Para quien más amamos reservamos nuestros peores demonios.
Cuando era chico un perro le mordió una mano y le quedaron cicatrices muy visibles.
Siempre se ha mirado la mano y las cicatrices le han dicho algo de él.
Está determinado por esas cicatrices.
Antes, está determinado a estar determinado para siempre por esas cicatrices.
“Señas particulares”.
Podría cuestionar esa determinación para siempre.
Las cicatrices no se borrarán, pero no tienen por qué determinarlo de la misma forma toda la vida.
Algo ha dejado en él una cicatriz de intensidad y presión.
Presiona intensamente a otras personas.
No deja desear.
No da lugar a que lo extrañen.
No deja espacio personal.
No deja a otras personas vivir sus vidas en intimidad, se mete en todo.
No las deja pensar.
No las deja mirarse en el espejo.
No las deja desear a otras personas —lo que es indispensable para que puedan elegir estar con él.
Las secuestra.
Las ahoga.
Ojalá que, por su bien, esto no sea una determinación para siempre.

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