martes, 10 de junio de 2014








Calle Godoy Cruz, Palermo, principios de junio. 

Como en la montaña, en la urbe lo otoñal no quita lo colorido.


lunes, 9 de junio de 2014

Derrota en el ring


El boxeador Maravilla Martínez sabía que el físico no le iba a dar. No tenía forma de derrotar al portorriqueño, ni manera de evitar que le diera una paliza. Retroceder estaba fuera de toda posibilidad, máxime teniendo en cuenta la mística que cargaba ir hacia la última pelea de su vida.
¿Cuánto hacía que Maravilla sabía que iba a perder?
Tremendo profesional que es, no pudo enterarse la víspera. Por lo menos tuvo tres semanas de certeza. O sea, tres semanas caminando hacia el Monte del Calvario.
Esa fue su épica.
Muy mal terminada, por lo demás, porque lo único que le quedaba era entrar y darle trompadas a Cotto hasta que se le cayeran los brazos, hasta que Cotto le partiera la mandíbula con un gancho, hasta resbalar al piso exhausto. En cambio, fue el más puro paquete. Se dejó caer casi llorando.
Lo que dijo al final en la entrevista pública arriba del ring, fue tan correcto que lo hizo parecer un discípulo del dulce Palma.

En todo caso, por todo eso fue una auténtica derrota.






Salís a correr y te ponés a sacar fotos

Se sale a correr a la mañana y se ven escenas que no se ven más tarde. 
Un prócer de bronce arriba de su caballo contemplando el humo de las fábricas, Bati festejando su gol en el desierto de los humanos que marchan a trabajar, Diego levantando la copa del mundo a la iglesia de la Recoleta, Messi festejando con sus dos índices ante una multitud de fantasmas que la luz del día va disipando.






El Cielo del murguista

Hay quien tiene el Cielo en el Cielo.
Otros lo tienen en la Tierra.
Por ejemplo este letrista de murga:

Que el letrista no se olvide de jugarle a las tres cifras
para ver si se endereza y se puede dedicar
a escribir versos de murga frente a un plato de buseca
y brindar alguna copa en honor al carnaval.




sábado, 7 de junio de 2014

Estos últimos minutos


Hay quien se siente en los últimos minutos.
No volverá al país del que se está yendo, quiere respirarlo a fondo para llevarse su aire a la Eternidad.

No se detendrá ya ante un cuadro sin sentido, ni se quedará hasta el final de una obra de teatro viciosa.

No puede perder un minuto con alguien con quien no se enriquezca, alguien con quien no comparta una pasión.

Ya ha pasado al Cielo muchos anhelos que sabe que no cumplirá, pero se dispone a jugar el último tiempo, ya sean unos pocos minutos o 60 años, sin aliento, sin renunciar a nada, dando todo lo que tiene, sin perder el tiempo, montado en su puro deseo despellejado.



viernes, 6 de junio de 2014

Tribalismo


Está todo bien con tu tribu si saca lo mejor de vos, y eso te hace feliz, y los demás lo aprovechan.

Acá, en el 4ºB


Acá en el 4ºB atiende un psicólogo.

Obviamente, la pared es muy finita. Si estoy cerca de esa pared, escucho mejor lo que pasa en sus sesiones que lo que se habla en mi departamento.
Y bueno, no puedo dejar de escuchar algunas charlas —mucho menos cuando se ponen hot y estoy con el oído pegado a la pared.
Hace un rato había un tipo:

    Me frustra que Isabel no acepte jugar a nada.
    ¿Por qué creés que no acepta jugar?
    Porque goza castrándome. Y porque es histérica, me provoca entusiasmo y después me lo corta.
    ¿Nunca te dijo por qué?
    Me dijo que soy muy bruto, o muy grande.
    ¿Vos qué pensás de eso?
    Que es cierto.
    ¿Entonces? ¿Goza castrándote, es histérica o le parecés muy bruto o muy grande?

Teléfono. En mi departamento. Es Marchetti, que quiere cenar esta noche. “Sí, sí, sí”, le digo y le corto rápido. Ay, no puedo, bueno, después lo arreglo. Corro a la pared.

    …pero, bueno, ahora se me ocurre que tal vez yo soy de imponer las reglas del juego, y a lo mejor ella quiere jugar… Quiero decir, yo quiero que juegue mi juego, y ella también es de hacer su juego. Competimos. Pero bueno, quizás no esté bien decir que no acepta jugar, sino que el tema es que no es jugar si sólo son mis reglas. Quizás para jugar hay que tener reglas de los dos…

Sigue hablando, pero yo me voy. No sé si me gusta lo que estoy escuchando.