miércoles, 4 de noviembre de 2026

El camino hacia el espanto









 La mamá de John Brown le decía a su hijo que se iba a la guerra: “Oh hijo, te ves tan bien, me alegro de que seas mi hijo. Me haces sentir orgullosa de saber que sostienes un arma”. Bob Dylan cuenta que “mientras ese viejo tren partía, la mamá de John comenzó a gritar, diciéndole a todos en el vecindario: ‘Ese es mi hijo que está a punto de irse, ahora es un soldado, ¿saben?’”

Plutarco contó esa historia muchas veces. Una madre espartana le entrega el escudo a su hijo cuando parte a la guerra y le dice: “Volví con él o sobre él” y otra sentencia: “Lo traje al mundo para que muriera por Esparta”. 

El australiano Edwin Greenslade Murphy sostiene en un poema que un padre debe entregar a su hijo a la guerra para evitar que viva deshonrado. Los norteamericanos Andrew B. Sterling y Arthur Lange compusieron la canción “America, Here's My Boy”. 


Hay horror en esto, pero los vientos de una época lo pueden barrer. Las mujeres pueden nacer en una normalidad que les haga sentir orgullo parir soldados, asesinos alienados, carne de masacre.

Para eso hace falta que se afirmen poderosos inhumanos, que desprecien la vida, que sean indiferentes ante las masas de la muerte.

Hacia ahí vamos.

Nos lo recuerda la editorial Buchwald, reeditando los dibujos de lo que vio en los campos de batalla Dix.



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