sábado, 8 de diciembre de 2018

Quien vive




Entro solo en la noche.

La vida y la muerte son una.
No muere quien no vive.
Quien vive tiene la semilla de la muerte.
Quien mucho vive, mucho muere.
Quien está lleno de vida, también está lleno de muerte.

Antes de acostarme ella posa su mano, leve y suave, sobre mi hombro. Le agradezco dentro de mí. Apago la computadora, me levanto, nos abrazamos, nos besamos.
No. Ella no está acá.
El día que nos conocimos le pregunté cómo murieron sus padres. Me lo dijo y lo olvidé inmediatamente. Me olvidé del tema, olvidé haberle preguntado.

Entro solo en la noche. Dormiré, pero no dormiré.
Alguien me ha encerrado en aquella habitación.
En aquella habitación veo al hombre que baja solo las escaleras mientras todo el mundo habla fuerte en la fiesta, algunos ríen, todos están de buen humor. Él baja con dificultad.

En aquella habitación la mujer está de espaldas. Me volveré loco si se da vuelta y me mira.

Duermo y despierto en aquella habitación. Otra mujer ha tratado de arrancarse los tubos que entran por su boca. Se ahoga, su cabellera está revuelta.
Ahora ya está quieta.
Fue hace cuatro años.

En aquella habitación llega un bote por el río. Mi padre, en la orilla, se inclina y vomita. Alguien llora muy fuerte.

En aquella habitación las costillas se levantan como los dedos de las dos manos sorprendidas.
Ya bajarán y se tocarán de nuevo.

Todo volverá a ser como antes.
La cama estará vacía.
Habrá silencio.

No habrá habido un bote, un río, algo raro.
Será el día y todo habrá pasado.

Me levantaré y me pondré a trabajar.

Sólo quien vive es tocado por la muerte.


martes, 4 de diciembre de 2018

Cuidar a un enfermo


Tiene sentido que los evangelistas conviertan a quienes enferman visitándolos. 

También tiene sentido que el fascista Bolsonaro haya sido el candidato de iglesias evangélicas,  desde que comparten una cosmovisión y una ética fuertemente conservadora. Su victoria les deberá mucho. 

Cuidar a los enfermos, que también es contemplado por la Iglesia Católica como “obra de misericordia”, parece un punto crítico entre las éticas comunitarias, como la cristiana, y la  individualista, funcional al capitalismo. 
En las sociedades capitalistas la atención a los enfermos se ha ido transformando progresivamente un servicio que produce beneficios económicos, modo que el enfermo como individuo sin red de contención es ocasión y luego necesidad de una industria. Tal industria sólo puede existir sobre la base de la falta de una red de cuidado. 
Las empresas ofrecen servicio de atención a los enfermos para lucrar, mientras las iglesias evangélicas ofrecen el servicio para ganar fieles. 


Diálisis

Mi prima Jóse se puso de novia. Al fin. Por Tinder. A los cuatro días el tipo ya estaba en casa de Jóse. Los chicos lo miraban de reojo. No se acercaban. El tipo no tenía muy buen aspecto. A la semana siguiente Jóse lo estaba acompañando en diálisis.
Dos semanas después Jóse no pudo ir  a una nueva sesión y el tipo se puso a chillar como un conejo.
Aún no hacía un mes que se conocían.

              *.   *.   * 

Claudia y Nati

Claudia
El que pregunta “cómo estás” no está cerca. 
No soporto que me usen para cumplir con no sé quién. 
Prefiero morirme sola. 

Nati
Le pregunté a Claudia: “como estás?“ Y me cortó la cara con una sarta de reproches. “Loca de mierda“, pensé, y desaparecí. Pero algo dentro de mi fue avisándome durante el día que había dolor en la manera en que me rechazó. En el momento, sus palabras me ardieron mucho y no pude escucharlas. Con las horas, comprendí que tenía razón, que no está bueno preguntarle a alguien como está, sólo para sacarse una el asunto de encima. Es mejor pensar en la situación que está viviendo esa persona, o rezar, en silencio, sin decirle nada, antes que ir y arrojarle un “cómo estás”, distante, sin estar verdaderamente dispuesta a escuchar lo que esa persona tenga para decidir, (que puede ser difícil de escuchar, fatigoso, insoportable o doloroso). 
Y lo mejor que puede hacerse es lo que hacen los perros: acompañar. Ponerse al lado, con todo lo que una tiene: el sentimiento, la oreja, la inteligencia, el teléfono celular, amigos, el auto, lo que sea que una tiene. El cuerpo. 
Los perros, en fin, son unos maestros importantes.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Como un perro


¿Qué haríamos si fuéramos realmente libres de las expectativas que hay sobre nosotros?
Sólo libres de eso, no libres de las leyes ni de la necesidad de sobrevivir materialmente.
Si yo tuviera esa libertad, me convertiría en el perro de la persona a la que quiero.
Me gustaría ser tan fiel como un perro, adorarla como un perro, aceptar todo lo que haga como un perro, no exigirle nada, como los perros no exigen, invitarla a jugar como hacen los perros.
Sentarme a su lado cuando trabaja, quererla como saben querer los perros.




sábado, 24 de noviembre de 2018

El barco del almirante Zheng He



El barco grande es el que llevó el almirante Zheng He antes de 1433 hasta las costas de Brasil. Todo el litoral entre el sur de China y el oeste de Africa era un mercado ferviente y multitudinario. La nave del comandante Zheng He era parte de una flota mercante de la dinastía Ming. China no reivindica haber tenido presencia en América antes de Colón. Evita dar una imagen de imperio. El barco pequeño es la maqueta de la carabela Santa María.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Marta


Mi amiga Marta tiene 56 años. En una tregua a su soledad, larga soledad, muy contenta con tener un compañero, le dijo una mañana cuando reposaban en la cama, que el sonido que más amaba ahora era el recuerdo de cuando de niña despertaba con el ruido de los cubiertos que su madre revolvía en un cajón de la cocina, preparando el desayuno. “De chica, era el sonido que más odiaba, quería dormir. Ahora quiero que ese sonido algún día me despierte“, dijo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Santoro

En momentos de perplejidad y empantanamiento son los artistas quienes ofrecen claves, indicios, sospechas que nos permiten intuir o percibir de algún modo qué está sucediendo, hacia dónde va el agua, qué clase de animal hay detrás del espejo. 
Es bastante impactante la sequía que afecta al arte en este momento -justo en este momento. 

Y en ese desierto Daniel Santoro aparece como una voz ineludible.




Unos audífonos

Mi tía Rosita me mandó decir con su hija que me daría los audífonos de su marido que murió hace dos meses. 
Su marido era mi tío Edgardo, hermano de mi mamá, mi padrino y por la positiva y quizás más por la negativa, uno de los hombres más influyentes en mi vida. No nos parecíamos, pero extrañamente teníamos todos los mismos talles y yo me estoy quedando sordo como él cuando tenía mi edad. 
Fui a visitar a mi tía a Maryland. Fuimos al cementerio. Luego me dio los audífonos y también me dio ropa, y una valija en la que traer todo aquello, mi herencia. 
Cuando llegué a mi minúsculo departamento en Buenos Aires, abrí la valija y las cosas de su interior se expandieron. Era obvio que no tendrían lugar. Encaré el placard. No me compro mucha ropa, pero la que me compro es para toda la vida. Cada prenda que tengo tiene una historia, muchas historias: dónde la compré, o quién me la regaló, en qué lugares estuvo, por qué se manchó aquí, quién la arregló, la tenía puesta cuando hice esto o aquello. Cada pantalón, cada zapato, cada campera, cada camisa, incluso las medias y los calzoncillos están cargados de vida, son parte de mi vida. Mi yo está en ellos. En conjunto relatan mi biografía. 
Al borde de cumplir 60 años, elegí algunas de esas prendas para soltarlas, de modo de hacer lugar en el ridículamente microscópico departamento en el que vivo, inútil como he sido para comprar algo mejor. 
Las reemplacé por prendas de la vida de mi padrino. Él solo en la muerte, yo solo en la vida. 
Mi prima me dijo “qué bien que harás lugar en tu ropero” y quise explicarle que no es sólo algo práctico, pero no dije nada, porque me quedo azorado ante la superficialidad con que las personas miran la vida de los demás. 
Hubiera querido decirle que no es un tema de logística, sino de significado, pero eso habría requerido una larga explicación, esto que trato de decir ahora. Nadie tiene ya mucho tiempo para largas explicaciones. 
Ahora miro las camperas de mi tío en el placard. Parecen estar cómodas. Me habría comprado las mismas, si hubiera podido. 
Siento que hablo con mi tío muerto. No me escucha ni me contesta, pero tiene tiempo. 
Yo tendré un día todo el tiempo por delante. Mientras, escribo esto en el mundo de la vida, como los náufragos que somos los escritores, arrojando una botella con un mensaje al mar, esperanzados en que alguien la recogerá y leerá.