domingo, 20 de septiembre de 2026

Breve historia de una joven higuera

 Buenos días. El año pasado me compré una higuera. Un pequeño árbol. Fue en los días en que me puse de novio. 

Comprar un árbol y ponerlo en mi patio era como fundar algo. 

Pensé que era un poco atolondrado, porque las parejas no me duran mucho y posiblemente me quedara con la higuera nuevamente solo. 

Pero tampoco quería vivir sin tener una ilusión. 

Creo que es mejor tener la vida encendida por una ilusión apasionada que evitar tener ilusiones para tener la seguridad de que jamás se sufrirá una decepción. 

Esa pequeña higuera, flaca, un solo palo que se había ido para arriba como un adolescente que se hace alto de un día para el otro, para mí era lo más parecido que tuve a la decisión mía de formar una familia, de empezar algo que duraría el resto de mi vida. 

Me la vendieron con tres hojas y dos higos. Con mi novia nos comimos un higo cada uno, riéndonos, diciéndonos que nos alimentaremos de la higuera y así conseguiremos estar a dieta. 

Pero cuando llegó el invierno, se le cayó una hoja, luego otra y al fin quedó un triste brote de madera tortuoso, en una maceta gigante. 

Las cosas habían salido al revés. 

Déjala, me dijo mi novia, a lo mejor está viva. Mi tristeza le ganó a mi bronca y no la tiré. Todos los días veía ese signo tal vez de que no soy una persona fértil. Lo único que sé hacer de verdad es escribir, pero nunca gané un concurso literario  y mis colegas escritores consideran, sin decírmelo,’que no soy bueno. 

Se había muerto el primer arbolito que quise tener en mi vida, que había plantado en la casa que conseguí comprar con la ayuda de mis padres y de toda una vida de 65 años de trabajo. 

Y el invierno de una crueldad sádica, y la gente, hasta con chicos, envuelta en trapos durmiendo en una vereda. 

Algunos, pensé, estamos destinados a no dar fruto. 

👤

Sin embargo, la vida. 

La vida hace lo que quiere. 

La vida es indiferente a nuestros pensamientos, a nuestras preocupaciones y nuestras pasiones. Nace donde quiere, se apaga donde quiere. 

Me fui de viaje, un viaje largo, al otro lado del mundo, y un día mi novia me dice me parece que le quieren nacer brotes a la higuera. 

¿Cómo, no se había secado?, le pregunté, y ella no sé, pero tenés que tener fe. Algunas cosas salen bien. 

Cuando finalmente vuelvo, me recibe, me lleva de la mano al patio y ahí estaba la flaca, apenas viva higuera, con unas hojas tan verdes y deseosas de vivir que eran las hojas más lindas que vi en mi vida. 

🦄

De mi novia, qué les voy a decir. Nunca se sabe qué quieren las mujeres. A lo mejor un día se muda de jardín. Pero por ahora nos sentamos a ver la higuera juntos.



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