domingo, 13 de octubre de 2024

Coyuntura política - Autocrítica

Con todo lo que nos critican los que sienten asco por el peronismo, desde los oligarcas y los sirvientes de los oligarcas hasta la izquierda esclarecida que mira a Europa, no hace falta nuestra autocrítica.

Nos piden que hagamos una autocrítica para tratar de rebajarnos, humillarnos, someternos, “civilizarnos”.

Nos piden que hagamos una autocrítica como modo de insultarnos.


Quienes fueron de los primeros en putear contra el gobierno de Alberto y Cristina —en ocasión de lo que sucedió con Vicentín—, recibieron amonestaciones de algunos compañeros.

Sin embargo, hoy sostienen que el gobierno de Alberto y Cristina fue mucho mejor para toda la sociedad, es decir, para la sociedad que incluye a todos los argentinos, que el gobierno de Macri y que este gobierno de Milei.


No confundan que hagamos autocrítica con que digamos lo que la inquisición gorila quiere que digamos.


Que no "confesemos" lo que quieren que digamos y que en este momento estemos completamente desbaratados no significa que perdamos la lucidez.


Autocrítica, todas las que quieran, pero comernos el asco contra nosotros, nunca.

Y confusión, menos.


Tener razón

 “Tener razón en una discusión es descortés, mezquino y cruel”, dijo el anciano caballero escritor.



La consciencia y el baile

1. Hay cosas que se aprenden para siempre. Nadar. Andar en bicicleta.

La conciencia, en cambio, igual que un músculo, igual que hacer cuentas mentalmente o hablar un idioma, si no se ejercita, se atrofia.

Al contrario, puede desarrollarse, hacerse más aguda, más sabia, más atenta.

Hay sociedades y hay personas para quien es la conciencia no tiene ningún valor. 

Viven toda su vida sin tomar conciencia de nada y pensando que tomar conciencia de algo es perder el tiempo. 

Si quieres ser feliz

Como me dices

No analices

No analices

Tiendo a condenar a esas personas, porque creo que la conciencia es indispensable para conocer, y conocer es indispensable para tomar buenas decisiones, y las buenas decisiones son indispensables para una mejor vida. 

(Eso, además de que tomar conciencia me resulta muy placentero).

Pero quizás hay otras formas de conseguir una mejor vida.

Es importante concebir que hay diversas e insospechadas maneras que tienen los países del Tercer Mundo para algún día llegar a vivir mejor.

Todo ese mundo que en parte ha escapado de la forja violenta y bestial de los hispanos y bárbaros anglosajones, desde los chinos hasta los zulúes, desde los mayas hasta los inuit, tiene sus maneras de ser feliz —que pueden incluir la consciencia o no.






2. No concurro a los bailes.

Si voy a una fiesta y en la fiesta se baila, me da vergüenza bailar, porque quedo muy feo bailando cualquier otra danza que no sea el haka de los rugbiers neozelandeses o la danza de los hombres andinos, en las que se valora la espalda gigante, el cuello ancho como la cabeza, las piernas muy cortas y los movimientos de macho, torpes, tiesos, de guerreros de piedra, que dan golpes tremendos al piso con los pies en cada paso como si pesaran 300 kilos.

De modo que soy de lo que se mantienen en las fiestas a un lado, parado con un vaso en la mano apoyado contra la panza, mirando a los gráciles y alegres bailarines que disfrutan y fluyen con la música.

Esto es lo que pasó anoche. Mientras estaba feliz viendo contento a mi amigo el que cumplía años, me puse observar a los bailarines. 

Algunos bailaban tan mal como yo, y otros bailaban muy bien. Una chica jovencita y un muchacho treintañero, en verdad bailaban de una forma irresistible. No podía dejar de mirárselos. 

Me vino a la conciencia algo que había olvidado hacía mucho tiempo: que una parte de las personas es seducida por otra por la manera en que baila.

Recordé que una persona puede enamorarse de otra por cómo la otra baila.

Y pensé en tantas personas que pasan el día sentados ante una pantalla. Pensé en los chicos que se juntan a jugar juegos en red cada uno con su computadora.

Seguramente deben hacer otras cosas.

Seguramente bailan.

En el próximo cumpleaños en el que se baile, liberaré mi consciencia un rato, la dejaré que se vaya por ahí y haga sus cosas, con Heidegger o con Jesucristo, y me meteré a bailar como un macho andino de 300 kilos.


sábado, 5 de octubre de 2024

Cómo usar un traje

Laurita es tan sagaz que se da cuenta, por la manera que un tipo viste un traje o un saco, si se lo ha puesto para la ocasión o si es su ropa natural. Y si es la ropa que lleva siempre, se da cuenta si lo viste como ropa de trabajo o por la vida que lleva, o por el ámbito al que pertenece o si lo viste porque expresa su personalidad.




En el calendario

 Hago 10, 15 actividades cada día. 

Con ellas escribo una lista en la agenda diaria.

También en la agenda semanal. 

(Soy de esa gente que necesita calendario. El calendario —los calendarios— es un toc. Si no marco en el calendario —los calendarios— lo que tengo que hacer, no lo hago, porque mi memoria sólo registra algunas anécdotas de Jesucristo, algunas jugadas de Zidane y de Riquelme , las voces de mis hijos y algo que leí anoche escrito por Marguerite Duras).

Mis muchas actividades están prolijamente escritas a mano en los calendarios del día y de la semana, pero en cambio, sólo muy pocas son las que asiento en el calendario anual. 

¿Cuáles? Las que me parecen excepcionales. 

Y me parecen excepcionales por singulares. 

De alguna manera, de ellas brota el sentido que alimentan todas las otras.





jueves, 3 de octubre de 2024

La corvina tan grande

Lo quiero matar a Hernán cada vez que veo que encarna la voz de su padre y despotrica porque su mujer es “una loca”, está seguro de que lo va a cagar, “todas las minas son iguales”, fuma porro, “hace lo que quiere”. 

Lo quiero matar. Luego me viene a la cabeza la imagen de Hernán de cinco años abrazado a su papá, mi hermano Mauricio, con todas sus fuerzas porque lo quiere tanto tanto tanto que a nada quiere más en el mundo y Mauricio también, lo quiere a Hernán más que a su mujer, más que a sus hermanos y sus padres. Mauri pescó una corvina enorme y Hernán está loco de alegría y de orgullo, y Mauricio se ríe y las lágrimas le nublan la vista. 





martes, 1 de octubre de 2024

La viuda de Berman

 Hay muchas novelas de Kurt Vonnegut que son la mejor novela de Kurt Vonnegut.

Por ejemplo, Barbazul.




Rabo Rabekian es un armenio que el genocidio de los turcos arrojó a Estados Unidos —como a tantos otros, a Estados Unidos y a Argentina.

Se hizo pintor, tuvo mucho éxito como neoexpresionista, pero nunca perdió el sufrimiento por lo que le pasó a su gente.

Un día conoció en la playa a una viuda, Circe Berman, quien como judía también provenía de una tragedia.

A modo de saludo, ella le ordenó:

— Contame cómo murieron tus padres.


Brutalidad.

Me alivia tanto, tanto.