En Cenital, Alejandra Kohan se detiene a pensar en la "subjetividad de la época".
Piglia veía en Borges que la literatura no refleja la realidad, sino que de un modo particular la antecede.
En realidad, se trata de algo dialéctico, entre la premonición y la instalación de la premonición —algo parecido a la profecía autocumplida.
Piglia veía que Borges detectaba tramas lógicas o conflictos que aún no se han manifestado plenamente en la historia, y al escribir sobre ello, los lectores empiezan a ver el mundo desde ese punto de vista.
Borges no era un adivino, sino que su genio le permitía identificar las estructuras de poder y lenguaje que terminarían dominando la sociedad (por eso, cuando suceden algunas cosas, decimos “esto es borgeano”).
Presenta lo que ve en un formato paranoide, como en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, en que una sociedad secreta inventa un mundo que termina reemplazando al mundo real.
Piglia induce que el fondo del tema en Borges es que veía que la realidad se construye como un texto. De ello se deriva que si alguien (la oligarquía, una corporación, la Iglesia, un grupo de sabios) tiene el poder de imponer un relato, la realidad se plegará a él.
El proceso de construcción de ese texto es la ficción. Borges no solo narraba, sino que en sus cuentos y ensayos ponía a prueba hipótesis sobre cómo funciona el universo o la política.
Para Piglia, Borges no profetizó, sino que diseñó una arquitectura ontológica con la que luego la sociedad fue interpretando la realidad.
Estos son textuales de la clase de Piglia (https://www.youtube.com/watch?v=m3htEzn1BIc):
El problema no es cómo está la realidad en la ficción, que es lo que en general se busca, cómo una novela representa la época. Más que tratarse de ver cómo está la realidad en la ficción el problema es ver cómo está la ficción en la realidad. Esa es la vuelta que dio (Borges). ¿Cómo actúa la ficción en la realidad? ¿Dónde la buscamos a la ficción en la realidad? Porque si ustedes me permiten una traducción, es lo que Gramsci llamaba Hegemonía ¿no? Lo que Valery llama… Valery tiene una frase lindísima, dice: “No se pude gobernar con la pura coerción, hacen falta fuerzas ficticias”. Hay que crear un consenso. Por lo tanto, hay que construir utopías, ficciones, ilusiones, cuestiones. Macedonio y Borges empezaron a hacer eso, empezaron a buscar eso, a percibir cómo eso funciona.
En Tlön está la realidad y después está un texto escrito que incide sobre la realidad y la transforma. (…) Si uno lee la Enciclopedia Británica sabe cómo es el mundo en el que estamos moviéndonos. Tiene alguna idea, por lo menos. Hasta ahí estamos bien, es un mundo paralelo. Pero resulta que el mundo paralelo de Tlön empieza a intervenir en la realidad y la empieza a transformar. El final del relato es extraordinario. Dice: El mundo será Tlön.

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