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sábado, 11 de octubre de 2025

Nikola

 Conocimos a un viejo que vivía solo, o más bien, vivía con un millón de gallinas a la orilla del río, y sobre todo con una chancha, que se llamaba Lourdes. 

Decíamos chanchadas, de la chancha y él.

Las gallinas vivían todas arriba de un árbol. La gente les transmite a los animales las cosas que tiene en la cabeza.

Vivía en un rancho chiquito, hecho de adobe y chapas. Le daban unos pesos por cuidar que nadie se robara tres canoas.


Arriba de una fogata tenía una olla gigante con agua hirviendo todo el día. Tiraba de todo ahí adentro: verduras, los pescados que pescaba, fideos, huesos, carne, pan con moho verde, gallinas con las plumas. Una vez tiró viva una tortuga que sacó de la red y otra vez un chanchito que había parido la Lourdes y lo aplastó cuando dormía. 

Tomaba mate con agua que sacaba de esa olla. Otras veces tomaba mate con ginebra.


Se llamaba Nikola, pero no le entendíamos cuando nos decía de qué país era.

Cuando le preguntábamos la edad, decía que tenía como 200 años.


Lo conocimos unos amigos que nos hicimos la rata y nos fuimos de camping cerca de él. Teníamos 14 años.

Nos convidaba mate.





jueves, 26 de enero de 2012

El manguruyú


El manguruyú es el verdadero rey del Paraná, un rey misterioso y tan poderoso que su solo nombre espanta a los pescadores que realmente conocen el río. 
Es un animal legendario, tan magnífico que casi pertenece al mundo fantástico. Desde chico he escuchado historias asombrosas sobre él. Que son el doble de largos que un surubí, con un cuerpo ancho como una canoa y macizo, hecho de músculos robustos. Siete hombres peleando durante un día entero fueron necesarios para sacar un manguruyú del agua, y cuando lo sacaron él miró a los ojos a cada uno con la mirada dominante de quien nunca fue vencido. 
Otro fue dejado en tierra durante dos días para que muriera asfixiado, y cuando fueron a carnearlo aún respiraba. Lo acometieron a puñaladas y sangraba como un hombre, y se debatía como un yacaré. Los pescadores se asustaron ante su fuerza más allá de lo normal y lo acercaron al agua, y el manguruyú se alejó nadando como si nada hubiera pasado. 
Llegué a ver en el diario El Norte la noticia de que habían pescado un manguruyú en el sector del puerto de San Nicolás. El periodista, evidentemente impactado, ofrecía detalles del animal: "se le contaron 15 anzuelos de diferentes tamaños —algunos gigantescos— enganchados de su boca, uno en un ojo, otros 44 prendidos de sus aletas y muchos más insertos en su cuero. Un gancho de carnicero estaba clavado en una de sus agallas, de unos 30 cm. de largo, y otro estaba clavado en su panza. Un 'barrilete' estaba enganchado de su boca y otros tres de su aleta dorsal, parecida a la de un tiburón. En su frente llevaba clavado un puñal del tamaño del sable que lleva el Gral. San Martín en su monumento en la plaza homónima". Terminaba su nota el cronista refiriendo que "en su cola llevaba prendidos los restos de una enorme trampa de las que se fabricaban hace más de un siglo y medio, cuando nuestra ciudad era aún un caserío fronterizo. Tenemos razones para pensar que este es el pez más grande que jamás se haya pescado en esta zona".