viernes, 13 de septiembre de 2019

Día de la Luna


¿Qué le pasa a nuestra sociedad que no tiene un Día de la Luna?
Tenemos varios días de próceres muertos, de matanzas brutales, de gestas asesinas, y no tenemos un día para pensar en la Luna, brindar por ella, contemplarla, cantarle, mirarla, vestirnos para ella, bailarla, celebrarla.

Hoy es el día que los chinos, aproximadamente, le dedican a la Luna.
El día 15 del octavo mes del calendario cuyo ritmo es marcado por Ella.

Me voy a colgar del aproximado festejo de los chinos para guiñarle un ojo a la Luna, recordando un par de historias.

En uno de los cuentos de Las Cosmicómicas, Italo Calvino cuenta que en una época la Luna pasaba muy cerca de la Tierra, tanto que la gente iba en un bote al mar y cuando la Luna estaba cerca, paraba una escalera por la que se subía y al llegar arriba, uno se dejaba atrapar por la gravedad de la Luna.
La gente iba a la Luna a recoger un requesón hecho de crustáceos que la Luna absorbía al pasar cerca del mar.
En la historia, un hombre va a la Luna tras la mujer de la que está enamorado, una mujer hermosa, blanca y ausente, que en el momento de regresar porque la Luna empezaba a alejarse de la Tierra, ella decide quedarse. Él desespera, pero al final vuelve a la Tierra, y ella se queda adonde verdaderamente pertenece.

Rusalka es una sirena que vive en las aguas de un lago rodeado por un bosque. Una noche sale, se sienta en una gran piedra. Allí le canta a la Luna. Le dice que sabe que Ella está alumbrando a su amado, que su luz, entrando por una ventana, le alumbra la cara mientras él duerme. Le pide que haga que él la recuerde.

Esta historia es parecida a un famoso poema de Li Bai:
Ante mi lecho un charco de luz.
¿La escarcha cubre la tierra?
Levanto los ojos y contemplo la luna.
Bajo la cabeza, y pienso en mi hogar.

Christian era un joven que se mudó del pequeño pueblo rural a la gran ciudad, a vivir en un diminuto altillo. Una noche soñó que la ventana daba a un vasto jardín de piedra gris y pastos negros, y que un coro de doncellas mágicas corría cantando una canción. La canción le era irresistible y las doncellas se alejaban. Él no podía soportar el silencio que sobrevendría y se trepó al borde de la ventana. Cuando estaba a punto de saltar al jardín despertó y vió que estaba muy alto, que allí abajo estaba la calle, con los adoquines brillando bajo la Luna.

Alguien escribió esta variante de la historia de Christian:

Me desperté de noche. Silencio absoluto. 6.23 a.m. dice el celular.
Me llama el baño. Ir a mear es automático; lo que me llama es otra cosa.
El baño está iluminado desde la ventana por una luz artificial, como se iluminan los ambientes en un set de cine.
Miro la fuente de la luz y me asusto. Sé que no es un edificio, no puedo sospechar qué es ese foco gigante.
Es la luna, que en el filtro del vidrio de la ventana se agiganta increíblemente.
La luna siempre llama en la noche a algunas personas.


A mí me tocó escribir:

No nací en China.
Nací del otro lado del mundo.
Nací en el lado oscuro de la luna de China.

Mi sangre tuvo nostalgia de su tierra
Y un día me llevó hasta Guangdong.

Junto a un río manso
Vi la luna enorme
Redonda y completa.



miércoles, 11 de septiembre de 2019

También las maestras resisten


El capitalismo está para chuparle la sangre a las masas en Occidente y sus colonias.
La oligarquía está para desaparecer al Pueblo en Argentina.
La educación está para hacer de los chicos unos eunucos, castrándolos de su iniciativa, inspiración, alegría y genio.

Pero está la Resistencia.
Y también entre las Maestras y Maestros, está la Resistencia.
En ellas está el saber de que el aparato educativo gestionado por la oligarquía nacional, cipaya de los centros de poder económico, tiene como fin anular a sus chicos.
Algunas se ponen de pie y hacen algo.
Gracias a ellas.

Gracias a mi prima Alicia Lorenzo, que en 2015 recibía en el comedor de su escuela 60 chicos y hoy recibe 180, y gracias a Sandra Calamaro y Rubén Rodríguez.



martes, 10 de septiembre de 2019

Mientras



Antes hacía las cosas hacia el infinito.
Ahora ya están perdiendo significado y entonces las hago por el tiempo que me queda. 



Todo el amor


Comprobás que ella tiene amor por vos. 

Te engañás pensando que ese es todo el amor que necesitás. 



lunes, 9 de septiembre de 2019

Los dos que se besan


Fernández es un muchacho muy inexistente. Nadie lo percibe. Y no es que tenga algo para decir y no lo dice porque es tímido o corto. No. No tiene nada para decir.
No piensa nada.
No se le ocurre nada.
Se pone la misma ropa que le compraba su mamá cuando vivía con su familia, 20 años atrás.
Va a trabajar y nada más.
No tiene deseos.
Bueno, sí, tiene el deseo de estar con una chica.
Y la historia es que se enamoró de una chica que entra y sale del hospital psiquiátrico.
Y ella se enamoró de él.
Casi no se pueden ver, porque además ella tiene dos hijos.
Pero cada tanto se ven, en una plaza.
Se sientan en un banco y se besan durante horas.









Delirante Silvina


Mi amiga Silvina ha perdido, en su práctica del psicoanálisis, toda chaveta.
No sé si tenía muchas, pero les aseguro que no le queda ninguna.
Hace cualquier cosa, dice cualquier cosa.
Es como una bruja de Castaneda, o el ejemplo más extremo que Lacan no se atrevió a concebir.
Es la persona más impredecible que conozco. Es un peligro y una bendición.
Observándola, tratando de encontrar en el caos en que se ha convertido, un patrón, descubrí que, así como el pibe de The Matrix en un momento ve todo negro con simbolitos verdes luminosos que llueven, así como los perros tienen en la cabeza una realidad olfativa en lugar de visual, Silvina no ve lo que vemos los demás, sino que ve deseos.
No ve en mí si estoy mal vestido, o si bajé de peso, o si tengo por sombrero una tararira que recién pesqué: lo que ve son mis deseos. Los diferentes deseos, qué sistemas forman, cómo se contradicen, qué intensidades tienen, cómo se enredan o entran en guerra con los de otros, cómo están vivos.
Es como si tuviera unos anteojos que le permiten ver deseos como personas, como criaturas.
Al cabo de estar un rato junto a ella, puedo comenzar a ver un poquito como ella.
Asusta un poco, pero es un asunto bastante maravilloso.
Probá.








Escritor

Una escritora, escritor, es alguien que tiene algo para decir y ha escrito algo para decirlo.
Lo que se diga más allá de eso me da mucha vergüenza.