viernes, 23 de enero de 2026

Un viejo secreto

Este secreto ha sido revelado a los humanos antes de que comenzara cualquier civilización, y sin embargo los humanos han sido lo suficientemente necios para convertirlo en una estupidez, olvidarlo y poner en su lugar cualquier superchería:


La materia nace del espíritu.

 

 

El camino de la fantasía

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 La fantasía es el modo más directo de llegar a la verdad.



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martes, 20 de enero de 2026

Una determinación para siempre

Para quien más amamos reservamos nuestros peores demonios.


Cuando era chico un perro le mordió una mano y le quedaron cicatrices muy visibles.

Siempre se ha mirado la mano y las cicatrices le han dicho algo de él.

Está determinado por esas cicatrices.

Antes, está determinado a estar determinado para siempre por esas cicatrices.

“Señas particulares”.

Podría cuestionar esa determinación para siempre.

Las cicatrices no se borrarán, pero no tienen por qué determinarlo de la misma forma toda la vida.


Algo ha dejado en él una cicatriz de intensidad y presión.

Presiona intensamente a otras personas.

No deja desear.

No da lugar a que lo extrañen.

No deja espacio personal.

No deja a otras personas vivir sus vidas en intimidad, se mete en todo.

No las deja pensar.

No las deja mirarse en el espejo.

No las deja desear a otras personas —lo que es indispensable para que puedan elegir estar con él.

Las secuestra.

Las ahoga.


Ojalá que, por su bien, esto no sea una determinación para siempre.






El problema de intentar traducir sueños

Se sabe, se resiste: los sueños son más reveladores que la vigilia.

Darle el control a la vigilia es ser vigilante.

Lo revelador de los sueños no es su traducción a la vigilia (con quién se soñó, qué pasó, la trama, los lugares, es decir, la información) sino como son propiamente, sensaciones, estados de ánimo, lo que no se puede nombrar con palabras de la vida vigilante.







lunes, 12 de enero de 2026

Después de la inteligencia artificial

 Quizás una vez que la IA haya tomado todo, cuando todo se exprese y se haga con IA, entonces aparecerá la inteligencia humana, que será diferente a lo que hemos creído hasta ahora que es la inteligencia humana.

Será diferente, entre otras cosas, porque estará liberada de las constricciones domesticadoras, castradoras, embrutecedoras, desperzonalizantes, esterilizadoras de la inteligencia humana actual; constricciones como la racionalidad consagrada como esencia del pensamiento, que han sido diseñadas para oprimir, explotar y chupar la sangre de la vida de otros.

Justamente las constricciones que tienen como máxima expresión a la IA.





Música

 Una insignificante Dirección de Cultura de un pequeñito pueblo de una provincia que pasa casi perfectamente desapercibida en los medios de comunicación y las redes sociales, está a cargo de una pequeñita señora.

La pequeñez de la señora no hace sombra sobre su dignidad de llevar un apellido precolombino.

Su sueldo es exiguo, tan exiguo como el presupuesto para su dirección.
Transigiendo de buena voluntad con esa limitación, la señora Inmerenciana Quispe ha implementado un programa cultural dedicado a la música que consiste en lo siguiente.

En lugares muy privados, casi secretos, colocó instrumentos musicales.

Una guitarra dentro de una bóveda en desuso en el fondo del cementerio.

Un xilofón en un patio de invierno abandonado del antiguo palacio municipal.

Un piano en el sótano del museo histórico del pueblo —el único que hay.

Un bongó en las ruinas de lo que fue el matadero.

Un chelo en una casa abandonada.

Una flauta dulce en otra.
Un violín en otra.

 

Todos los lugares están cerrados. Quien desee, pide la llave, va y entra a tocar.
Hay quienes piden la llave, y en la quietud del aire del pequeño pueblo, la gente escucha, a lo lejos, el murmullo de la intimidad de esas personas —que seguramente conoce.

Escucha música.




jueves, 8 de enero de 2026

COYUNTURA - Escenarios de un acto terrorista

Algunos escenarios en que se desarrolla el ataque de EEUU a América Latina y el orden mundial emergente


Es interesante el efecto sorpresa del ataque de EEUU.

Como si nada hubiera anticipado lo que pasó.

La verdad es que no había otra cosa que anticipos, anuncios, desenlace obvio y prontuario.

Una vez concretada la amenaza, los análisis parecen ganados por cierta cortedad: enfocados en los movimientos palaciegos del gobierno venezolano y desesperados por la primicia.

Quizás sirva tomar en cuenta que un hecho de estas dimensiones se desarrolla en una multiplicidad de escenarios.

Considero sólo algunos ya explorados, pero otros que no han recibido atención.


1. La política de los Estados Unidos de Trump hacia América Latina —incluyendo el esquema de gobiernos sumisos; las situaciones de Brasil y México, y la de Colombia; la continuidad de la política de los 60-70, con este episodio como una continuidad de un Plan Cóndor aggiornado (quizás cuestionando la idea de que EEUU “descuidó” América Latina y entonces se colaron los chinos).


2. La política de los Estados Unidos de Trump hacia su nuevo Espacio Americano —involucrando Canadá, Groenlandia, el canal, etc—, movido por una especie de “Go South, Go North”.


3. Las internas en EEUU.


4. El gobierno y la representatividad de los venezolanos —los que están dentro y fuera del país.


5. Las relaciones de EEUU con China, con Rusia, los BRICS+, la difusa masa emergente “Sur Global”.


6. Especialmente las relaciones de EEUU con China.


7. El esquema petrolero mundial en torno a EE.UU.


8. El modelo de mundo multipolar —horizontal en la declamación de la difusa masa emergente “Sur Global” vs. conformado por feudos, en la doctrina de Marco Rubio.


9. La marea de nuevas ultraderechas que responden a los poderes concentrados.


10. El pisoteo de la ONU y el derecho internacional.


11. La percepción y la acción de los pueblos —¿ven esto? ¿Lo consideran un TEG?


12. Los canales del flujo de datos imposibles de verificar —y de todos modos a quién le importa verificar—, vistos en clave “primer episodio de una nueva serie de Netflix”.



viernes, 2 de enero de 2026

COYUNTURA - Comienza el 26

 Lleva unos días el fin de año y el año nuevo.


Los saludazos, los cuetes, las redes sociales, la reunión familiar, la comilona, son tan indispensables para el rito como deberían serlo unos días de pausa.

 

El 31 a la noche estábamos unos grandes, que en un lugar de nuestro interior no aceptábamos que acabara el 25 porque no aceptábamos que hubiera existido el 25.

Ese 25 de resignación de toda esperanza, de aceptación del rappi como toda expectativa de futuro, de desaparición de los dirigentes que creíamos que nos representarían y en cambio se escondieron miserablemente a cuidar sus tristes rapiñas.

Ese 25 de entrega sodomita al macho norteamericano, la entrega de los chicos del Garrahan, la prostitución de todos los argentinos, de manos de una comparsa grotesca, de monstruos que son el vómito de 50 años de la mierda que fuimos comiendo desde la dictadura militar.

 

Los grandes tenemos los pensamientos desorientados, huidos, confundidos, embotados, ciegos.
La fe no hace pie en nuestra razón ni en nuestra experiencia.
No sabemos qué esperar, no sabemos qué hacer.

Sin embargo, entre nosotros estaba Vicente.
Vicente tiene ocho años.
Entre todos los grandes enredados por la impotencia y el desastre, Vicente va para adelante.


Los grandes no tenemos derecho a condenarlo a nuestra castración y nuestra parálisis.

No tenemos derecho a no ponernos de pie y hacer lo necesario para que el camino que tienen por delante los chicos no sea más el terreno infernal que instalaron aquellos militares y los millones de argentinos que celebraron ser violados, un terreno hecho de dientes, calaveras, uñas, cadáveres de los jóvenes que torturaron y mataron.
No tenemos derecho a no empezar una nueva historia.
Aunque no sepamos adónde ir.
Aunque no tengamos más que muñones y el espíritu congelado de terror.

 

En Cuba, en 1953 un grupo de jóvenes intentó asaltar un cuartel para iniciar un cambio que sacara del poder a un dictador títere de Estados Unidos.

El intento fracasó, muchos de los jóvenes fueron asesinados tras rendirse. El líder del ataque fue puesto en la cárcel, donde continuó organizado una fuerza política. Cuando recuperó la libertad se exilió en México para armar mejor un nuevo avance. Consiguió un barco y con 82 combatientes volvieron a tratar de sacar del gobierno a la dictadura.

Cuando el barco llegó a Cuba fue emboscado y más de 60 de los jóvenes fueron muertos.
Fue la segunda derrota desastrosa.

El movimiento quedó reducido a menos de 20 hombres mal armados que se dispersaron en la huida. Fidel Castro quedó escondido en un cañaveral con otros dos.
Lo escuché contar que “en ese momento no sabíamos si quedaba alguien más vivo. La revolución éramos tres. Yo tenía botas y un fusil, un compañero tenía fusil y no tenía botas y el otro, botas y no fusil.” Cuando unos días después encontró vivos a su hermano, al Che y a otros pocos, dijo: “Ahora sí ganamos la guerra”.
No podía decir algo más absurdo.
Sin embargo, la ganaron.

No tenemos derecho a entregarnos.

 

Shakespeare le hace decir a Henry V, después de una derrota total: “Cuantos menos seamos, mayor será la parte de honor. El que no tenga estómago para esta lucha, que se marche, quedaremos una banda de hermanos, porque hoy el que derrame su sangre conmigo será mi hermano”.
Vencieron.

 

No tenemos derecho a llorar públicamente.

No tenemos derecho a negociar.

No tenemos derecho a rendirnos.