martes, 28 de marzo de 2023

Los demonios llaman a la puerta

La puerta se conmueve con unos golpes que alguien descarga sin piedad.

El interior de la casa se trastorna. El gato, los perros se ponen en guardia. Se hace un silencio que se llena y se sacude con el retumbar de las explosiones contra la madera.

Quien está adentro siente urgencia por abrir, porque el llamado es muy acuciante o porque intuye que está preñado de algo que desea, o porque está ansioso y el llamado lo calmará, o porque siente que su misión en la vida es atender.

Abre la puerta y hay un demonio.

Detrás del demonio hay varios más.

Los deja entrar.

Los demonios hablan, él los escucha y comienza a escribir lo que cuentan.

Deja la puerta abierta, y van entrando más demonios, como se escribir fuera un modo de convocarlos; como si los demonios de allá afuera se dijeran “miren, aquel abrió la puerta, entremos”.

En un momento, el que escribe termina de escribir todos los demonios que entraron. Sin embargo, tiene la sensación de que aún faltan.

Va a la puerta, se asoma y no ve más demonios.

Entra.

Deja la novela de los demonios en algún lugar.

Vuelve a salir, y otra vez, nada.

Deja pasar el tiempo. Cada tanto vuelve a salir y no ve demonios.

Algunos años después sale y ve, en una montaña lejanas, diminutos, tres demonios que caminan lentamente en dirección a su casa .

En ese momento sabe que son los últimos tres.

Ahora sí, podrá terminar su historia.

 

 


lunes, 27 de marzo de 2023

Entre patos

 Algunos argentinos tenemos un mini Pity Álvarez adentro, una dosis de Pity Álvarez en sangre y nos causa, como a un vampiro la sangre, ansias.

Ansias de volcar.

De estrellarnos contra una pared con una moto.

De trenzarnos con la policía.

De tomar hasta caernos.

De pastearnos hasta la aceleración, hasta saber que nos persiguen para matarnos, hasta ver que la persona con la que estamos no es ella, sino es otra.

Ansias de sacarnos en medio de la hinchada, cuando están todos locos.

 

Algunos lo hacemos.

Otros no. Otros somos chimpancés metidos en el criadero de patos, entre patos.

Rechinamos de aburrimiento.

Lupe

Yo no estoy terminada de criar.

Cuando me estaban criando, me escapé y no pudieron civilizarme.

Por eso soy bestial.

Parezco normal, pero en cualquier momento ya no estoy más.

Y por eso tengo más sensibilidad. Me doy cuenta de las cosas. No sé cómo, es el instinto. No me aplanaron la percepción, sé cuando hay un peligro o cuando va a pasar algo que me va a gustar.

Y no me domaron el deseo. Si yo me doy cuenta de que alguien me desea, ya cambia todo. Me cambio de canal, me paso al canal animal, y busco a esa persona, necesito enchufarme con su deseo. Me alzo. No me importa nada más.

*** 

Estas cosas me decía Lupe en la intimidad.

El cisne

Para mí Carlos, el marido de una hermana de mi mamá, es una leyenda.

Creo que es una leyenda porque se murió de una manera trágica, imposible, por su propia temeridad, a los 27 años.

Pero su vida también estuvo llena de eventos extraordinarios. Un día fue con sus amigos a cazar patos, y a él le apareció volando un cisne. Ni él ni ninguno de sus amigos había visto un cisne. Mi mamá me dijo: "todos creíamos que no existían, que sólo estaban en los cuentos". Pero mi tío lo mató y lo trajo a casa para que lo comiéramos. 

Sin embargo, el asombro y el encanto pudieron más y mi padre lo hizo embalsamar.






Kadiköy

 


Por algún motivo, de repente en un lugar de cualquier país, de cualquier ciudad, me ha arrebatado un sentimiento muy fuerte de que pertenezco ahí.

Cada vez que esto sucede, me quedo sumergido en la escena, como si hubiera aparecido en otro planeta.

Es un momento de eternidad.

No hay algo que me haga comprender por qué. No hay detalles, ni eventos, sólo el acontecimiento.

Podría decir que en Kadiköy entré en una pequeña iglesia católica de muchos siglos y me quedé dormido, o que empecé a hablar de fútbol con un verdulero y nos entendimos como si fuéramos de la misma hinchada, o que miré hacia el estrecho cuando bajé del barco y sentí: "llegué".

Pero fue más que todo eso.


viernes, 24 de marzo de 2023

Cómo le llega a los chicos lo que no queremos olvidar

Hoy es 24 de marzo, aniversario del golpe de Estado de 1976.


Camilo tiene 26 años. Sus padres son militantes de izquierda. Camilo ha escuchado toda la vida hablar de la dictadura del 76 y la recuperación de la democracia. Tiene plena consciencia de lo que hicieron durante la dictadura las empresas, Estados Unidos, la Iglesia, los sindicatos, los partidos políticos. 

Camilo es el producto acabado del trabajo que hicieron quienes vivieron la dictadura para que las próximas generaciones no olviden.


Francisco tiene 11 años. Sus abuelos le cuentan de la dictadura y se entusiasma con los tiros, las bombas, la cárcel a los militares y la guerra de Malvinas.


Las personas de mi familia no escuchan nada de lo que les digo sobre la dictadura y no aceptan que la dictadura tenga vigencia hoy. Yo hablo y no me miran y no me escuchan, piensan que ya está, ya pasó, dejemos el pasado atrás, como dijo el turco y como dijo Macri —cuya familia y al cabo él, fueron parte de los beneficiados por la dictadura. 

Estas no son “algunas” personas, sino que es la masa mayoritaria de los argentinos. No quieren que se les diga lo que hicieron las empresas con los militares y Estados Unidos porque tienden a apoyar a lo que fundamentó la dictadura: la violencia, el autoritarismo y los ricos más corruptos. Quieren un mundo de ricos que le chupan la sangre a los demás, aunque ellos sean parte de los explotados.


Intento contarles a los chinos que viven en Argentina por qué es feriado el 24 de marzo. A la mayoría no le interesa. Igual que mi familia, miran para otro lado. No es cosa de ellos —pese a que muchos hace 25, 30, 35 años que están en Argentina, pasando todos los días frente a lugares donde los militares tenían secuestradas personas que torturaban.

 

Mabel es maestra de cuarto grado de una escuela pública. Tiene 48 años. Da el tema del 24 de marzo porque lo ordenan desde la Dirección. No sabe nada de la cantidad de empresas que transfirieron al Estado sus deudas durante la dictadura, ni siquiera entiende el asunto; ni sabe que la importación indiscriminada que hizo la dictadura provocó el cierre de miles de fábricas, grandes y pequeñas. ´


Vi la película “Argentina, 1985” con un grupo de gente de menos de 35 años. Al terminar la película y encenderse las luces, vi que la mayoría había llorado.

¿Había sido la eficacia de la trama, de modo que hubieran llorado igual si la película hubiera tratado de una dictadura de El Salvador?

¿O fue que aunque no tuvieran información de lo que pasó, desde que nacieron algo les fue filtrando?


¿Qué fue lo que les filtró?

El relato de la dictadura se hizo slogan simplificado, con el firme objetivo de que no se olvide lo que pasó y el marginal, endeble, coyuntural objetivo de que se piense qué fue lo que pasó, por qué sucedió la dictadura, por qué la masa de argentinos que fue cómplice y los que la apoyaron activamente sigue con su convicción intacta, incluso envalentonada desde unos años a esta parte.

La repetición sin pensamiento acarrea el riesgo de que el contenido se vacíe, como las latas de sopa de Andy Warhol. 


¿Qué es lo que debe no olvidarse?

¿Cómo se recuerda en una sociedad?

¿Se recuerda o se va retorciendo el sentido de algo caratulado como recuerdo?

¿Qué es necesario hacer para no olvidar?

¿Para qué no olvidar?


¿Han hablado de eso Camilo y sus padres, Francisco y sus abuelos, yo con las personas de mi familia, yo con los chinos, Mabel con sus alumnos, los jóvenes que lloraron con “Argentina 1985”, la misma película “Argentina 1985”, el canal Paka Paka?




Se ha dicho que una característica de las obras clásicas es que se vuelven parte del acervo cultural de una sociedad. 

No es necesario leer el Martín Fierro ni el Quijote, ni ver en el teatro Romeo y Julieta, ni escuchar la sinfonía Heroica para incorporarlas, porque ya son parte de nuestra manera de ver el mundo, nuestra manera de pensar, nuestra manera de sentir.

Disfrutaremos muchísimo al leer, escuchar, ver un clásico, pero sentiremos que su espíritu ya es parte de nuestro fundamento.

Quizás podemos confiar en que esa será la forma en que filtrará hacia las próximas generaciones el momento infernal de la dictadura y admirable de la recuperación de la democracia.

No filtrará por repetir como loros, como propaganda que crea mentes abombadas, sino trabajando lo que queremos que no se olvide tan bien como fueron trabajados los clásicos.

Forjando con voluntad, talento y tesón lo que está en el fondo de nuestro espíritu: el sentimiento de tirarle una onda a otras personas y la fe en que cuando nos juntamos, salen cosas buenas. 



jueves, 23 de marzo de 2023

24 de marzo - Están de regreso

Ya están aquí.

Ya están aquí de nuevo.

No: nunca se fueron.

Son los millones que hicieron silencio durante la dictadura militar.

Los millones que, sabiendo las atrocidades que hacían los militares, miraron para otro lado. Cómplices por omisión. Le dieron un cheque en blanco a los militares con tal de estar tranquilos.

Y están los millones que vivaron a los militares, que festejaron el golpe de Estado, que celebraron que deshicieran a la gente a balazos y que torturaran y robaran bebés.

Millones contentos con la violencia y el autoritarismo.

Esos no fueron pasivos.

 

Todos cerraron el pico, se escondieron en la sombra cuando se conocieron los crímenes de la dictadura que apoyaron y cuando las juntas militares fueron enjuiciadas.

Se escondieron con la cobardía natural de los entusiastas del autoritarismo, esperando el momento de volver a aparecer.

El espacio político del PRO que surgió con el 2001, apuntalado por un radicalismo rebajado a la vileza, le dio cauce político a esa fuerza fascista y mayoritaria.

A los dos Fernández les cabe una montaña de reproches, pero no se les puede reprochar que mantienen en pie lo que los políticos y sindicalistas más combativos levantaron durante la dictadura: la lucha por el estado de derecho.

Puede reprochársele a los Fernández no ir más allá de la democracia formal, pero no que no la defiendan.

 

Sin embargo, hay que ir más allá.

La Argentina que se entusiasma con un gobierno violento y opresor de la sociedad es el mar en el que nadamos.

Estamos en completa desventaja.

¿Y qué?

¿Nos quedamos llorando indignación?

Habrá que resistir más.

Habrá que tener más fe.

Habrá que tener más ambición.

Habrá que soñar más fuerte.

Aunque sea para que nuestros hijos vean que entregarse no es la única opción.