Antes de entrar a la empresa donde trabajo cada día me pregunto para qué voy a trabajar. Sé que no me reportará nada, que lo hago por sobrevivir y no para vivir, y que sobrevivir es la ilusión fatal de que uno, con sólo mantenerse quieto, no se mueve, sin darse cuenta de que está en la corriente de un río que se acelera hacia las cataratas. Sin embargo voy, y una vez adentro todo lo que hago, las gestas, los pequeños triunfos, los enredos y desenredos, las cruzadas de cada día, entregar mi mayor habilidad, desplegar mi intensidad, jugar mi entusiasmo, el calor de la batalla, la inercia, todo eso me absorbe completamente.
Al final del día mi balance es repugnante. Cuando a veces Mary-Sue o mis hijos me preguntan cómo me fue, me abochorno; digo “bien”, digo cualquier cosa, y a veces desempaco la verdad: “un espanto, no tengo nada para contarte, no hice una sola cosa que tuviera sentido, nada que tocara la vida. No sembré nada. No hice nada que me modificara la realidad en lo más mínimo. Nada, sólo quemé el día, entretenidísimo, eso sí, como un día de arrear vacas”.
Ligeras anotaciones que hace Gustavo Ng de asuntos que piensa o encuentra escritos en libros mientras va en colectivo y luego comenta con tal o cual persona.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Padre e hijo
Yo quiero que mi hijo haga lo que sé bien, con toda mi experiencia, que le hará bien, con lo que tendrá una buena vida, una buena familia, trabajos que le significarán una buena posición económica y el despliegue de sus aficiones y habilidades. Pero es rebelde: me desobedece y hace lo que hago yo de mi vida.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Stand by your man
Mi tía Irma tenía el concepto, pero no encontraba bien las palabras; se aproximaba con "estas muchachas de ahora, que no saben atender a sus maridos". En cambio, en inglés es simple y perfecto: stand by your man.
La que escribió una canción con esa idea fue Tammy Wynette, quien perteneció a la misma generación que mi tía, e incluso se le parecía lejanamente.
Stand by your man, de Tammy Wynette
Sometimes its hard to be a woman
Giving all your love to just one man
You'll have bad times
And he'll have good times
Doing things that you don't understand
But if you love him you'll forgive him
Even though he's hard to understand
And if you love him
Oh be proud of him'
Cause after all he's just a man
Stand by your man
Give him two arms to cling to
And something warm to come to
When nights are cold and lonely
Stand by your man
And tell the world you love him
Keep giving all the love you can
Stand by your man
Stand by your man
And show the world you love him
Keep giving all the love you can
Stand by your man
La que escribió una canción con esa idea fue Tammy Wynette, quien perteneció a la misma generación que mi tía, e incluso se le parecía lejanamente.
Stand by your man, de Tammy Wynette
Sometimes its hard to be a woman
Giving all your love to just one man
You'll have bad times
And he'll have good times
Doing things that you don't understand
But if you love him you'll forgive him
Even though he's hard to understand
And if you love him
Oh be proud of him'
Cause after all he's just a man
Stand by your man
Give him two arms to cling to
And something warm to come to
When nights are cold and lonely
Stand by your man
And tell the world you love him
Keep giving all the love you can
Stand by your man
Stand by your man
And show the world you love him
Keep giving all the love you can
Stand by your man
sábado, 11 de septiembre de 2010
Tercer recital de x fiAdos en Hogar Kaupé
A las 18.45, 15 minutos antes de que empezara el recital en el Hogar Kaupaé (el tercero, ya) llamé a Tomate para ver cómo andaba todo. Tomate ya estaba en el lugar, y ya estaban Loreley y Diego, y Juan, que tocaría con Tomate. Me dijo “acá está todo inundado”. Lo llamé en el momento en que todo el cielo de Buenos Aires se caía como un solo baldazo. La lluvia no duró más de 20 minutos, pero no quedó calle ni vereda visible: todo lo tapaba el agua. “Acá está todo inundado, pero va a estar todo bien”, escuché decir al irrevocable, invencible, Optimismo de Tomate. Cuando llegamos con Sue, tras una hora de atascamientos varios del tráfico, el recital estaba en su apogeo. Las mujeres del hogar estaban más sueltas que en los recitales anteriores y diría que inclusive habían acorralado a los músicos contra una pared. Tomate y Juan tocaban con profesionalidad impecable y el público, compuesto por las alojadas, trabajadoras del lugar, algunas que cumplían su horario y otras que fueron especialmente, y miembros de x fiAdos, quería más y más. Al final Tomate llamó al escenario a César, coordinador del hogar, que sacó una armónica de su bolsillo y se puso a tocar, ante cerrada ovación, tanto que terminó, cuán alto es, subido a una silla, con una mano sosteniendo la armónica y con la otra alentando el ritmo, mientras el público femenino hacía palmas y sonreía embelesado.
Nota. El lugar se inundó literalmente. Hubo que sacar el agua con secadores durante un rato. Al mando de uno de los secadores: Tomate. Una chica se le acerca y le dice “usted mire lo que está haciendo. Usted es de la casa”. Hay que ver la fuerza que tiene la creación de la casa en el hogar Kaupé. Si alguien va una vez y no vuelve, las habitantes preguntan por esa persona, insistente e implacablemente.
Durante el recital sonó un teléfono, detrás de los músicos. Tomate, con la guitarra en la mano, levantó el tubo, y con esmero: “Hogar Kaupé, buenas noches, ¿en qué podemos servirlo?”. Aplausos.
martes, 7 de septiembre de 2010
El ojo mágico

En Brasil se le dice ojo mágico a la mirilla de la puerta; para Hispanoamérica se le puesto ojo mágico a los libros que contienen esas imágenes que, al mirárselas forzando los ojos a una determinada posición inusitada, se descubre otra imagen, en tres dimensiones. Esta imagen está escondida en lo patente y una vez que una la ve, sabe que está ahí, aunque nunca más vuelva a verla. Algo parecido sucede a veces con la locura. Puede pasar absolutamente desapercibida, pero salta a la vista de algunas personas, que la captan en la forma de llevar una casa (el orden iniciado con entusiasmo y luego olvidado, la mugre ignorada, mínimas desubicaciones sin importancia, la irracionalidad de la iluminación), las somatizaciones muy extrañas (colores que adquiere el cuerpo, posturas inexplicables, el pelo demasiado arruinado o demasiado saludable, siempre algo en los dientes y en las uñas) y la mirada. La mirada es lo que casi todos pueden ver. Nada horroriza como encontrar la locura en la mirada del esposo, ese viejo y querido y aborrecido hombre con quien se vivió toda la vida y sin el cual su esposa no sería ella misma.
*/*/
¡Y ahora en video!
Personas lámpara
Las categorías arruinan el pensamiento porque son siempre simplificaciones; lo cierran en vez de plantearle un enigma que lo haga producir.
Por otro lado, las categorías son una herramienta indispensable para conocer. Alguien me habla de las personas lámparas e inevitablemente comienzo a observar todo con esa clave, como si fuera una lupa, una de esos visores transparentes que hacen que las cosas cambien de color y vuelven invisible el rojo de la realidad. Personas lámpara son aquellas cuya única fuente de vida es su trabajo (la ventanilla del banco, la casa y los chicos, etc.), de modo que si son desconectados, ya no tienen vida, caen en una depresión horrible, de muerto en vida.
Por otro lado, las categorías son una herramienta indispensable para conocer. Alguien me habla de las personas lámparas e inevitablemente comienzo a observar todo con esa clave, como si fuera una lupa, una de esos visores transparentes que hacen que las cosas cambien de color y vuelven invisible el rojo de la realidad. Personas lámpara son aquellas cuya única fuente de vida es su trabajo (la ventanilla del banco, la casa y los chicos, etc.), de modo que si son desconectados, ya no tienen vida, caen en una depresión horrible, de muerto en vida.
Decoración
No veo por qué un hombre haya de concentrarse en lo que no sea su misión. Todo lo demás —amistades, deudas, sentimientos, moral, salud, estética, compromisos— puede bien dejárselo a los decoradores de la realidad.
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