domingo, 15 de agosto de 2021

Digan lo que digan


Estoy de acuerdo con la posición de “el lenguaje es algo que ocurre”.

Entonces, soy pasivo ante el “lenguaje inclusivo” del progresismo de clase media urbana, igual que ante el lenguaje que no sé cómo se llama de los raperos cumbieros, que dicen cosas como “adentro del party, bacaneo, vacileo, pariceo, le perreo con lo' ojo' colora'o, mientra' al otro le mando fuego”.

Quiero decir, no me convence que un sector le imponga un lenguaje, que es su lenguaje, a los demás. 

Después de todo, a fin de cuentas, eso no es otra cosa que autoritarismo.

Arrogarse el derecho de ordenarle a los demás qué deben hacer y cómo deben vivir.

No estoy de acuerdo con la furia asesina del tradicionalismo que llama a matar a quienes dicen “chiques”.

En cambio, confieso que si yo le dijera “perras” a las chicas o si dijera “chiques”, sería profundamente falso. Y mi mejor aporte a la sociedad en la que vivo no es la hipocresía.





Pequeño milagro

Muchos sentimos que la amarga sociedad en la que vivimos, con gente que tiene la vida destrozada y duerme en un cajero automático, con bebés que en este momento lloran de frío adentro de una casilla al lado de las vías del tren, es la cárcel de la que no es posible escapar.

Pero otros nos han demostrado que es posible la revolución.

Incluso es posible que la puerta de la cárcel en la que pasamos resignadamente los días condenados a la rutina, esté abierta.

Me parece conveniente entregarnos a la vida. A la inspiración, a lo que sentimos que toca algo trascendente, a lo que creemos que está bien, a las demás personas, a lo que nos surge y sentimos como auténtico, a lo que intuimos, a razonar, a los sentimientos, a jugar, a andar, a conocer, a animarnos.

Después de todo, si estoy escribiendo esto y vos lo estás leyendo, somos parte del brevísimo instante mágico en que alguien ve una estrella fugaz. Sólo existe una fracción de segundo, para luego desaparecer para siempre.

Ese instante es nuestra vida en la eternidad.

Si estamos vivos, conviene que vivamos, porque somos materia de ese milagro, que está rodeado de una muerte infinita.






jueves, 12 de agosto de 2021

Miradas

Ver una mirada, todas las dimensiones de una mirada, no es sólo una cuestión óptica.

Un ciego puede captar con mucha nitidez una mirada.

Un lector puede ver perfectamente una mirada leyendo las cartas que alguien escribe.


Las miradas se comprenden.

Se distingue una mirada cuando se abarca el alma de una persona.


Las miradas son siempre parte de una relación entre las personas.




Una idea del tema lo dan los sinónimos. 


Mirar puede ser:

ver

observar

ojear

otear

contemplar

atisbar

divisar

vigilar

acechar

avizorar

fisgar

enfocar

También:

look

glimpse

peek

flash

gander

lamp

look

peep

sight

slant

squint

view

focus


lunes, 9 de agosto de 2021

Charla junto al mar

 Fue un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, puedo ver la secuencia entera con perfecta nitidez. Él manejaba en la ruta, le di un mate, cuando lo agarró hizo un movimiento que no debía, el agua caliente del mate se volcó sobre su mano, se sobresaltó, el auto dobló abruptamente hacia la derecha y empezó a dar tumbos.

Yo sentí un horror y sin solución de continuidad, estaba sentado en este banco de troncos al lado del mar.

Al lado mío estaba un muchacho, apacible pero vital. Tenía la piel oscura y los ojos grandes, el pelo y la barba renegridos. Me sacó tema de conversación. Charlamos. En un momento me preguntó:

— ¿Recordás lo que hacías cuando eras chico y estabas solito? Lo que hacías cuando nadie te decía qué tenías que hacer y hacías lo que querías. Lo que te gustaba hacer.

Yo no tenía una respuesta preparada. Pensé un rato. Al fin le dije:

— Tenía ocurrencias.

— ¿Cómo, “ocurrencias”?

— Tenía ideas. Se me ocurría desarmar un juguete, o treparme a un árbol, o preguntarle algo a los grandes, o mirar cómo se persiguen las hojas en el piso cuando sopla el viento en el otoño.

— ¿Hacías las cosas que se te ocurrían?

— Sí.

— Y después, cuando fuiste adulto, el resto de tu vida después de tu infancia, ¿seguiste realizando tus ocurrencias?

— No, tuve que estudiar, trabajar, hacer la vida normal.

— ¿No te hiciste lugar para tus ocurrencias?

— No. He tenido ocurrencias pero no hice lo que se me ocurrió. No podía. Se me ocurría ir a andar a caballo con los mongoles en Mongolia, pero ¿qué iba a hacer?

— Y en tu trabajo, ¿no tenías ocurrencias?

— Siempre estaba todo pautado lo que había que hacer, no había lugar para innovar.

El muchacho hizo silencio. Luego dijo:

— Está difícil, che. Lo que queda es lo que hiciste —o lo que no hiciste.

Me saludó y se fue.

Y aquí estoy, frente al agua, sin tener adónde ir.




miércoles, 4 de agosto de 2021

La única solución

Hay un problema, se lo soluciona.

La vida está hecha de fórmulas simples.


Pero un problema quizás no es un problema.

O quizás no es tanto problema.


Y podría ser que no convenga solucionarlo.

Acaso una vida hecha de correr a solucionar problemas no sea una buena vida, ni una vida útil. A lo mejor es sólo obedecer.


Ni qué decir que los modos de encarar un problema son siempre infinitos.

Lo contrario a “lo único que se puede hacer en este caso” o “la única solución”.


martes, 3 de agosto de 2021

Marcela

Era una salvaje. Era alta y tenía una cabellera que era una parva de crenchas rubias hasta la cintura que debía pesar kilos, y jamás hacía caso, se reía a las carcajadas y era insolente y violenta. Juntos, nos potenciábamos y terminábamos haciendo cualquier cosa. 

Y creo que yo siempre estuve enamorado de ella, pero ella no estaba enamorada de mí. 

Siempre enamorado. 

Aún hoy. 

Cuando teníamos más de 60 años, me pregunté si no sería mejor que hubiésemos estado juntos.

Se lo dije.

— Nah —me respondió—. Somos amigos. Si nos hubiéramos puesto de novios, no habríamos hecho todo lo que hicimos.

Recordé tantas veces que me decía “haceme carpita”, para agacharse a mear en cualquier lugar, y comprendí que tenía razón.

— Melancólico —me dijo.

— Melancólica esta.

— Melancólica, Marcela.

— ¿Qué Marcela? 

— Agachate y conocela, ¡jaaaaaaaaaaa, boludo!







lunes, 2 de agosto de 2021

Puertas

Por muy grossa o capo que seas, no podés saber 

ni percibir

ni inferir

ni intuir

ni percibir 


todas las puertas que 

se abren


cuáles

en qué momento

dónde

hacia qué


cuando tenés el coraje de mover una pieza con el corazón.