sábado, 16 de octubre de 2010

Festejo de la Virgen de Urkupiña en Buenos Aires, 2010





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A1 / Disfruto mucho de lo que es rotundo, como esta festividad de la Virgen de Urkupiña que se hace cada año en Buenos Aires. Es rotundo porque los bolivianos son rotundos. Suculentos. Y muchos, en Argentina. La fiesta se hace en varios lugares del país. En Buenos Aires desde se hace en el Bajo Flores. No sé por qué se hace en octubre, siendo que el día de la Virgen de Urkupiña es en agosto. Dicen que en un agosto del principio de la colonia la Virgen se le aparecía a una pastorcita. Cuando padres y vecinos fueron a ver la Virgen, ésta se pedió de vista porque subía al cielo. “¿Dónde está?”, preguntaron, y la niña respondió "ork'hopiña, ork'hopiña": ya está en el cerro.

También dicen que la Virgen mandó a la niña llevar piedras a su casa, y al llegar se habían transformado en plata. Como dije, fue durante la época colonial. El Sumaq Urqu, el Cerro Rico de Potosí, era la mayor fuente de riqueza mundial.

Pero la pastorcita y su Virgen ocurrieron en Quillacollo, muy cerca de Cochabamba. Los tres días de festejo que se hace en ese lugar son portentosos, comparables de algún modo con el carnaval, del que toman los trajes, las comparsas, las morenadas, la exultación de comidas y colores, la orgía de muchedumbre. Hablan de diez mil bailarines y medio millón de personas.

En el Bajo Flores los números son más modestos, pero la celebración es la mayor festividad religiosa.


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A2 / Puedo escuchar morenadas como se las toca en estas fiestas: eternamente. Y soy intolerante con la música; si un pibe o una piba ponen cumbia en el celular en el tren o el colectivo, se los hago apagar, pero las morenadas me producen esa cosa extraña que causa la música: el tiempo es indispensable, como en la literatura y al contrario de las artes visuales, pero a la vez hay sólo el presente.

También me gusta que estos músicos se vistan tan a la antigua, casi haciendo el ridículo. En Bolivia, uno de ellos se enojó porque lo fotografié y me corrió. Uno igual a él, en cambio, este año me mostró desde su lugar en el desfile, un CD. Entendí que lo vendía, le dije que sí con la cabeza, corrió, y sin dejar de tocar la gran tuba, por arriba de las cabezas de la gente que cercaba la pista, hicimos la transacción. Ahora tengo morenadas para escuchar para siempre desde un CD.



A3 / Suculento para Bolivia es: una sola pieza. Las cosas son muy definidas. Nadie tiene dudas. Es o no es. Las mujeres, son mujeres…


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A4 / …Y los hombres muy hombres.
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A5 / No recuerdo si lo mencionó Lévi-Strauss: las ferias ofrecen felicidades que nacieron brillantes cuando éramos chicos y aún están vivas. Este hombre está preparando un pote de raspadura de hielo con algún saborizante, ¿cuál sería el impedimiento de comprarse un helado en cualquier momento? El sabor de esta golosina en la feria no es el mismo.


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Llamo la atención sobre un par de detalles: la camiseta de Boca del pibe y de Rosario Central del hombre (en una foto anterior ya había aparecido un pibe con la camiseta de Argentina), y la máquina de raspar. Es del estilo de una máquina de coser y no se usa en el resto del país.



A6 / Las mujeres, muy mujeres; los hombres, muy hombres. Hembra y macho. Y los trajes son magníficos. El asunto comunitario grita en el asunto de los trajes. Para bolivianos y argentinos hay vestuario importante para las fiestas familiares (bautismos, cumpleaños, casamientos), pero los argentinos ya no tenemos una festividad para la que nos preparemos concentrados en la ropa magnífica que usaremos.


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 Ahora bien, estos trajes hechos para celebrar a la Virgen de Urkupiña, no me parece que sean para ser exhibidos a los argentinos. Esta fiesta es de bolivianos para bolivianos. Quizás haya más de cien mil personas en las cinco cuadras abigarradas de baile, puestos de comida y puestos de venta de todo, y entre ellos se ven poquísimos descendientes de europeos, los indudablemente descendientes de europeos que abundan en el resto de la Buenos Aires que en 1910 tenía ocho italianos nativos cada diez habitantes.

Sin embargo, voy a problematizar un poco este detalle. ¿Qué es boliviano? Se podría decir que el origen de muchas personas y costumbres es boliviano, pero todo lo demás es argentino. Es decir, caben términos de la discusión por el ius sanguinis, pertenencia a un lugar por filiación, y el ius soli, pertenencia por nacer en un lugar. Si la celebración tiene origen en Quillacollo pero se hace junto al club San Lorenzo de Almagro, ¿es boliviana o argentina?




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 A7 / Puras mujeres, las bailarinas bailan con altos tacos. Es un rasgo penoso de la fiesta, porque parecen sufrir muchísimo con esos tacos ingobernables, nada ergonométricos y que, por tanto y muy razonablemente, las chicas no usan ningún otro día del año. Pero este día los usan diez horas, y bailando. Son parte del disfraz. Se los padece como se padecen las estructuras de los trajes o el calor agobiante si toca un día caluroso. No hay que olvidar que la celebración de una deidad no puede carecer de un aspecto ritual, y por tanto altamente artificioso.



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A8 / No es sólo desquitarse comiendo las golosinas, sino que haya cantidades infinitas de golosinas.











A9 / Todo es golosina. La comida es fiesta. La gente se zampa los colores extremos, los sabores extremos y la extrema excentricidad de lugares de Bolivia que los argentinos no conocen. Sobre las papas, en brochette, anticucho: corazón de vaca en tiritas.




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A10 / Los jóvenes escandalizan a los mayores. Estas polleritas son un escándalo para las señoras que se cubren como viudas eternas, como afganas, herméticas, pura reserva hosca como son. Estas bombachas a la vista de los borrachos lascivos y los viejos verdes, son signo de sólo una cosa: corrupción. Son el anuncio de la decadencia. Tal vez son la tinellización de la esencia boliviana. Pero, ¿por qué están estas jóvenes bailando aquí? ¿Por qué están hoy en esta fiesta los muchachos que dicen “chabón”, “vieja” y “fiera”, como los argentinos más recalcitrantes? Chicas y chicos escandalosos renegarían de esta fiesta, la ignorarían y andarían por ahí, haciendo lo que hacen sus amigos argentinos. Sin embargo, estos están aquí —ellas con esos tacos imposibles.



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A11 / Habla a Bolivia por menos de 70 centavos. Las cuadras en que se despliega la fiesta arrancan de la villa miseria del Bajo Flores, la Uno-Once-Catorce, le dicen en el gobierno, con alta concentración de inmigrantes bolivianos. Escuché decir que los bolivianos fueron los colonizadores de la villa y que ahora está copada por peruanos que fueron militantes de Sendero Luminoso y aquí se dedican al narcotráfico. También escuché que abundan los talleres de costura clandestino, en los que trabajan familias traídas de Bolivia esclavizadas. Y que desde la devaluación de la moneda argentina hace diez años, la villa funciona como una escala entre Bolivia e Italia.

Pensé que la celebración sería la fiesta de un nosotros, no sólo boliviano, sino más específicamente de la villa miseria, pero muy temprano pude comprobar cuánto me equivocaba: donde tomé el colectivo, a media cuadra de mi casa, muy lejos de la villa, subieron siete bolivianos. Fue gente de toda la ciudad. Luego ví que había comparsas que había llegado de Morón y otros lugares remotos.



A12 / Ser boliviano es resistir. Son resistentes al cambio y son resistentes sus cosas. Como los seres.

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A13 / Tan fantástico como un dragón es un quirquincho de oro macizo.

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A14 / Hace generaciones que algunos venimos enamorándonos del asunto comunitario andino, que no es ni privado ni público, según dicta nuestra estrechísima taxonomía. Allí en el restaurante no habrá mesas individuales, sólo largas mesas en que la gente come junta la comida que le hacen las cocineras que cocinan a la vista.



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A15 / Los ritos sirven para la conexión de realidades separadas en la rutina. Para que esto sea posible, los ritos arman un momento de excepcionalidad, una coyuntura singular, fuera del y opuesta al cotidiano. Ese estado es el que hace rica la raspadura de hielo con granadina. Toda la comida tiene que ser como no es todos los días. Debe ser abundante, debe tener un exceso de sabor.


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A16 / Nadie se pierde de comer en los comedores armados sobre la calle, la vereda, el pasto. Comí una comida tan suculenta (cantidades enormes de cerdo frito, con papas fritas, anticucho, ensalada y otras cosas que le pusieron encima y no sabía qué era) que después andaba caminando con cierta desesperación, como necesitando huir de mí.



A17 / Golosina muy querida: las aguas de frutas, coloreadas con estridencia.

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A18 / Los colores, la fantasía, no importa en qué forma, sirven a la celebración.
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A19 / Hace no muchos años declararon a la Virgen de Urkupiña prenda de integración boliviana. Al estilo andino clásico se agregan otros, entre ellos cierta moda que parece for export. Una comparsa tiene, en lugar de los vientos al final, la música adelante, y no tocada por hombres, sino emitida por un aparato eléctrico. Suenan estrepitosas melodías pop a la vez alegres y románticas. No pareciera, sin embargo, igual que en el caso de los jóvenes, que esta incorporación atente contra la celebración.

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A20 / Los hombres, muy hombres, hacen músicas con enormes cascabeles cosidos a sus botas. Hacen un baile casi guerrero, impresionante, que corta el aire y deja al público semihipnotizado. La danza queda por demás de bien en el adoquinado porteño.


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A21 / Las chicas, muy hembras, con trajes radiantes e impecables. Quizás estrenen cada año.

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A22 / Ser rotundo también es entregarse entero a algo. Posiblemente no haya persona más seria que un boliviano concentrado en lo que se ha puesto a hacer. Por ejemplo, ver pasar la comparsa. Con ese poder de observación, cuando le toque su turno, no necesitará muchas clases teóricas para hacer las cosas a la perfección.

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A23 / Hacer los pasos con sincronización perfecta es sumamente importante, pero los chicos están primero.

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A24 / No sé dónde venden estas telas magníficas. Por alguna razón no las venden en la feria que se arma para esta celebración.

Las matracas tienen la forma del templo de San Ildefonso, donde se hace la celebración en Quillacollo.

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A25 / Siempre que se ven los trajes del carnaval o estas celebraciones, uno se pregunta por la cantidad de gente que trabaja haciendo cada detalle. Todo ese tiempo también es tiempo comunitario y de conexión entre diferentes realidades.



A26 / Un amigo trabaja en una escuela cercana a la villa del Bajo Flores. Escucha cómo hay profesores que se quejan de que sus alumnos bolivianos hablan mal el español. Me ha dicho: “increíble que siendo profesores sean personas tan ignorantes. Esos chicos no sólo hablan el español mejor que ellos, sino que además son bilingües, hablando además una lengua complejísima como el quechua. Los hay, incluso, que comprenden también el aymara”.

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 A27 / En algún amontonamiento alguien me dijo “cuidado con la cámara de fotos”. Sentí que tenía razón, que no tendría defensas si me la manoteaban. Hace un par de años, una amiga que llevé a la fiesta sintió aprehensión y se fue, y este año mi amiga Liz recibió una agresión sumamente incómoda. Ella sostuvo firmemente que podría haberle pasado en cualquier lugar, aunque también dudó si no estaría relacionado con el hermetismo que sintió: “no quieren argentinos”. Yo también sentí esa hosquedad, pero en todo caso no era mayor que el trato amable. Sólo no había esa expansividad seductora, casi siempre un poco hipócrita o al menos mentirosa, que le resulta familiar a otras Buenos Aires. A Liz no le sucedió aquella transformación vergonzante de quien va porque es chic visitar lo pintoresco y luego se horroriza porque está rodeada de negros. Liz está cerca de otra amiga, que en la explicación de por qué no quería ir desplegaba una exhibición de prejuicios patética, pero más tarde en el lugar andaba como una más, incluso se puso a ayudar en una “cocina”.



A28 / Descubrí a la gente de una comparsa, cuando ya todo estaba terminando, en su retirada, que iban bailando, seguían bailando ya sin obligación, sólo porque sí, luego de haber bailado sin parar desde la mañana. Las chicas, eso si, llevaban los zapatos con plataforma y tacos, en la mano.



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Wikipedia postula esta bibliografía:

• Giorgis, Martha, La virgen prestamista: la fiesta de la Virgen de Urkupiña en el boliviano Gran Córdoba, Buenos Aires 2004.

• González, Walter y García, Mérida Wilson, Historia del milagro. Antología de Urqupiña, Cochabamba 2001.

• Glatre, Gwénaël, Orqopiña, Fête et Archéologie de l'Imaginaire en Bolivie, Tesina de Posgrado en Historia, Universidad Rennes II Haute-Bretagne, Rennes, Francia, 2007.

• Pereddo, Rafael, El milagro de Urkupiña, Cochabamba 1979.

• Taboadda Terán Néstor, ed., Urqupiña por siempre, Cochabamba 1999.

• Villarroel T. Arturo, Urqupiña: Folklore y cultura, Cochabamba 1985.

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