martes, 14 de septiembre de 2021

Mensaje en un sobre

El periodista Alejandro Bercovich habló mucho de "voto bronca" en su interpretación del resultado de las PASO.

O sea, un voto que no tiene tanto el objetivo de elegir representantes del pueblo, sino de expresar una posición.

Todo acto es un acto de comunicación, dicen los profesionales de la comunicación. Este principio se aplicaría de modo pleno al voto de las PASO.


Cuando asumió, el presidente Alberto Fernández dijo algo así como que si no hacía lo que prometía, se lo hiciéramos saber.

Fue una frase impactante. Un fuerte desafío de una carga democrática rotunda.

Ahora, ¿cómo le haríamos saber?

¿Cómo hará mi vecina del 8º J para advertirle al presidente que no hace bien al permitirle a unos pocos poderosos decidir a su antojo los precios que debemos pagar todos?

¿Planteándolo en una unidad básica o en un comité político, pensando que quizás, vaya a saber cómo, le llegará al presidente?

¿Planteándolo en un centro de jubilados (mi vecina tiene sus años), en un CGPC?

¿Por redes sociales?

¿Mandándole una carta de lector a un medio de comunicación?

¿Un pasacalles, una pintada, un cartel para mostrarle al presidente cuando pase en auto, un graffiti de un avión?


Acabo de googlear las palabras del presidente Alberto Fernández. 

Dijo: “quiero que si alguna vez me desvío salgan a la calle y me lo digan”.

Ahora sí. El Pueblo se expresa en la calle, organizado, con bombos, banderas y cánticos.

Pero vino la pandemia.

Nada más podemos aplaudir por la ventana.


Y entonces llegaron las elecciones, y ahí está, la vecina usó el voto para decirle al presidente el asunto de los precios votando lo que más le duele al Gobierno.

Claro que meter en la urna un voto por Heidi, hay que ver si el presidente lo comprendió como mensaje de “usted no hace bien al permitirle a unos pocos poderosos decidir a su antojo los precios que debemos pagar todos”.


El mensaje del presidente Alberto Fernández, conocido el resultado de las PASO, fue que va a escuchar al Pueblo.

Como cuando pidió que le avisaran si no hacía las cosas bien, el consenso fue grande.

Y nuevamente aparece la pregunta sobre los mecanismos que tiene nuestra democracia para que la gente se haga oír. 

O sea, la pregunta sobre la democracia.




lunes, 13 de septiembre de 2021

Elecciones PASO 2021, un enredo de contradicciones

Cosas que me pasaron en las elecciones de ayer:


1. Un hombre y una mujer se encontraron en la puerta del colegio donde votábamos. “¿Qué hacés, tanto tiempo?” Luego: “tus chicos”, y “cómo anda José”, y “te fuiste a España”, y así. Cuando se despiden: beso en la boca. 


2. En el cuarto oscuro miro las boletas. Pienso que los amarillos se presentan y a la vez están preparados para dar un golpe de Estado.


3. Una chica entra con un perro al salón-cuarto oscuro. Mientras la chica vota, el perro se pone a cagar.




Los diarios deben decir algo porque salen todos los días, igual que los periodistas deportivos tienen que decir algo porque necesitan llenar cientos de horas de radio y televisión.

Hay que decir algo, y como no se tiene algo para decir, se atrapa una idea, tal vez propia, más probablemente ajena, y se la machaca en la cabeza del público hasta que esa cabeza tiene la forma monstruosa de esa sola idea, que en muchos casos es tonta.


“El Pueblo nunca se equivoca”, “la gente es idiota, vota a los que endeudaron al país: a sus explotadores”: entelequias de politiqueros. 

Hay tendencias, y es complicadísimo comprender el juego que arman y su resultado en las elecciones.

Hay “Gato, Reposera, nos cagaste” y hay “Alberto no hacés nada, el kilo de carne cuesta igual que un kilo de auto”, y “Milei es diferente, basta con peronistas, todos viejos”, “los peronistas son corruptos”, “basta de planeros, que trabajen”, “nosotros también queremos ser conchetos”, “con el Gato veníamos mal, le votamos en contra; con Alberto, las cosas siguen mal, tomá, le votamos en contra también”, etc.


Tenemos varios enredos de contradicciones. Pareciere difícil que propios e indecisos voten con entusiasmo por un gobierno cuyo objetivo prioritario y mayor en los primeros 100 días (los que todo gobierno tiene de changüí) fue hacerse cargo del cagadón gigante que hizo Macri, y que por haberlo hecho perdió.

Un gobierno que puso su épica al servicio del factor de fracaso de aquel al que derrotó.

El gobierno entero se armó como un negociador de la deuda que armaron Macri, el FMI y los poderes financieros de Occidente. Toda la economía quedó en suspenso hasta que se consiga ese objetivo. El único plan económico es pagar la deuda.

La mística es volver a poner las cuentas con el exterior al derecho y entonces garantizar la estabilidad económica.


En política, la mística es garantizar el Estado de Derecho ante el embate general en Occidente de la ola neonazi que en la región golpeó en Brasil, Bolivia, Ecuador.

Garantizar la estabilidad económica e institucional son ineludibles, pero es difícil ganar el apoyo mayoritario en unas elecciones si no se planta algo en el futuro, si no anuncia que se pondrá en juego todo lo que se tiene para que nuestros hijos tengan una vida mejor que nosotros, para que comamos asado todos los domingos, para que los recién casados se puedan comprar una casa, para que el día que nos jubilemos no tengamos que preocuparnos por la plata, para que los trabajadores de la salud sean reconocidos y honrados por todos, para que, en fin, los argentinos tengamos algunas alegrías.


Quizás los votantes sintieron que este simple asunto, “que tengamos algunas alegrías”, no le llegaba a los oídos del Gobierno.

Un Gobierno que le paga millones a Clarín para que Clarín le haga llegar cosas espantosas del mismo Gobierno a los oídos de la gente.

En vez de escuchar, el Gobierno parece decir “sabemos qué les pasa a ustedes, no necesitamos que nos cuenten. Sabemos que están hartos de la grieta”, y entonces se ilusionó con que estaba por encima de la grieta. Como la grieta se siente cuando los poderosos braman, el Gobierno le concede a los poderosos todo lo que piden. No braman, no hay grieta. Pero lo que le concede es la plata de la gente. Suben los salarios 27%, pero al otro día los poderosos que ponen los precios, suben los precios 40%, y el Gobierno, para garantizar la estabilidad institucional y para superar la grieta, deja hacer.


También es enredo de contradicciones la derrota de 38% a 34% en la provincia de Buenos Aires, donde gobierna Kicillof, para muchos el as en la manga para el futuro. 

Se argumenta que no hubo votos contra Kicillof, sino contra la política económica nacional, en la que el gobierno de la provincia no tiene mayor incidencia.

Además de que quizás sí podría tener más incidencia, contradice el razonamiento la victoria contundente en el partido de La Matanza (provincia dentro de la provincia) de 44% contra 25%. La Matanza sufre tanto o más que la provincia en general los problemas económicos nacionales.

Podría ser que un elitismo político en el armado de las listas haya pateado en contra.


Tercer enredo de contradicciones: hablando de elitismo, quizás también contribuyó a la incapacidad de escuchar a todos los argentinos el hecho de que el gobierno está armado con una fuerte carga porteña. 

Un gobierno de peronistas de la ciudad donde el peronismo es no sólo derrotado siempre, sino además aborrecido.



martes, 31 de agosto de 2021

Libertario

 Di Giovanni sabía que lo iban a matar.

¿Quiénes lo iban a matar?

Los que molestaba con todo lo que hacía para que la gente viviera más dignamente.

Era uno de los anarquistas que sembraron en la Argentina la consciencia de que no estamos condenados a que la mayoría seamos pobres para siempre.

Todos podemos ser iguales.

Todos podemos vivir con dignidad.

De esa semilla creció el formidable protagonismo con que el pueblo argentino cada tanto toma el destino en sus manos. 

El escritor Roberto Arlt presenció el fusilamiento del libertario Severino Di Giovanni y escribió esto:

Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?

— Pelotón, firme. Apunten.

La voz del reo estalla metálica, vibrante:

— ¡Viva la anarquía!

— ¡Fuego!

Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.

Si no aparece pronto el formidable protagonismo del pueblo argentino, vamos a creer que los libertarios son los imbéciles que dicen “plandemia” y queman barbijos, y los chicos van a tener como héroe revolucionario a un triste impresentable como Milei.

Esos son los hijos de los padres que se enteran de la realidad por TN.




lunes, 30 de agosto de 2021

Pitaya

Un periodista de un país periférico de Occidente, económicamente una colonia, muy fan de los Estados Unidos, critica a China por la falta de libertad informativa.

China podría argumentar que la noción de libertad informativa que agita, declama y con que se enarbola Occidente, no forma parte de la vida social china.

Pero China no argumenta, porque no se defiende de estos ataques persistentes.

Si lo hiciera, también podría demostrar que nuestro periodista se traga el cuento de que el árbol que da bananas es el mejor posible, y luego se traga el cuento de que ese árbol crece en Occidente.

Montado en ese entusiasmo, el periodista va como corresponsal a China, observa las pitayas que da su árbol, las compara con las bananas y las denuncia por todo lo que les falta y tienen de diferente.

Esa es su contribución a que los norteamericanos, en bien de la Humanidad, talen el resto de los árboles que crecen aquí y allá en el planeta y los suplanten por su dichoso árbol que da bananas.

Esto no significa que las pitayas sean mejores que las bananas, ni siquiera que sean buenas.

Lo que significa es que el periodista es tragón.




viernes, 20 de agosto de 2021

Confesiones de un chino bastardo

Cada vez que me encuentro con el idioma chino, me embriago y no puedo y no quiero salir. 

Quiero contarles que hay un desarrollo de significados que parte de 木, mù, “árbol”, que es el dibujito de un árbol.

La raya horizontal en la parte superior indica la copa del árbol.

Si se le agrega otra raya más arriba, queda 未, que se pronuncia wèi. Eso se hace para comunicar la idea de algo que está brotando, la proyección, el crecimiento.

Es un significado dinámico —de la misma forma que “árbol” es “madera que crece”— y en su dinamismo indica “lo que será pero aún no es”. El significado corriente de 未 es “aún no”. 

Luego, si se combina 未con 来, lái, que significa “venir”, se obtiene el significado “lo que aún no viene”.

Así es como se dice en chino “futuro”. 未来, wèi lái.


Como dije, me fascinan estas cosas del idioma chino, pero por favor, no se tome esto como autorizado.

Es sólo mi manera de aprender —desfigurándolo— el idioma chino.

Una anécdota explicará qué quiero decir.




Cuando nuestra tía Sharon fue a buscarnos al club que nuestra familia tenía en un subsuelo del Barrio Chino de Manhattan, le pregunté quién era ese señor que ganaba todas las partidas de mahjong y se reía a las carcajadas.

Hasta el fondo del salón grande como una cancha de fútbol, se multiplicaban las mesas con viejos que jugaban al mahjong. Mi abuelo nos llevaba a mi hermanita y a mí y nos quedábamos sentados esperando que viniera a buscarnos nuestra tía. 

— ¿Por qué preguntás? —me preguntó ella, y le respondí que él me había regalado un billete de 50 dólares. Para un adolescente, en el New York de 1972, era bastante dinero.

— ¿Le agradeciste?

— Sí.

— ¿Cómo le dijiste?

— Xie xie. 

— Muy bien.

— Pero ¿cómo se llama? —insistí.

— Ese es el señor Zhāng.

— ¿Chàng? 

— Parecido: Zhāng.

— ¿Es el señor Cantar?

— No, no es chàng, es Zhāng.

El sonido me resultaba indiferenciable.

Mi tía se acercó a una mesa, sacó una lapicera y escribió en un papel que había sobre la mesa el signo 张.  

— Su apellido se escribe así. Y “cantar” se escribe así— me dijo, y dibujó el signo 唱. 

— ¿Qué significa este cuadradito? —le pregunté por el cuadradito de la izquierda.

— Eso es “boca”.

— ¿Y estos otros dos iguales?

— Los dos juntos significa que las cosas van bien, cómo florecimiento o prosperidad.

Me quedé pensando.

Le dije:

— Como que cantar es lo que florece de la boca.

— No.

— ¿Por qué no?

— No hay “porque”, nada más es así.

— Pero es “boca” y “florecimiento”.

— No. No es así. “Florecimiento” está sólo para darle el sonido, no para darle significado.

— ¿Por qué?

— ¡No hay “porque”, te dije!

Yo aprendía chino haciendo inferencias, con mi imaginación, exactamente lo que mi tía censuraba. 


En general, lo que no sé, lo imagino. Por herramienta cognoscitiva tengo la ficción, por saber, la fantasía. Mi tía Sharon me amonestaba explicándome que el idioma chino fue cultivado durante miles de años por miles de millones de personas, por la civilización más antigua que continúa viva, por millares de generaciones de sabios, literatos, filósofos, filólogos, poetas. ¿Cómo pretendía yo suplantar eso con mis cándidas, ignorantes y poco iluminadas ocurrencias?


Mi tía tenía razón. Yo debía cerrar la mente y humildemente aprender de memoria sin cometer la insolencia de preguntar por qué.

Y si yo no deponía mi porfía en inventar cualquier cosa, simplemente debería haber sido respetuoso con mis ancestros y desistir de la intención de aprender su lengua.

Sin embargo, un demonio tomaba mi voluntad y yo reincidía. El demonio entraba por dos puertas. Por un lado, yo no tenía otra cosa que mi interés y mi imaginación. Por otro, tenía el deseo de incorporar en mi mundo algo del mundo chino de mi padre y mi familia. Inevitablemente, al entrar en mi mundo, cualquier partícula del idioma chino se contaminaba. Se transformaba, terminaba siendo otra cosa, quizás más pobre, o tal vez más rica, pero seguramente muy distinta.

Mi tía Sharon no admitía esa deformación. 

— Si querés aprender, aprendé, no imagines —me decía—. Aprender no es suponer, intuir, inferir. Si querés ponerte creativo, hacelo con lo que aprendiste, no con lo que tenés que aprender. Lo que se aprende, se aprende como es, no como no es. Se aprende como es, no se aprende como se te antoja que es.

Para ella el idioma chino, lo chino, todo lo chino, debía ser admitido, tragado, obedecido, como se dicta desde China, desde la tradición, desde la asociación de escritores o desde el Ministerio de Cultura.


En ese autoritarismo los occidentales que temen a China ven el germen de un imperialismo que se activará en la medida en que China vaya ganando influencia económica sobre otros países.

En la inevitable transmutación de algo chino en cuanto es asimilado por otros, radica la posibilidad del intercambio.


Las cosas siempre cambian. Cambian en procesos internos, como las dinastías eternas un día fueron terminadas, como Mao revolucionó el país multimilenario, como el gobierno acaba de terminar con una indigencia que parecía un ingrediente estructural e inevitable, y que torturaba a la sociedad China desde el principio de los tiempos.

Y las cosas mutan notoriamente cuando mundos mutuamente exóticos intercambian sus fluidos. 

Aceptar ese desafío conlleva tanta valentía como no admitir la profanación de lo puro y eterno.




jueves, 19 de agosto de 2021

A veces el amor aparece con la persona equivocada

 A veces el amor aparece con la persona equivocada, alguien que está con vos por una mala razón, alguien que quizás llegue a apreciarte, pero vos no le tocás el sentido de la vida, como te sucede con ella.

martes, 17 de agosto de 2021

El San Martín de 2021

Hoy, 17 de AGOSTO recordamos a José de San Martín.

Como pocas veces, es motivo de debate. Este año, tanto después de su muerte.

Me resultan muy alentadoras estas revisiones, el desbronceado para la rehumanización de un prócer y la confirmación de que el pasado sólo existe como la imagen que vemos, pensamos, intuimos, inferimos, con nuestros ojos, nuestras teorías y recursos cognoscitivos, y nuestros intereses de hoy.

Resumo lo que he escuchado en el fin de semana sanmartiniano que hemos tenido.

1. Hay acaloradas discusiones sobre su origen. Los polemistas están a punto de manotear el facón para batirse a duelo. El historiador Chumbita viene asegurando que San Martín fue hijo de un militar español y una criada. Que en los círculos de la clase alta militar lo segregaban por bastardo —entre ellos, especialmente, su suegra—, y que él respondía con carisma. Dicen que era chispeante y entrador, gran compinche jodón y bullanguero. Que hablaba guaraní, porque fue su primera lengua. Diversos centros sanmartinianos buscan a Chumbita para crucificarlo.

2. San Martín fue educado por España y durante 20 años —no durante dos semanas— guerreó para España. Era lacayo del Rey de España. Mató pilas de moros en nombre de la Corona Española. Pero un día, se pasó al bando enemigo. En España lo condenaron para toda la eternidad al lugar más indigno del Infierno, aquel reservado a los traidores.

3. Los directivos de los centros sanmartinianos explican que no traicionó, sino que luchó por la independencia de Argentina. Otros historiadores tan serios como ellos, observan que eso no era posible, dado que Argentina aún no existía. Pero sí existían las colonias americanas. Por eso San Martín hizo un plan con su camarada Bolívar, para liberar todo el territorio, uno desde el sur hacia el norte, otro desde el norte hacia el sur.

4. Otros historiadores se han puesto a pensar en la idea de “liberación”. Les parece un poco rara. ¿Liberarse de qué? ¿Quiénes querrían liberarse, si los que mandaban en América eran españoles? Algunos explican que San Martín pertenecía en España a la tendencia liberal, en parte por influencia de su padre verdadero, un español Alvear, que fue el que lo llevó y le pagó la carrera militar. Los liberales estaban influidos por los principios de la Revolución Francesa, y para ellos, la libertad era liberarse de la monarquía, de la corte de parásitos, e instaurar un sistema republicano. Era más fácil hacerlo en las colonias que en la península metrópoli, y allí tendrían un poder que en España sería muy difícil conseguir. 

5. De esta manera, difícilmente se tratara de la liberación de las colonias respecto de España, sino de una lucha interna de toda España, desplegada en el territorio.  

6. En las colonias, el poder pasaría de manos de los realistas, fieles a Fernando VII, a las de los liberales, que en parte eran los encendidos por el romanticismo de la Revolución Francesas, jacobinos y demás, y en parte estaban compuestos por los comerciantes, que querían comerciar con Gran Bretaña. La idea de “liberación” le queda grande a esa realidad, y la idea de “revolución” sólo estaba en la mente de Mariano Moreno, Belgrano y San Martín, que querían revolucionar el sistema monárquico para iniciar una república.

7. Finalmente, algunos afirman que a San Martín no le interesaba la política, que era sólo una formidable “máquina militar”. Otros discuten esta idea, sosteniendo que la máquina se dirigía en una determinada dirección, y la decisión de esa dirección es nada más ni nada menos que la política.