Creo haberles contado alguna vez de mi amigo Miguelito González, que no tiene nada adentro.
Está vacío.
Solo existe cuando habla con otros o cuando escucha voces en su cabeza.
Sin los demás y sin las voces, está solo inerte.
Es como un maniquí.
No piensa.
No siente.
Ni siquiera se angustia porque no siente nada.
El Big Data está jodido con Miguelito: no le saca nada.
Tampoco tiene rutina. Come cuando tiene hambre, duerme cuando tiene sueño, se abriga cuando tiene frío. Se lava los dientes si los siente sucios. Si siente dolor se toma una pastilla.
Un hombre vacío.
No tiene deseos.
No tiene sueños.
Ni siquiera parece diseñado por la inteligencia artificial. Más bien al contrario: parece un hombre tan inexistente que la inteligencia artificial no es capaz de imaginar.
No entiendo cómo está de novio con Lorena.
No entiendo qué vio en él Lorena.
Quizá a ella le guste esto que estoy diciendo, que no existe.
Así, no la molesta.
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