Los humanos, esos monos antropides, harán cosas inesperadas manoseando la IA.
Estamos hechos de lo que vemos.
La mente de alguien que se crió en el barrio de Kadiköy, en Estambul, es diferente a la de alguien que pasó su vida en El Alto de La Paz y de otro que vivió su infancia en Caaguazú, Paraguay.
Mirar mucho un cuadro de Rothko o de Goya, una película de Serguéi Paradzhánov o de Bergman modifica en alguna medida la mente.
Las imágenes hechas con IA empobrecen la realidad y producen un embrutecimiento de la inteligencia.
Seguramente esto cambiará y las imágenes empiecen a salir de la berretada antes de que la atrofia que nos causa vaya más allá de lo microscópico.
Sobre todo, los humanos, esos monos antropides, harán cosas inesperadas manoseándola, como han hecho con todo, desde los dioses hasta sí mismos.

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