Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de marzo de 2026

Una pavada

Hace muchos años estuve en una entrevista abierta que le hicieron a la escritora de novelas Nené Cascallar, tal vez en la Feria del Libro.

Los artistas, los políticos, los pubilicistas, de diferentes modos captan algo que hay en el alma masiva de la gente, del Pueblo. Nené Cascallar se lució aquel día poniendo en palabras hebras del sentido común de su público.

Dijo, por ejemplo, que a los varones les cuesta mucho estar con las mujeres. Forzados a estar juntos mucho tiempo en una misma casa porque se casaron, el varón se aburre de la mujer y ya se quiere ir a ver la televisión o a dormir. 

— Porque ¿qué quieren los varones? —preguntaba—. Quieren estar con otros varones. Quieren ir a jugar al fútbol, a hablar de negocios, todas esas cosas que hacen entre ellos.

Podía ser una verdad muy parcial o caprichosa, pero era una verdad.

En otra parte de la charla habló de la infidelidad. Dijo que la infidelidad es tener intimidad con otra persona. Una chica que le cocina a un amigo, un hombre que le cuenta a su mamá lo que no le cuenta a su esposa. 

— No hace falta mucho. Nada de grandes traiciones, sexo, aventuras de película, pasiones. Alcanza con pequeñas cositas, un regalito que uno le hizo al otro y lo conserva en un lugar muy propio, algo que vivieron juntos, una pavada, pero que dejan al mundo afuera. La intimidad. Y además es muy solapada. Se puede hacer sin que nadie lo note y no es necesario confesarlo, porque es una pavada.

Nené Cascallar fue la autora de “El amor tiene cara de mujer”, que estuvo ocho años en el aire. Era sobre mujeres que trabajaban en un instituto de belleza. Estaban Bárbara Mujica, Iris Láinez, Delfy de Ortega, Claudia Lapacó, y trabajaron Rodolfo Bebán, Arnaldo André, Norma Aleandro, Evangelina Salazar y otros.





martes, 10 de marzo de 2026

La verdad y listo

 Ayer escuché a un tipo decir: “me tienen podrido, voy a decir la verdad y listo”.

Pensé que sería una buena consigna para un taller literario.

“Escribir en dos páginas qué sucedió para que el tipo dijera esa frase”.


El momento de la honestidad.

El sincericidio.


Me vienen a la cabeza diálogos que escuché.


— Deberías saberlo. Simplemente no creo que esto vaya a funcionar como vos creés… No soy alguien que vaya a quererte como vos querés que te quieran.

— ¿Querés que sigamos juntos o no?

— Para siempre, no.


— Sentí repulsión cuando me tocaste.

— Sos una consentida.

— O sea, la idea de coger con vos me da ganas de arrancarme la piel. 

— Nunca vas a ser feliz... Vas a creer que encontraste a un hombre mejor pero te vas a rebelar contra él porque vas a decir que necesitás ser vos, pero no querés ser vos, nada más querés quejarte por no ser alguien.

— ¿La querés?

— No, pero ella no me odia. Dejaste de tener sexo conmigo… nunca te engañé.

— ¡¿Esto no fue engañarme?!

— La vida con vos es triste.


— ¿Tuvieron sexo?

— Sí.

— ¿Cuántas veces?

— No lo sé.


— Creo que nunca te quise como necesitabas ser querida.

— Somos analfabetos emocionalmente.


— Soy su amante. Lo amo. Soy su enemiga, y no te soporto.


— Sos un buen tipo... pero no existís.


—Si querés amor, el amor es esto que tenemos. Esto es la vida real. No una novela.







viernes, 13 de febrero de 2026

La canción de los viejos amantes, de Jacques Brel

Claro que tuvimos tormentas,

veinte años de amor es un amor loco.

Mil veces agarraste tus valijas,

mil veces yo me fui.

Y cada mueble recuerda

en esta habitación sin cuna

los estallidos de viejas tormentas…

Ya nada se parecía a nada.


Pero mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


Yo conozco todos tus hechizos,

vos conocés todas mis seducciones.

Te quedaste conmigo de trampa en trampa,

yo te perdí de vez en cuando.

Claro que tuviste amantes,

claro que yo tuve amigas,

pero tuvimos a menudo la experiencia

del agua que vuelve a brotar.


Mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


Y cuanto más el tiempo nos corteja,

más nos atormenta,

¿no será acaso la peor trampa

que dos amantes vivan en paz?

Claro que un poco más tarde llorás,

un poco después yo me desgarro.

Protegemos menos nuestros misterios,

dejamos menos cosas al azar.

Desconfiamos del curso del agua,

pero sigue siendo la guerra tierna.


Mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


*    *    *

 Bien sûr, nous eûmes des orages

Vingt ans d'amour, c'est l'amour fol

Mille fois tu pris ton bagage

Mille fois je pris mon envol

Et chaque meuble se souvient

Dans cette chambre sans berceau

Des éclats des vieilles tempêtes

Plus rien ne ressemblait à rien

Tu avais perdu le goût de l'eau

Et moi celui de la conquête

Mais mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore tu sais

Je t'aime

Moi, je sais tous tes sortilèges

Tu sais tous mes envoûtements

Tu m'as gardé de pièges en pièges

Je t'ai perdue de temps en temps

Bien sûr tu pris quelques amants

Il fallait bien passer le temps

Il faut bien que le corps exulte

Finalement, finalement

Il nous fallut bien du talent

Pour être vieux sans être adultes

Oh, mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore, tu sais

Je t'aime

Et plus le temps nous fait cortège

Et plus le temps nous fait tourment

Mais n'est-ce pas le pire piège

Que vivre en paix pour des amants

Bien sûr tu pleures un peu moins tôt

Je me déchire un peu plus tard

Nous protégeons moins nos mystères

On laisse moins faire le hasard

On se méfie du fil de l'eau

Mais c'est toujours la tendre guerre

Oh, mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore tu sais

Je t'aime


martes, 20 de enero de 2026

Una determinación para siempre

Para quien más amamos reservamos nuestros peores demonios.


Cuando era chico un perro le mordió una mano y le quedaron cicatrices muy visibles.

Siempre se ha mirado la mano y las cicatrices le han dicho algo de él.

Está determinado por esas cicatrices.

Antes, está determinado a estar determinado para siempre por esas cicatrices.

“Señas particulares”.

Podría cuestionar esa determinación para siempre.

Las cicatrices no se borrarán, pero no tienen por qué determinarlo de la misma forma toda la vida.


Algo ha dejado en él una cicatriz de intensidad y presión.

Presiona intensamente a otras personas.

No deja desear.

No da lugar a que lo extrañen.

No deja espacio personal.

No deja a otras personas vivir sus vidas en intimidad, se mete en todo.

No las deja pensar.

No las deja mirarse en el espejo.

No las deja desear a otras personas —lo que es indispensable para que puedan elegir estar con él.

Las secuestra.

Las ahoga.


Ojalá que, por su bien, esto no sea una determinación para siempre.






jueves, 4 de diciembre de 2025

Un analista digno

La primera vez que aquel viejo analista me causó un respeto muy grande, fue cuando descubrí su deseo, que parecía personal, más allá de profesional, de que yo estuviera bien. 

Curado. 

Sano. 

Liberado de bichos. 

Liberado de arenas movedizas. 

Sentí en sus ganas una intensidad que expresó bien el término que conocí después, furor curandis.


Luego tuvo una segunda conducta que aumentó aún más mi respeto. 

Me di cuenta de que atendía a mi bienestar, pero parecía sentirse muchísimo más comprometido a que vivieran bien mis hijos. 

Se saltaba todos los protocolos, reglas, ritos y tabúes del psicoanálisis para forzarme que hiciera tal o cual cosa en favor de mis hijos. 


También noté que no sólo estaba enfocado en mis hijos, sino en todas las personas que me importaban. 


Me pareció que su estrategia o furor o las dos cosas era de una sabiduría brillante y una dignidad muy hermosa.






martes, 11 de noviembre de 2025

Receta para preparar una pareja

De la misma manera en que no le hallo sentido a viajar por viajar, no me gusta hacer pareja con alguien sólo por hacer pareja, por estar enamorados o por romanticismo.

De la misma manera en que los lugares se me hacen carne de mí cuando dejo mi cuerpo y mi alma en lo que hago allí, una relación con una persona me hace quien soy, cuatro baldes de agua y un paquete de sales y un pequeño Dios de vida, cuando hacemos algo juntos que justifica nuestras vidas. 

Habremos sido pareja en la aventura, sin darnos cuenta.

Luego está el modo chino: casarse con la persona más conveniente, sabiendo que esa unión vacía propiciará una vida llena de dicha, porque lo vacío atrae la plenitud.

Hace unos años tuve un encuentro con Shen Hong, una parienta mía. Trataron de explicarme qué tipo de relación genealógica había entre nosotros, que incluso tenía un nombre, pero era un intríngulis matemático que llevaba demasiado tiempo comprender.

Era una viuda de menos de 40 años. Era hermosa. El marido de su hermana fue el encargado de la familia de empujarnos uno hacia el otro para que formáramos una pareja.

Yo me entregué lo que se puede entregar un marinero a quien su barco lo espera en el mar, y Shen Hong resultó ser tan fascinante que consiguió hacer que me olvidara del barco. Me enamoré perdidamente. Era una chica que estaba siempre alegre y tranquila, que era más feliz que yo dándomelo todo, que no me traía el mínimo problema; era sagaz y todo le causaba gracia y era sensible, y estaba asombrada por mi vida, y quería saber más y más de mí, y lloraba con mis historias y estaba enamorada de mi cuerpo. Entregaba su vida a la relación conmigo, sin miramientos, sin guardarse nada, desnuda como llegó al mundo, poniendo en nosotros todo su pasado y todo su futuro.

Pero un día sucedió algo. Una tarde cualquiera escuché un ruido insoportablemente repugnante cerca de mí. Estábamos en una reunión de nuestra familia china, en un salón no muy grande. Observé que nadie le prestó atención al ruido. Me di vuelta para ver de dónde venía y era mi prometida, que estaba amasando un gargajo desde el fondo de su pecho, con la boca abierta y haciendo un gesto increíblemente inmundo con toda su cara. Largamente hizo eso, sin decoro, abiertamente, sin sentir la mínima vergüenza. Al fin, apenas inclinada sobre un tacho de basura, largó lentamente una larga escupida, viscosa, verde, glaseada. Escuché cuando pegó contra algo que había dentro del tacho.

Quizás lo que me sucedió era que escuchaba la sirena del barco llamándome a bordo, pero en esa escupida se concentró todo lo que esa chica tenía de extraño indigerible para mí. ¿Cómo podía estar toda la vida con alguien que hacía naturalmente algo así?

Sin embargo, mi padre chino y mi madre argentina construyeron una buena y larga vida juntos.

En fin, creo que no hay recetas para ningún asunto humano, por más que algunas fórmulas hagan sonar cascabeles y resulten irresistibles.





jueves, 30 de octubre de 2025

Nancy

 Este es mi recuerdo de Nancy.

Nancy era tan buena que asustaba. 

Daba todo lo que tenía, te cubría con su amor, te quería más de lo que vos podías quererla, más de lo que merecías; te quedabas siempre asombrado de cuánto quería, porque era inconcebible que una persona quisiera tanto.

Tenías razón en asustarte.

Más aún porque si la lastimabas —porque además era hipersensible y la mínima cosa la lastimaba—; si la lastimabas cometías un pecado.

Un pecado, una puñalada a la inocencia y a Dios.

Era un pecado porque no se le puede hacer mal a alguien que te da todo de corazón, sin esperar nada, porque necesita darlo, porque llora de felicidad cuando te ve feliz.



miércoles, 22 de octubre de 2025

¡Adéntro!

No sé a quién no le gusta la gente muy odiosa.

A alguien demasiado bueno, quizás.

Mi tía Tita tenía un odio atroz. 

Siempre iba más allá de lo imposible. Siempre dejaba a todo el mundo asombrado con su odio. 

¿Cómo podía ser que nos asombrara, si todos la conocíamos desde que nacimos, y toda la vida había sido igual?

Odiaba la Zamba de mi esperanza porque era demasiado simple. 

“Para boludos”, decía.

Algunos reventaban. La querían matar. 

A ella no le importaba.

No gozaba, tampoco. Pero no le importaba. 

Dijo eso de la Zamba de mi esperanza cuando yo era un chico, quizás tenía ocho o nueve años. 

En esa época había un programa de televisión, muy famoso, de preguntas y respuestas, que se llamaba Odol Pregunta.

Odol una marca de dentífrico. El nombre del programa no era pasible de ser denunciado de publicidad subliminal, digamos.

Una vez concursó un chico que tenía no más que dos años más que yo, y era un genio increíble. Todos lo decían. Estaba vestido de saco y corbata. El conductor ya no tenía más maneras de decir que el chico era el Orgullo Nacional, la Demostración de Cuán Lejos podemos Llegar los Argentinos, la Prueba de que el Estudio hace Enormes a las Personas, un Prodigio, Fruto de la Educación, la Inteligencia y el Trabajo, etcétera. El nene respondía sobre mitología o algo así. De grande se hizo místico por televisión. Asombroso, también, adónde van a parar. algunos niños genios.



Una noche se presentó como concursante un señor de aspecto muy sencillo. No encajaba en el programa. Parecía un técnico que arreglaba electrodomésticos o el cobrador de un club. No era viejo, pero casi. Y estaba muy nervioso.

El conductor, que tenía una gran presencia y ampulosidad, lo trató con demasiado respeto, cosa que al hombre parecía ponerlo más nervioso. Cada vez que decía su nombre, José Martínez, creo, lo leía en un papelito que tenía en la mano. No lo recordaba.

Hizo una introducción en la que anunció que —leyó— José Martínez, respondería sobre folclore de Argentina. 

Como si el hombre fuera estúpido, el conductor explicó lenta y largamente, que todos escucharíamos un tema musical y el señor —leyó—, nos diría el título de la obra y su autor. Lo dijo dos veces, como si al señor, además de ser estúpido, lo hubiera atropellado un caballo cuando estaba por entrar al canal de televisión.

Se hace un silencio y al fin ¿qué tema suena? 

La Zamba de mi esperanza.

El locutor mira fijo al hombre, esperando lo que el sentido común espera: que inmediatamente responda bien. 

Siempre la primera pregunta es un trámite.

Hasta yo sabía el nombre. 

Pero el hombre, con una cara un poco rara, se queda mirando al conductor.

En silencio.

El conductor lo mira.

Silencio.

El tipo mira al conductor.

Silencio.

Se miran.

Tensión.

Tensión.

El conductor le hace un gesto con los ojos. 

El tipo pone una cara todavía más rara. 

Tensión.

Tensión insoportable.

Pasa la Zamba de mi esperanza para boludos, y el tipo, una estatua.

El conductor le repite a —lee— la consigna.

José Martínez, cada vez más tieso.

Entonces el conductor se ofusca, le pregunta qué le pasa, le dice, para que escuchen los televidentes, que él fue seleccionado entre muchos aspirantes, que le tomaron una prueba para permitirle participar, que en esa prueba él sabía el nombre de una gran cantidad de temas folclóricos.

— Y esta zamba —lee— es la que todos los argentinos conocen…

El tipo cada vez peor.

Pienso que se va a morir ahí, en la televisión. Se va a caer al piso, muerto de vergüenza y de humillación.

Salgo corriendo, me tiro en mi cama y hundo la cara en la almohada para llorar.

Al rato viene mi tía Tita, a preguntarme qué me pasa. 

Le digo que no sé y se queda conmigo, rascándome la cabeza.



domingo, 15 de diciembre de 2024

Amigos



 Antes la gente le ponía al hijo de nombre Rubén Darío, así nomás, como si Rubén Darío hubiese sido un cantante de la música tropical, o un corredor de autos exitoso. Y no era uno, eran muchos Rubenes Daríos. En mi división había tres. Con uno, con el Gordo Rubén Darío, quedamos amigos. Un día me vino con la queja de que yo había salido con la Flaca Silvia.

— ¿Pero cuál es el problema, Gordo? ¿Te gusta, la Flaca? Nunca me dijiste nada, boludo.

— Lo que pasa es que sale con todos mis amigos, y conmigo no.

— ¿En serio?

— Y, como vos. Ahora anda con Rubén Darío.

— Sí, Rubén Darío Cejas. ¿Y vos le tiraste onda, le dijiste?

— Lo que pasa es que somos amigos.

— Los amigos también a veces se pueden poner de novios.

— No, no. No queremos perder nuestra amistad.

— Y bueno, entonces no te quejés.

— Pero ¿con todos mis amigos tiene que salir?

— No sé, no la volví a ver mucho.

— Es así. Amigo mío que conoce, se pone de novia.

— Sos como su proveedor de novios.

— Me da bronca.

— ¿Por qué?

— Nunca nada conmigo, nada, ni una teta, ni un piquito.

— Una amiga es un amigo con tetas, Gordo.

— ¿Y no me dijiste que a veces los amigos se pueden poner de novios?

— Sí, cierto. Y, tirale onda.

— No, no, me va a sacar cagando. La puta madre.

— Mirá si está esperando.

— No, no queremos ser amigos siempre.

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

Suecia

 En el primer año de la facultad le dije a una amiga que nació en Argentina pero se crió en Suecia porque la dictadura, que yo quería vivir en Suecia porque los entiendo y me identifico con algo de ellos como no me sucede con ninguna otra gente.

Mi amiga se burló de mí.

— ¿Y qué sabés de Suecia, las películas de Bergman? —me dijo, y yo:
— Sí.

— ¿Qué más?

— Nada más.

— ¡Ja! Qué tarado.

Hoy le hubiera dicho que no debía subestimar mi perceptividad, pero en ese momento no podía articular ese pensamiento. Sin embargo, me quedé con que yo tenía razón porque no creo que se puede conocer mejor a una gente que a través de lo que hace un tipo como Bergman.

Aún pienso lo mismo.

Y aún estoy enamorado de esa chica.

Ojalá lea esto (aunque no creo que me recuerde, ni que esté en facebook, ni que recuerde aquella conversación, e incluso no estoy seguro de que aquella conversación realmente haya sucedido).

Pero quise vivir en Suecia.

Quiero.

No quiero ser eterno, pero quiero que mi alma sea eterna y que reencarne por lo menos hasta vivir las vidas que me habrán faltado vivir cuando muera como Gustavo, y que una vez reencarnada, recuerde todo lo que deseo en esta vida, mejor de lo que recuerdo ahora, que me olvido tantas cosas.





viernes, 18 de octubre de 2024

Posiciones

¿Viste cuando se dicen “cambiemos de posición”?

Bueno, así toda la relación

Con el tiempo

“Mejor así”

“Ahora así”

Y dale que va

sábado, 14 de abril de 2018

Lo que Dios ató que el hombre no lo desate



Despertó tarde. La luz y el aire del día estaban plenos y entraban por la ventana sin moderación. Alfredo sintió que le perduraba el estado de la noche anterior. Se había dormido sin consciencia casi, con la cabeza hecha una esponja maciza, sin alma. Efecto de la droga que habían tomado. No era nada diferente a lo que le sucedía siempre, pero esta vez aún sentía los efectos luego de haber dormido. Tuvo un instante de lucidez para darse cuenta de eso y apenas amagó con alarmarse volvió a hundirse en el sopor de la nada.
Así anduvo, a los tumbos, abombado, hasta que una eternidad más tarde, casi imperceptblemente empezaron  a emerger, desde el fondo, como burbujones grandes y lentos desde el lecho del agua, algunos amagues de pensamientos. Pensamientos sin borde, difusos, sin estructura. No podía atraparlos, apenas le traspasaban la mente como posibles sombras.
Sin embargo, creyó reconocer con claridad que en algún momento aquella chica Lucía y él se abrazaron con entrega. Se habían abrazado sin mesura. Habían caído uno al otro, sin control. Podían estar haciéndose mal, pero no podían evitarlo, porque estaban inertes. Los huesos de los pómulos se apoyaban unos contra otros torturando la carne y se besaron con las bocas metidas una dentro de la otra, una sola carne mojada que no se buscaba porque ya se había encontrado.
Eso que pasó, ese abrazo, hizo de ellos una sola cosa. Los fundió en una cosa que vino de otra realidad y era más que ellos. No vino a instalarse en esta realidad —Alfredo sentía que ese recuerdo podía borrársele en cualquier momento y ya nunca sabría qué sucedió — pero tendría efectos a través de ellos. Ellos no tendrían poder sobre lo que sucedió, y aquel recuerdo o fantasía, o sueño, brotaría y rebrotaría hasta que murieran. No habría nada entre ellos, como no lo había habido y como no lo podría haber jamás, porque no se interesaban uno en el otro, ni tenían algo en común; nunca habría nada entre ellos, salvo ese abrazo. Pero ese abrazo, sobre el que no tenían ningún poder, era lo que cada uno de ellos tenía de diferente en su vida, y era lo que les daría significado a sus vidas.





viernes, 16 de marzo de 2018

Dos de diez



— Estoy un poquitín enamorada de vos.
Sergio observó el silencio que se le hizo en su interior como se expande la oscuridad del atardecer maduro en un jardín vacío.
— Ay, Adri, debí verlo venir.
— Podrías haberlo visto venir.
— Me apuntás con una pistola.
— ¿Es para tanto?
— Me responsabilizo mucho. Te voy a decir que no y siento que te estoy por dar una bofetada injusta. Me venís con algo hermoso y lo escupo.
— Sos tan dramático. ¿Me vas a decir no a qué?
— A que tengamos algo.
— ¿Te propuse que tengamos algo?
— Y…
— ¿Y qué?
— ¿No se supone que debo responderte?
— Bien. Mirá, respeto tus esquemas, pero quizás no sean los míos en este momento. No te dije que estaba un poquitín enamorada de vos para proponerte que seamos novios. ¿Te saca eso un peso de encima?
— Sí.
— Claro que eso no es agradable para mí. A nadie le gusta no sentirse correspondida, pero no te estoy proponiendo ser novios. Nada más te estoy diciendo que estoy un poquitín enamorada de vos. Encima te digo un poquitín; no te cuesta agrandarte a vos, ¿no?
— Ja.
— Dale, boludo. ¿No es lindo que te digan eso?
— Sí.
— Vas a andar por ahí, con esa pluma en la frente, una pluma que dice “alguien está un poquitín enamorada de mí”.
— Ja.
— Qué bobo sos.
Adriana lo mira con ternura y sonríe.
— ¿O qué vas a hacer con esto? ¿Se lo vas a contar a los muchachos?
— Na.
— ¿Qué vas a hacer?
— No sé. Esto cambia las cosas entre nosotros. No sé.
— Claro que cambia. ¿No te harta que las relaciones sean siempre iguales?
— Nos conocemos de toda la vida.
— Sí, y a lo que ya somos, que nadie nos lo va a quitar, le vamos a agregar esto.
Los dos se quedan en silencio.
— Y vos, ¿no estásun poquitín enamorado de mí?
— No sé.
— ¿Nada, nada, nada?
— No sé.
— No calcules, idiota. Estás calculando “si le digo que sí va a querer que seamos novios”. ¡Cortala con el miedo! Qué cagones son los varoncitos. Escuchame: no quiero ponerme de novia con vos. Ni con vos ni con nadie, pero menos con vos. Y si tuviera ganas, esta cobardía tuya me la bajaría mal. ¿Está? Te estoy preguntando con libertad.
— En un sentido uno está enamorado de los amigos.
— Eso digo. Eso es lo que te estoy diciendo desde el principio.
— Ah.
— ¿Los habías pensado antes?
— No.
— ¿Cuánto estás enamorado de mí?
— Dos corazones.
— Já. ¿Dos de cuántos?
— Dos de diez.
— Bien. Yo también. Dos de diez. No es un gran número, ¿no? No alcanza para mucho.
— Alcanza para lo que tenemos.
— Sí, pero ahora lo dijimos.
— ¿Nos acostamos?
— Ni en pedo. ¡Já!









martes, 13 de febrero de 2018

Así es el Cielo



La persona con la que estaba hablando le preguntó algo.
¿Estaba hablando con un hombre o una mujer?
Esto es igual que un sueño, pensó. Uno sabe que está con alguien, a veces claramente identifica quién es, a veces no sabe nada de esa persona.
— ¿Por qué? —oía que le estaba preguntando.
 ¿Por qué, qué?, pensó.
— ¿Por qué pusiste tu corazón en todo lo que hiciste, Roxana?
— ¿No era lo que se supone que debía hacer? ¿No pedía Jesús que amáramos, y que le dejáramos a Dios lo demás?
— No fuiste prudente.
— ¿Debía serlo? ¿Cómo se entrega uno al amor, con prudencia?
— Las consecuencias fueron muy malas, a veces.
— Eso es lo que decidió Dios, ¿o no?
— ¿No tiraste sobre los hombros de Dios aquello de lo que debías responsabilizarte vos?
— Cada vez que me arrojé sabía que nos arrojábamos juntos.
— ¿Quiénes?
— Dios y yo.
— Nunca pensaste mucho en Dios, y ahora hablás como si hubieses sido una mística perfecta.
— Lo digo ahora. No pensaba en Dios en ese momento, sino que pensaba en la gracia. Si algo valía mi arrojo, el acto era jubiloso. ¿Qué es Dios, sino el júbilo de amar, sin prestar atención a las consecuencias?
— Hace un rata estabas quejándote. Terminaste sola, te mataste.
— Es cierto. ¿Qué puedo decir?
— Nada. Está bien. Esto es el Cielo. Así es el Cielo.





domingo, 17 de diciembre de 2017

idealización de los indios

Amo a los indios porque intuyo que de ellos puedo aprender lo berreta  que es la verdad ante la magia de la maravilla y lo infinitamente vulgar que es poseer comparado con la aventura gloriosa de dar.


jueves, 9 de mayo de 2013