viernes, 6 de junio de 2014

Crónica de una clase de Introducción a la Literatura China


Lelia comentó que a lo largo de la historia de China los intelectuales mantuvieron una relación particular con el poder. Mencionó a cierto sinólogo quien, para definir a un funcionario imperial, echó mano al término “letrado”. Notable pirueta traductora, notable Lelia Gándara, que encuentra siempre la aguja que da sentido al pajar.
Jean Claude Pastor, explicó Lelia, dice que con la desacralización de la escritura, los que en la antigüedad se habían encargado del arte adivinatorio se transformaron en funcionarios letrados. Esta figura del «letrado» tiene que ver también con la instauración de los exámenes imperiales, que tuvieron vigencia en China durante muchos siglos. Quienes aspiraban a ser funcionarios debían rendir un examen muy exigente. Además de su probidad moral, los candidatos debían mostrar su dominio de los cinco textos clásicos: los Documentos Históricos, el Yi Jing, los Clásicos de la Poesía, los Clásicos de los Ritos y los Anales de Primavera y Otoño, que se suelen atribuir a Confucio, aunque no hay evidencia de que él los haya escrito o recopilado."
A partir de la filosofía confuciana, se consideraba que el gobernante tenía que ser un erudito. El aspirante a funcionario del Imperio también debía ser capaz de recitar y escribir poemas y debía demostrar su calidad como calígrafo —la estética es inherente a la escritura china-, como músico o pintor.
El Imperio, así, estaba gobernado por funcionarios que al mismo tiempo eran eruditos poetas y artistas. “El sinólogo Étienne Balazs  los llamó la burocracia celeste”.
En un momento de la clase se mencionó que, en su origen, la escritura china estuvo relacionada con la adivinación. Se habló también del origen mítico de los caracteres chinos y de la figura legendaria de Cang Jie, a quien el Emperador Amarillo habría encargado la invención de un sistema de escritura. Durante sus largas cavilaciones para cumplir la orden, Cang Jie —que tenía cuatro ojos— un día encontró en una playa unas huellas que le llamaron la atención. Le preguntó a un pescador qué animal las había dejado y éste le dijo sin dudar que eran de un pájaro mitológico, el pixiu. Cang Jie comprendió que así como aquellas marcas permitían identificar sencillamente al animal que las había producido, se podía pensar en un sistema de signos que reprodujera las características de las cosas del mundo, y así concibió un lenguaje hecho de signos cuya interpretación permitiera identificar aquello a lo que remitían por similitud.
Ese desciframiento contendría un poder enorme, el de conocer la realidad, y por tanto, dominarla.
Luego, se perpetuaría el conocimiento de los caracteres, una potestad sobre su belleza y el trabajo del pensamiento y el arte sobre ellos, desde los grandes sabios como Confucio, Mencio, Laozi y Zhuangzi hasta los letrados funcionarios. Era necesario ese dominio de la escritura para gobernar.
Con erudición, belleza y también con magia se erigió una civilización basada en un imperio de cinco mil años.
Cinco mil años en los que el mundo fue representado mediante los mismos signos.
“Quienes rendían un examen en una dinastía en el siglo XVI d.C., dijo Rubén Pose, el compañero de Lelia al frente del curso, conocían como propios los textos que Confucio había elaborado 2.000 años antes, escritos con los mismos sinogramas con que eran leídos —y con que son leídos aún hoy”. Agregó que “no era una prueba fácil. Se preparaban una vida entera rendirla. Algunos la daban cuando se aproximaban a los 50 años”, en una época en que pocos vivían más allá de los 50 años.
Lelia hizo ver que a partir de aquella tradición, no es extraño que los autores más destacados de la literatura china hayan sido también funcionarios del Imperio. “Inclusive muchos de quienes desaprobaban el examen imperial también se convertían luego en grandes literatos—que a veces producían una literatura resentida y cuestionadora. Cuando los eruditos-funcionarios entraban en conflicto con el poder —por ejemplo al cambiar un emperador por otro— solían plantearse dos posibilidades: o bien se retiraban a una vida de eremitas, a veces adoptando la filosofía zen (chan, en chino), y se dedicaban, naturalmente, a escribir; o bien —quienes no eran expulsados pero sí relegados a cargos menos importantes — adoptaban una actitud crítica frente a la sociedad y a los gobernantes, pero como la crítica directa les costaría la vida, realizaban una crítica que era oblicua, indirecta, mediante la literatura. Esta última es una de las claves de lectura posibles, por ejemplo, de El sueño en el Pabellón Rojo, que según algunas interpretaciones retrata la decadencia de la dinastía Qing”.

Lelia Gándara, Rubén Pose y Florencia Sartori, los tres profesionales de las Letras, ofrecen este curso abierto en el IES Nº 2 Mariano Acosta (Urquiza 277). Están entre las personas que más saben de literatura china en Argentina.
Hablaron sobre los mandarines eruditos artitas en la primera clase del Curso Introducción a la Literatura China, el sábado 31 de mayo a la mañana, ante una concurrencia inusitadamente suculenta para un evento académico relacionado con la cultura china.
Entre los asistentes, de toda heterogeneidad, uno recordó que al ser agasajado por la colectividad china en Argentina, un alto funcionario de la República Popular China fue invitado a pintar su caligrafía en un mensaje; otra mencionó al inspector Chen de las novelas de Qiu Xiaolong, un policía —y por tanto un funcionario gubernamental— que es aficionado a la poesía e incluso poeta (“esa figura del policía-erudito de las letras que, por las razones que explicamos, no parece tan rara en China, en nuestro país resulta extremadamente infrecuente”, observó Lelia); uno más trazó el paralelo entre la leyenda de Cang Jie y una propuesta del historiador italiano Carlo Ginzburg, quien especuló con que el seguimiento de las marcas que dejaba la presa perseguida enseñó a los hombres, cazadores, el camino de la escritura.

El curso seguirá durante otros nueve sábados hasta el 15 de noviembre, asumiendo los tres desafíos planteados por los docentes: la escasez de antecedentes en Argentina de enseñanza de la Literatura China, la pobre cantidad de obras traducidas —y entre ellas, la paupérrima disponibilidad en el mercado— y la necesidad de acotar una literatura cuyos inicios pueden remontarse a antes del siglo X a.C. y que ha mantenido una continuidad desde entonces.
Anunciaron que durante el curso se revisará la literatura de las Dinastías Tang (618-903 d.C.), de la Época Moderna, abarcando las dinastías Yuan (1279-1368), Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911), durante las cuales se escribieron las cuatro novelas clásicas (Los tres reinos, A orillas del agua, Viaje al Oeste, El sueño del Pabellón Rojo), y finalmente la literatura del siglo XX, incluyendo el movimiento de protesta del 4 de mayo de 1919, que planteó abandonar el lenguaje literario clásico para acercar a la lengua escrita la hablada, el papel de Lu Xun ("Diario de un loco"), la literatura de la época maoísta y los autores contemporáneos (Lin Yutang, Chang Jung, Dai Sijie y Mo Yan, entre otros).




Al salir de la clase vi inmediatamente un local comercial que tenía en su cartel, inexplicablemente, los dos perros que custodian la entrada de las casas en China. Una cuadra más adelante equipos de televisión competían por reportar la noticia de un tiroteo frente a un supermercado chino. Se especulaba que había sido ocasionado por la mafia china. Y ahora que estoy escribiendo esta crónica enamorada de la clase, frente a este bar (Bar de Cao, en el barrio porteño de San Cristóbal) veo una “Casa de Belleza” con un mural en el frente de un paisaje dominado por una pagoda.





Tijerita


Ahí viene Marchetti, el profesor de Geografía, con la tijerita cortapito de su mamá que él nunca suelta.


jueves, 5 de junio de 2014

Mis abuelos




Mi abuelo trabajaba en el campo. Estaba muy enamorado de mi abuela; muchas veces interrumpía lo que estaba haciendo para llegar hasta la casa y tomar unos mates (charlar) con ella.
Dice mi mamá que al final mi abuela lo echaba, riéndose porque él no se podía ir.
Tan enamorados estaban.
“Siempre tuve la impresión de que a los hijos nos tenían un poco de bronca, porque le molestábamos su idilio”.
Pero tuvieron muchos hijos. Es que de noche se abrazaban tanto, tan fuerte, que ella quedaba embarazada. Tuvieron quince hijos: Bicha, Milo, Benigno, Horacio, Tita, Tito, Irma, una nenita que murió al nacer, Edgardo, Betty, Coco, Chela, Celia, Ricardo y Luisito.

Sumados los tiempos de los embarazos fueron más de 13 años. Casi siempre que mi abuelo abrazaba a mi abuela, que era muy hermosa, ella tenía una panza con un bebé adentro. Él se dormía con su mano grande, áspera y bruta como un pedazo de tronco, apoyada con la delicadeza que podía sobre la panza de mi abuela.







miércoles, 4 de junio de 2014

Salió el número 9 de Dang Dai, gan bei!



Para la historia quedaron el pacto de Roca con los ingleses, el virreinato de España, la frase “relaciones carnales” que coronó medio siglo de dependencia de los Estados Unidos, el Mercosur y luego el rutilante momento en que se erigieron Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia y Venezuela, y quedará para la historia la relación con China.

Esta nueva relación, que esperamos sea más equitativa que otras, se fundó en un año que tiene nombre y apellido: Dos Mil Cuatro.

Para construir el cimiento de la relación entre estos, los países más alejados entre sí del planeta, ese año viajó a China el presidente Néstor Kirchner y viajó a la Argentina el presidente Hu Jintao.

Una década después llega a la Argentina otro presidente chino, Xi Jinping. Ese hombre tiene en sus manos mucho más que la vida de 1.300 millones de personas: en su decisión está el equilibrio mundial. En Buenos Aires podrá hojear la revista dedicada al intercambio cultural con su país, Dang Dai.

Si mira el último ejemplar, tendrá el número 9, que acaba de salir, con un paisaje en la tapa en el que se funden Mendoza y Liaoming, de viñedos con unas montañas al fondo, y sobre las montañas, la Gran Muralla.

El magnífico cuadro, pintado en vino, es de la artista mendocina Mema Hanon.

Fue aplicado en la tapa por los diseñadores de lujo de Dang Dai, Diego Fieramosca y Diego Pallanch.

El paisaje es de viñedos porque el tema de este número 9 es la exportación de vinos finos argentinos a China. Tema inmejorablemente tratado por Pablo Helman, con columna de Karina Fiezzoni.

En otras notas de cultura empresarial Alejandra Conconi cuenta cómo labra el entendimiento entre argentinos y chinos dentro de las empresas y Andrés Ruggeri adelanta algunos aspectos del encuentro entre legislaciones y tradiciones laborales cuando las empresas chinas se instalan y emplean argentinos.

Más de entendimiento: Luciana DenardiAna KuoAntonio Chang y Gustavo Ng encaran frontalmente los obstáculos a la convivencia que ocasionan los prejuicios contra los chinos —y también de los chinos contra los argentinos.

Si Kirchner sentó las bases de la relación con China, hubo un adelantado que labró el camino en el plano empresarial: Franco Macri. Para este número de Dang Dai el industrial recibió a los editores en su casa, donde charlaron y donde Leandro Teysseire planteó una producción de fotos que también quedará para la historia.

El caso del gigante Cofco, que compró las semilleras que dominan el mercado argentino, es analizado porNéstor Restivo.

La semióloga Lelia Gándara escribe uno de los mejores artículos de toda la colección de Dang Dai, dedicado a explicar con generosidad y rigor, cómo se crean los sinogramas.

Ya metida dentro de la escritura china, la Asociación Cultural China Argentina presenta caligrafía de sello Zhuanzu, hecha especialmente por Ana Qing.

Y desde la sabiduría de esos caracteres que han permanecido los mismos por cinco mil años, los títulos y bajadas son obra de los dos chinos intelectuales que viven en Argentina: Susana Liu y Pablo Zhong.

En imágenes, el fotógrafo Nicolás Levín, sinófilo experto, ensaya con dedicación desmesurada chinos argentinos con atuendos y situaciones altamente sugestivas.
En otra galería están las oníricas fotos de Ronnie Keegan, surgidas de noches de trabajo entre Buenos Aires y Shanghai.

Manuel Yomal retrata la vida interior del dragón y el perro que se agitan y lideran, guiados por Germán Bermúdez, las grandes fiestas callejeras de China en Buenos Aires. La actividad está ligada al kung fu, tema que lleva otra nota: Daniel Dottore cuenta su peregrinación a Hong Kong, adonde fue a aprender de manos de su maestro.

De Hong Kong es también Johnnie To, cineasta genial, presentado y analizado por Fabián Roberti.

Y a Hong Kong están dedicadas las páginas de cultura turística, en una nota de Mariana Lafont.

Silvia Abollo, una de las profesoras que más sabe de cultura y literatura china en Argentina, rescata los dibujos y la propuesta del dibujante Feng Zikai.

Marcela Fernández descubre dentro de la explosiva vida interior del pintor Xul Solar las profundas huellas del I Ching y otros enigmas del mundo chino.

La educación tiene espacio amplio. Por un lado se retrata la escuela Sin Heng, primer centro de enseñanza de idioma chino en Buenos Aires y colegio para los chicos de Taiwan, ahora con una carrera terciaria coordinada porRoxana Huang. Por otro, el primer colegio bilingüe castellano-chino, en la Ciudad de Buenos Aires.

El arquitecto Hernán Maldonado, genéticamente marcopoliano, presenta su excepcional, experta y mística mirada de los espacios de Beijing.

Pietro Sorba, cheff encumbrado, traza una historia de los restaurantes chinos en la capital de Argentina.

El Museo Nacional de Arte Oriental, en texto de Annush Katchadjian, presenta una de sus joyas: los botones de los gorros de los mandarines.

Lina Ji, la voz china de Argentina en RAE, Radiodifusión Argentina al Exterior, habla también en las páginas de Dang Dai.

Una revista que busca contenido sólido, que empate la eminente calidad visual trazada por los fotógrafos mencionados, además del maestro Horacio Paone, con edición de Victoria Schirinian.

La literatura argentina tiene un lugar con una semblanza de Juan Gelman, quien tuvo (también eso), una larga historia con China. Formidable nota de Federico Von Baumbach.

Finalmente, la década de la que hablamos al principio, primera década, años fundacionales, que será rubricados en julio cuando pise Argentina el presidente Xi, es analizada por los especialistas en relaciones internacionalesEduardo Oviedo y Jorge Castro.

Podría arriesgarse que estamos, desde que arranca el milenio, materializando nada más ni nada menos que una propuesta o vaticinio de otro patriarca de la historia política argentina, Juan Domingo Perón: la Tercera Posición.


Pero eso será tema de otra edición de Dang Dai. Por ahora, invitamos a disfrutar de este número.


De las genialidades que arranca el mate


Genialidad de Roly Villani: "Es irritante que mis compañeros de laburo tomen mi mate sin mirarlo, como si sólo fuera rico y no fuera, además, bello."

fugaz


Miércoles a la tarde fui a la presentación de la temporada invernal de Puerto Madryn, convocado por mi amiga Connie Coll. Me habría quedado semanas con ella.
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Jueves a la noche estuve en la presentación de la velada de I Ching de mis amigos Nico Levín y Marina Quesada. Nos echaron. Nos habríamos quedado esa noche un tiempo ichinguiano.
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Viernes, encuentro con los compañeros de Radiodifusión Argentina al Exterior de la época antediluviana, Alba, Tere, Pancho y Susana. Si nos hubieran invitado a volver a RAE en el momento de la foto, habríamos vuelto. 
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Sábado a la mañana, en el consultorio que se está haciendo Pablo, mi hermano menor. El consultorio, una pequeña clínica en realidad, es como un nuevo día que está naciendo. Quisiera que todas las horas fueran las de día que comienza.
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Sábado de noche en una terraza de Palermo, en el cumpleaños de Juan en su hostel, observando cómo el sol sale para Shakira a cualquier hora. Mientras el mundo se desvanece, habríamos bailado y bailado en la noche de los tiempos.
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Es un hostel, ya lo dije. Juegan al ping pong. La eterna juventud. Nunca me fui, realmente. Nunca maduré. Viviría en un hostel. Sería siempre de noche, y en el sueño siempre estarían dando vueltas, apareciendo y desapareciendo Victoria, Teodelina, Julita, el chico de la capucha, el norteamericano.
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Domingo al mediodía en el Bar de Cao. Esperando a Victoria. Esta foto podría haber sido tomada en 1971. O en 1944. O en 2028.
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Tarde del domingo cumple gay de Cami Parra. ¿Quién podrá deshacer jamás la tarde en que Manu se pasó haciendo la torta, la noche en que sólo éramos nosotros tres festejando el cumpleaños 19 de Camilo, y le cantamos el cumpleaños feliz, y charlamos de todo lo que él va a hacer en Buenos Aires, la ciudad a la que acaba de llegar a vivir?
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Lunes a la mañana la Plaza Mitre me encuentra corriendo. Es la Plaza Mitre de cuando yo tenía 4 años.
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Lunes al mediodía, foro sobre las relaciones con China en el Palacio San Martín. Escuchen el nombre del salón: Comedor Chico. Hace un millón de vidas que soy periodista.
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Lunes a la tarde, entrevista al paisano Gu Jian Long. Los chinos eran antes que yo, son hoy, y se vienen como un futuro descomunal.
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Y así va la vida. Siempre las mismas cosas.
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Así va la vida. Fugaz.


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lunes, 2 de junio de 2014

Mentirosa Sofía


Escucho cómo la socia de mi mujer disfruta que su hija Sofía esconda un amante a su marido. Primero la bronca me hincha la vena de género, el instinto de la tribu machista, y luego mi cabeza deriva hacia otros lugares.
Es obvio que el mentiroso es un inmoral, le falta el respeto a los demás, no cumple con su compromiso, etcétera. Pero ante todo, el mentiroso es un iluso, un inocente, alguien con una fe necia, que aún no ha descubierto, que tal vez se niegue a comprender, que la verdad siempre cuela.
Evidenciada o no, demostrada o no, sentenciada o no, la verdad siempre filtra, entra por la puerta principal o por una ventana como revelación o como hecho, como enfermedad, como bendición, como destino, como castigo de la naturaleza o como locura.