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miércoles, 11 de diciembre de 2024

¿Es o no es?

Delicia de película, “Marcello mio”.

Suyo Marcello, suya la película, de la hija de Mastroianni.



No es una ficción, no es un documental, no es una biopic, no es nada que haya existido.

Absolutamente inclasificable.

Incluso las relaciones entre las personas en la película son inclasificables.

Desde que una persona es ella misma, pero está hecha de otras, ¿cuánto tiene de sí y cuánto tiene de otros?

¿Se puede decir que la identidad (la clasificación) de Chiara es puramente Chiara, si tiene los rasgos de su padre —y su madre, en la película, le reprocha “tenés los gestos de tu padre, sí, pero también te me parecés”?

¿Cuánto es Chiara y cuánto es Marcello, y cuánto es Catherine?


Es necesario refugiarse en la clasificación, en la etiqueta, el nombre, qué soy.

Santi tenía a su papá y de repente me empezó a tener a mí, con quien su mamá tuvo otra hija. Muy chico ya filósofo, Santi me dijo “no sos mi papá, pero tampoco sos mi no papá. Sos mi Gus”.


Es una manera de vivir.

Vivir en crudo.

Nos resignamos a que nos pongan un rótulo —alumno, hipersensible, varón, periodista, chino, clase 62, soberbio, extranjero, vital.

Aceptamos que nos encierren en una categoría dentro de un cuadro —hermanos, amigos, socios, amantes, colegas, jefe-subordinado, cónyuges.


Pero no deberíamos dejar de sentir con la mano la arcilla fría y mojada que amasamos, que aún no tiene nombre, no tiene gobierno, no tiene vergüenza, no tiene juicio.


viernes, 29 de noviembre de 2024

Un espejo oscuro



Una suerte de robo de Gregorio Samsa: el caso de Franco Schldt, que trabajaba escribiendo solo en su casa, una casa que se le hacía tan grande que perdía noción de su geografía y a veces no sabía en qué lugar estaba; y allí trabajaba con tal vehemencia y quedaba tan absorto que si por casualidad pasaba delante de un espejo —no los había muchos, y todos eran oscurísimos, casi negros—, asombrábase grandemente ante su imagen, porque se daba cuenta de que podía haber visto ante sí un mapache, su propia madre, el librero muerto en su adolescencia, un actor de cine italiano o, previsiblemente, el insecto de Kafka. Se veía a sí mismo, se reconocía —no estaba alienado, o por lo menos no estaba loco—, pero descubría que se había olvidado por completo de cuál era su aspecto, y de que si en algún momento de esos días en que no había visto su reflejo, hubiera tratado de recordar su rostro, habría fracasado. 


lunes, 12 de febrero de 2018

Yo soy



No es tan fácil decir “yo soy”.
Cada persona es un espejo.
Vos sos un espejo.
Alguien se mira en vos, se ve de determinada manera.
Vos pensás que esa persona es de determinada forma, que piensa así, que tiene tal pasado, que le espera tal vida, que se relaciona de esta u otra manera, la ves linda, fea, le ves una estética.
Esa es la imagen que esa persona ve de sí en vos.
Salvo que sea un psicótico, verá una imagen algo diferente cuando se mire en otro.
Vos te mirás en una persona y lo que ves es diferente de lo que ves cuando te mirás en otra.
Además, el espejo que es cada persona, va cambiando.
Y además, cada persona no es de una sola pieza. Puede ser muchos espejos, un sistema de espejos que funciona bien o mal.
Decir “yo soy” es un acto supremo de la voluntad de ser una persona íntegra y recortada, ni qué decir inmanente.