domingo, 15 de mayo de 2011

Pescadito


Juan y Sofi
—    ¿Puede ser que a los cuatro meses se mueva?
Juan la mira a los ojos.
—    Qué se yo.
—    Yo lo siento.
Juan sigue mirándola mientras con la mano busca, debajo del grueso pulóver y una, dos camisetas, el vientre de Sofi. Ella le lleva la mano hasta un lugar. Se quedan en silencio.
Al fin Juan dice:
—    Se mueve.
—    Pero no puede ser, a los cuatro meses.
—    A lo mejor es un pedo, pero lo siento.
—    Siento que me comí un pescadito.
—    ¿Qué, alguna vez te comiste un pescadito vivo?
—    No, boludo, pero se siente así.
Juan sonríe. Sofi dice:
—    Qué asco.
Luego ya no sienten nada. Siguen mirando la tele.
Al rato Sofi dice:
—    ¿Y si sale feo?
—    Y, a lo mejor sale feo.
—    Todos dicen qué lindo, qué lindo, pero a lo mejor es feo.
—    Los otros días había un montón de chicos, y uno era feo. Tenía anteojos… era así y tenía anteojos, y estaba vestido… Era como un hombrecito, ¡era feo!


2 comentarios:

  1. A veces uno se torna infantil con ciertos cuestionamientos, ante lo invisible reacciona incrédulo.
    Mi pregunta del pez es tan insólita como creer o no en el amor. Acaso, alguna vez, alguien se atragantó con él de un bocado para sentirlo en forma de mariposas saltando en la panza?

    Genial Gus, al acecho, siempre atento.
    Abrazo de gol.

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