viernes, 12 de enero de 2024

Tres de Borges.

Borges 1. Lo entrevistan a los 84 años, se da cuenta de que repite algo y dice: “creo que esto se lo dije... Uno comete fácilmente un repeticidio a esta edad”.


Borges 2. Ya ciego, charlando con una amiga sobre sus relojes de arena, se lamenta de que nunca vio una clepsidra.


Borges 3. Alguien le comenta:

— Usted dijo que quedará en la memoria de los hombres.

El niega:

— No, no puede ser que yo haya dicho eso… no….

— Lo dijo —insiste su interlocutora.

— Bueno, si usted lo dice, lo habré dicho. En todo caso habrá sido una expresión de pesimismo.







jueves, 11 de enero de 2024

Me convierto en mersa

Me convierto en mersa considerando que nada hay más mersa que el snobismo de personas como Umberto Eco cuando dicen que las redes sociales “les dan espacio a legiones de idiotas”.

Me convierto en mersa cuando pienso que nada hay más mersa que considerarse superior a otro porque el otro es pobre, grasa, negro. No disfruta del arte, vive en un lugar horrible, es ignorante, tiene costumbres que revelan su vulgaridad, no tiene gustos refinados, no ha viajado, no usa ropa de marca, no habla idiomas, no es culto.


 


No están en mucha mejor posición que yo aquellos que se acercan a los que creen inferiores bien por caridad —con regalos de reyes magos, con guantes y a los cinco minutos huyen—, bien pretendiendo asimilarse —poniéndose de novio con un operario de una fábrica de zapatillas, posando de telúrico, hablar de repente comiéndose las s. 







martes, 9 de enero de 2024

Cuando despierta

 En El príncipe de las tinieblas aparece Satanás.

Había una orden religiosa, cristiana pero heredera de una secta anterior a Cristo, dedicada a velar hasta que apareciera. Era la Hermandad del Sueño.

La llegada es anticipada por una serie de fenómenos que al principio son sólo extraños —demasiadas moscas reunidas en un lugar, los perros comportándose de modo inusual—, pero luego esto avanza y comienzan a alterarse las leyes de la naturaleza.

Esas transformaciones están presentadas de forma un poco burdas, de la manera espectacular que lo requiere Hollywood.

Un director que no fuera norteamericano (y me parece que lo hubo) hubiera insinuado, en vez de exhibir, las alteraciones. Por ejemplo, el público se hubiera sentido confundido, luego mareado y habría sentido náuseas si lo que sucediera es que la relación entre las cosas se alterara. Si los actos no tuvieran consecuencia, o si la conexión entre causas y efectos fuera insensata.


sábado, 6 de enero de 2024

Alimañas

 



Las alimañas rodean a tu familia en la noche.

El círculo se va cerrando contra tu familia.

Empezás a preguntarte quiénes serán los que agarren palos para defender a la familia, ahuyentar las alimañas y tomar control de la situación.

Pero nadie agarra ningún palo.

Todos esperan que sea otro.

Llegará la hora en que deberás agarrarlo vos.


Un lugar



Ángel, estufas, un espejo.

Lo que sucede cuando se hacen experimentos con el tiempo.

miércoles, 3 de enero de 2024

El interior de un sueño

Por un lado está lo que se sueña. Por otro, el relato del sueño.


El sueño es materia desconocida. No existen nombres para sus sustancias, y entonces le ponemos palabras que son prestadas de la vigilia. 

Es como si en Vietnam tuviéramos en la mano un vegetal desconocido, para el que no tenemos nombre, y entonces para referirlo le imponemos el nombre de un vegetal que se le parece; le decimos, por ejemplo, “tomate vietnamita” —o “un tomate”, para diferenciarlo de “el” tomate, que nombra a todos los tomates conocidos.


En algunos sueños somos fácilmente conscientes de este fenómeno, y al contarlo decimos, por caso, “era alguien que yo nunca había visto, pero yo sabía que era mi hermano”. Es decir, suplantamos algo desconocido por algo conocido. Le proyectamos el nombre, el conocimiento que tenemos en nuestro mundo —el mundo de la vigilia, en este caso— a algo que no es de este mundo, y así reprimimos, cegamos su verdad.


Para relatar el sueño procedemos como hacen los exploradores que tienen la misión de informar sobre mundos hechos de criaturas, hombres, una naturaleza extraña.

Para tornar comprensible un mundo exótico o un sueño, es necesario recurrir a comparaciones, inventar relaciones entre sucesos, personas o cosas, que no existen en el sueño, y darles a los elementos del sueño un sentido que no tienen.


A diferencia de otros mundos exóticos que son indiferentes ante nosotros, el sueño exige ser interpretado. 

Se rebela contra el nombre que le ponemos, trata de sacárselo de encima, intenta que lo veamos tal cual es. 

Se ofrece como un cuadro de vívidas claves y demanda que se lo descifre. Pareciera que los elementos del sueño son extraños para que el soñador descubra cuál es la realidad que encierran. 


Borges mencionaba un evangelio apócrifo que daba pistas para inferir que la vida de Jesús había sido tramada con sueños de miembros de una secta. 

La vida de Jesús persiste como un sueño, demostrando que el tipo de enigma que son los sueños tienen una estructura infinita. Se puede descifrar algo de los sueños, pero nunca todo. 

El sueño persiste en su demanda de ser resuelto, como un pozo que nunca puede llenarse.


La iglesia llama a este hecho “misterio”. Lamentablemente, muchas veces con ello desalienta la indagación, en lugar de invitar a la tarea, interminable y fecunda, de meterse en su interior. 

El interior de un sueño.





domingo, 24 de diciembre de 2023

La Navidad de Wang

Wang Zhao llorando en la vereda el 20 de diciembre de 2001 es parte de la liturgia navideña.


Liturgia navideña argentina es:

El aguinaldo, la caja de Navidad.

Los saqueos.

La fiesta de la familia, la alegría de los chicos, la esperanza de Argentina.

La oligarquía que saqueó todo, desde SOMISA, Aerolíneas Argentina, YPF, hasta los ahorros de la gente (y aquí está de nuevo, con los dientes afilados).

El vitel toné, el pan dulce, la sidra, el turrón, la comida “hipercalórica porque seguimos la costumbre del Hemisferio Norte, donde es invierno, una locura”.

La depresión.

Los inmigrantes que construyeron el país con su trabajo y quisieron una vida mejor para sus hijos.

La discusión de política en la mesa.

La Navidad norteamericana, Papá Noel, shopping centers, Coca-Cola, la dicha de consumir.

La negrada, ignorada como humanos por los oligarcas, aborrecida por la pusilánime clase media, castigada por todos, hambrientos en un país que rebalsa comida obscenamente.

Juntarnos, la felicidad de estar juntos, y el agujero de los que faltan.


El chino Wang Zhao vino a la Argentina a progresar. Acá se ganaba en dólares y en esa época en China era difícil salir adelante.

Los parientes lo ayudaron a poner un supermercado en Haedo.

Trabajó desde la madrugada hasta pasada la medianoche, sábados, domingos, feriados, sin vacaciones.

Se quiso hacer amigo de los argentinos. No conocía qué era la Navidad (aún en China no se conoce), pero aprendió que a los argentinos les encanta, y entonces como gesto de amistad, puso un arbolito, lo hizo decorar, con lucecitas.

Pocos años después Argentina le mostró cuán grave pueden ser sus ilusiones. El dólar fácil terminó en estado de sitio, muertos, presidente huyendo y saqueos.

Los clientes que criaban a sus hijos con la leche que le compraban, le saquearon el supermercado para poder comer.

Se le llevaron hasta el arbolito.

Le afanaron la Navidad.




Navidad es quilombo: fiesta y tragedia.


Navidad es quilombo porque es sinceramiento. Un peso no valía un dólar. Hay muertos. Para hacer felices a los niños y a nosotros, nos inventamos una mentira, Papá Noel.


Mi prima Susana, en la mesa navideña, me dijo:

— ¿Por qué me hablás así?

— Así, ¿cómo?

— Como si no fuéramos nosotros. Me careteás.

Era cierto.

Yo quería que fuéramos felices en Navidad. Quería que surgiera entre nosotros la dicha de las navidades de cuando éramos chicos.


No hay más aquella época, pero queda algo nuestro.

Ella me sacó la careta y vio mi cara de siempre.

Somos nosotros.

A lo mejor es poco, eso que somos nosotros. A lo mejor ya no tenemos muchas coincidencias. Su vida no me interesa, la mía no le interesa a ella, pensamos diferente, su ámbito no tiene nada que ver con el mío.

Pero aún así, hay algo. 

Algo de verdad. 


¿Hasta dónde llega eso que nos une?

¿Cuánto podemos confiar uno en el otro?


En Navidad se pueden repasar las relaciones y averiguar con quiénes uno tiene algo de verdad.

Con aquellos con quienes se descubre que se tiene algo, se puede averiguar qué es.

Saber qué tengo con Susana, luego de despejar toda fantasía.

Eso que no puede deshacerse.


Si se llega a descubrir que se tiene algo de verdad con alguien, entonces es posible dar sustancia a eso.

Sólo a eso.