domingo, 11 de octubre de 2020

Vino sagrado


Me da mucha pena que arruinemos el vino, esa bebida lograda con tanto empeño que es casi sagrada.

Es un sacrilegio echarle agua o alcohol, o soda, o marketing, o alcoholismo, o la pretensión de ser más que otros.

Por ejemplo, para decir que la combinación del vino con determinada comida es buena se empezó a decir "maridaje".

Una palabra bastante espantosa, que es inventada sólo como marca de status: quienes la dicen dejan entrever que pertenecen a cierto círculo exclusivo de personas, que se dedican a disfrutar de la vida, en un hedonismo habilitado por el hecho de que tienen resueltos los problemas que a las personas inferiores le afligen la vida.

Me da mucha pena que se arruine el glorioso vino con la aspiración a estar por arriba de los demás.



 

Cuando cumplí 50 años hice una fiesta de dos días en un lugar muy remoto. Si quedaba lejos para los que vivían en Buenos Aires, resultaba mucho más remoto para los amigos que llegaron desde otras ciudades.

Walter Álvarez viajó un día entero para poder llegar. No sólo demostró su sentimiento de amistad con su presencia, sino que además trajo vino que él mismo había hecho.

Adentro de las botellas que cargó con gran esfuerzo, estaba el producto de sus años de ensayos y de logros con su compañero Fernando Demarco, y estaba el producto de la naturaleza y el resultado de los miles de años que los hombres vienen cultivando el vino.

Todo esto se podía sentir en aquel líquido áspero, de sabor único, más denso que el agua, de un color maravilloso.

Todo eso es lo que uno incorpora a su cuerpo cuando toma un trago de vino.

jueves, 8 de octubre de 2020

Un Amor

Los espíritus del Amor son como la Vida, indiferentes a las personas.

Incluso son fríos o despiadados. Del mismo modo en que la vida hace que las criaturas se devoren unas a otras para poder Ella perpetuarse, el Amor somete a la gente a hervirse en la dicha, la desgracia, la pasión, la fidelidad, el infierno, la fraternidad, la gloria, lo que sea, con tal de que le den existencia.

Hace años estoy enamorado de alguien, en un amor absurdo, nocivo e irresistible. Nuestra voluntad no tiene poder sobre él.

Si yo fuera más lúcido, podría intuir su nombre, Raisa Bely, Simin Emadí o Daniel McGrath.

Comprendí que es un Amor que viene, como un viento, desde hace miles y miles de años, usando parejas al azar, y en cada encarnación ese amor se va labrando y enriqueciendo.

Cuando yo haya muerto y ella haya muerto, este Amor tomará otras dos personas en vaya a saber qué lugar y las someterá a su locura.

 





Cuando mi hijo lee a Peter Handke

Observo a mi hijo cómo habla por teléfono.

Tiene el celular en el bolsillo, conectado a sus oídos con auriculares, de modo que tiene manos libres, pies libres, cuerpo libre.

Como es inquieto, mientras habla hace cosas.

Hace igual que yo. Incluso las mismas cosas: se pone a barrer, acomoda libros en la biblioteca, lava los platos, dibuja.

Son actividades gestuales, tics, nada más que moverse porque no se puede estar sereno.

Menos, si quien le habla está largando su propio rollo.

Cuanto menos le hablan a él, más actividades hace.

A veces simplemente camina. Claro que caminar no lo distrae de escuchar. Es baterista, puede hacer varias cosas al mismo tiempo.

Pero si la persona con la que habla se pone muy densa con un soliloquio, eso empuja a mi hijo a la distracción.

Pasará de acomodar los libros físicamente para que queden alineados, a poner en su lugar uno que estaba en un sitio equivocado, luego a leer las tapas y finalmente tomará un libro y se pondrá a leerlo.

El interlocutor posiblemente note esto, e incluso alguno se enojará.

“¿Me escuchás o estás haciendo otra cosa?”

“¡Te escucho, te escucho!”, se apura a decir mi hijo mientras cierra el libro de un golpe.

Quizás se distrajo más de la cuenta.

Pero si la conversación hubiera sido más diálogo, no se habría puesto a leer, ponele, unos poemas de Peter Handke

Menos, como hizo hoy, se habría puesto a escribir esto.

Los dejo, mi amiga Daniela creo que escuchó el ruidito de mis dedos contra el teclado.

 


lunes, 5 de octubre de 2020

Entre el presidente y los chinos, un sabor a distopía

Mientras Estados Unidos se cae a pedazos. El agotamiento del petróleo y las catástrofes ambientales lo han quebrado. Un anciano adicto a los fármacos, ha accedido a la presidencia con unos pocos votos en una sociedad diezmada, la que no se ha enterado de que ha habido elecciones.


*    *    *


Esto es lo que sucede en la novela Slapstick (or Lonesome No More!), que fue traducida al español como Payasadas, escrita por el norteamericano Kurt Vonnegut y publicada en 1976.

Los chinos cumplen un rol importante en la trama de la novela.

Sin invadir otros países, aunque también sin tenerles piedad, se han desacoplado del resto del planeta. Hacen ensayos científicos casi inconcebibles que tienen efectos globales. Wilbur Swain, el anciano presidente, que es quien cuenta la historia, refiere algunas de las misteriosas cosas que hacen los chinos, pero aclara que sólo sabe lo que refiere, e ignora todo el resto.

Por ejemplo, dice que las oscilaciones en la fuerza de gravedad del futuro distópico en el que vive, se deben a experimentos de los chinos:

“Ahora la gravedad había comenzado a volverse cruel de nuevo. Ya no fue una experiencia impactante. Si los chinos estaban realmente a cargo, habían aprendido cómo aumentarlo o disminuirlo gradualmente, deseando reducir las lesiones y los daños a la propiedad, tal vez. Ahora era tan majestuosamente elegante como las mareas.”

Es un tema del que puede hablar con autoridad, porque fue él con su hermana melliza quienes, aún niños, habían descubierto que los egipcios pudieron construir las pirámides porque el planeta tiene períodos en que la fuerza de gravedad fluctúa.

El presidente y su hermana Eliza descubrieron que al aproximar físicamente sus cabezas, creaban un genio. Sin embargo, separados eran dos personas perfectamente mediocres. Mantuvieron el método de la genialidad en secreto, pero los chinos lo avizoraron e invitaron a Eliza, a quien su familia había maltratado cruelmente, y lo aplicaron en masa.

Alguien le dice que los chinos “se habían convertido en exitosos manipuladores del Universo al combinar mentes armoniosas.”

En otra escena, el presidente cuenta que su madre “suponía que los chinos podían lograr casi cualquier cosa que se propongan.

“Sólo un mes antes, los chinos habían enviado a doscientos exploradores a Marte, sin utilizar ningún vehículo espacial de ningún tipo.

“Ningún científico del mundo occidental podría adivinar cómo se hizo el truco. Los propios chinos no ofrecieron detalles.”

Luego, la madre “dijo que parecía que había pasado mucho tiempo desde que los estadounidenses habían descubierto algo. ‘De repente’, dijo, ‘los chinos están descubriendo todo’.

“’Solíamos descubrir todo’, dijo.”

En el futuro de Slapstick, China cierra su embajada en Washington “simplemente porque ya no sucedía nada en Estados Unidos que fuera de interés para los chinos.”

Otro experimento de los chinos es el de controlar su tamaño y hacerse microscópicos. Esto se relaciona con una de las epidemias que asola la población de los Estados Unidos, llamada Muerte Verde.

“La Muerte Verde, por otro lado, fue causada por chinos microscópicos, que amaban la paz y no querían hacer daño a nadie. No obstante, eran invariablemente fatales para los seres humanos de tamaño normal cuando se inhalaban o ingerían.”

El presidente se hace llevar a Manhattan, llamada “Isla de la Muerte” epicentro de la infección, porque “tenía la intención de morir allí, unirse a su hermana en la otra vida, como resultado de inhalar e ingerir comunistas chinos invisibles.”


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Kurt Vonnegut murió en 2007. Sigue siendo adorado por muchos lectores. Era ácido con el modo de vida norteamericano, con Estados Unidos, con el Occidente violento. Era corrosivo contra todo lo que hiriera a los humanos, y era infinitamente tierno y digno.

Además de Slapsticks, escribió La pianola (Player Piano, 1952), Las sirenas de Titán13​ (The Sirens of Titan, 1959), Madre Noche (Mother Night, 1961), Cuna de gato (Cat's Cradle, 1963), Dios le bendiga, Mr. Rosewater (God Bless You, Mr. Rosewater, o Pearls Before Swine, 1965), Matadero cinco o La cruzada de los niños (Slaughterhouse-Five, o The Children's Crusade, 1969), El desayuno de los campeones (Breakfast of Champions, o Goodbye, Blue Monday, 1973), Pájaro de celda (Jailbird, 1979), Buena puntería / El francotirador (Deadeye Dick) (1982), Galápagos14​ (1985), Barbazul (Bluebeard, 1987), Birlibirloque / Hocus Pocus (Hocus Pocus, 1990) y Cronomoto (Timequake, 1997).


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El prólogo de Slapsticks es un texto autobiográfico magnífico. Sin embargo, Vonnegut se sintió cómodo escribiendo sobre la realidad en formato ciencia ficción. Derivó, naturalmente, hacia la distopía, y lo hizo con la lucidez que hace que algunos escritores revistan la literatura de un tinte profético.

Hoy el presidente de los Estados Unidos está internado por haber inhalado un virus al que se cansó de acusar de “virus chino”.

Lo inhaló en un tiempo en que se comienza a hablar de desacople de China del resto del mundo, no porque China decida aislarse, sino porque sus adelantos tecnológicos harán de la vida de los chinos algo que no podrá ser coordinado con las vidas de las demás sociedades.

Y lo inhaló el 1º de octubre, día del aniversario de la creación de la República Popular China.


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Claro que puede ser que el presidente Donald Trump no esté enfermo. Puede ser una trampa de la campaña electoral. 

O quizás está muy enfermo y los medios nos hacen creer que está bien.

La verdad es que ya dudamos demasiado de lo que dicen los medios. Tanto que le creemos más a las ficciones literarias que a las verdades de los poderosos. Si queremos tener una noción de lo que está pasando con Estados Unidos, su presidente, China y los chinos, estaremos mucho más cerca leyendo una novela de ciencia ficción que asistiendo las 24 horas a lo que informa por televisión una cadena de noticias.


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En Slapstick, cada vez que el presidente siente haber dicho algo curioso, pone punto aparte y escribe: “Hi ho”.

 

Hi ho.





 

domingo, 4 de octubre de 2020

Mackentor, empresa desaparecida

 En los años 90, hablé con una serie de amigas y amigos que habían sido adolescentes en los 60 y tuvieron alguna participación política antes de la dictadura del 76.

Les pregunté por su militancia.

Los relatos eran impactantes, por su contenido, por el modo en que daban nueva forma a la versión oficial de lo que pasó en esos años y porque la mayor parte de lo que contaban, era la primera vez que lo contaban.

Este último punto era recurrente. Y una y otra vez yo les preguntaba: “¿por qué creés que no contaste esto antes?”

Eran memorias desaparecidas y no había explicación de por qué seguían desaparecidas. Lo más plausible lo dijo la mamá de un compañerito de tercer grado de mi hijo: “porque nos dura el miedo”.


Años después conocí a Fabián García, periodista excepcional y persona de una sola pieza. Me contó que hacia 15 años que investigaba el caso de Mackentor, una empresa cordobesa del sector de cemento, cuyo dueño, Natalio Kejner, había asumido el desafío de una forma distinta de hacer empresa. Y le estaba yendo bien, llegó a ser una de las grandes del rubro.

Fabián buscaba demostrar el modo en que la dictadura militar destrozó la empresa, bajo las órdenes de Julián Astolfoni y Franco Macri, los dueños de su competidora Supercemento.

 

Fabián García ha llegado a demostrarlo. Necesitaba eso para dar por terminado el libro “Mackentor, Crónica de un saqueo. Los oscuros negocios de Supercemento, Franco Macri y el Estado”, que mañana sale a la ventaen formato electrónico.

 

Empeños como este son indispensables para que los argentinos podamos mirar a nuestros hijos con la frente bien alta.

  

 

sábado, 3 de octubre de 2020

Consejos para que Argentina participe en la gobernanza mundial

 Ayer Perfil publicó un artículo “Argentina y la gobernanza global”, firmado por el ingeniero Patricio Carmody, quien refiere en su curriculum vitae tener estudios de postgrado en la Tuck School of Business de la Dartmouth College (Estados Unidos), en el Centre D’Etudes Diplomatiques et Stratégiques, de la Ecole de Hautes Etudes Internationales (Francia) en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y en la School of International and Public Affairs, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos. La formación le sirvió para trabajar durante 20 años en Pepsico Inc., donde “llegó a ocupar la posición de Vicepresidente de Marketing de la División Alimentos a nivel mundial, con base en Nueva York”.

Con este antecedente, traza en Perfil este panorama mundial: “el líder chino Xi Jingpin (sic) ha exhortado a los dirigentes chinos a tomar parte activa en la reforma del sistema de gobernanza mundial, buscando una mayor legitimidad a nivel global, pero con el peligro de debilitar a organismos como el de DD.HH. de la ONU. Mientras tanto Europa, Canadá y Japón, preocupados con el comportamiento y relativo alejamiento de EE.UU., hacen esfuerzos por mantener y fortalecer el orden multilateral. Ante este escenario, el profesor de Princeton, John Ikenberry, piensa que EE.UU., dada su defensa de los valores de la libertad, la ley y los DD.HH, no puede reducirse a ser sólo una superpotencia más, compitiendo en un mundo anárquico con China y Rusia.”

O sea, ¿Europa, Canadá y Japón defienden un orden multilateral pero en el cual Estados Unidos no se reduzca a ser uno más?

Pareciera ser que si Estados Unidos no es el único líder que defienda la libertad, la ley y los DD.HH, el mundo es anárquico.

¿Salvo que sea multilateral?

Luego el ingeniero Patricio Carmody le aconseja a la Argentina “tener claro que (olvidemos las tildes, ya) objetivos, generales y particulares, debe perseguir en los organismos multilaterales. El primer objetivo de la gobernanza global sigue siendo el evitar la autodestrucción de la humanidad, pero ahora no sólo por medios militares, sino que también por posibles pandemias”.

Bueno, China no parece desmoronarse con la pandemia. Hoy fue autorizado el turismo masivo, sin necesidad de vacuna.

Ah, pero el autor no está de China, sino de “la humanidad”.

Más bien China es el que facilita la pandemia como medio de destrucción.

Algo más del ingeniero Patricio Carmody: “Un segundo objetivo debe ser el que no se destruya la parte del mundo que defiende los valores democráticos, el respeto de la ley, y los DD.HH. Para ello deberá trabajar con Europa, Canadá, y las naciones del Asia Pacífico, esperando a que EE.UU. retome un rol constructivo y de mayor colaboración con sus históricos aliados.”

Ya aseguramos que no se destruya la humanidad fuera de China, ahora abogamos porque no se destruya la parte del mundo que defiende los valores democráticos, el respeto de la ley, y los DD.HH.

En realidad, esto es algo que debe hacer Argentina, dice el ingeniero. Debe aliarse con Europa, Canadá y las naciones del Asia Pacífico, y rezar porque Estados Unidos retome la lideranza mundial para sacar al mundo de la anarquía.


jueves, 1 de octubre de 2020

71 años dentro de este mundo

 Hoy se cumplen 71 años de la creación de la República Popular China. 

Parte de mi sangre provino de China.

Con los años remonté mis venas planetarias hasta la casa en la pequeña aldea de Hoisan, donde mi abuela parió a mi padre.

Ya como adultos, mi padre y yo miramos en distintas direcciones. Él no estaba de acuerdo con el socialismo y se fue a vivir a la Gran Metrópolis del capitalismo, y yo me quedé en el Tercer Mundo, alineado políticamente con Cuba y China.

Cuando cayó el Muro de Berlín la sensación generalizada era que, luego de una pulseada que había comenzado doscientos años antes y se había llevado todo el siglo XX, el Capitalismo había desterrado al Socialismo de la faz del Mundo.

Ahora nos preguntamos de cuál Mundo, porque en aquel momento China, sin dar un paso atrás en su norte socialista, estaba resurgiendo de modo impresionante.

Aún hoy aquí en Argentina, como en Europa y en los países capitalistas en general, cuando se dice “Mundo”, se excluye a China.

¿No es asombroso?

(¿No es asombroso que el único que parece comprender el peso de China es el presidente Donald Trump?)

China ya es una de las dos primeras economías del mundo. Ya está cambiando la forma del Mundo. Estados Unidos, la primera potencia pareciera no tener más que una actitud defensiva frente China, y aún así los pensadores, periodistas, políticos, analistas occidentales se ponen apocalípticos con lo que llaman el Mundo, al que ven desbarrancarse hacia la antiutopía, como si China se debatiera en la misma crisis que El Salvador.

Los filósofos no dejan de repetir la sentencia de Fredric Jameson: “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

¿Y China?

Si su fenomenal desempeño económico se debiera al capitalismo, entonces el capitalismo no estaría en crisis en todo el Mundo.

Si, en cambio, tuviera fundamento en una economía no capitalista, ¿no alcanza para imaginar el fin del capitalismo?

Cuando habla de la pandemia mundial, el francés Jean-Luc Nancy dice que el episodio pone en duda toda una civilización y que “los gobiernos no son más que tristes ejecutores” de “una especie de excepción viral –biológica, informática, cultural– que nos pandemiza”.

¿Y China, que tuvo una cantidad mínima de muertos y superó la pandemia sin vacuna?

Hasta el coreano Byung-Chul Han, como si hubiera nacido en Alemania, espera que “confiemos en que tras el virus venga una revolución humana”.

¿Y la revolución china, a qué especie pertenece?

 

China siguió resurgiendo después de la caída del Muro de Berlín, cuando flotaba en el aire de Occidente la sensación de que el Capitalismo había vencido y el norteamericano Francis Fukuyama publicaba El fin de la Historia.

Siguió creciendo más rápido y en mayor volumen que el resto de los países, atravesando la crisis del 2008, su propio terremoto financiero de 2015 y todo parece indicar que la pandemia del 2020 no será más que un tropiezo en una línea ascendente que tal vez termine ubicando a China como la potencia mundial del siglo XXI.

Esa expansión desmiente que la historia haya terminado con el triunfo del capitalismo.

Hoy, cuando los países capitalistas en masa no saben qué destino tendrán diferente a una debacle sin fondo, China asciende como una estrella.

 

Asciende China, basada en el socialismo.

Asciende el socialismo.

Y si queremos quitarle el ismo, podemos decir que asciende un país cuya economía ha sido conducida de manera tal que propició a unos mil millones de personas la salida de la pobreza.

En 40 años, entre 800 y mil millones de chinos dejaron de ser pobres.

Aún sin igualdad social, China va camino a ofrecer a cada una de las personas que la habitan una vida digna.

La gente tiene trabajo.

Los viejos son cuidados.

Las condiciones de vida mejoran día a día.

Incluso las condiciones ambientales.

La seguridad es extrema.

La vida puede transcurrir sin sobresaltos, con previsión.

La gente progresa.

Los jóvenes tienen fe en el futuro.

Los chicos, todos los chicos, van a la escuela.

Esto es lo que vi en la pequeña aldea de Hoisan (Taishan, 台山市), lo mismo que vi en mis visitas durante cinco años a casi todas las provincias y territorios de China.

Otro día hablaremos de las cosas que no me gustan de China, pero no puedo concebir que estos datos no signifiquen un triunfo rotundo.