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martes, 14 de octubre de 2025

Las revoluciones por venir

La democracia formal no tiene contenido. Es una democracia vacía. Donde debería haber representatividad no hay nada. No es democracia porque no existe.

Si las personas sólo pueden optar y no pueden decidir, no hay democracia.


Una de las causas de la imposibilidad de las personas para decidir es el terror que le tienen a tomar el poder. 

Ese fue uno de los objetivos de la dictadura de 1976. Disciplinó a fuego. Persuadió a través de los crímenes más diabólicos, de que intentar tomar el poder desata sobre uno las fuerzas del infierno.

Otra de las causas, derivada de la primera, es que lo que los partidos políticos —salvo los que se autoboicotean— han desmantelado los cauces para la militancia —la militancia real, o sea el trabajo de construir una determinada realidad, no la militancia por un cargo.


Sin embargo, conviene recordar que los estallidos sociales han sido impredecibles e imparables. 


No es un disparate preguntarse qué forma tendrán las próximas revoluciones.


No es un disparate hacer cualquier cosa, incluso disparates, incluso errores, especialmente errores, para propiciar las próximas revoluciones.


Los partidos políticos no ofrecen canales y nos espanta la posibilidad de construir poder, y sin embargo, hay infinitas trincheras para luchar.

Cada uno de nosotros tiene infinitas trincheras.




Estos días fui al estreno de "Bajo las banderas, el sol", un documental sobre la dictadura de Stroessner —especialmente, sobre la dificultad de conseguir material fílmico y construir una historia sobre el vacío— y me resultó emocionante porque el director es un chico de 31 años, Juanjo Pereira.

La película le ha llevado un trabajo descomunal. Entonces lo que sacude al habitante de la democracia vacía, el desánimo y la desesperanza es tanto la dictadura de aquel nazi y la falta completa de registro en la retina del cerebro de los latinoamericanos, como el alma de este pibe. De un pibe, de alguien de esa generación, que uno tiende a creer que está perdida en la nube de pedos tóxicos del mileísmo, las apuestas online y el futuro de Rappi del que parecen no poder escapar.


El que construya tendrá razón, estará en los correcto y será verdadero en tanto lo que construya existirá.


lunes, 4 de noviembre de 2024

Tres en un auto

Iban los tres amigos por la ruta, con la pampa infinita a los costados, infinito océano de amarillo maduro, que pronto entregaría toneladas de semillas a un puñado de pobres chacareros, containers de dólares. 

Iban los tres, sesentones, camisas de cuello raído, zapatos de formas ya demasiado acomodadas a las formas de los pies, dientes chuecos, uno pelado, los otros de pelo acostumbrado a dudoso shampoo.

Uno preguntó qué hacemos con este gobierno perverso, con estos sádicos que gozan con los pobres tumbados en las veredas entregados a una borrachera de mal tetrabrik o de poxiran afanado.

Qué hacemos. Cómo hacemos la revolución. 

La frustración, una mezcla de tristeza e impotencia llenó el pequeño auto que iba a 93 kilómetros por hora.

Pero uno reflexionó. 

Al final dijo: 

"Toda la vida tratamos de hacer lo que está bien. Nos habremos mandado cagadas, pero no nos hicimos millonarios con la guita de la gente. Y tampoco nos conformamos cada vez que vimos que estaban en contra de la gente. Siempre deseamos que los pobres estuvieran bien. Trabajamos mucho para criar a nuestros hijos. No le faltamos demasiadas veces a nuestros amigos. Y ahora vamos, en este auto, a cumplir con un deber. Esta es nuestra contribución. Hay una inundación de mierda y estamos hasta el cogote. No tenemos la culpa. De nada nos sirve reprocharnos que no nos disfrazamos del Che Guevara. No podemos, no sabemos, no tenemos ni alma ni tenemos con qué hacer la revolución, pero podemos persistir en hacer lo que creemos que está bien."