miércoles, 11 de mayo de 2022

Algo malentendido

Cuando se cede, ya todo se fue al carajo.

“Alguien tiene que ceder”. Sí, para soportar algo para conseguir algún beneficio.

Eso es miseria.

A la mierda el beneficio.

Es beneficio real si nadie tiene que ceder, si todos están copados con lo que hacen juntos.

Una pareja no tiene que ceder para milonguear.

“Ah, pero ¿y si no se ponen de acuerdo?”

Qué busquen un acuerdo con el que estén felices.

“Ah, ¿y si no lo encuentran?”

Que lo busquen toda la vida.

Entendemos la vida con los demás para el carajo.

Entendemos la democracia, la horizontalidad, la convivencia para la mierda.

 

“Tu libertad termina donde empieza la de los demás”.

¿Qué es la libertad?

¿Una función del individualismo?

La libertad no empieza ni termina, la libertad es cuando todos somos hacemos lo que tenemos ganas.

Cuando todos nos damos baldazos en el carnaval, cuando “se mueve para acá se mueve para allá”, cuando marchamos todos juntos a la Plaza.

 

Los hinchas del pibe

Hay un pibito, en Boca, en la primera de Boca, no en las inferiores, sino que tiene que bancarse la presión bestial de ser titular en la primera, el equipo que juega contra clubes brasileños y eso.

Se llama Zeballos. 

Lo que quiero decir de él es que le gusta tanto, pero tanto, tanto, jugar a la pelota, que todo lo demás le pesa, pero parece que no le afecta lo mucho que disfruta.

Si anda por la calle, anda pateando lo que encuentra, una piedrita, un vasito de plástico. 

Si llega a pasar por una plaza donde están jugando, le agarra la angustia de ganas de que se les vaya la pelota para donde está él.  

Es capaz de jugar un picado con una botella de gaseosa vacía como pelota.

Es ese mismo placer que tiene Messi. Puras ganas de jugar a la pelota.

Purísimas.

Y en los partidos eso se ve. Por eso a veces hace macanas, pero también hace cosas maravillosas.

Y muchos hinchas lo festejan.

Hay hinchas, y especialmente periodistas, que no. Lo putean porque no es profesional, porque boludea, porque pierde la pelota, porque no la pasa cuando lo lógico es pasarla.

Él no les dice que no tienen razón.

Nada más juega,

Y también hay hinchas que comprenden. 

No comprenden con la mente, comprenden como hinchas eso de que le gusta tanto, tanto jugar a la pelota. Y por eso lo quieren. En los partidos lo aplauden mucho.

Esos son los hinchas que hacen el fútbol. 



PS. Después de un partido en Santiago del Estero, un chiquito se metió en la cancha, la seguridad lo paró, Zeballos fue hasta él, el pibe le pidió la camiseta, él le dijo que no, que la camiseta no, pero le regaló los pantalones.


Doña Clara

Tengo un amigo a quien le encantan los tipos que se le parecen.

Le producen una alegría total.

Le encantaba Willy, el de Alf, porque era medio parecido a él.

Es una clase de personas, me parece, las que son felices cuando encuentran a otro que se les parece.

Así es doña Clara, la que vive al lado del Club Versalles.

Cuando paso y está barriendo la vereda, me paro a charlar porque es muy ocurrente y me resulta muy entretenida.

Le tiene miedo a todo.

Se la pasa mirando la televisión porque ahí encuentra de todo para tener miedo. La guerra en Ucrania, la inflación, los perros pitbull, los peronistas que “se vienen por todo”, los incendios en Córdoba, las vacunas, los ladrones, las feministas que “rompen todo cuando hacen las manifestaciones”. La lista es interminable.

Doña Clara le tenía un afecto especial al marido de una sobrina, incluso más que a la sobrina. Y el chiste es que el hombre era muy parecido a ella. 

No estoy sembrando ninguna sospecha al decir que era tan parecido que parecía hijo de ella. Eran parecidos como mi amigo y Willy. El mismo color de pelo, de piel, la misma manera de hablar, y encima, el tipo también le tenía miedo a todo.

Cuando había una reunión familiar y se encontraban doña Clara y él, tenían grandes charlas.

El tema es que el hombre murió el año pasado, de covid. Me contó doña Clara, esta mañana.

— Estuve muy triste por la muerte de González —me dijo—. Era un hombre joven, y estaba perfecto de salud. De un día para el otro se enfermó, a los cuatro días lo internaron y a la semana se murió. Parece mentira. Y yo estuve muy mal por eso. Muy mal. Bajé de peso, hasta tuvieron que internarme.

Doña Clara es muy guapa, pero tiene 88 años. 

Es viuda y tiene una hija, Mabelita, que tiene 60.

Mabelita nunca se casó. Ni se le conoció novio. Toda la vida vivió con su madre. Cada día de su vida estuvo al lado de su madre. Doña Clara la cuidó día y noche hace unos años, cuando Mabelita tuvo cáncer. 

Le pregunté a Doña Clara si se había recuperado de la internación y me respondió:

— Ya estoy bien. Ahora estoy bien. Ya como bien.

Hizo una pausa y concluyó:

— Lo que pasa es que tengo que estar bien. Tengo que estar bien para “la socia”, ¿vio? Si no, ¿quién la cuida?

Comprendí que “la socia” era su hija.

Saludé a Doña Clara, le dije “aliméntese bien, por favor” y seguí mi camino.






martes, 10 de mayo de 2022

El modo fanático

El fanatismo es un modo de relación con algo.


El fanático es fanático de —fanático de una religión, un dogma, un dios, o de una persona, un ídolo, un club, un país, una banda de música, una ideología, una facción política, valores culturales tradicionales.


Podría ser que en este momento se esté diluyendo el objeto del fanatismo para que sólo quede el modo.

Estaría quedando sólo la manera fanática de conducirse. 


El modo fanático es apasionado hasta la violencia, hasta la ferocidad.


El modo fanático es incondicional, no acepta condiciones. 

Se conduce pasando por arriba de todas las condiciones y los límites.

No respeta la ley, los códigos, los acuerdos, la ética.


No considera a los demás.

No respeta las consecuencias que su accionar le causa a los demás.


Lo objetivo, que es el acuerdo entre varios, no le importa, porque no importándole los demás, no le interesan los acuerdos.


Ningún acuerdo.

Inclusive la racionalidad.

Empieza reduciendo el análisis interpretativo para al fin abandonar todo pensamiento crítico. 

La irracionalidad es síntoma cabal del fanático.

Ya sabe, no necesita intercambiar para saber.

Ya tiene la verdad.

Es dogmático, maniqueo.

Para los demás, puede ser disparatado.


Sin respetar límites ni personas, puede hacer cualquier cosa.

El modo fanático, así, es desmedido, desaforado.


El fanático deja de lado su persona que existe en relación con los demás y se deja tomar por algo externo.

Encarna algo exterior a sí y lo hace con frenesí y con obsesión.

Milita aquello que lo ha tomado y a lo que pertenece.

Es ciego, intransigente.

Mata por ello. 


Mata a quienes no comparten su fanatismo.

No sólo no acuerda ni respeta los acuerdos, sino que es intolerante con los demás, los discrimina y los acaba exterminando.




En un país tan civilizado como Suecia hay un movimiento nazi potente.

El nazismo asesinó a seis millones de judíos, más de cinco millones de soviéticos, tres millones de polacos, medio millón de serbios, gitanos, eslovenos. Mató a 15 mil homosexuales. Asesinó a 270 mil discapacitados, por ser discapacitados. 


Sabemos lo que hizo la dictadura cívico militar en Argentina y en América Latina, y eso está siendo reivindicado por personas que tal vez gobiernen el país otra vez desde el año que viene.


Y sin embargo, no son fanáticos de.

Son sólo fanáticos.

Están en modo fanático. 


No surgieron de la brecha. La brecha entre la oligarquía y los aspirantes a oligarcas y el resto de la sociedad ya existía, y existían las dos posiciones.

La novedad es que las posiciones están actuando en modo fanático.

El fanatismo ensancha y profundiza la grieta.


El fanatismo como modo —emitido aquí y allá, como en algunos musulmanes, en varias sociedades africanas, en carteles de la droga en América Latina— ha sido instalado de modo hegemónico por Estados Unidos, el hegemón fanático. 


jueves, 5 de mayo de 2022

Club Social y Deportivo Gervasio Rodríguez

¿Cuál es el deseo del Club Social y Deportivo Gervasio Rodríguez?

Tiene un deseo.


¿Qué hace el club con ese deseo?

Amigos del Club Social y Deportivo Gervasio Rodríguez, no dejen el deseo cajoneado.

No lo olviden.

Trátenlo bien, es su tesoro.


No lo posterguen.

Tráiganlo al lado de ustedes.

Cuélguenselo del cuello como una medalla preciosa que les regaló alguien que quiere mucho al club.


Agarren su deseo, apriétenlo dentro de su mano.

Es la única vida posible que hay en este club.


¿Qué deseamos, chicas, muchachos?


No lo olvidemos.

Pongámoslo adelante en nuestra vida.

¿Qué somos, si no somos el Club Social y Deportivo Gervasio Rodríguez?


No es necesario que nadie abandone su vida, vos Juan seguís con el lava auto, usted Clelia seguirá con el bar de la estación de ómnibus, vos Raúl seguirás con el camión, vos Sole vas a seguir en Tribunales, nadie tiene por qué descuidar lo suyo, pero empecemos a hacer lo necesario para cumplir nuestro deseo.


El primer movimiento que hagamos, ya será empezar a cumplirlo.


Y es muy probable, pero muy probable, que salgamos campeones.


Y si no salimos campeones, habrá valido la pena jugar el campeonato.





sábado, 16 de abril de 2022

Una libertad revolucioonaria


Hoy es el sábado en que Dios en el Mundo está muerto.

Lo crucificaron ayer y resucitará mañana.

Hoy los diablos juegan libres.


Parece ser que antiguamente, unos indios que vivían en lo que después fue Paraguay, Argentina y Bolivia, vivían en permanente circunspección, salvo los tres días que seguían al florecimiento de la algarroba. 

Esos tres días eran de libertad total. 

Vivían con dicha infinita no respetar ninguna regla.

La fiesta empezaba con un brindis de una bebida alcohólica que fabricaban, con lo cual perdían toda inhibición desde los más ancianos hasta los niños.

Cuando llegaron a la zona, “pacificada” por los militares, los misioneros anglicanos prohibieron la fiesta.

Nuestra civilización Occidental, Civilizada y Cristiana, no tiene muchas fiestas de liberación.

La pornografía, Lollapalooza, la droga, el alcohol y otros estupefacientes, el hiperconsumismo y otras instancias parecen farsas de la libertad.

Incluso el arte está casi completamente atrapado por la maquinaria represiva del capitalismo, con su propiedad privada, su lucro y su burocracia.

Sólo en algunas pocas manifestaciones sociales de resistencia asoma la libertad, como se siente cuando se anda por la avenida de Mayo liberada por el feminismo o por una marcha por el 24 de marzo.

Una fiesta del beso, ponele, sería revolucionaria.





martes, 12 de abril de 2022

Infieles

 Fui a una milonga en Beijing.

Era cabal.

Los tangos que pasaban eran buenísimos, los bailarines tenían buena técnica, había una china que sentía el tango en el cuerpo, la sensualidad y el deseo; el instructor era un hombre de Morón que era un Maestro.

"Amamos el tango", me dijo la dueña de la milonga. "Realmente lo amamos. Es algo lejano a nosotros y cuando conseguimos hacer contacto escuchándolo y bailándolo, nos sentimos más completos como humanos".


No les puedo explicar lo ancho que me fui de ahí.

Y eso que no tengo nada que ver con el tango (nunca bailé, ni sé nada de su historia, ni sé mucho de músicos legendarios, ni bandas).

Le que me dio orgullo fue que la música de mi país era LA música adorada por los chinos.


No me hagan contar, por favor, que andando un poco más por China encontré academias de salsa, de flamenco, de rap, de danzas africanas, de merengue y bachata, de danzas indias, de foxtrot, de danzas de los indios hopi y de danza de los inuit del Polo Norte.


Cada una de estas danzas, artes, tradiciones, les resultaba tan apasionante como el tango.


Así son. Infieles.