viernes, 31 de octubre de 2025

El buen error

 La película The Matrix encontró uno de esos conceptos que consiguen expresar una clave que todo el mundo quería decir, que todo el mundo tenía en la cabeza, y nadie conseguía formular. (Así es como se representa a la masa, cognitiva, ideológica, políticamente).

El concepto era “un error en la Matrix”.

Muchos lo adoptamos inmediatamente, no como algo externo, sino que hicimos nuestro el término que expresaba una idea que ya teníamos. Pronunciada, nos permitía transmitir mejor nuestro pensamiento y nos permitía ver más fluidamente la realidad.

Resulta interesante que eso que festejamos poder decir, un error sea positivo, porque es la llave para: 1) comprender que no vivimos en una realidad real, por así decirlo, sino en una ficción, en un software, y 2) la posibilidad de liberarnos de esa realidad, que, naturalizada como real, nos somete, esclaviza y parasita.

El error es la oportunidad de la liberación.

“La máquina no puede ser boluda”, dice Miguel Benasayag para argumentar que mas máquinas están hechas para no errar.


 


PD. Llego a este pensamiento porque tuve la antipatiquísima, noción de que los hijos varones, en tanto coincidimos con nuestra mamá, le damos la razón fervorosamente, somos su soldado que cumple sus deseos, su abogado defensor, su apoyo voluntario y entusiasta, su prótesis; en esa posición, somos un error de la Matrix.

Si aprendemos eso como hijos, a los papás de varones nos toca estar conscientes del tema.


 

jueves, 30 de octubre de 2025

Nancy

 Este es mi recuerdo de Nancy.

Nancy era tan buena que asustaba. 

Daba todo lo que tenía, te cubría con su amor, te quería más de lo que vos podías quererla, más de lo que merecías; te quedabas siempre asombrado de cuánto quería, porque era inconcebible que una persona quisiera tanto.

Tenías razón en asustarte.

Más aún porque si la lastimabas —porque además era hipersensible y la mínima cosa la lastimaba—; si la lastimabas cometías un pecado.

Un pecado, una puñalada a la inocencia y a Dios.

Era un pecado porque no se le puede hacer mal a alguien que te da todo de corazón, sin esperar nada, porque necesita darlo, porque llora de felicidad cuando te ve feliz.



miércoles, 29 de octubre de 2025

Coyuntura - Karma

Me quiebra que 4 de cada 10 argentinos no le digan que no a una banda que se sodomiza y nos sodomiza a todos entregándole la Argentina a otro país.

Que no le digan que no a quien juró destronar la casta y acaba poniendo una casta peor, hecha de necios, estafadores, corruptos, incapaces, traidores, en todos los cargos.

Me quiebra que 4 de cada 10 argentinos no le digan que no a la crueldad inhumana de maltratar a los chicos enfermos, a los discapacitados, a los viejos.


Por otra parte, 6 de cada 10 no le dijeron que sí.

Y de los 4 que no le dijeron que no, a lo mejor algunos tampoco le dijeron que sí.


Como sea, estamos en un momento estrafalario en la humanidad.


Claro, pasó la pandemia. 

Pasa África.

Pasó el infierno de los nazis en Europa y de los japoneses en China.

Pasan los millones en balsas.

Pasó Hiroshima.

Pasa Gaza.


Las cosas tienen efectos.

Karma.


Se habla de armas gusanos cibernéticos que pueden hacer estallar usinas nucleares.

De huracanes creados y dirigidos a una determinada zona.

De misiles hipersónicos que van a 19.600 kilómetros por hora.

De ataques de miles de millones de arañas robot.

De torpedos que crean tsunamis radiactivos y asesinan a toda una ciudad inundada por la ola.


En ese mundo, no resulta tan extraño un presidente insano.


Nos conviene tomarnos unos mates, enfriar la cabeza, ser buena gente y dar una mano al que lo necesite.




sábado, 25 de octubre de 2025

Pérdida y recuperación de la intimidad

Una vez tuvimos intimidad.

Tanta intimidad, que era difícil ser uno sin el otro.

Fer, Richard, Pau, Carlitos, Axel, Dani, Euge, la Chiquita, Cris, Su, Gustavo, Marce, Andre, Javi, Nati, Moni, Ricardo, Lau, Oscar, Marie, Mercedes, Vero, Mauricio, Pablo, Fer.

Nos veíamos todos los días. Viajábamos juntos.

Uno se quedaba a dormir en la casa del otro espontáneamente. 

Perdíamos infinitas horas juntos.

Después vino la edad y la pandemia. 

La pandemia selló lo que la madurez había hecho: intimidades separadas.

La vida nos llevó por diferentes caminos. Muchos encapsularon la intimidad en su parejas, sus familias.

Sin embargo, no toda la intimidad se perdió. 

Sabemos cosas de otros que nadie más sabe. 

Juntos vivimos cosas que nos hicieron quienes somos. 

Esas intimidades quedaron en cajas, o las tiramos a la basura, o están en fotos, o en una corteza perdida del cerebro.

Quizás se active una partícula de intimidad un instante, “¿te acordás del día que atamos a Ana cuando estaba dormida y nos fuimos todos al examen y la dejamos?” “¿Y cuando estábamos muy locos y caminamos a la cumbre del cerro a ver los relámpagos? ¿Te acordás que aquella Tini que parecía sueca, se había llevado una frazada para abrigarse y dijimos que parecía una cautiva, y dijimos que en ese lugar seguro hubo cautivas un siglo atrás, que fueron iluminadas por los relámpagos, como nosotros mientras decíamos eso?*




Estoy idealizando, quizás.

Quizás estoy recordando una idealización.

Sin embargo, convierto la intimidad en verdad utilizando la nostalgia.

En este momento es verdad que tuvimos intimidad.

Es verdad porque hago que hayamos tenido intimidad.

Pero no hicimos lo suficiente con esa intimidad —sí lo hicimos en el momento. En el momento fue pleno, pero ahora esa intimidad está en algún lugar y no hacemos nada.

No es para esta desidia que el Universo se conjugó durante miles de millones de años, de modo que naciéramos y nos encontráramos.

No es para que desperdiciemos lo que podemos hacer juntos que existe Dios en la eternidad, y creó los cielos y la tierra, la luz de las tinieblas, las criaturas, los hombres y finalmente a nosotros.

Nuestra intimidad está hecha de todo eso.

Nuestra intimidad es más que nosotros.


La misma gente

En el vagón del subte, observo a la gente que está sentada delante de mí. 

A la extrema izquierda hay un tipo de mi edad. Zapatillas, jeans y remera. En todo eso nos parecemos. Pero usa una gorra. Si usa esa gorra, no somos la misma gente. 

 

Junto a él hay una chica sub40. Está leyendo un libro en papel. Eso me gusta y me resulta familiar, pero toda su ropa es nueva. Con esa ropa tan nueva y tan jovencita, no somos la misma gente.

 

Al lado hay un matrimonio, también de mi edad. El tipo tiene unas expresiones que puedo leer fácilmente. Pero están muy acomodados en la vida, establecidos para siempre. Algo tan ajeno a mí.

 

Luego hay una señora, no vieja, pero grande. Parece estar trabajando. Claramente es una profesional. Tiene una cara de amarga tremenda. Tampoco formaría parte de mi barra.

 

Al costado hay un nene, de 19 o 20 años. Los jóvenes son la mejor gente, pero sólo puedo tener un trato eventual con ellos. 

 

A mi costado tengo dos chicas. Tienen las uñas esculpidas. Hablan rapidísimo… Paraguayas. 

 

Al otro lado tengo un tipo joven. El corte de pelo, la cara bronceada, el pilotín, todo lo pinta concheto homogeneizado. De otro mundo.

 

Está eso de la tribu.
Somos nosotros, los demás son otros. No nos mezclamos.

Somos los Pérez Amuchástegui.

Somos los Passini, los Jiterman, los Saravia. 

 




No estoy diciendo que es malo, sólo que ocurre.

Cuando viven en otros países, los chinos se casan con chinos.
En Estados Unidos los blancos anglosajones protestantes se casan con blancos anglosajones protestantes.

Las modelos se casan con polistas.

Cuando tenía 14 años me enamoré con toda mi alma de una chica de otra ciudad porque éramos tan parecidos, pensábamos tan lo mismo, sentíamos tan lo mismo, que ella era más cercana que una prima.

Cuando tenía 33 y me había casado, llegó adonde yo vivía en las montañas Lola. Habíamos tenido un amorío pasajero muchos años antes, cuando cursábamos en la universidad, pero lo que tuvimos antes y después del amorío era una relación especial. Por algún motivo nos pertenecíamos. Era algo que estaba más allá de nosotros. Incluso estaba más allá de la posibilidad de que hiciéramos pareja —no seguimos de novios porque no nos soportábamos. Nunca se lo dije, pero yo pensaba en algo que una vez me dijo un cura, que cuando las personas se casan ante Dios, atan algo que luego no está a su alcance y ya no pueden desatar nunca. “Que el hombre no desate lo que Dios ha atado”.  No necesité decírselo a Lola porque ella, no siendo católica, siendo judía descendiente de rusos y no compartir ningún origen conmigo, me dijo: “¿por qué te casaste con esta mujer? ¿Porque es la más linda del pueblo? Sí, te casaste con la más linda del pueblo, ¿y ahora qué? ¡¿Y ahora qué?!¿No sabés que yo sólo hubiera tenido hijos con vos?” La odié cuando me dijo esto, me enfurecí con Lola, le pedí que se fuera. Pero sabía que tenía razón. Tenía toda la razón.
No sé de qué está hecha la pertenencia, pero es un tema que no es posible ignorar.

viernes, 24 de octubre de 2025

Coyuntura — Elecciones del 26 de octubre

Llueve un poco pesado.

Llega el colectivo a la parada.

Sube una chica.

A cinco metros de la parada, en dirección contraria al colectivo, viene una señora, quizás de más de 80 años.

Se apura para que el colectivo no se vaya. Es un colectivo que tiene una pésima frecuencia.

El colectivero cierra la puerta, arranca y se va.

Queda la señora bajo la lluvia.

Pienso que las personas que votan a Milei son como el conductor.

*    *    *

En las elecciones del 26 de octubre, todos reclamarán el triunfo, a todos se les asignará la derrota, no se sabrá quién ganó, no habrá acuerdo sobre qué será la victoria, qué será la derrota.

Cantarán victoria los medios pagados por el Gobierno, cantarán victoria los periodistas progres, se burlarán los jóvenes streamers.

Cada uno saldrá con una narrativa.

Ya las tienen todas preparadas.

Claro, viven de eso.

Los boludos de a pie tenemos una linda oportunidad de ejercer la soberanía cognitiva.

Una, dos ideas alcanzan.

Por ejemplo, paren un poco.

Por ejemplo, educación para todos —con los pobres en la universidad y en el CONICET.

Por ejemplo, ni habría que hablar del Garrahan.

Por ejemplo, las dos presas políticas libres ya.

Por ejemplo, justicia social.

*    *    *

Es sólo un episodio, no se puede generalizar, igual que lo del colectivero, pero es interesante y novedoso este comportamiento de la izquierda: ante un eventual y ambiguo triunfo del campo popular, empiezan a pelearse:

https://x.com/matibritook/status/1981487185418473653




jueves, 23 de octubre de 2025

Ningún desierto

Ya casi jubilada, una profesora de Literatura pudo cumplir un sueño de toda su vida, viajar a España para ver el país del Quijote.

A su regreso, dijo en una clase que había llorado cuando vio las llanuras por las que habían cabalgado Don Quijote y Sancho Panza.

Entonces, un poco tímidamente, pidiendo permiso, un alumno del fondo levantó la mano y cuando la profesora le dio la palabra, dijo:

— Pero Don Quijote y Sancho Panza no existieron…

Esto lo contó Martín Kohan para demostrar que el ficticio Martín Fierro se instaló como real.

En esa charla Kohan cita, recurrente e inevitablemente, a Borges hablando del Martín Fierro.

Borges dijo en una conferencia sobre el Martín Fierro, que dio en España en 1964, que ni los indios ni los negros tenían noción del pasado. Que Mansilla contó que alguien quiso consolar a un indio lamentándose porque los españoles rompieron su lejano pasado de libertad, y el indio —dice Borges que dijo Mansilla que escuchó de alguien—, un poco azorado respondió que desde que era chico siempre había visto gente blanca. De los negros, dice Borges que no sabían que habían llegado de África.

Decir estas cosas complacía el racismo desinhibido de Borges. “Los indios, como los animales, vivían en un perpetuo presente”.

Por otro lado, Ricardo Piglia demostró en una clase genial cómo Borges se inventó un linaje, de ingleses ilustrados y de militares criollos. De la misma manera, Kohan fue elocuente al revelar que el Martín Fierro no existió como historia literaria fundacional hasta que Lugones la consagró, igual que San Martín no fue un héroe sino después de su muerte. Y explica Kohan con la sociología la artimaña de Lugones: ante la llegada de una inmigración oceánica, absolutamente inédita, los nativos de este “arrabal del mundo” —Borges— debieron construir a las apuradas una tradición, un pasado que diera una identidad, que dejara en claro que los que llegaban, llegaban a una nación con historia, no a una tierra que podían reclamar como propia por desierta.