jueves, 19 de diciembre de 2024

Esos villeros

 


 En la sangre Argentina hay una dosis de fascismo que se enardece de furia ante los políticos que meten la mano en la lata, pero consienten en silencio que torturen a las personas.

Esto lo dijo Pedro Saborido. Alejandro Dolina dijo que quienes son felices al precio de que los otros sufran, son miserables. Es parte de la misma dosis de fascismo en sangre.

También dice Saborido que no es sorprendente que esa dosis haya influido en que se votara a Macri después de 12 años de darle tablets a los negros chicos y cunitas a los negros bebés, después de 12 años en que “se creyeron que podían tener celular e irse de vacaciones”.

Es el consentimiento a los sectores dominantes. Un consentimiento que llega al entusiasmo o al fanatismo.

Se parece al apoyo que la mayor parte de los latinoamericanos en Estados Unidos le dieron a Trump, que prometió afligirlos. Para votarlo de todos modos, cada uno pensaba que Trump será inclemente con los otros latinoamericanos, mientras “conmigo no”.

Así piensa el fascista pobre —“que le metan balas a esos villeros ladrones”, dice de sus vecinos.

 

 

 

"El arte de la guerra" en la contienda ideológica

1. 

Si El arte de la guerra va a ser puesto en diálogo de civilizaciones, China debe estar dispuesta a que termine siendo otro libro.

El arte de la guerra como clásico chino tiene un acabado en su cultura, el de ser concebido como sagrado, por su sabiduría, su calidad, su antigüedad, su condición de obra patriarcal y fundamental.

Esto pareciera no dar lugar a lo que sucede con todos los libros, que sólo existen cuando son leídos.


El arte de la guerra se hace global cuando otros países lo apropian inclusive bastardeándolo como autoayuda.

Este proceso involucra su traducción, adopción, adaptación y generación de nuevos aspectos a partir de su asimilación.


2. 

El Polo anglosajón ha conseguido imponer una concepción una manera de vivir a la fuerza y con la Biblia, a la fuerza y con el idioma inglés, a la fuerza y asesinando otras cosmovisiones, otros cuerpos, otros deseos, otros dioses, otras medicinas, otros paraísos.

Por lo tanto, si el movimiento polimórfico que se agita trata de sacarse de encima al imperio anglosajón, deberá batallar contra esa ideología.

¿Qué posibilidades hay de que las colonias, más o menos formatizadas por los imperios europeos, puedan desenvolver ideologías diferentes?

Colonias, excolonias, semicolonias forman una gama que va desde sociedades creadas por los europeos, como la sociedad argentina, hasta sociedades que por algún motivo han sabido o podido trabajar elementos ideológicos fuera del dominio imperial —desde culturas amazónicas, mesoamericanas, chinas, africanas, filipìnas y otras.

Por ahora, sólo nos entendemos en inglés.

La sola atención de este tema impone la pregunta de cuáles “civilizaciones” pisoteadas, escondidas, disimuladas, resurgen ahora en el polimórfico movimiento surgente —a la vista están la civilización China, la mesopotámica, la árabe.

¿Pueden surgir americanas —mayas aztecas, incas— o africanas?


3. 

Los anglosajones no dominan sólo con bases militares. Las articulan con los celulares (en otra época era el televisor en cada casa y las películas en el cine).

Si hay una disputa del poder, está el juego la dimensión ideológica con la que los anglosajones consiguieron el consentimiento de los oprimidos.

Ahora bien, el líder de los oprimidos es China, que está goleando en la superestructura económica pero en el plano ideológico está igual que en el fútbol —pierde con Vietnam, el peor.

¿Dice algo de esto Al arte de la guerra?

Concebir a la guerra como la guerra del sentido como un plantea una relectura de El arte de la guerra.

Podría plantear estos ejes:

1. Conocer al enemigo, es decir la capacidad de Estados Unidos de generar consentimiento.

2. No mostrar objetivos ni planes para el desarrollo ideológico.

3. No confrontar. 

4. Prepararse para dar un ataque sorpresa.

5. Adaptarse e innovar en la batalla ideológica.

6. No malgastar energía en escaramuzas.

7. Tener información sobre todos los factores involucrados en la guerra ideológica, no sólo cuáles son las fuerzas propias y las del enemigo.

8. Coordinar con los aliados.

9. Trabajar en la convicción.

10. Sólo ir a la batalla ideológica cuando no quede otro remedio.

  

 


La ideología binaria

Hablar del crecimiento de china, no milagroso, sino trabajado y conseguido por el pueblo a través de su Partido Comunista, te pone en el lado prochino*.

Esto es porque se ha construido ese binarismo de “take sides”, “¿de qué lado estás?”, un matrimonio se divorcia, y tenés que elegir, “estás con uno o estás con el otro”, con una rigidez de eficacia formidable.

Esto lo ha conseguido Estados Unidos, basado en el pensamiento de los griegos patriarcas, encendido con su fanatismo y con su implacable máquina ideológica (ante la cual, China es tan indefensa como un pichón en un nido cuando llega a devorarlo una serpiente)..

Ese pensamiento binario es usado para el planteo: O es democracia o es dictadura

No hay nada en el medio. 

Un joven europeo multicausas sociales una vez me reveló el sentido más claro de la dicotomía: “Tailandia es un país capitalista, no es una dictadura”, me explicó.

Si no se desarma esta máquina, no podemos analizar China, ni el lugar de China en el mundo, ni nuestra relación con China.

Como toda ideología, es necesario para que caiga, que la expongamos, la desnaturalicemos y hagamos visible, y seamos conscientes de hasta qué punto que maneja nuestra percepción de la realidad.

 



* El sentimiento antichino en la Argentina de hoy parece encenderse. Pueden leerse los comentarios en este post: https://www.instagram.com/reel/C_Vc_wQMPAC/?igsh=MXZ2aHNpcTdrOGJyag%3D%3D

 

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Li, el rito




Hay quien explicó que el sinograma , li, deriva de , que asociaría altar, 礻示, shì, con , que significa tambor, pero en este símbolo aportaría el sonido. Luego , yǐ, podría agregar el significado de sangre.

es la segunda de las virtudes confucianas, y remite a rito, ritual, ritualización, aptitud para el rito, actitud ritual.

La virtud de observar las formas, de saber comportarse, de respetar las buenas costumbres, de saber qué decir en cada ocasión, de ser bien educado.

El es el cauce y lo que permite que las cosas fluyan.

Camilo Sánchez a quien le va a natural la ropa que se usa en San Marcos Sierra, se pone saco y corbata para leer a un poeta venerable.

El rito integra una receta de conducta, un tiempo marcado por etapas y objetos litúrgicos.

La observancia más estricta y la mayor exactitud, calidad y fidelidad de los objetos litúrgicos, las conductas y los tiempos pautados, ofrecen la mejor fluidez de aquello que debe fluir.

La conducta, los tiempos y la liturgia están completamente objetivados. No hay lugar para la ocurrencia, el invento o la creatividad. Todo está estipulado de una manera rigurosa. Sólo debe cumplirse lo que está establecido. El rito no puede apoyarse en absoluto en la iniciativa individual.

Así, quienes participan, activa o pasivamente en un rito, han de suprimir su subjetividad.

No sólo suprimir: es necesario, inclusive, que se sientan oprimidos, incómodos, afligidos por el rito. La ropa incómoda, los actos incomprensibles, las palabras ininteligibles, los tiempos de una duración irracional, los enseres absurdos, deben ser no sólo aceptados, sino que debe hacérselos propios. De ahí que muchos ritos prescriban destrucción de bienes, asesinato de animales, sufrimiento corporal o también la muerte de humanos.

Todo es justificable para que fluya la fuerza que da vida a la realidad.


Intersección

¿Tenemos espacios de intersección diferentes en el chat y cuando nos reunimos en persona?

Los espacios de intersección entre las personas son los temas en común.

Cuanto más tiempo tienen las relaciones, más cosas han pasado, más han hablado y menos sean las personas, más amplia puede ser la intersección.

Ejemplos de intersección mínima son es hablar del clima.

Un poco más amplia es la de hablar de noticias de las que todos hablan.

Un poco más amplia aún es hablar de política.

Una familia o un grupo de amigos puede optar por grandes intersecciones en la charla uno a uno, pero pequeñas intersecciones cuando están todos juntos, hablando de temas folclóricos, “qué loco era el pelado”, “las Navidades en casa de la tía Luisa eran las mejores” o los veranos en aguas verdes.

Hay juegos de intersección. En la película Notting Hill un grupo de amigos cena. Al final queda un solo bombón en un plato, y alguien dice que para elegir quién se lo comerá tiene que haber un concurso de dar lástima. El que cuenta algo más lastimoso se lo lleva.




 

 

Todo tuyo

Alguien dijo que todas las personas se merecen una vez en la vida dar una vuelta alrededor de su jaula.

Estos días iré a visitar a mi padre a Nueva York. Su casa será mi jaula. 

La jaula podría estar en un lugar que no tenga nada que me interese, pero no sé cuántos lugares tienen más cosas apasionantes que Nueva York.

Cuando volví allí después de muchos años, anduve desaforado por muchos lugares que eran maravillosos, pero todos eran obligatorios, desde el Central Park hasta un templo donde se cantaba gospel, el museo Guggenheim, el MET, el memorial de las Torres Gemelas. Adonde todo el mundo va.

Eso ya se me terminó. 

Además, hubiera preferido hacer otra cosa: no aquello que me era impuesto desde afuera de mí, sino hacer lo que yo quería.

¿Y que quería yo —y que quiero ahora que vuelvo?

No lo sé.

Es como tener frente a mí un espejo y no verme. 

O como si Dios me llevara a un lugar y me dijera: “este es el Paraíso, y su condición de Paraíso es que lo que desees, se te dará”. 

En ese momento mi deseo se pone en blanco.

Si me dan un empujón desde atrás para impulsarme a hacer lo que quiero, me aparecen las excusas. Me aferro a que no puedo hacer nada porque soy sordo, porque todo es carísimo, porque hacerlo solo no tiene gracia, porque oscurece a las cinco de la tarde, porque hace mucho frío.

Podría ser que la escena de la jaula en Nueva York sea una alegoría, didáctica, emblemática, de mi vida.

Tal vez también lo sea de otras personas.







domingo, 15 de diciembre de 2024

Amigos



 Antes la gente le ponía al hijo de nombre Rubén Darío, así nomás, como si Rubén Darío hubiese sido un cantante de la música tropical, o un corredor de autos exitoso. Y no era uno, eran muchos Rubenes Daríos. En mi división había tres. Con uno, con el Gordo Rubén Darío, quedamos amigos. Un día me vino con la queja de que yo había salido con la Flaca Silvia.

— ¿Pero cuál es el problema, Gordo? ¿Te gusta, la Flaca? Nunca me dijiste nada, boludo.

— Lo que pasa es que sale con todos mis amigos, y conmigo no.

— ¿En serio?

— Y, como vos. Ahora anda con Rubén Darío.

— Sí, Rubén Darío Cejas. ¿Y vos le tiraste onda, le dijiste?

— Lo que pasa es que somos amigos.

— Los amigos también a veces se pueden poner de novios.

— No, no. No queremos perder nuestra amistad.

— Y bueno, entonces no te quejés.

— Pero ¿con todos mis amigos tiene que salir?

— No sé, no la volví a ver mucho.

— Es así. Amigo mío que conoce, se pone de novia.

— Sos como su proveedor de novios.

— Me da bronca.

— ¿Por qué?

— Nunca nada conmigo, nada, ni una teta, ni un piquito.

— Una amiga es un amigo con tetas, Gordo.

— ¿Y no me dijiste que a veces los amigos se pueden poner de novios?

— Sí, cierto. Y, tirale onda.

— No, no, me va a sacar cagando. La puta madre.

— Mirá si está esperando.

— No, no queremos ser amigos siempre.