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viernes, 30 de enero de 2026

Lo que está a la vuelta de la esquina

 El chino taiwanés norteamericano Jensen Huang es uno de los fundadores y actual CEO de NVIDIA, una empresa que soñó con la inteligencia artificial para desarrollarse como gigante de la industria (desarrolla unidades de procesamientos gráficos, interfaz de programación de aplicaciones para ciencia de datos y computación de alto rendimiento, así como unidades de sistema en un chip para la computación móvil y el mercado automotriz).


El que soñó fue Huang.

Cuando se le pregunta qué es la inteligencia humana responde que no consiste en resolver problemas técnicos, porque para eso ya está la inteligencia artificial, sino que la inteligencia humana es “la intersección entre la astucia técnica, la habilidad humana que permite a alguien vibrar con otros —lo que se llama ‘empatía’— y la capacidad de abordar lo que no se puede nombrar, aquello que está a la vuelta de la esquina”.






 

martes, 8 de abril de 2025

COYUNTURA - Cuál inteligencia

 Es inteligente no tomar las cosas “como dadas”.

Es inteligente desarmar lo que se nos dice.


Si nos ordenan “este es el límite”, podemos pensar:

¿Por qué acá y no más allá o más acá? 

¿Por qué el límite? 

¿Durante cuánto tiempo? 

¿Quién lo pone?

¿Es para todos o para algunos?


Si nos ordenan: “esto es la democracia”, podemos pensar:

¿No puede ser de otra manera?

¿Si es el gobierno de todos, por qué hay tantos que están mal? ¿Deciden estar mal?

¿Es sólo una cuestión política? ¿No involucra la economía?


Quienes aceptan los límites como naturales

Quienes aceptan las ideas cerradas como incuestionables

Se someten a ellas


Están adentro de la Matrix


Si no nos atrevemos a pensar de modo crítico, aceptamos que nos esclavicen.


En este momento la idea de AI, Inteligencia Artificial, es como el cielo.

Está sobre todos.

No somos conscientes de hasta qué punta nos domina, no el jueguito o la herramienta que responde preguntas y dibuja a Milei con un león, sino la que maneja los turnos de la obra social, la distribución de agua, el sistema financiero entero.


Con esto, aceptamos una particular idea de qué es la inteligencia.


Nos convendría pensar un poco en eso.


De qué inteligencia estamos hablando.


¿Nos están sometiendo con la Inteligencia Artificial?

Si no somos capaces de pensar en cuál es la inteligencia que nos dictan, ¿no estaríamos teniendo en la AI la misma superstición que teníamos cuando pensábamos que la Iglesia nos decía la verdad (cuando la Inquisición destrozaba cuerpos en sótanos) o que la Ciencia nos decía la verdad (cuando su objetivo era enriquecer a los más poderosos y fabricar bombas que tiraba en Hiroshima)?

¿No nos están sometiendo con una particular, quizás sesgada, quizás maniquea, quizás bastante estúpida, idea de inteligencia?

¿No podemos cuestionar esta inteligencia?

¿No podemos salir del campo de esta inteligencia?

¿No podemos liberarnos de la inteligencia?





martes, 14 de enero de 2025

La inteligencia del analfabeto



Los exploradores suelen ofrecer imágenes íntegras. Buscan crear con los datos que han descubierto, un sistema. 

Generar una coherencia, algo que explique lo que han hallado como partes de un todo.

Han necesitado esa coherencia para buscar y encontrar, y luego la necesitan para hacer inteligible la realidad de la que deben dar cuenta. 

El explorador Benjamin Morrell fue contratado para descubrir una determinada isla. Navegó mucho buscándola, finalmente dio con ella. Exploró una parte de sus costas pero no la circunvaló, se contentó con suponer que era una isla porque no vio otra tierra detrás. Se metió en el interior, anduvo por una planicie bastante desierta, vio un par de animales y vio montañas. Los animales le parecieron presas y entonces supuso que debía haber predadores en las montañas. Supuso que los predadores eran felinos y supuso que su color se parecía al que veía en las montañas, porque sería adecuado para que se camuflaran. Como no vio huellas humanas, supuso que la isla era desierta.

Al presentar el informe, eliminó la consideración de “suponer”, agregó otras suposiciones que completaban la imagen de la isla y habló de todo ellos con certeza para que su trabajo satisficiera a quienes le pagaron, y así volvería ser contratado para otra exploración.

Ahora bien, tal vez Benjamin Morell fue un bribón, pero la Ciencia no opera de una forma muy diferente. Todo conocimiento está conformado por las conexiones que suponemos, inventamos, intuimos, fantaseamos, imaginamos a partir de los datos que tenemos. Borges aprendió el idioma italiano con un ejemplar de La divina comedia. Tomaba un párrafo, distinguía algunas palabras y suponía relaciones entre ellas, suposición que iba ajustando a medida que la coherencia crecía e iba revelando el significado de palabras desconocidas. “Si esta palabra significara … sí, es obvio que significa eso, entonces esta otra palabra significa…”.

Creemos que no le costó mucho a Borges aprender el italiano y sobre todo comprendemos cuánto el desafío movilizó su sagacidad. Es la misma sagacidad que tiene un analfabeto para moverse en un mundo de lectura, y la misma que debe tener quien quiere entender las reglas de un juego que no conoce. Es la sagacidad que compensa el desconocimiento echando mando a otros recursos. 

Quien conoce el código, se mueve más rápido y más eficazmente, y quien no lo conoce recurre a su capacidad para suponer, memorizar, agudizar la percepción. El neurólogo Miguel Benasayag cuenta el experimento de los conductores: los del grupo de Londres, con GPS, llegaban al principio más rápido que los de París, que no tenían GPS, pero con el tiempo los de París tardaron lo mismo que los de Londres, mientras los de Londres perdieron la capacidad de llegar sin GPS.

El conocimiento cierto permitió crear la cultura de toda la humanidad, pero también la ha encerrado y le ha impedido otras maneras de percibir y comprender.