Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
domingo, 21 de febrero de 2016
Siempre te reíste
"Nunca dejaste de reír porque ella murió. Ni en el velorio, ni en los días difíciles que siguieron, que fueron los más difíciles. Siempre te reíste, como toda tu vida, porque sos una persona divertida, que festeja la vida y se entrega a la vida luminosa. Nunca dejaste de reírte, pero ya nunca te reíste igual que antes" (Marina).
Otro país más
Hay un país en el
que se baila sólo cumbia y sólo se escucha cumbia y hip hop.
En ese país se toma
mate con jugo de naranja (hecho con polvo de sobrecito) frío.
En ese país los
pibes usan siempre gorra, son inteligentísimos, valoran el trabajo pero saben
que trabajando no van a poder conseguir lo que desean (entonces suplen con
altas llantas los Audi que ven en la tele).
Los pibes tienen
las tablet que les dio el Gobierno y en cada casa entra la guita de varios
planes, pero es un país fuera de la Argentina. Las personas no se sienten
pegadas al Poder de Argentina. Decían “Kirchner” con una sonrisa, votaron al
PRO.
sábado, 20 de febrero de 2016
Derrota Nunca
Camilo me recuerda
la respuesta de un viejo orangután cuando le preguntaron si no apoyaba la
repatriación de los restos del General Juan Manuel de Rozas: “No, de ningún
modo. Ahora, si me piden que firme por los
restos de Perón, firmo en el acto”.
En el momento de
esa afirmación Perón estaba vivo.
Una genialidad la
del orangután, inimitable.
Quizás él hubiera
estado de acuerdo que no es tan fácil ser peronista. Es fácil subirse al camión
de peronistas como joven romántico, pero ser forjado por la experiencia
peronista es otra cosa.
Muchos son admiradores,
fans, seguidores, incluso émulos de los peronistas, pero tener instinto
peronista, reaccionar como un peronista, poner el cuerpo por peronista, llorar
adentro por Evita, no es tan fácil.
Los peronistas
posiblemente sean los que más defectos tengan, pero difícilmente veamos a un
peronista glorificando la derrota.
No se regocijará en
la derrota, no la buscará, ni siquiera la aceptará.
He escuchado decir
que este es uno de los defectos de los peronistas.
Al peronista no le
sobra nada. No puede darse el lujo de la derrota. La derrota es la muerte para
él, porque él juega todo lo que tiene al triunfo.
¿Cuál será el campo
específico para el entusiasmo y la exaltación de la derrota propia? ¿El
psicoanálisis? ¿La deportología? ¿La politología? ¿La estética?
viernes, 19 de febrero de 2016
El caso de Johann
Su madre, Frida, no
lo quiso. Cuando supo que estaba embarazada trató de abortar. Luego estuvo abortándolo
toda su vida. La convenció de tenerlo su marido, hablándole de una muñeca. “Tendrás
una muñequita, tuya, sólo tuya, podrás vestirla, caminará, te mirará a los ojos
de verdad, estará viva…” Con el tiempo él descargaba su bronca contra Johann. Se
sacaba el cinto y le pegaba hasta agotarse, sin abrir la boca, tenso por el
odio contra su hijo, que había venido a amargarle la vida a Frida, arruinar la
pareja, convertir el hecho milagroso de un niño en algo monstruoso.
Murió Johann padre cuando
era un hombre joven. Quedaron solos, el hijo con su madre. Un día el hijo dejó
de salir de su dormitorio, hizo cosas que asustaron a Frida, ella pidió ayuda a
los vecinos, Johann fue internado en un manicomio.
Frida iba a verlo.
Se sentaban uno junto a otro un rato. Luego ella se despedía.
Meses después
Johann fue dado de alta, se dirigió a su casa, ahorcó a Frida y volvió a su
cuatro.
Sólo le quedaba dejarse
deslizar hacia la muerte. Algunos amigos lo visitaban (¿estaba en su cuarto o
nuevamente en el manicomio?), nadie lo necesitaba. Uno a uno, lo olvidaron.
Johann vivió hasta
los 86 años.
jueves, 18 de febrero de 2016
El tronco
Se está despegado de la necesidad
Se está atado al mundo por la animosa fuerza de gravedad
Se es un tronco que apareció en algún lugar
Vaya a saber por qué
Cómo fue a parar ahí
Quién lo ha traído
Para qué
Hacia dónde lo llevaba
Qué lo decidió a dejarlo
Tronco medio atravesado en el camino.
Nadie pasa
El tronco quedará allí
Aparecerá cuando salga el sol
La lluvia lo unirá a la tierra
Y si alguien pasa, lo
tirará a un costado
No hay malestar
Sólo un tronco
Una puerta a un corazón
Ng Zhenguan es un pibe de Guilin que vive en Argentina,
extremadamente carismático y amigazo. Nos hicimos amigos automáticamente, a
veces nos vemos, caminamos por ahí, vino el día que mi sobrino se recibió, fuimos
juntos a ver una película en la que trabajé, le pidió a sus padres que me
alojaran cuando visité su ciudad. Hace un rato yo le estaba diciendo que para
un chino, llegar a leer poesía en español es un modo de entrar al corazón del
español por otra puerta, por donde no es importante la comunicación práctica del tipo
pedir algo en un restaurante, decir cuántos años tiene uno o preguntar la dirección
del hotel. Entonces pensamos en encuentros de tres o cuatro chinos que quieren aprender español y
dos o tres argentinos que les leemos un poema cada uno, y se los explicamos con
tiempo, palabra por palabra.
Me ha costado demás aprender el idioma chino mandarín para
comunicarme — pedir algo en un restaurante… —, pero en cambio apenas capto un
sinograma me atrapa. Me fascinan los trazos, el equilibrio entre vacíos que éstos
dejan construidos, el diálogo entre la imagen y el sonido, el juego de
significados internos, las familias a las que pertenece, y mucho más.
Si me cuelgo con los sinogramas jamás llegaré a pedir un vaso
de agua, o a decir que no hay agua caliente en la ducha del hotel, pero no creo
que no ingrese al idioma chino, y no sé si no me gusta este ingreso.
Ciertamente, nadie da un curso “Hasta el fondo infinito de los
sinogramas”. Una pena.
Intentaremos con los chinos, con poemas de Juan Ramón Jiménez,
Juan Gelman, Ivana Romero y Juana Bignozzi.
martes, 16 de febrero de 2016
Regresando a casa en la noche
Fui a cenar a la
casa de mi amigo el crítico de teatro. El calor no da tregua este verano. Estábamos
los dos por el piso.
Luego me he vuelto
en la bicicleta. La bicicleta me da alas en la ciudad, aunque de noche, entre los autos que las personas lanzan por las calles a toda velocidad, siento mucha
inquietud.
Intimidado en la
oscuridad, entre luces ocasionales, andando repasé lo que hablamos con Camilo.
Le conté que desde hace dos o tres días siento que la realidad se me ha vuelto
despiadada. Lo expliqué por la reciente muerte de mi mamá. “Era la única persona
para quien, en alguna instancia, yo era más importante que ella”.
Luego le dije: “eso
se va disolviendo. Se va desintegrando ese amor, sólo va quedando la crudeza,
la falta de piedad. Entre yo y el precipicio de la muerte ya no se interpone
nada”.
Más tarde pensé que
tal vez ese amor se va corrompiendo al mismo tiempo que el cuerpo de mi madre,
y recordé la comida del rostro asado,
en Bolivia. Se celebra a los ocho días de que es enterrado un familiar; sobre
las brasas se coloca una cabeza de vaca o llama y se la deja allí. En algunas
horas los ojos estallan, lo que indica que la cabeza ya se puede comer. Quien
me contó de esto me explicó el significado del rito: a los ocho días los ojos
del muerto estallan dentro de la tierra.
En el camino vi una academia de idioma Esperanto, una ambulancia que esperaba salir a atender alguien enfermo o accidentado, un bar cerrado y unos skaters.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)