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martes, 9 de diciembre de 2025

Cruzar la plaza

Cuando salí del hospital Muñiz crucé con lentitud la enorme plaza que lo separa de avenida Caseros. 

La plaza se me hacía interminable. 

En un lugar encontré un perro.

No tenía aspecto de bueno. No mostró interés en mí. 

Me detuve junto a él, estuvimos los dos muy quietos y al fin le acerqué el dorso de la mano con cuidado, observando su reacción. Apenas me la olió. 

Pero no hizo problema cuando le acaricié la cabeza. 

Lo acaricié un rato, no le hablé, le di unos golpecitos en la cabeza. 

Él se mantuvo inexpresivo.

Sin embargo, cuando me empecé a alejar me siguió, y desde atrás mío metió el hocico en el hueco de mi mano mientras yo caminaba.

Me paré otra vez y volví a acariciarlo.

Me dieron muchas ganas de invitarlo a mi casa.

Fueron cuatro meses allí dentro. 

Pensé que tengo muchas ganas de tener un perro.




domingo, 24 de noviembre de 2024

Pienso en otros

 Lo Yuao, cuyo padre murió cuando él nació, que no recordaba su madre porque lo abandonó cuando murió su padre, no hizo familia. 

Tuvo una novia por correspondencia, una chica que vendría de China a casarse con él, pero al cabo de 12 años de noviazgo, ella le anunció que se casaría con un hombre en China. Lo Yuao nunca más tuvo novia. 

Siempre estuvo solo. Tenía sus amigos artistas como él, porque se hizo artista, en lugar de formar una familia y de prosperar. 

Vivía en un departamentito tan pequeño que no podía recibir de vista más de una persona.

No tenía cocina, sino una mínima kitchenette. Una vez que fui a visitarlo él estaba en cama, enfermo. Fui a prepararle un té y me sorprendió que, siendo un hombre muy pulcro, la kitchenette estuviera tan sucia. Pensé que no tenía a nadie para quien tener la kitchenette limpia. Las personas más íntegras se abandonan, cuando sólo tienen la soledad. 

Cuando le serví el té le pregunté si le pesaba estar solo. 

Me dijo que sí, pero que no sentía mucha angustia. 

— Me entretengo pintando. 

Pensó en silencio y al fin me dijo:

— A veces, sí, estoy muy solo. Me siento mal. Entonces me pongo a pensar en algunos amigos que están mal. Algunos están peor que yo. Pienso en ellos, qué puedo hacer para ayudarlos. Así, ya me olvido de mi soledad.







miércoles, 21 de febrero de 2018

El ojo bollo me mira mal



Cuando le comenté a una amiga que estaba fracturado y cómo me fracturé, me dijo "igual que Alberto, otro boludo que se quebró andando en bicicleta".
Yo pienso igual. Pienso que si alguien tiene un problema por haber andado en bicicleta, encima rápido, el problema es de él. Más aún, pienso que se lo merece. Incluso me alegra, porque pienso que un hombre grande andando en bicicleta es bastante un boludo, que merece algún tipo de castigo.
Parte de ser un boludo es estar solo en la vida.
Estos días me ha resultado bastante humillante que algunas personas no me preguntaran cómo estaba, o que me dijeran "avisame si necesitás algo" y que cuando les avisé, hicieran silencio, o que cuando les preguntara si pudieran venir, me contestaran "sí, cuando puedo paso, lo que pasa es que estoy tapado de trabajo".
Pero creo que estoy hipersensible. La palabra "humillación" es desmesurada, quizás tan reprobable como accidentarse andando en bicicleta.
Más justo es entender la humillación como una condición que me regalo a mí mismo al vivir solo.
Otra amiga vino ayer, encendió sahumerios, barrió el polvo del piso, le sacó las manchas blancas de dentífrico a la bacha del baño, me dio conversación. Me dijo que cuando alguien está enfermo, es importante renovar el aire. Cambiar las sábanas. Recordé a mi ex mujer cambiando las flores de la habitación de alguien que estuvo convaleciente en una cama varios días. Entonces tomé conciencia de que en mi departamento el aire está tan quieto como un bollo de papel que hay abajo de la cama desde hace meses, desde que lo tiré antes de que viajara el año pasado a Valparaíso. Ese viaje fue para escribir un libro; el libro está en las librerías y el bollo de papel aún está mirándome desde su lugar. Habré usado una hoja para escribir algo, no estuve de acuerdo con lo que escribí, hice un bollo, lo arrojé y allí está.
Aunque decir la palabra "humillación" me parece incorrecto, no es otra cosa lo que sentí esta mañana cuando salí a la calle con la camisa muy desacomodada, camino a hacerme los exámenes prequirúrgicos. El tufo que mi amiga debe haber sentido en el interior de mi departamento se me hace igual a la falta de decoro de mi camisa mal puesta. Cuando uno vive solo, acaba perdiendo la dignidad.
Y sin embargo, hay amigos, gente que tiene algo de ángel en su interior, que tienen la capacidad de rescatarte. Amigos que no te hacen caso cuando les decís "no vengas, no te necesito"; vienen lo mismo porque lo que quieren no es saludar a la bandera, sino que hacen lo que sienten, las ganas de que vos estés un poco mejor.
Y entonces, está justificado que uno sea un boludo que se accidenta en bicicleta, que uno utilice impropiamente la palabra "humillación", e inclusive que uno viva solo, con ese bollo de papel abajo de la cama.