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martes, 29 de abril de 2025

El cachorro

Es un morocho magro, de líneas rectas. Es recio y orgulloso y tiene un atractivo que hace que uno no pueda dejar de mirarlo.

Está sucio. Ha andado, ha trabajado, han pasado varios días y no se ha lavado, ni cambiado de ropa. No tiene dónde. Hace mucho tiempo que vive en cualquier lugar. A veces vende medias, o pañuelos descartables, o alfajores. A veces consigue una changa de un rato, lava un auto, limpia un jardín, ayuda a descargar un camión. Alguien de una pizzería le da una porción de pizza que dejó un cliente o va a la noche adonde los de la iglesia reparten comida. No tiene más de 40 años.

Está sentado en una vereda. Tal vez termine durmiendo allí. Tiene un perrito sobre el regazo. Un cachorro. Me advierte que es inteligente. Le digo que va a ser guardián y él lo observa. Le digo “mirá cómo me mira, me vigila”. No sonríe mostrando ternura por el cachorrito. Le digo que parece cómodo: “este sí que la pasa bien, no tiene que trabajar, le dan de comer, lo tratan bien, duerme”, y me responde que no está siempre encima de él, que sabe caminar. Que camina mucho. Que no es ningún vago. Que siempre está al lado de él, y que no necesita correa. Me habla con seriedad.

En ningún momento me pide nada, ni me mira a los ojos. Con los dedos ennegrecidos le agarra al cachorro la patita con mucha delicadeza y hace silencio. No quiere hablar más.





 

 

 

domingo, 9 de marzo de 2025

Amigos ricos

 Dice alguien en la novela de Steinbeck Uvas de Ira, “si están en problemas, o herido o te falta algo, andá con los pobres. Son los únicos que te van a ayudar. Los únicos”.

Años después Ernest Hemingway escribirá: “al final los ricos siempre te van a cagar”.

Quizás es verdad, quizás no. 

Por supuesto que hay trillones de casos en que los ricos ayudan, hasta salvan, y la idealización de los pobres es una estupidez.

O también, ¿quiénes son esos ricos de los que hablaban Steinbeck y Hemingway?

¿Y quiénes son esos pobres?

Hay infinitos argumentos facilísimos para hacer trizas esas afirmaciones, e incluso para demostrar que son banales.

Sin embargo, los buenos escritores ven verdades. Verdades parciales, veladas, inconvenientes, insoportables, irracionales, inaceptables, disparatadas, fanatsiosas.

Pero son verdades de fondo.

Este asunto acaba siendo no un asunto sociológico, sino literario.


Lo mismo, tengan cuidado con los ricos.