Nahuel está con su hijo Tincho.
Tincho le dice:
- Yo los espié a mamá y a vos a la noche.
Nahuel queda tildado por adentro.
- ¿Qué hacíamos?
- Y, lo que hacen los papás, hacían el amor.
- ¿Y qué es hacer el amor?
- ¡Lo que ustedes hacían! Se abrazaban.
Nahuel piensa que es muy loco que siempre pensó en el término "hacer el amor" y nunca lo habló con nadie hasta ahora, que lo habla con su hijo, que tiene cuatro años. "De hombre a hombrecito", se dice, y remata "el hombrecito soy yo".
Toda la vida pensó que "hacer el amor" es una construcción ñoña, una manera de decir pero no decir, una estrategia para decir de un modo aceptable algo inaceptable, en juego con "coger" que es una mala palabra grave. Es grave menos por la idea de violación que podría implicar "un hombre que coge a una mujer" que por el pecado de lujuria, sensualidad, todo eso. Hay amigas y amigos de su, generación que se han empeñado en naturalizar "coger" haciéndola propia para limpiarle la carga sucia, pero no han llegado muy lejos. Nahuel piensa "qué bueno sería que hubiera una palabra que designara coger como un abrazo muy profundo".
Tincho ya anda jugando por ahí.
"Tirás la piedra y te vas a jugar con el perro", le reprocha Nahuel por lo bajo.
Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
domingo, 20 de agosto de 2017
sábado, 29 de julio de 2017
Marcela en la estación de tren
En una vida, Marcela, mamá soltera, abandona a su bebé en el
hospital porque tiene síndrome de Down. Nadie la puede culpar. Es muy pobre.
Sus padres la necesitan; el padre está enfermo, la madre no puede cuidarlo
sola, y ella tiene que salir a conseguir plata. Los días que hay mucha nieve le
cuesta salir. A veces la leña no alcanza y hace mucho frío en la casa. ¿Qué vida la daría? ¿Qué ropita le podría
comprar? Alguien la adoptará, estará bien.
Piensa que en un mundo paralelo las cosas podrían ser
diferentes. Se ve a sí misma con su nenita ya de tres años, en una estación de
tren. Es un día extrañamente dulce en medio de un invierno muy crudo. Marcela
le canta una canción y le aplaude el ritmo, las dos palmas contra una manito
que la nena deja en el aire. La nena tiene unos anteojos de marco rojo que ella
le compró. Termina la canción y Marcela la abraza muy fuerte, la envuelve con
el abrazo y apoya su cabeza contra su cabecita, tapada con una capucha, y la
nena se deja abrazar, feliz. Sólo conoce la felicidad.
En el corazón del Pueblo
No son tan pocas las personas que llegan a los 100 años.
En estos días fue el cumpleaños de Evita, que aún no habría
cumplido los 100. Bien podría seguir entre nosotros.
De todos modos, no está, así como está, menos viva.
Quizás el mayor teórico del peronismo le confesó a un amigo
que a él no le daba el pinet para ser peronista. Nadie dudaba que lo era; si
cualquiera se dice peronista, es admitido inmediatamente sin problemas por
peronistas y antiperonistas, pero él decía que ser peronista era tener una fe y
vivir a Perón y Evita de un modo directo. El decía: "yo soy
peronistista".
Hace pocos años le hice escuchar a una tía la voz de Evita en
un vídeo de YouTube. Ella no la había escuchado desde que Evita estaba viva. Se
puso a llorar con un desamparo que me obligó a abrazarla. Pensé en cuánta gente
se ha abrazado por Eva, cuántos cuerpos y cuántas lágrimas se mezclaron por su
nombre.
Esta es la estatua que está en la plaza presidente Juan
Domingo Perón. Perón está en lo alto. Muy alto. Me hace pensar que no siento en
el panorama actual el gen de los políticos de la gran dimensión, gente que se
ponga por arriba de las circunstancias, mire allá lejos y desenrede las
miserias del presente poniendo proa a un sueño verdaderamente grande.
Me gusta ver en la estatua de Perón a este hombre que se
esfuerza en la base. Sin el idealismo, la rebeldía y la explosividad de los
jóvenes, el mundo no marcharía. Sin embargo, creo que esto se ha vuelto cliché.
El hombre en esta estatua no es un chico. El artista eligió que fuera un tipo
con edad suficiente para tener las convicciones asentadas, y luchar por la
fuerza de esas convicciones, antes que por tener fuerza demás.
En fin, algunos nos seguimos juntando, peronistas y
peronististas, sobrinos de tías a las que aún les arde Eva, seguimos celebrando
el rito del asado, evocando aquellos nombres, propiciando con la fe, el regreso
de algo grande.
viernes, 28 de julio de 2017
Bruce Springsteen y Silvio Rodríguez, incómodos
Más de uno ha hecho este cruce:
Bruce Sprigsteen: No podés prender el fuego si estás
preocupado por tu pequeño mundo. (You can't start a fire, worryin' about your little world falling
apart).
Silvio Rodríguez: Debo dejar la casa y el sillón,hay que
quemar el cielo si es preciso.
Todo es presente
Si algo del pasado no está en el presente, no existe.
Sólo existe lo presente.
Ánimo.
Lo que tenemos, todo lo que tenemos, lo bueno y lo demás, lo pongamos en juego hoy.
Sólo existe el presente.
Sólo existe lo presente.
Ánimo.
Lo que tenemos, todo lo que tenemos, lo bueno y lo demás, lo pongamos en juego hoy.
Sólo existe el presente.
miércoles, 26 de julio de 2017
Contra el piso
Facebook armó semejante toletole en la comunicación humana,
con tantísima gente conectada en gran parte de Occidente.
Sin embargo, ¿cuál es el resultado hasta ahora en las vidas de
las personas?
Que se enteran de chismes.
Que cuelgan frases que citan sus pensamientos o noticias de
política que expresan su posición.
Que muestran fotos "yo estuve aquí" o
"increíble" o "somos muy amigos".
Que las hacen más consumidoras.
Bueno, si hablara de otra manera uno diría
"caramba", o "¡vaya!": ¿hacía falta tanto toletole, tanta
revolución. para ESO?
El oceanógrafo Jacques Cousteau (¡nada menos!) apenas vio
aparecer internet dijo "ya estamos en condiciones de hacer una democracia
directa".
Se dice que el Gobierno de China teme constantemente que las
redes sociales sean el mecanismo tan temido que le permitirá a las masas
cambiar el sistema institucional.
Vaya, vaya, en comparación con esas visiones, las redes
sociales se parecen a esos cohetes ciclópeos, que arrancan con un bramido que
espanta el mundo, y a los quince metros pega la vuelta y achata su narizota contra
el piso.
lunes, 24 de julio de 2017
El cartel de la indignación
El indignacionismo, quedarse en la indignación, es
anestesiante.
Vaselina.
Lo que sirve es pasar a la acción.
En el campo en que uno sea más útil, con los tiempos que uno
maneje mejor, con las mejores herramientas de que se dispone.
Siempre con otros.
Me parece útil que las personas que tienden a observar y
pensar, entiendan a quiénes están en el poder.
Que sepan de qué esta hecha la herencia de la que se invisten,
que les llega directamente de Sarmiento, Mitre, Roca, Félix Uriburu, Manuel
Carlés, Álvaro Alsogaray, Videla, Rojas, Martínez de Hoz y la mayoría de los
miembros de sus familias y de las familias Braun, Bullrich, Anchorena, Bunge,
etc.
Hace unos meses alguien puso un cartel de turismo en un lugar
que le parecía adecuado de la Plaza de Mayo.
Quizás lo dispuso un joven funcionario del PRO.
Quizás no, pero lo interesante es el sentido que tiene que
pudo haberlo sido. Un joven que entiende que gobernar es sólo administrar, que
gobernar no tiene nada que ver con la política, porque la política es
corrupción.
Siempre entendió eso porque sus padres eran apolíticos, y sus
hermanos y demás familiares, y sus profesores y compañeros eran todos
apolíticos.
Y por eso mismo, el joven no sabía que ese punto donde mandó
poner el cartel haciendo cavar pozos para que las columnas que lo sostuvieran
tuvieran cimiento y fueran fuertes y el cartel estuviera bien puesto; no sabía
el joven que ese punto es parte de un circuito, de un círculo que desde hace 40
años recorren cada jueves en ronda las Madres de Plaza de Mayo.
No lo sabía.
Apenas sabe que existen las Madres de Plaza de Mayo. Le caen
un poco bien, porque le suena que tienen que ver con las Abuelas de Plaza de
Mayo, que tienen buena fama en Europa, pero sobre todo le caen mal, porque le
suena que hacen lío.
Bien. El cartel fue removido.
Eso es esperanzador.
Y fue removido porque algunos no se quedaron satisfechos con
su propia indignación, sino que la usaron para actuar.
Sirve menos indignarse con ese joven funcionario que
comprenderlo, porque así es como se decide mejor qué hacer con él.
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