sábado, 7 de abril de 2018

Sirena



Eras
la cola plateada
de una sirena verde
que atravesaba el cielo
de Oeste
a Este,
la forma de la luz
se reunía
en tus alas, y el viento
dejaba caer lluvia y hojas negras

(Oda a Ángel Cruchaga, Pablo Neruda)

Dale que va



El chanta es un estafador al que se perdona.
¿Por qué se lo perdona?
Se perdonó durante una década al chanta de La Rioja.
¿Por qué es simpático?
No.
Porque está mal pero no está mal estafar, robar.
Porque sabemos que en el fondo vivimos en una economía en estado de robo.
Los bancos roban, las empresas roban, los políticos roban.
Y roban legalmente.
Instalado el robo legal, lo que se instaura en el fondo es el robo.
Hay que ser un fanático, un héroe, un freak para no robar cuando tenés la oportunidad.
La oportunidad de hacerle un juicio al Estado que sabés que vas a ganar.
La oportunidad de pasar por el molinete del subte sin pagar.
La oportunidad de subir un poco más el precio.
La oportunidad de pagar por los servicios que te hacen ganar una licitación.
Todo eso que llaman grandes y pequeños actos de corrupción.
No son excepcionales, son un sistema total, el mecanismo básico de la economía capitalista.
Insisto, unos robos son ilegales, otros no.
Sabemos, incluso, que las mayores transferencias de dinero son legales.
Es el estado “Cambalache”, ¡dale que va!.
Y entonces cómo pedirle a alguien que no salte el molinete del subte.
Así las cosas, no se le retira apoyo a los gobernantes porque roben.
Fulano de tal tiene millones de dólares en una cuenta offshore, sí, ¿y vos qué harías si tuvieras millones de dólares? ¿Los dejarías acá para que te los roben los bancos, o el Gobierno cobrándote impuestos desmedidos?
Entonces las críticas a las empresas que promovieron la dictadura militar del 76 para enriquecerse y las críticas al presidente porque tiene dinero en Panamá se desinflan. Sirven para el indignómetro de las viudas del kirchnerismo que eligió abdicar el poder.
El resto de la gente va por otro lado.




Sordo y loco



En Valencia conocí a una mujer enferma de cáncer de pulmón que decía “mi cáncer se llama María Jiménez”. María Jiménez era su nuera.
Siempre me asombró que Beethoven fuera sordo y loco.
Sordo y loco.
¿Van juntas esas dos cosas?
A medida que mi sordera crece como una marea, escucho frases en los ruidos. Se me cae un táper y dice “I got it”.
Se enciende la heladera y dice “ya que está parada”.
Se apaga la computadora y exhala un “¿qué hora son?”
En la calle los autos dicen todo tipos de cosas, “¡qué tren!”, “¡decilo vos!”, “¡it’s noon!”
¿Podría ser que el día que deje de escuchar a alguien, esa persona ya empiece a ser otra, hasta que sea completamente otra, hasta que no tenga más relación con ella?
¿Podría ser que el aislamiento que causa la sordera sea real?
Me aterra pensar que ya no está más junto a mí quien habría de estar para siempre.
Mi tía Tita en sus últimos años le decía Irma a mi mamá (Irma había muerto). Todos los que tuvo al lado estaban ya del otro lado.
Quizás desde allá le mandaban mensajes cifrados en los ruidos que hacen las cosas.




La guerra del abuelo



“La luz blanca de los reflectores era como un tul…”, dice Piglia que le dijo su abuelo Piglia cuando le contaba de la guerra (la Primera Guerra Mundial).
Se nos están acabando los escritores que tienen su lo que escriben algunas marcas de lo que le contaron de la guerra sus padres o abuelos, ¿no?







*      *      *


Libros Ref atrae muchas personas a quienes les gustan naturalmente los libros. Hay un muchacho con el que nos gusta mucho entendernos. No sé si realmente nos entendemos mucho, en realidad hemos hablado muy poco, pero en cuanto nos entendemos un poquito lo celebramos y nos entusiasmados. Espero que terminemos haciendo algo juntos.
Esta tarde le pregunté cuántos libros de ficción hay editados de Piglia, que tuvo una carrera muy larga y él los nombró a todos. Eran los que yo conocía. Le pregunté porque temí ignorar que hubiera escrito muchos más. Entonces le dije que me llamaba la atención que tan poca obra justificara que los diarios del escritor se extendieran por tres libros tan voluminosos. Él, sin embargo, no encontraba nada extraño en eso. Y el mercado de la razón, porque los diarios se venden muy bien.

Bárbara



Bárbara es una antropóloga divergente.
Recuerdo que cuando estudiábamos cuestionaba cada cosa que decía un profesor o que leía.
Jamás aceptó nada.
Los profesores la odiaban todos. Los interrumpía constantemente para discutirles sin fundamento y sin racionalidad.
Decían que estaba loca.
Tenían razón.
Se hizo católica, rastafari, sufí, budista, experimentó con todo tipo de vegetales que le provocaban alucinaciones.
No cree en la realidad.
Es anarquista epistomólogica, lo que aplica a la antropología.
Hace unos días nos encontramos y sólo me habló de cuánta plata le cobraba el veterinario para curarle una nutria que tiene de mascota.
Es instructora de qi kong en un parque. Casi no cobra. Tiene la elasticidad y la tensión de una nena de 14 años.
Le interrumpí su relato interminable de la nutria para decirle lo que pensaba de ella. Le dije que toda su vida buscó otro camino a cada paso que daba, y que con eso nos había regalado una gran libertad a sus amigos.
Entraba  los paisajes nuevos armada con su aparato cognoscitivo de este mundo y por lo tanto nunca pudo ver nada nuevo. Siempre volvió frustrada, pero los que la seguíamos descubríamos cómo traía prendidos de sus polleras, de sus cejas, de su nariz y entre los dedos de sus pies cosas rarísimas, indescriptibles y efímeras. Se disolvían en un instante, y ellas jamás las percibió, pero nosotros nos quedamos absortos porque vimos prendas de otra realidad.
Cuando muera, su alma no se enterará en absoluto y seguirá por acá, diciendo no, no, no es así, estás equivocado, eso es una pavada, eso que decís es sólo algo funcional al poder.
Y tomará por otro camino.



La gran paranoia




Mucho más potente que lo que se figura la astrología, muchos menos infantil que lo que fantasearon los griegos de la antigüedad, algo da forma a la realidad a través de designios sobre los seres. Ellos son los agentes que actúan y orientan las cosas en tal o cual dirección. Quizás la mejor descripción son las concepciones orientales de los cambios como consecuencia de un movimiento del todo en su conjunto.

Esta es la gran paranoia.

Algunos somos más sensibles para percibir las decisiones, otros las actúan sin saber que vienen de más allá de la voluntad personal










miércoles, 4 de abril de 2018

El deseo toca



Las personas mueren si pasan un determinado tiempo sin que las toque el deseo de otro.

Por otro lado, las mentes están atrapadas, convertidas en un enredo de contradicciones y vicios que impiden que las personas se desarrollen de modo de alcanzar a otros con su deseo.

A quien le tengo afecto le deseo que aunque sea cada tanto materialice sin intermediaciones sus instintos.