Concluye mi amiga, resignando la ilusión de que las cosas sigan siendo como eran: “Los pibes no quieren saber nada, solo resultados”.
No es toda la verdad, pero es una verdad.
Es decir, se puede relativizar, pero eso no le quita el fondo de verdad.
Los pibes no quieren saber nada, solo resultados. No quieren saber nada del proceso necesario para obtener resultados —el tiempo que lleva, el trabajo que lleva, la inversión que demanda, el involucramiento personal—, quieren el resultado inmediatamente.
Apretar un botón y que se encienda la luz.
Pero ¿acaso la modernidad no ha conducido las cosas en esa dirección?
¿Cómo culpar a los pibes?
A los pibes les chupa un huevo la ideología, los demás, el futuro, la racionalidad, y sólo quieren los resultados.
Aunque haya tendencias que contradigan esta tendencia, ¿cuál es la sociedad que ha dirigido la vida hacia otro lugar?
¿Cuál es la economía que ha planteado con poder algo diferente a “conseguir el máximo rendimiento con la menor inversión”?
¿Los odiadores de pibes pueden responder a esto?: los pibes aprendieron a la perfección la lección de economía que les enseñamos.
Hay algo de “los pibes no quieren saber nada, solo resultados” que no tiene vuelta atrás.
Las próximas generaciones pueden tomar elementos del pasado, pero no pueden volver al pasado.
Quizás los pibes que vengan después de los que no quieren saber nada y sólo quieren resultados, rompan con ese pragmatismo y hagan otra cosa.
Pero no volverán al pasado que anhela nuestra nostalgia.
No enmendarán nuestro error.

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