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domingo, 15 de marzo de 2026

Aprendiz de brujo

En Cenital, Alejandra Kohan se detiene a pensar en la "subjetividad de la época".

Piglia veía en Borges que la literatura no refleja la realidad, sino que de un modo particular la antecede. 

En realidad, se trata de algo dialéctico, entre la premonición y la instalación de la premonición —algo parecido a la profecía autocumplida.

Piglia veía que Borges detectaba tramas lógicas o conflictos que aún no se han manifestado plenamente en la historia, y al escribir sobre ello, los lectores empiezan a ver el mundo desde ese punto de vista.

Borges no era un adivino, sino que su genio le permitía identificar las estructuras de poder y lenguaje que terminarían dominando la sociedad (por eso, cuando suceden algunas cosas, decimos “esto es borgeano”).

Presenta lo que ve en un formato paranoide, como en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, en que una sociedad secreta inventa un mundo que termina reemplazando al mundo real.

Piglia induce que el fondo del tema en Borges es que veía que la realidad se construye como un texto. De ello se deriva que si alguien (la oligarquía, una corporación, la Iglesia, un grupo de sabios) tiene el poder de imponer un relato, la realidad se plegará a él.

El proceso de construcción de ese texto es la ficción. Borges no solo narraba, sino que en sus cuentos y ensayos ponía a prueba hipótesis sobre cómo funciona el universo o la política.

Para Piglia, Borges no profetizó, sino que diseñó una arquitectura ontológica con la que luego la sociedad fue interpretando la realidad.


Estos son textuales de la clase de Piglia (https://www.youtube.com/watch?v=m3htEzn1BIc):

El problema no es cómo está la realidad en la ficción, que es lo que en general se busca, cómo una novela representa la época. Más que tratarse de ver cómo está la realidad en la ficción el problema es ver cómo está la ficción en la realidad. Esa es la vuelta que dio (Borges). ¿Cómo actúa la ficción en la realidad? ¿Dónde la buscamos a la ficción en la realidad? Porque si ustedes me permiten una traducción, es lo que Gramsci llamaba Hegemonía ¿no? Lo que Valery llama… Valery tiene una frase lindísima, dice: “No se pude gobernar con la pura coerción, hacen falta fuerzas ficticias”. Hay que crear un consenso. Por lo tanto, hay que construir utopías, ficciones, ilusiones, cuestiones. Macedonio y Borges empezaron a hacer eso, empezaron a buscar eso, a percibir cómo eso funciona.

En Tlön está la realidad y después está un texto escrito que incide sobre la realidad y la transforma. (…) Si uno lee la Enciclopedia Británica sabe cómo es el mundo en el que estamos moviéndonos. Tiene alguna idea, por lo menos. Hasta ahí estamos bien, es un mundo paralelo. Pero resulta que el mundo paralelo de Tlön empieza a intervenir en la realidad y la empieza a transformar. El final del relato es extraordinario. Dice: El mundo será Tlön.




jueves, 23 de octubre de 2025

Ningún desierto

Ya casi jubilada, una profesora de Literatura pudo cumplir un sueño de toda su vida, viajar a España para ver el país del Quijote.

A su regreso, dijo en una clase que había llorado cuando vio las llanuras por las que habían cabalgado Don Quijote y Sancho Panza.

Entonces, un poco tímidamente, pidiendo permiso, un alumno del fondo levantó la mano y cuando la profesora le dio la palabra, dijo:

— Pero Don Quijote y Sancho Panza no existieron…

Esto lo contó Martín Kohan para demostrar que el ficticio Martín Fierro se instaló como real.

En esa charla Kohan cita, recurrente e inevitablemente, a Borges hablando del Martín Fierro.

Borges dijo en una conferencia sobre el Martín Fierro, que dio en España en 1964, que ni los indios ni los negros tenían noción del pasado. Que Mansilla contó que alguien quiso consolar a un indio lamentándose porque los españoles rompieron su lejano pasado de libertad, y el indio —dice Borges que dijo Mansilla que escuchó de alguien—, un poco azorado respondió que desde que era chico siempre había visto gente blanca. De los negros, dice Borges que no sabían que habían llegado de África.

Decir estas cosas complacía el racismo desinhibido de Borges. “Los indios, como los animales, vivían en un perpetuo presente”.

Por otro lado, Ricardo Piglia demostró en una clase genial cómo Borges se inventó un linaje, de ingleses ilustrados y de militares criollos. De la misma manera, Kohan fue elocuente al revelar que el Martín Fierro no existió como historia literaria fundacional hasta que Lugones la consagró, igual que San Martín no fue un héroe sino después de su muerte. Y explica Kohan con la sociología la artimaña de Lugones: ante la llegada de una inmigración oceánica, absolutamente inédita, los nativos de este “arrabal del mundo” —Borges— debieron construir a las apuradas una tradición, un pasado que diera una identidad, que dejara en claro que los que llegaban, llegaban a una nación con historia, no a una tierra que podían reclamar como propia por desierta.




martes, 14 de octubre de 2025

Maldito Macedonio

Del filósofo marginal Macedonio Fernández siempre se cuenta que dijo. 

Sus textos están, y se citan y se han estudiado, pero pareciera que lo que decía y era registrado por quienes lo escuchaban, tenía una frescura y una chispa singular.


Alguien cuenta que Macedonio dijo que había que escribir poemas de forma oculta, en avisos publicitarios, edictos judiciales, noticias sociales y textos así. Que los poemas enajenaban la poesía.

El que cuenta confiesa que ese pensamiento —que Macedonio expresó terminándose de arreglar la ropa mientras salía del baño, y que quizás olvidó inmediatamente— a él le arruinó para siempre los poemas. 

Desde entonces, tuvo una distancia insalvable con los poemas. Cada poema que encontraba o que alguien le entregaba, le parecía una cosa extraña, como si algo que pertenecía al orden de la mayor intimidad, ahora fuera expuesto a la vista de todos, disfrazado, consagrado, momificado.


Así es como los filósofos les arruinan las cosas a las personas inocentes.





martes, 17 de septiembre de 2024

El Día de la Luna de 2024

¿Por qué no tenemos un Día de la Luna?

Sin embargo hoy, el día 15 del octavo mes del calendario cuyo ritmo es decidido por Ella, es el día que los chinos le dedican a la Luna.

 


La Luna de Borges

En 1977, en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, Borges dio siete conferencias que luego se editaron en un libro.

Una de las conferencias estuvo dedicada a La Poesía. Dijo ese día:

Pensemos en una cosa amarilla, resplandeciente, cambiante; esa cosa es a veces en el cielo, circular; otras veces tiene la forma de un arco, otras veces crece y decrece. Alguien —pero no sabremos nunca el nombre de ese alguien—, nuestro antepasado, nuestro común antepasado, le dio a esa cosa el nombre de luna, distinto en distintos idiomas y diversamente feliz. Yo diría que la voz griega selene es demasiado compleja para la luna, que la voz inglesa moon tiene algo pausado, algo que obliga a la voz a la lentitud que conviene a la luna, que se parece a la luna, porque es casi circular, casi empieza con la misma letra con que termina. En cuanto a la palabra luna, esa hermosa palabra que hemos heredado del latín, esa hermosa palabra que es común al italiano, consta de dos sílabas, de dos piezas, lo cual, acaso, es demasiado. Tenemos lua, en portugués, que parece menos feliz; y lune, en francés, que tiene algo de misterioso.

Ya que estamos hablando en castellano, elijamos la palabra luna. Pensemos que alguien, alguna vez, inventó la palabra luna. Sin duda, la primera invención sería muy distinta. ¿Por qué no detenernos en el primer hombre que dijo la palabra luna con ese sonido o con otro?

Más adelante volveremos a Borges.



 La Luna de Ítalo Calvino

En uno de los cuentos de Las Cosmicómicas, Italo Calvino cuenta que en una época la Luna pasaba muy cerca de la Tierra, tanto que la gente iba en un bote al mar y cuando la Luna estaba cerca, paraba una escalera por la que se subía y al llegar arriba, uno se dejaba atrapar por la gravedad de la Luna.

La gente iba a la Luna a recoger un requesón hecho de crustáceos que la Luna absorbía al pasar cerca del mar.

En la historia, un hombre va a la Luna tras la mujer de la que está enamorado, una mujer hermosa, blanca y ausente, que en el momento de regresar porque la Luna empezaba a alejarse de la Tierra, ella decide quedarse. Él desespera porque quiere estar con la mujer pero no puede abandonar el mundo, y al final vuelve a la Tierra, mientras ella se queda adonde verdaderamente pertenece.

 


Una Luna persa

Volvemos a la conferencia de Borges. Está diciendo:

Hay una metáfora que he tenido ocasión de citar más de una vez (perdónenme la monotonía, pero mi memoria es una vieja memoria de setenta y tantos años), aquella metáfora persa que dice que la luna es el espejo del tiempo. En la sentencia “espejo del tiempo” está la fragilidad de la luna y la eternidad también. Está esa contradicción de la luna, tan casi traslúcida, tan casi nada, pero cuya medida es la eternidad.

 

La Luna de Dvořák

Rusalka es una sirena que vive en las aguas de un lago rodeado por un bosque. Una noche sale, se sienta en una gran piedra. Allí le canta a la Luna.

Le dice que sabe que Ella está alumbrando a su amado, que su luz, entrando por una ventana, le alumbra la cara mientras él duerme. Le pide que haga que él la recuerde en su sueño.

 


La Luna de Li Bai

Con esa Luna de Antonin Dvořák, llegamos finalmente a China.

Al famoso poema de Li Bai:


    Ante mi lecho un charco de luz.

    ¿La escarcha cubre el piso?

    Levanto los ojos y contemplo la Luna.

    Bajo la cabeza, y pienso en mi hogar.

 


La Luna de Cristian

Christian era un joven que se mudó del pequeño pueblo rural a la gran ciudad, a vivir en un diminuto altillo. Una noche soñó que la ventana daba a un vasto jardín de piedra gris y pastos negros, y que un coro de doncellas mágicas corría cantando una canción. La canción le era irresistible y las doncellas se alejaban. Él no podía soportar el silencio que llenaría el espacio con un vacío y se trepó al borde de la ventana. Cuando estaba a punto de saltar al jardín despertó y vió que estaba muy alto, que allí abajo estaba la calle, con los adoquines brillando bajo la Luna enorme que lo miraba de frente.

 


La Luna de Nietzsche

Y otra vez escuchamos a Borges:

En alemán, la voz luna es masculina. Así Nietzsche pudo decir que la luna es un monje que mira envidiosamente a la tierra, o un gato, Kater, que pisa tapices de estrellas. 

 

Para terminar, recordamos que Borges le dedicó un poema a la Luna, en el que dice:

    No sé dónde la vi por vez primera,
    si en el cielo anterior de la doctrina
    del griego o en la tarde que declina
    sobre el patio del pozo y de la higuera.