sábado, 18 de junio de 2022

Discusión


Mi papá y mi tío Juanca, su hermano, siempre andan juntos, como mellizos —de todos modos, compartieron el vientre de mi abuela.

Siempre andan juntos y siempre se pelean.

Los otros días caminaban por una calle del barrio de Once.

Mi padre decía que era el barrio más desastroso de Buenos Aires.

— Pero mira que edificios hay —le dijo mi tío Juanca—. Cuando se vino abajo y se hizo un barrio comercial, quedaron ocultos estos edificios que son formidables.

Le iba señalando uno y otro edificio, los viejos, de más de un siglo, señoriales, dignos, distinguidos.

Mi padre no le hacía caso.

— ¡Mirá! ¡Mirá! —decía mi tío, y mi padre miraba para adelante.

Frente a uno en particular mi tío dijo:

— ¡Fíjate ese, Horacio! Es una joya arquitectónica. Eso no es de acá, eso es arquitectura inglesa.

Aún sin mirar, mi padre dijo secamente:

— Sí, tenés razón, es un edificio inglés. Un edificio hecho por esos asesinos que nos han chupado la sangre y nosotros felices.

— ¡Pero la calidad, Horacio!

— Siempre sentís que son superiores los europeos. No hay gente más bruta en el mundo. Hay que ser bruto para vender, explotar y matar gente, y ellos son los campeones.

— Sos incapaz de apreciar. Sos un amargado. ¿Qué culpa tienen los edificios?

Siempre mi tío y mi padre tienen esta discusión.


viernes, 17 de junio de 2022

La paradoja de Borges y El sueño en el pabellón rojo

Borges decía lo que conviniera en el momento para poner a la gente en situación.

Inventaba.

Si era necesario, inventaba la verdad.

Es lo que hacía con la estrategia de vanagloriarse desintegrando su importancia personal.

“Disculpe mi ignorancia”.

Si alguien se le presentaba en la calle y le decía, para empatizar con él, que escribía, Borges le respondía: “caramba, usted es un escritor. Yo también escribo”.


No mentía cuando decía que era más lector que escritor.

Fue un escritor magnífico, pero en lo que escribe percibimos que fue un lector aún más portentoso.



Algunos críticos literarios chinos plantearon algo así como “la paradoja de Borges y El sueño en el pabellón rojo”. 

Borges dijo que había leído esa novela emblemática de la literatura china (hoy felizmente recuperada en Argentina con gran trabajo por Rubén Pose), de una traducción al alemán. Los críticos chinos concuerdan que la mejor versión a la que pudo acceder Borges era alemana; sin embargo, el uso que hizo Borges de la novela y sus comentarios delatan no sólo una lectura altamente sofisticada, sino que esa lectura no puede ser sino del original en chino. No encuentran otro modo de que Borges comprendiera, como hizo, algunos aspectos de la obra a partir de la versión alemana —y no hay ningún indicio de que Borges leyera chino, ni que se la hiciera traducir directamente del chino.


Esta paradoja nos convence de la estrategia de lectura de Borges. Sin sentir la mínima obligación de leer una obra hasta el final (recomendaba a los estudiantes no leer algo que no los atrapaba), leía lo suficiente para comprender, en sus palabras, la cifra de la obra. Luego, seguía leyendo, o volvía a leer, sólo por complacencia. 

Pero si la obra no le gustaba, apenas captaba su espíritu o si percibía que no lo tenía, de inmediato la abandonaba.


Esto nos hace pensar que quizás la mayoría de los libros que leyó, las leyó parado, junto al anaquel de la biblioteca de donde lo tomaba, picoteando pasajes al azar.


También vuelve a asombrarnos su memoria prodigiosa, porque lo que leía en ese pictoeo, eran frases que aprendía de memoria y repetía, para aponer a la gente en situación, tal vez años más tarde.


Sobre todo, quedamos pasmados, aturdidos y quizás espantados ante su inteligencia lectora. Encontraba en algunos párrafos claves tan profundas que no sólo iluminaban cada parte del libro como si todas sus hojas se desparramaran bajo el sol, sino que nos permiten captar con claridad todos los infinitos contextos de la obra.


Presentación del Libro Blanco y Celeste


Con Néstor Restivo y Eva Blanco Lu (Lv Xia) recopilamos artículos que escribimos los últimos años sobre China en medios de comunicación de Argentina y editamos el “Libro Blanco y Celeste” —diseñado por la sinófila Ana Belén Ruiz.

Es un libro periodístico. De alguna manera, también es un libro que interpela al periodismo.

Su excepcionalidad hace ver que el periodismo argentino no se pregunta por qué cuando se habla del desmoronamiento distópico del Mundo, no se incluye a China, donde el crecimiento económico es formidable, se distribuye bien y las investigaciones de encuestadoras norteamericanas demuestran que más del 95% de la población tiene fe en que la vida de sus hijos será mejor que la suya.

Al periodismo argentino no le resultó noticia que China, el país más poblado del mundo, acabara con la indigencia en su sociedad.

Para los medios argentinos no es cuestión la diferencia de muertos por Covid-19 en China respecto de Estados Unidos.

La diferencia es esta: en Estados Unidos la cantidad de muertos alcanzó el millón, mientras en China, desde el comienzo de la pandemia, es hoy de 5.772.


El periodismo existe para indagar la realidad.

¿Qué periodismo es el que no se hace esas preguntas?




El Gobierno de China publica continuamente “libros blancos”. 

Cada uno está dedicado a un tema específico: el desarrollo de África, las emisiones de dióxido de carbono, los derechos de los capacitados, la pandemia, la defensa militar.


Hay más de un libro blanco dedicado a América Latina, les cuento. No sé cuántos argentinos los habrán leído.


Los libros blancos son informes desde el punto de vista del Gobierno.

Es lo que hacía Fidel Castro en sus largos discursos y lo que hacía Chávez en televisión.

Materializan la función didáctica e informativa que debe cumplir el Gobierno.




Sin un cuerpo de estudios sociológicos sólidos, puedo ofrecer mi sensación: 19 de cada 20 argentinos que se ocupan del tema de China, China no les importa.

Es la misma proporción que entre la población argentina en general.

Pero entonces, ¿por qué trabajan con China?

Algunos, porque les toca en su trabajo.

La mayoría, por oportunismo.

Algunos porque observan que China va a ser el nuevo patrón de la vereda y se ponen en la fila primeros para congraciarse.

China no es un país preferido porque Europa tiene más encanto (a algunos les alegraría mucho más que su hija le presentara a un novio suizo que un pretendiente chino).

Estados Unidos resulta más apasionante, con su exitismo y espectacularidad.

Además, los argentinos estamos llenos de prejuicios contra los chinos. 

Los consideramos mentirosos, sucios, aprovechadores, indiferentes ante la Argentina. 

Sobre todo, no los preferimos porque son extraños. 

No los entendemos. 

No los entendemos por el idioma y porque no los conocemos.

Especialmente en esta época en que Estados Unidos le ha declarado la guerra simbólica a China, cómo ha hecho otras veces, los chinos no nos resultan deseables. 

No queremos ser China. Queremos ser Finlandia, pero no queremos ser China 

En orden de preferencia, tenemos a los europeos y los norteamericanos al tope del ranking, tenemos una cantidad de países afuera del ranking, y en el fondo del ranking están los países limítrofes mezclados con China.




Ahora bien, hay algunas personas que le encuentran un gusto especial a China.

Algunos de los que hacen contacto con China por oportunistas, terminan comprendiendo el valor de China.

Con Néstor Restivo nos metimos con China por culpa de Camilo Sánchez, que es uno de los argentinos a los que China le toca la última cuerda del fondo del alma. 

Camilo hace contacto con la maravilla profunda de China 

Le gusta China por su pensamiento y su sabiduría.

Por la capacidad de ingeniería social y el humanismo de los chinos, que les permitió la proeza de sacar 800 millones de personas de la pobreza y acabar con la indigencia.

Por su multiplicidad de portentos, desde la muralla inconcebible, hasta el ejército de terracota enterrado ah (vaya a saber cuántos otros milagros hay enterrados bajo el suelo de China).

Por el mundo del siglo XXV reflejado en las aguas del río Pudong, que atraviesa Shanghái.

Por el rover que en este momento está recorriendo la superficie de Marte, fruto de una carrera espacial que empezó 60 años después que la norteamericana y la soviética.

Y por la caligrafía divina, la poesía divina, la destreza divina de los dedos de los chinos.

Esa es una China eterna, esencial, diríamos.

Otros argentinos quedan prendados de China cuando tratan íntimamente con los chinos. Muchos de ustedes lo saben: son amigos que saben entregar el alma. No hay cómo resistirse a esa amistad.



Hemos insistido en que para los argentinos, más allá de que nos gusten o no nos gusten los chinos, más allá de que consideremos que están plantando un mundo mejor para nosotros o que son una amenaza, conocerlos es una cuestión de soberanía. 

Insistimos en que la soberanía se juega tanto en la deuda externa, como en las Malvinas, como en el conocimiento de China.

Uno de los hombres que más sabe sobre China en América Latina es Enrique Dussel Peters. Ha conducido un trabajo sobre las inversiones china en nuestra región y ha demostrado que la última década de la gigantesca inversión que ha hecho China en Latinoamérica, la mayor parte está destinada a la energía.

¿No les parece llamativo? 

Comprendemos perfectamente que hayan invertido en infraestructura para poder transportar las riquezas naturales que nos compran, pero ¿por qué la mayor inversión es en energía?

¿Ustedes creen que es simplemente la demanda y oferta del libre mercado?

¿China pondría sus inversiones en América Latina en las manos de un libre mercado? 

¿No deberíamos pensar que esa apuesta de instalar capacidad energética obedece a un plan? ¿Y cuál es ese plan? 

El común de los latinoamericanos no tenemos la menor idea.

¿No es formidable esa ignorancia? 

Los chinos nos quieren desarrollados, para eso está la energía. ¿Para qué nos quieren desarrollados?

Y además, ¿esto es un secreto de China o simplemente es que no nos enteramos porque TN, Infobae, La Nación ni Radio Mitre lo informan?

Es formidable que Argentina sea presidente de la Cela, pero ¿qué diálogo tienen los países de la Celac? 

¿Qué diálogo tienen sobre China? 

¿Y qué diálogo tiene en conjunto la Celac con China?



Occidente se viene abajo. La pandemia lo ha demostrado de una forma cruda. 

Mientras tanto, China emerge. 

¿Sabían que están fabricando un sol artificial como fuente de energía? Bueno, ese tipo de cosas son las que están pasando con China.

Esa China que se está transformando en un polo mundial, ¿es salida al desastre actual de Occidente?

¿Es un modelo alternativo que debemos copiar?

¿Extenderá su modo de hacer las cosas al resto del planeta, a la Argentina?

¿Es una amenaza? ¿Nos dominará y saqueará?

Insisto: los medios argentinos no ponen a los periodistas que trabajan en ellos a responder estas preguntas.



Primero, necesitamos conocer a China porque China tiene cosas que podemos aprender directamente. 

Ya lo hizo Europa en los siglos XIII, XIV, XV, y con cuatro inventos chinos revolucionó su mundo.

Luego, tenemos que conocer a China, porque conocerla suscita ideas, que de otra manera no aparecerían. Es lo que sucede cuando se observa una realidad de alto contraste respecto de la nuestra.

Tercero, necesitamos conocer a China, finalmente porque nos hace de reflejo. En China, observamos variantes de nuestros procesos, y eso nos permite pensarlos desde otra óptica.




Para conocer a China, las fuentes de información occidentales ya no son confiables. Se han transformado en una cadena de enorme homogeneidad que solamente amplifica el mensaje del Departamento de Estado norteamericano.

China como fuente de información es complicada, porque los medios chinos, también en cadena, solamente informan dentro del paradigma de comunicación socialista, con el que es muy difícil dialogar.

Nos queda el camino propio, conocer por nuestros propios medios. 

Mirar a China con nuestros ojos. 

Eso es lo que intentamos hacer Néstor Restivo y yo —no necesita hacerlo Eva, que tiene ojos chinos.

En fin, entre Néstor, Eva y yo, hemos sentido la necesidad de hacer el mínimo aporte de contarle a los argentinos lo que vemos de China. 

Parte de nuestro trabajo está en este libro.






martes, 14 de junio de 2022

Nosotros

 Pensar en MI libertad —contra los demás.

Pensar en MIS derechos —los otros que velen por los suyos.

Pensar en MI propiedad privada —los demás que hagan lo que quieran con la suya.

Pensar en MI espacio personal —el espacio personal de los demás es cosa de ellos.

Pensar en MI privacidad —los demás: afuera.

 

Termina mal.

 

Termina con alguien que entra en una escuela y dispara contra los chicos.

 

Si los demás fueran los suyos, fueran él mismo; si él formara con los demás un NOSOTROS, no dispararía.

 



sábado, 11 de junio de 2022

Un periodismo sin fundamento

 Los países poderosos de Occidente hacen guerras por todas partes para defender la democracia y sus derechos, como el derecho a la libertad de prensa.

Ese mundo, en bloque, castiga de manera inhumana al periodista australiano Julian Assange porque reveló información que comprometía a personas poderosas.

El silenciamiento y escarnio a Assange es ejemplar, es una lección y es una advertencia a todos los periodistas del mundo. 

Es parte de una época en que la comunicación periodística está prácticamente entera derramada en el mar de las comunicaciones virtuales, donde todo lo que se afirma, se afirma sin prueba.

El anonimato que otorga el tamaño descomunal de los mensajes emitidos y la velocidad con que las noticias se desvanecen, exime de la responsabilidad de respaldar lo que se dice.

Cualquiera dice cualquier cosa.

También exime de pruebas el fanatismo. Muchos leen sólo las noticias que coinciden con sus ideas, y porque les dan la razón, no quieren pruebas.

Tal vez los periodistas nuevos nacen a ese mar y les cueste comprender que una información no tiene valor si no tiene respaldo.

Todos los periodistas deberíamos decir sólo aquello que podemos probar.

Y mi recomendación a los lectores y público es que no escuchen lo que no es fundamentado.






miércoles, 1 de junio de 2022

Invisible

Debe haber efectos de la pandemia que vuelan entre nosotros como fantasmas de mariposas, que no vemos pero que tienen una influencia fuerte cuando se nos asientan en la espalda cuando dormimos, o en la boca cuando terminamos de comer o en el vientre cuando estamos sentados frente a la computadora. 

Roberto es mi contador desde hace muchos años. Tiene muy buena onda pero no tenemos ni un solo tema en común, ni jamás pensamos lo que pensó el otro en toda su vida y vemos las cosas de modo tan diferente que ni podemos comparar, pero ayer me sorprendió que me dijera que le pasa algo que es lo mismo que me pasa a mí tan íntimamente que no se lo dije a nadie. Ni siquiera me lo había dicho a mí, no lo sabía. 

— Ya se terminó el encierro por la pandemia —me dijo— pero yo es como que se me hizo natural quedarme adentro. Es como si me hubieran metido en una celda y ahora está la puerta abierta, pero la celda es mi casa. 


viernes, 27 de mayo de 2022

Caníbales colibríes

Los humanos somos seres sintientes.

Pero no somos los únicos.

También son seres sintientes los perros.

Los venados.

Las vacas.

Los cerdos.

Los colibríes.

Los pulpos.

Las merluzas.

Y también las lombrices, que se retuercen desesperadas cuando sienten que se las asesinará.

Y también las moscas.

Y las plantas.

(Los botánicos lo han demostrado de muchas maneras, y ni siquiera necesitamos de los botánicos para saber que sienten la presencia del sol).

Las berenjenas son seres sintientes.

Los cactus.

Las batatas son raíces sintientes.

Y son seres sintientes los organismos unicelulares, que están vivos.

Incluso los virus, que desarrollan estrategias para sobrevivir y colonizar y multiplicarse.


Los seres sintientes somos, en fin, caníbales.


Nos devoramos unos a otros.




No podemos evitar ser caníbales.


Pero podemos evitar la crueldad, el egoísmo y el desinterés por los demás.


Hay quienes se dedican a hacer campañas para que los humanos no comamos chanchos, pero no se interesan en absoluto por los niños quemados vivos en las guerras y las personas que mueren horriblemente de hambre, de drogadicción, en una cárcel, como víctimas de un sistema de explotación.


Pese a ser caníbales, podemos ser solidarios.