Está siendo un típico Año del Caballo: quilombo.
Conviene desesperarse por perder lo que hasta hoy hacía de uno, propio.
Conviene llorar hasta que nos sequemos de lágrimas.
Llegará el momento de ponerse de pie.
Y entonces, tendremos frente a los ojos un mundo nuevo.
Será entonces la hora de detenerse unos instantes, de suspender el tiempo, y mirar todo, hasta elegir un punto al que dirigirse.
Por favor, paren el tiempo, Caballos y animales influidos por el Caballo, antes de largarse a correr. No permitan que su impaciencia e impulsividad les haga elegir cualquier cosa.
Porque el impulso de galopar en una dirección, el cauce en
el que entren, puede permanecer más allá del Año del Caballo— de hecho, por lo
menos unos cinco años.
Para decidir adónde ir tenemos el mundo entero.
Más que el mundo: tenemos el Paraíso.
Toda la realidad es una invitación a que hagamos algo con ella.
En el Año del Caballo, todos somos Adán y Eva.

Totalmente identificada
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