jueves, 29 de marzo de 2012

Sobre el pozo


Piripipí se descubre un agujero, y entonces trata de taparlo.
Le echa cosas adentro. Cosas, cosas, cosas. El agujero nunca se llena, Piripipí se frustra, se frustra.
Persona creativa, Pripipí tiene la ocurrencia de fabricar algo arriba del pozo.
El pozo sigue pozo, agujero, vacío, enigma, horror. Poderoso e irresistible influjo.
Encima de él Piripipí construye un puente.
Sobre el puente una casa.
Sobre la casa un campo.
En el campo un cultivo, una selva, un desierto, una ciudad.
En la ciudad hace un planeta y en el cielo del planeta crea monstruos, dioses, el cosmos, la razón, el amor.
Hijos.
El pasado.
Sobre la no superficie del pozo Piripipí construye a Piripipí.
Y en ese entretenimiento labra su vida.



Titi

Hay determinadas cosas por las que amo estar en Argentina y sufro porque moriré y ya no estaré.
Por ejemplo, los tweets de una chica que se llama Trinidad Romero, Titi, que se presenta como redactora publicitaria y periodista:
  • El que mucho abarca, poco a dieta.
  • Sos el amor de mi vida, en este momento de mi vida.
  • Es más fácil creerse las cosas malas.
  • Las mujeres no estamos solas porque queremos. Estamos solas porque ELLOS quieren.
  • A 10 de cada 10 mujeres les pasa algo cuando responden "nada".
  • Es increíble como todos los empleados de McDonald's tienen cara de personaje que se muere primero en las películas de terror.
  • Estás respirando. Qué dijimos de provocarme.
  • Pensar que los que atienden en Mc Donalds, así como los ves, fueron el espermatozoide más rápido.
  • Ver fotos de una pareja que ya cortó es como ver fotos de gente que tuvo un accidente.
  • La gente que cae bien es la que no tiene problemas en caer mal.
  • No estoy diciendo que sos estúpida, sólo digo que tenés mala suerte cuando estás pensando.
  • Cuando estoy sentada en el colectivo cierro los ojos. No soporto ver a la gente mayor parada.
  • Las parejas cortan porque uno de los dos no ama más. En todos los casos.
  • Nada me gusta más q tu sonrisa.Y tu auto. Tu sonrisa y tu auto. Y la plata de tu papá. Tu sonrisa, tu auto y la plata de tu papá. Y tu papá.
  • Sos lo que hacés cuando se cae internet.


Titi

@TrinidadRomero

Redactora publicitaria. Periodista. 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Intercambio cultural

Iniciamos en Buenos Aires el intercambio cultural entre Argentina y China, pero parece que Mankell se anticipó con la relación entre China y Suecia.
Todo bien, Mankell, pero si con tu apellido tenés el tupé de llamarte EL CHINO, yo no voy a ser menos.


Optimistas de Ding Zhao

La flemática gente de Xi Jinlao se caracteriza porque un asunto puede ser grave o no para un ellos, pero nunca es desesperante.

En cambio, para sus vecinos de Ding Zhao un asunto puede ser grave o no, pero siempre es desesperante.

Algunos, incluso, tienen un optimismo desesperado.

lunes, 26 de marzo de 2012

Bicisenda

Adoro la bicicleta, pero la onda de ahora la verdad me pone violencia rivas. Iba a escribir sobre el tema hasta que Gisela se me adelantó con este celebrado texto:


No me interesan los animales en general, quiero decir, no me saca el sueño saber que un perro està perdido o que nacieron siete gatitos y ya estàn abandonados.Adoro mirarlos cuando son pequeños pero cuando pasan todos juntos en correa con su persona perro cuidador y me babean o me pisan quiero castigarlos fervorosamente.
No me sale tampoco el respeto por la gentequeusabicicleta y no advierte que hay otra manga de tarados que usamos los piés, llevan ellos el carnet de soy libre soy ecologista soy mejor porque no consumo nafta, voy por la bisicenda toco el aire a vos no te toco.Adoro andar en bici, mi viejo me enseñó a los golpes y me emociona ver llegar a cierta gente a sus trabajos sobre ella.
No me sale fàcil en general el "cuidado del medio ambiente", tiro la basura en los cestos pero no me acuerdo què le hace bien y què le hace mal a NUESTRO PLANETA.Aveces me baño y tardo mucho aveces llamo a los dos ascensores cuando estoy apurada sabiendo que es un gasto de energía superficial.
Como animal. 
Me gustan los asados los pescados, no siento que peco cuando hinco el diente en un hueso de vaca, tan sabroso y tan vaca muerta.
Adoro mirar a las vacas cuando voy por la ruta.
No me cuido el cuerpo como debiera, mucho menos el alma.Fumo drogas.Tomo helado.
Adoro observar los cuerpos bellos de hombres y mujeres.
Aveces si estoy en un parque hermoso y veo un àrbol hermoso le arranco un pedazo de madera para sentirla en mi mano.Adoro a los àrboles, mi hija de chica corría a abrazarlos y decía amigooo, también adoro el olor de las hojas Rivadavia.
No intento armar un catàlogo del mal vivir.Sé que vivo mal y trato en general de que pocos se enteren.
Pero siento un gran alivio diciendo mis miserias.
Estoy casi sola en ésto y la soledad es también mi tesoro.



domingo, 25 de marzo de 2012

Recomendaciones a Irina para leer Edipo Rey

Me reporta mi hija que la profesora de Lengua les anunció que este año se concentrarán en los mitos griegos. Que esta semana leerán Edipo Rey. Le prologo el trabajo con este texto

Es el cumpleaños de su tío, el juez. Al sobrino le gusta ir a su casa, por el salón de juegos y porque le gusta estar con su prima. Recuerda que el tío es aficionado a “los libros”, y camino a la reunión pasa por una librería y elige un libro al azar, cualquiera, sin saber por qué ese en particular; ni siquiera lo atrajo más que los otros libros por algún detalle, menos conocía al autor, muchísimo menos conocía el libro.
“Sé que te gustan los libros”, le dice al tío al entrar, cuando le entrega el regalo, y el tío, complacido, festeja la ocurrencia felicitando a su sobrino, “sabés observar” y da una mirada al libro, sabiendo que será la última mirada que le dará, porque es un hombre que aprecia la literatura y su lectura sigue una estrategia que es exactamente lo contrario a la improvisación. En ese momento está leyendo cuatro libros a la vez y tenía en lista otros quince, todos seleccionados con el rigor de quien conocen y debe administrar su tiempo profesionalmente.
Da, entonces, una condescendiente mirada al libro que el chico le ha regalado, como modo de agradecerle el bonito gesto. No conoce el título, ni el autor, ni la editorial. Mira el libro con una sonrisa amable y estática, para que el chico vea que valora el regalo. Pero he aquí que pasando las páginas casi distraídamente, ha visto algo. Una frase le ha enganchado el ojo: “Es cierto, usted y su hija habitan las mismas aguas, pero allí donde usted nada, ella se ahoga”.
Lee la frase y queda suspendido. Ahora la situación es: el chico ya está en otra cosa (está en la sala de juegos, jugando a los dardos con su prima) y él, que debía haber pasado rápidamente a charlar con los invitados, se ha quedado mirando su regalo. Ya dejó afuera al sobrino, al mundo entero, de la relación que entabla con el libro. Porque habrá resultado que el libro es una clave que le da acceso a una realidad formidable, con tanto significado que su vida de golpe se hará más intensa, una aventura. Vivirá más, será otro y a la vez más él mismo.
Aquel libro, en fin, habrá tenido un efecto revolucionario.

Detengámonos unos minutos en el azar. Volvamos al instante en que el chico tiene el impulso de comprar un libro para su tío, y sobre todo en la elección del libro. Dijimos que lo eligió al azar. Esta pequeña historia es útil para definir qué es el azar. Un trillón de piedritas son inertes pero una contiene la vida. El tema es que el chico eligió esa. Y ese fútil, infinitamente exiguo instante en que alargó su mano y tomó ese libro, ese y no cualquier otro, habría de tener un poder tremendo, en la vida de su tío, en la de su tía, de sus amigos, sus alumnos, sus asistentes, las personas cuyas vidas serían fuertemente afectadas por las decisiones que él tomaría. La elección del libro acabaría teniendo consecuencias en la vida del chico, en la vida de la prima del chico.
Analizada la trama de la historia todo tiene lógica, salvo aquel momento. El azar no puede explicar la realidad. Sólo es admisible que alguien, alguno de aquellos ociosos dioses y diosas que se pasean con sus túnicas por el Olimpo, haya intervenido secretamente en el momento en que el sobrino alargó la mano hasta el libro.

Pero entonces comienza una tarea que puede resultar apasionante. Habrá que entender qué criterios, qué éticas, qué locuras, qué valores, qué inclinaciones y qué costumbres y formas de vivir tienen aquellos ociosos, porque de ello depende que hayan hecho que el chico eligiera aquel libro.
Es así como esos dioses tienen el poder de urdir nuestras vidas. 




sábado, 24 de marzo de 2012

Rostro asado


Mi hija se puso de novia con un otakumetalero que vive en uno de los lugares más abandonados al olvido de Dios del Gran Buenos Aires. Una tierra que se parece a los barrios del norte de Rio de Janeiro —se asocia Rio con la mágica floresta deliciosa cubriendo gentiles cerros que van entrando en el mar tibio; aquel lugar está en el sertão, un paisaje yerto donde las lagartijas caen deshidratadas por el calor despiadado y donde los árboles están cubiertos de polvo seco como el yeso. Justamente en uno de esos barrios, en Duque de Caxias, vivía mi novia negra, negra violácea, diosa del corazón de las tinieblas, y yo iba a amarla en su casa y ella me llevaba a algún terreiro, los fondos de las casas donde se hacían los ritos umbanda. En tanto, yo también era el novio de Nati, que conmigo se daba una biaba de exotismo: había saltado fuera de su pasarela de niña rica, y entre hijo de banqueros e investigador próspero del Canadá, tuvo unos meses de locura conmigo, un tipo medio chino, medio negro cabeza, medio bohemio, medio aventurero y otros medios.

*          *          *

Años después encaré la misma historia desde otro lugar. Con Laura nos hicimos cómplices en el rostro asado: le conté que aunque el talón de Aquiles de mi fisiología son mis vergonzosos intestinos, una y otra vez me zambullo en las comidas más extremas que encuentro, y así fui feliz en Bolivia, en los lugarcitos para comer en las ferias, abarrotados de familias sobre cajoncitos de frutas y más aún, en un velorio en una casa perdida entre los pliegues del Altiplano. Una comunidad entera se movía de acá para allá, con lentos movimientos y tan en silencio que sólo se oía el viento que daba contra las piedras desparramadas por el suelo. En medio de la nada un hombre con campera de jean y gorro de beisbolista asaba carne sobre una parrilla desvencijada. Me acerqué; sobre la parrilla había tiras de corazón, tripas, algunos cortes de carne indistinguibles y tres cabezas de un animal despellejadas. Inquirí sobre aquellas cabezas. El asador habló tan bajo que no escuché. Más tarde llevaron las cabezas a una mesa y la gente se acercaba y cortaba algún pedazo sobre su plato y se iba a comerlo por ahí. Eran cabezas de llamas. Yo también me serví un pedazo —de la quijada, y estaba muy rico, aunque daba algo de impresión masticarlo y más tragarlo. De regreso en Puno alguien me explicó que el almuerzo al que yo había ido se hace tradicionalmente al octavo día del entierro de un muerto y se asan las cabezas porque asándolas se les explotan los ojos, que es lo que sucede el mismo día con los ojos de los muertos en el seno de la tierra.
Nos sentimos pares con Laura en el gusto que nos causaba la bestialidad silenciosa de aquel asunto, la frontalidad del nombre de la comida, rostro asado, su musicalidad, su imagen y la maciza carga de símbolos de que estaba preñado. Ella hubiera querido venir conmigo a aquel almuerzo, y luego hubiéramos regresado juntos al mundo familiar, a nuestra casa, a la vida normal de todos los días.
El rostro asado, en fin, requiere la excepcionalidad. No puede uno vivir de rostros asados.

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A lo largo de mi vida seguí ensayando maneras de abordar el rostro asado. La fórmula incluye dos términos: por un lado un mundo exótico y extremo, desconocido, impredecible; por otro, la realidad permanente, familiar, donde habita el cotidiano, la normalidad. Las relaciones posibles con estos términos son también dos: la pertenencia y la incursión. En las diferentes aplicaciones de la fórmula yo me planté en la normalidad (por ejemplo, con Laura) o fui lo exótico (por ejemplo, para Nati) y estuve con personas que estaban en mi mundo familiar o que pertenecían al mundo exótico (por ejemplo, Marlúcia, mi novia negra).
En otros ensayos estuve con alguien con quien éramos mutuamente exóticos, para crear un cotidiano como una isla flotando en el Universo, y desde allí incursionar el exotismo del otro.
Y con alguien para quien yo era una aventura extravagante, pero abandonó su mundo de normalidad en el que todo estaba previsto y se instaló en el mío, convirtiendo la extranjeridad, alienación, enajenación que me habita en su mundo familiar — y también el mío.

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Posiblemente esta estructura sea la de la traducción. La posibilidad de traducir, asimilar, integrar al mundo familiar algo de otros mundos, exteriores o internos.
Ayer una amiga, hija de un chino y una argentina, nos convocó a Camilo y a mí para que la ayudáramos a darle forma a su idea de escribir un libro sobre cómo ella introdujo el psicoanálisis en China.
Cuando nos despedíamos Camilo le preguntó a quemarropa:
    ¿Cuántos viajes hiciste a China?
    Veintidós.
    En un solo concepto, ¿qué te dejó China?
    ¡Tantas cosas!
    Sí, pero si tuvieras que resumir en una, o elegir una sola cosa.
Ella pensó unos instantes. Los tres nos quedamos atrapados por su silencio. Al fin dijo:
    Encontré respuestas a las preguntas que había tenido toda mi vida. Siempre supe que era distinta, que me hacía diferente tener un padre chino. Identificaba en mí aquellos rasgos en que me parecía a mi papá, y cada uno de ellos era un enigma. Cuando estuve en China pude verlos en todo el mundo y se me hicieron comprensibles.