incita la palabra multiversidad. Lelia confesó que “intenté presentar
una diversidad de épocas, estéticas, filosofías” y Rubén explicó que integró
poemas escritos por mujeres, cortesanas, hombres que asumen la voz de una
mujer… “la mayor cantidad de voces y perspectivas posible”.
La presentación fue encabezada por Evelia Romano, que
coordinó el proyecto. Explicó que el título se nutre de una idea de traducción Walter
Benjamin: “el eco es la posibilidad de que el original reverbere en la
traducción, y la transparencia habla de una traducción que no oscurece el
original, sino que, como un velo, haga deseable lo que deja entrever”.
Evelia celebró que la editorial DETODOSLOSMUNDOS tomara la
vocacional decisión de editar la obra.
Lo que la entusiasta casa editora de Córdoba editó es un
libro que es único, un hito en la aún escasa y sucinta historia literaria entre
Argentina y China, y que podría marcar por dónde ir. No es sólo un libro de
poemas sometidos a una traducción. Libros de poesía china traducida hay muchos.
La mayoría son traducciones de traducciones al inglés, francés, alemán. De casi
ninguno se conoce el proceso de la traducción, y entendemos que cuando la
distancia entre dos lenguas es tan extrema como entre el chino y el castellano
—quizás la máxima distancia posible—, el producto final casi no conserva ni
evoca ni es un índice del original. Un poema escrito en chino no puede ser
leído en español sin conocerse bien el proceso de la traducción, lo que incluye
las lecturas, o sea la subjetividad del traductor. Estos tres traductores, con
generosidad entrañable, exponen ese proceso, y así llegamos al producto final
por un camino que puede llegar a ser tan conmovedor como el poema mismo.
| Lelia. |
| Wang Jing. |
| Heu Ying. |
Long Minli, diectora del Instituto Confucio de la Universidad de La Plata,
Evelia Romano, Ángeles Ascasubi, Rubén Pose, Hen Ying, Lelia Gándara, Wang Ying y Wang Zong Wei.
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