— ¿Qué mirás?
— Es nada más que otra puesta de sol.
— Nunca se tiene suficiente de puestas de sol. Es irremediable la necesidad de capturarla.
(En mi vida hubo 21.397 puestas de sol)
Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
— ¿Qué mirás?
— Es nada más que otra puesta de sol.
— Nunca se tiene suficiente de puestas de sol. Es irremediable la necesidad de capturarla.
(En mi vida hubo 21.397 puestas de sol)
Dios es una inteligencia artificial creada en la época en que éramos homínidos (Lucy, denisovanos, neandertales), que ve poco pero supone todo. El mundo es lo que creemos que Dios (incluida la ciencia) sabe, pero en realidad sólo elucubra, infiere, intuye.
.
Este último tiempo, en que el espíritu de mi madre muerta hace nueve años se desvanece como desaparece imperceptiblemente un aroma, se me presentó el libro “ Cuerpos y almas”, de Maxence Van Der Meersch y recordé que a ella la entusiasmaba mucho.
Tengamos fe en estas Fiestas de Fin de Año.
No nos queda otra que tener fe.
Tengamos fe en ese Espíritu que una y otra vez ha surgido
en nuestra historia, buscando el Bien en medio de la crueldad.
Estamos hipnotizados con el ídolo Milei, como pasó con
Hitler.
Siempre el loco fascina.
Encandilados, no vemos cuáles son los poderes que lo
hacen gobernar.
Nos pasó con la dictadura, sólo veíamos a Videla y los
militares, y tardamos más de 20 años en comprender que había sido una dictadura
“cívico militar”.
La mano que maneja a Milei es la misma.
Sabe hacer.
Sabe hacernos creer que lo que está pasando es justo, que
es normal, que es para el bien de la Argentina.
Nos hicieron creer que para salvar a la Patria era
necesario asesinar a miles, matar a miles de argentinos, torturar, desaparecer,
traficar bebés de personas secuestradas, la perversión de hacer creer a esos
bebés que eran otras personas.
Igual que los nazis hicieron creer que el infierno de
Auschwitz era necesario, igual que Israel pretende naturalizar que sea justo
destrozar a los palestinos, viejos, niños, madres.
Esta gente sabe hacer.
La mano que mueve a Milei es la que organizó a todo el
establishment, a todas las fuerzas militares y de seguridad para aterrorizar y
hacer que el terror estuviera bien.
Fueron formados por norteamericanos, franceses especialistas
en quebrantar a la gente.
Convencieron a miles de que había que matar. Miles que no
habían nacido todos demonios.
Supieron reclutar a cientos de tipos que arrancaban uñas
con tenazas y le metían la picana a una mujer para torturar al bebé que tenía
en la panza.
Estaban llenos de odio contra la negrada, contra los
pobres, pero no actuaron en un arranque de odio.
Supieron administrar la sociedad haciéndole creer que
hacían lo mejor para la Patria.
Y eso es lo que están haciendo hoy.
Están naturalizando la miseria.
Los que queremos que nuestros hijos estén bien, no
tenemos más que la fe.
Aquella dictadura fue superada, pero siguió pariendo
monstruos.
Y aquí están.
Tenemos que tener fe en que podremos mantenerlos a raya.
En esta Navidad tenemos a alguien que sigue gritando:
“Por más que nos pongan mil milicos adelante
ESTAMOS.
Por más que no les guste
ESTAMOS
Por más que nos quieran tapar
ESTAMOS
Y si nos matan
SEGUIREMOS ESTANDO”
Esa fe debe hacernos actuar.
Cada uno haciendo lo que pueda.
Aunque sea pensar.
Aunque sea no mirar para otro lado.
El calendario marca que la semana que viene es Navidad.
De los buenos amigos y por RR.PP. recibo mensajes de Felices Fiestas.
Decimos LAS Fiestas, ya no “Navidad y Año Nuevo”, y ya
quedó atrás “las Fiestas de Fin de Año”.
Entre todas las del calendario, estas son LAS fiestas.
Son las fiestas de alegría de la familia, de celebrar la vida con un bebé dios, un dios que nace.
Son las fiestas de festejar comiendo juntos, bailando, haciéndonos regalos, llenándonos de colores, de luces, de barullo.
Son las fiestas de viajar hasta la casa de los parientes que viven en otro
lugar y reunirnos y reírnos hasta cualquier hora.
Son las fiestas porque tenemos hermanos, tenemos hijos, esposo, esposa, nietos, padres, amigos, y entre tantas cosas, también los queremos, nos queremos entre nosotros.
Son las fiestas de la ilusión de que algo puede pasar, dios hecho bebé, un cometa, unos reyes magos, hasta un gordo que era de la Coca Cola pero ahora es el tío José Luis disfrazado, medio en pedo y medio desmayado del calor.
Son las fiestas en la que los pibes van a ser felices y les quedará festejo en el corazón para toda la vida; con los regalos, la joda, y porque es el día en que los adultos hacen quilombo igual que ellos.
Son las fiestas de sentir las ganas de que los chicos sean felices, y también la viejita, y los amigos y los compañeros, y también los primos, los tíos, y el amor.
Son los días del año en que podemos dejar salir los buenos sentimientos y podemos abrazar.
Pero entonces no.
Entonces la semana que viene NO ES NAVIDAD.
La peor gente de mierda se está llevando todo lo que tenemos.
Se está llevando el futuro de los chicos.
Han puesto un payaso psicótico de presidente y han decidido aplastarnos.
Consiguieron deprimirnos en lo que deberían ser las fiestas.
No tienen un gramo de decencia, no tienen un gramo remoto de gente, no tienen clemencia.
En este momento estamos en manos de inhumanos.
No es Navidad.
Laura Caullo, economista del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, viene demostrando que “las familias más ricas cobran en promedio 23 veces más que una familia que se ubica entre el 10% más pobre de la población”.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC), el coeficiente de Gini, que calcula la desigualdad en la distribución de la riqueza, fue de 0,467 en el primer trimestre de 2024, mientras que en el mismo período de 2023 el valor fue de 0,446.
La desigualdad se está acelerando en Argentina.
Un pequeño porcentaje, una cantidad muy pequeña de empresas, familias, personas, concentran la riqueza de Argentina y sostienen a Milei en la presidencia.
¿Quiénes son esos dueños?
Los periodistas que queremos una sociedad mejor tenemos la misión de revelar sus nombres, de que se haga sentido común quiénes son esos parásitos gigantes.
Pero los periodistas tenemos que trabajar muchísimas horas para ganar lo
suficiente para poder pagar el alquiler, la obra social, el seguro del auto, y
no tenemos tiempo para investigar.
Sólo atinamos a personalizar todo en Milei.
Estamos fascinados hipnotizados obsesionados enamorados de odiar a Milei, no
nos damos cuenta o no queremos que sea sólo un botones alcahuete cadete paje, y
no investigamos quiénes son sus patrones.
Espero que nuestra falta de investigación para revelar quiénes son no sea para no quedar mal con ellos.