Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
Con las chicas yo montaba el acto del varoncito (seductor,
cogedor) para mi mamá.
Eso le daba sentido a estar con las chicas.
Eso, y el juego de liberarme un rato de mi mamá que
representaba estar de novio, pero también le daba sentido -llegada la hora- poner una bomba en la aventura para regresar al amor de mi vida. Jugar a ser
infiel, pero en el cuadro de toda la vida, no traicionar a mi mamá cambiándola
por otra.
También ha tenido sentido el placer, quizás no en una gran
medida, y la experiencia de tocar el alma de una mujer. Explorarla, contemplar
que es maravillosa, como meterse en una cueva en una isla y encontrarse dentro
de una galaxia de todas las piedras mágicas que en toda la superficie del mundo
no se conciben.
Dios mío, qué cansado estoy. No puedo levantar una pierna. ¿Qué hacés en el piso?, me preguntan y no entienden que cuando estás así de cansado, te derrumbás feliz en el piso como un cadáver, como una bolsa de agua. En todo caso, es mejor estar cansadísimo que estresado.
— ¿Por qué nosotros somos tan expresivos y ustedes
demuestran tan poco?
— Ustedes tienen
200 años de historia, nosotros tenemos miles. Ustedes son inocentes. Son unos monos.
Sólo saben hacer asado, están inventando comidas porque no tienen comida propia.
— Cuando había un niño pequeño en el subte en
Guangzhou, Beijing, en cualquier lado, aunque hubiera una multitud de personas,
siempre me miraba a mí. Creo que era porque los demás tenían la cara
invariable, y en cambio yo hacía muchos gestos.
— Argentina es una fábrica
de comida, se puede terminar todo, pero nunca se terminará la comida. Un
argentino se sienta al pie de un árbol y espera que caiga una fruta. Tarde o
temprano caerá, porque así es este lugar. Nosotros, en cambio, hace 30 años pasábamos
hambre. Para Año Nuevo comíamos un huevo. Tuvimos la invasión de los japoneses,
que nos destrozaron. Tuvimos hambrunas que mataban millones de personas. Eso
nos dejó sin superficialidad. Tenemos que salir adelante. Nuestra historia nos
hizo responsables, somos responsables de la vida de nuestros hijos. Somos
responsables de nuestro país. No tenemos tiempo para lamentarnos por cualquier
cosa, para preocuparnos por estupideces o para protestar por insignificancias.
Tenemos que levantarnos de entre los muertos, no andamos emocionándonos
rápidamente por cualquier motivo.