lunes, 25 de octubre de 2021

 “Las razas fuertes exterminan a las débiles, los pueblos civilizados suplantan en la posesión de la tierra a los salvajes. No debieran nuestros escritores insistir sobre la crueldad de los españoles para con los salvajes de América, ahora como entonces, nuestros enemigos de raza, de color, de tendencias, de civilización. Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes, por quienes sentimos, sin poderlo remediar, una invencible repugnancia… no son más que unos indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar y mandaríamos colgar ahora, si reapareciesen en una guerra”.

Esto lo escribió Sarmiento.

Aunque algunos consiguen cuestionarlo, la bestia que lo parió está caliente de nuevo.





miércoles, 20 de octubre de 2021

No sólo

 “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.


“No sólo de toda palabra que sale de la boca de Dios vive el hombre, sino de pan”.


“No sólo del hombre viven las corporaciones que producen, distribuyen, venden y son formadores de precios monopólicos del pan, sino de toda prebenda que pueda arrancarle al Estado, que les pertenece”.


“No sólo de usuarios viven las redes sociales”.





Un escritor insensato

Regalarle un libro al sintecho que duerme con su perro en el cajero automático del banco.

Organizar una reunión con antiguos excompañeros de escuela a quienes no aprecia.

Tener un affaire con la vecina del 12 “F”.

Tomar un taller de otaku.

Comprarse zapatillas en una feria de skaters

Armar una campaña para formar un grupo que visite a una persona cualquiera que está internada en un hospital y no tiene a nadie.

Tomar un tren a un lugar distante 23 horas y regresar sin haberse bajado.

Ir a una muestra temporaria en un museo y quedarse todo el día allí.


Un escritor insensato, que debe ser condenado a la cruz: aquel que genera todo tipo de situaciones para poder escribir sobre ellas.





martes, 19 de octubre de 2021

El cura y mi madre

 Con mis amigos Eduardo y Camilo estamos escribiendo sobre un cura irlandés que no se le entendía el español, revoltoso, que la iglesia lo trasladaba todo el tiempo por quilombero (con el ERP en el conurbano, o juntando gente en Pergamino contra la trata que tenía al intendente a la cabeza). 

Incluimos algunos de sus poemas, que son como Jesucristo escupiendo insultos en el templo convertido en mercado. 

Ese cura medio que me crió. Yo era adolescente y escribía basura, pero él rescató algo sobre abrir la ventana y sentir que un día era un milagro, un día que se repite eternamente: yo miro por la ventana y está mi madre tendiendo la ropa.




domingo, 17 de octubre de 2021

Sobre la vida de la muerte

Hace unos diez años se me ocurrió que debería haber talleres de preparación para la muerte.

No (sólo) por morbosidad, ni de ninguna manera (sólo) para no vivir o distraerse de la vida, ni (sólo) por obsecación, o cualquier otra inspiración negativa, sino como una ayuda preventiva, una guía que aproveche las experiencias de otros para abordar algo inevitable.

Pensé en un taller que sirva, algo útil, para quien va a morir y para las personas que tienen a alguien que va a morir.

No sería necesariamente para quien morirá de forma inminente, alguien que tiene una enfermedad o una edad terminal, sino para cualquier persona que comprenda que está bueno mirar de frente y no evitar algunos temas, y mejor aún está tratarlos en grupo.

Fue una de esas ocurrencias que se parecen a un arroyo a la hora de la paz, cuando saltan unos tras otro, a veces más de uno, suculentos peces, y uno no tiene nada con qué pescarlos. Son ocurrencias que tengo cada semana. Las veo irse resignado y melancólico, anticipando que me ofuscaré cuando vea que alguien las materializó.

Pero con esta idea me ocurrió algo singular: nunca me abandonó. La seguí cultivando todos estos años. 


En estos momentos, pienso mucho en el límite entre estar vivo o muerto.

La muerte es la muerte del cuerpo, claro, pero no es tan simple. No es lo mismo un dedo muerto que un cerebro muerto.

Pareciera ser que el corazón y el cerebro son los dos órganos críticos para decretar la muerte.

(Acabo de escribir: “decretar”, puerta para otra reflexión).

Una persona puede estar en una máquina que mantenga su cuerpo vivo aunque su cerebro o su corazón hayan dejado de funcionar.

Sus células se siguen duplicando, sus pelos crecen, su hígado, intestinos, páncreas, riñones, su sistema endocrino funcionan.

Al contrario, podría ser que todo el cuerpo deje de funcionar, pero el cerebro se mantenga vivo. Conectado a una máquina, podemos hablar con él, con la persona, preguntarle por sus recuerdos, sus miedos, sus sueños, sus ideas.

Podría participar del taller de preparación para la muerte.

Incluso un día la ciencia encontrará la manera de que la vida y la información de ese cerebro migre a una computadora, y entonces ya no serán necesarias las células del cerebro. La persona quedaría completamente independizada de su cuerpo físico y podría ganar una vida muy larga, suponiendo que habrá computadoras durante mucho tiempo.

Luego está el tema de los trasplantes. Alguien que ha donado un riñón y luego muere, sigue vivo en el receptor de su riñón.


Todo esto, tomando al cuerpo como hábitat de la vida de una persona.

También se puede considerar que una persona vive en otros hábitats, por ejemplo, en registros materiales, como películas, estatuas, libros y fotos, o en registros inmateriales, como canciones, relatos orales o recuerdos.


El límite entre estar muerto y estar vivo se vuelve difuso, y desde esa dilución, no es fácil pensar cuál es la existencia que tenemos.


Es posible que alguien viva en otras personas, si se acepta que una persona no es un individuo desconectado de los demás como un circuito cerrado, sino más bien es un recorte de la masa de deseos y acciones que es una sociedad, o familia, o tribu o manada, clan, barra, club, colectivo femenino, etc.

La muerte de un recorte es un agujero, pero lo que llenaba el agujero, lo que le daba contenido de vida, sigue vivito y coleando. 


Así es como se siente que la madre muerta sigue viva en sus hijos en la forma de las uñas, en un lunar en la cara o en la forma del pelo, o también en el modo de ser ansioso, en la manera de comer, en la opinión que se tiene de la oligarquía o los prejuicios contra los codiciosos, etcétera.


Algunas personas crean algo, un lenguaje, una manera de ver ciertas cosas, hipótesis, teorías, sentimientos, que influyen mucho en una sociedad durante mucho tiempo. En ese sentido está vivo Cervantes, Jesucristo, Pedro el Grande, Confucio, Tutankamón, Borges, Goya, Platón, Leonardo, y tantos otros.


Procuro en este planteo no alejarme demasiado del espacio común de la lógica, pero no debería dejar de mencionar el modo en que se siente viva a una persona que murió, en la forma de una presencia, un fantasma o cosas por el estilo.


Qué es lo que vive de una persona es una definición de la persona.

Puede decirse que mientras algo de la persona permanece vivo, en el medio que sea, la persona no ha muerto, aunque haya muerto algo, tal vez muchísimo, de ella.

De ese modo, quien escribe esto, ya ha muerto parcialmente (dos discos de mis lumbares, varias muelas, una cantidad infinita de recuerdos, el 62% de la capacidad auditiva), pero quizás siga vivo una vez que mi cuerpo sea alimento balanceado para la fauna necrófaga, si alguien me recuerda o mientras nadie dé de baja mi perfil en facebook.

 

Finalmente, también pienso que la muerte del cuerpo tal como es para cualquier mortal del planeta, que rasguña los beneficios de una obra social que atiende como la mierda, es el fin.

“Buenas gentes que caminan, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra”.

Y entonces, hay que tratar de darle momentos felices a los que queremos mientras tengamos con qué, ganas, fuerza y cuerpo.

Y punto final.





lunes, 4 de octubre de 2021

Negro el 8

 Me dice mi tío Juanca, el finado, que empezó pobre y murió rico:

— Ya tenés 60 años, no podés esperar ser feliz con cada cosa que te pasa. Sos medio pelotudo. No podés apostar todo en cada jugada con la esperanza de que los demás hagan lo mismo. La gente apuesta una ficha, una sola ficha a par o impar, o a color. ¿Perdiste? Perdiste una fichita nada más. ¿Ganaste? ganaste una ficha, te la metés en el bolsillo y te vas silbando bajito. Vos, en cambio, ponés todo, y querés hacer saltar la banca. Y encima te decepcionás porque tus amigos no te acompañan. ¿Cuándo vas a crecer? Mirá que te cacha el porvenir, ¿eh?





martes, 28 de septiembre de 2021

Un poco de fe

El peronismo, el movimiento político más representativo del Pueblo Argentino, derrapó feísimo en los 90.

En aquel pisar mierda en patas, el progresismo estuvo muy lejos del peronismo.

Pero cuando Néstor Kirchner empezó a devolverle la dignidad y a demostrar que el peronismo, sea lo que sea, es el movimiento que mejor puede realizar los deseos de todos los argentinos, el progresismo —clase media urbana, convicciones de izquierda, valores burgueses, influyente— se hizo peronista. Incluso por conveniencia. Y, como siempre, una vez más el peronismo le abrió los brazos. 

Ahora el progresismo está rechinchinando. De nuevo está diciendo “los peronistas” como “otra gente. Está despegándose.

Ante el Gobierno timorato, que le dice que sí al obrero y le dice que sí al patrón, que no avanza porque no decide, no corta el bacalao, que tiene el poder pero no tiene ambición, en este momento tibio y chirle, de perspectivas funestas, varios amigos progresistas dicen que es mejor no salir a la calle.


Los progresistas salen a la calle cuando la batalla está ganada.

Especula con todas las maniobras, estratagemas y trucos políticos de alianzas, celadas, jugarretas palaciegas, que deben hacer Cristina, Fernández, este, aquel, para ganar las elecciones y posicionarse y esto y lo otro.

Lo cierto es que los cambios grandes, los cambios de Destino que ha tenido Argentina —como cualquier otro país— han sido forjados por la gente en las plazas y en las calles. 

No en manifestaciones testimoniales y seguras, con niños sobre los hombros y en bicicleta, sino luchando. 

El progresismo no tiene fe en la gente y le teme a la negrada.

Sin embargo, es la negrada poniendo el cuerpo la que ha producido los cambios que luego son usufructuados por el progresismo.