sábado, 31 de diciembre de 2016

Este bochorno


Me distrae
me abomba
me desconecta de todo este calor.
No puedo hacer otra cosa que resistirlo,
que indignarme con él
sólo me debato contra el bochorno.

Y sin embargo,
quiero seguir padeciéndolo
quiero seguir sudando esta jalea insoportable
muchos años más.
Muchos
muchos
años más.







miércoles, 21 de diciembre de 2016

Mascotas

La primera cosa que me gustó de Carrie Fisher fue su Pricesa Leia.
La segunda fue el relato autobiográfico Desde el abismo, en el que cuenta de su internación en una clínica para curarse del alcoholismo.
De ese relato hicieron una película, apenas eficaz, pero que tiene una escena que está muy bien: Para mostrar que no necesitaban volver, los que estuvieron internados, jóvenes solteros, tenían que hacerse cargo de una vida.
Todos querían tener un perro o un gato, pero se les contraindicaba.
El primer paso era tener una planta.
Si podían cuidar de una planta durante un tiempo, entonces podían pasar a un animal.
Si se les moría la planta, debían empezar de nuevo con otra planta.





miércoles, 26 de octubre de 2016

La fantasía de nuestra madre

  
Estos días se me presenta la fantasía de que el amor que nuestra madre nos tuvo a mi hermana y a mí, existe como una especie de poder que continúa después de su muerte, hace casi un año.

El alma, el Cielo, Dios, la Virgen, todo eso son fantasías.

Pero pueden ser hermosas fantasías, y quién dice que las fantasías no ayudan a vivir.

Incluso pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Por eso me gusta la fe, que es una elección. Es elegir que una fantasía es posible.

Como decisión, creo (como crear) en la fantasía de que el amor de nuestra madre es parte de este mundo, no del más allá, y que influye y nos beneficia.

También creo que tenemos que trabajar para que ese beneficio resulte en algo bueno. No es nada más quedarse sentado y esperar.

Ahora que escribo esto, me parece que lo que digo es de una simplicidad muy boba. Pero es lo que tengo en la mano.

No tengo ese sentimiento sublime de que nuestra madre era una santa y era pura bondad. Es más, si me pongo a revisar su vida, tengo muchos enojos y negrísimos reproches.

Más bien, he liberado mis sentimientos. No los fuerzo al homenaje, hoy que ella cumpliría años si estuviera viva, pero tampoco al olvido.

Y lo que aparece es esta fantasía.



martes, 25 de octubre de 2016

Tiempo pasado


— Sí, nos compramos un auto nuevo —me dijo Elena, mi ahijada.
Hablamos de autos, de marcas, de saber manejar.
Luego me contó:
— Mi papá me dijo que fuera a despedirme del auto viejo. ¡No sé qué quería que hiciera! ¿Se supone que debía hablarle, darle un beso?
— Tu papá ama infinitamente lo que pasó, y desprecia lo que sucede ahora.
Hace algunos años decidimos inventar una ceremonia en que nombramos a Elena mi ahijada, y a mi hija Irina, la ahijada de sus padres, Pablo y Mariela.
Ahora Elena tiene 20 años y cada lunes viaja desde Rosario a Buenos Aires a tomar un curso en la Facultad de Medicina. Llega a mi casa poco antes del mediodía, a veces almorzamos, luego va al curso y a la noche regresa a su ciudad.
Hablamos de los modos que tienen las personas de conservar las cosas.
— Para algunos, las cosas se vuelven parte de su cuerpo.
— De su afecto.
— Claro, es difícil tirar a la basura un regalo o un recuerdo en que está depositado el amor.
— Pero no se puede guardar todo.
Elena se divirtió cuando le conté que mi hermana tiene dos celulares inutilizados porque ha excedido la capacidad de las memorias guardando fotos. Ni siquiera las quiere pasar a la computadora.
Nunca antes había venido sola. Y estas son las charlas más largas que hemos tenido en nuestra vida. Sin embargo, anda por la casa como si hubiese vivido siempre aquí. Ayer se puso a lavar los platos como si nada, no para que yo la viera, sólo porque después de comer se lavan los platos. Y más tarde vi que había repuesto el papel higiénico. Tuvo que buscar bastante en el lío que tengo para encontrar los rollos.
No sé si sabrá la infinita familiaridad que me causa esa confianza que siente con mi casa.
Me derrite cualquier soledad como todas las sombras desaparecen y pareciera que nunca existieron, cuando abrís la ventana de par en par a la hora en que el sol brilla a pleno.
No hay necesidad de retener nada cuando las cosas son así.












domingo, 23 de octubre de 2016

Anglófilos, francófilos, sinófilos



Hace hoy un año, el Washington Post superó al The New York Times con 67 millones de visitantes en su página web contra 66 millones. Lectores de todo el mundo aprenden qué es la realidad a través de un diario norteamericano.
A muchos franceses no les cae simpático que uno les hable en inglés. Entre otras razones, eso es parte de  la antigua competencia entre aspiraciones imperiales entre Francia y el Reino Unido.
Esta semana, me encontré con una chica muy joven que se derretía de amor por los ingleses.
Tengo un amigo que sufre el mismo síndrome de derretimiento por los franceses.
Yo, que podría haber muerto en la guerra de las Malvinas, tengo muchos amigos de mi generación que cultivan un odio visceral contra los ingleses. Están alineados con los folcloristas, como Luis Landriscina, que organizó una marcha de desagravio cuando The Cure vino a la Argentina.
Ahora China intenta hacerse amigo de todos los países del Globo, para lo cual es indispensable que los demás hablen su idioma.
Ha instalado casi 500 institutos Confucio por todas partes, está becando a miles de estudiantes de chino.
Seguramente los chinos entienden lo importante que son los afectos en estas contiendas.
Tienen armas muy buenas para esa pelea —tanto como es una brutal desventaja competitiva la distancia lingüística entre otros idiomas y el chino.
Muchos visitantes se enamoran de China, regresan a sus países con una fuerte necesidad de volver lo antes posible.
Y todo el tiempo escucho comentar que los chinos son buenos anfitriones y buenos amigos.
Estamos en el escenario de la disputa cultural de los imperios. La arena del softpower. Podríamos sumar, pero siendo una disputa, es lógico que nos sumemos a los menosprecios, acusaciones, prejuicios y exclusiones.
No digo que reprimamos la anglofilia, la francofilia, la sinofilia.
Sólo advierto que estamos metidos en una batalla.
Es mejor que lo sepamos, si queremos beneficiarnos todos.

Si nos dejamos atrapar por la inocencia, no seremos más que carne boba que sirva a uno u otro bando.

domingo, 16 de octubre de 2016

Bienvenida mamacita


Quisiera que se acepte no que los géneros sexuales no existen, sino que existen tantos como a la gente se le dé la gana, y que cada uno no sea masculino o femenino, sino esto y aquello y aquello y aquello, y todo, si así lo siente.
Un poco por esto es que me da decirle comadre a las madres, pero los que no nacimos con el cuerpo correcto, nunca vamos a dejar de asombrarnos ante lo inconcebible de que fabriquen una persona allí dentro.
Y como si ello no fuera poco, muchas lo terminan de fabricar haciendo las cosas para que les vaya bien. Porque un humano no caminaría en dos patas si no lo enseñaran, y en total no sería persona si la madre no lo terminara de hacer.
Claro que en esa etapa el padre reclama comadrazgo, pero, al igual que otras personas, es una función de la madre. Es la madre quien lo hace. ¿Qué guerra mundial, qué sonda que navega por el espacio, qué ejército de miles de soldados de terracota enterrados puede compararse a fabricar una criatura en las entrañas y luego como persona, afuera?

Las madres demuestran que la ciencia es un juego de niños al lado de su brujería infinitamente poderosa.






Pronto la editorial El Bien del Sauce publicará Mariposa de Otoño, en el que comparto una serie de relatos para contar la historia de cómo mi madre murió una vez que cumplí con su deseo, cargado de amor y culpa, de que yo me reencontrara con mi padre.
De alguna manera, ella me había apartado de él desde que nací.

Tres días antes de la noche en que murió rompió por unas horas el velo tirano de la enfermedad que la estaba terminando, para venir a escuchar cómo yo le relataba a nuestra familia y amigos de toda la vida, el viaje que había hecho a China para entrar con mis pies en la casa donde nació mi padre, casa de la que ella sabía y yo no.

viernes, 7 de octubre de 2016

Tranqui con esas palmas

Hace tiempo quiero decirle esto a mis amigos músicos.
Que no insten al público a hacer cosas.
Cuando el público se copa mucho, hace las cosas solo.
A veces corean la canción tan fuerte que ustedes nada más le apuntan el micrófono, y sale buenísimo. "Beautiful", dijo Freddy Mercury. 
Pero si el público no palmea es porque no sucedió lo que debía suceder.
Y si lo consiguen levantar forzando al público, se ha arruinado algo.
Mejor enfrentar las cosas.
Mejor no mentir.
Mejor admitir que ha pasado algo no tan bueno, así cuando sucede algo bueno, todos sabemos que es posta.