viernes, 13 de febrero de 2026

La canción de los viejos amantes, de Jacques Brel

Claro que tuvimos tormentas,

veinte años de amor es un amor loco.

Mil veces agarraste tus valijas,

mil veces yo me fui.

Y cada mueble recuerda

en esta habitación sin cuna

los estallidos de viejas tormentas…

Ya nada se parecía a nada.


Pero mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


Yo conozco todos tus hechizos,

vos conocés todas mis seducciones.

Te quedaste conmigo de trampa en trampa,

yo te perdí de vez en cuando.

Claro que tuviste amantes,

claro que yo tuve amigas,

pero tuvimos a menudo la experiencia

del agua que vuelve a brotar.


Mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


Y cuanto más el tiempo nos corteja,

más nos atormenta,

¿no será acaso la peor trampa

que dos amantes vivan en paz?

Claro que un poco más tarde llorás,

un poco después yo me desgarro.

Protegemos menos nuestros misterios,

dejamos menos cosas al azar.

Desconfiamos del curso del agua,

pero sigue siendo la guerra tierna.


Mi amor,

mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor,

de la aurora clara hasta el final del día,

te amo aún, sabés que te amo.


*    *    *

 Bien sûr, nous eûmes des orages

Vingt ans d'amour, c'est l'amour fol

Mille fois tu pris ton bagage

Mille fois je pris mon envol

Et chaque meuble se souvient

Dans cette chambre sans berceau

Des éclats des vieilles tempêtes

Plus rien ne ressemblait à rien

Tu avais perdu le goût de l'eau

Et moi celui de la conquête

Mais mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore tu sais

Je t'aime

Moi, je sais tous tes sortilèges

Tu sais tous mes envoûtements

Tu m'as gardé de pièges en pièges

Je t'ai perdue de temps en temps

Bien sûr tu pris quelques amants

Il fallait bien passer le temps

Il faut bien que le corps exulte

Finalement, finalement

Il nous fallut bien du talent

Pour être vieux sans être adultes

Oh, mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore, tu sais

Je t'aime

Et plus le temps nous fait cortège

Et plus le temps nous fait tourment

Mais n'est-ce pas le pire piège

Que vivre en paix pour des amants

Bien sûr tu pleures un peu moins tôt

Je me déchire un peu plus tard

Nous protégeons moins nos mystères

On laisse moins faire le hasard

On se méfie du fil de l'eau

Mais c'est toujours la tendre guerre

Oh, mon amour

Mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour

De l'aube claire jusqu'à la fin du jour

Je t'aime encore tu sais

Je t'aime


lunes, 9 de febrero de 2026

Sonia

Esto le dice Sonia al tío Vania al final de la obra de Antón Chéjov:

Qué se le va a hacer, ¡Hay que vivir! Viviremos, tío Vania. Pasaremos por una hilera de largos, largos días... de largos anocheceres... soportando pacientemente las pruebas que el destino nos envíe. Trabajaremos para los demás —lo mismo ahora que en la vejez—, sin saber de descanso. Cuando llegue nuestra hora, moriremos sumisos y allí, al otro lado de la tumba, diremos que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos padecido amargura... ¡Dios se apiadará de nosotros y entonces, tío... querido tío... conoceremos una vida maravillosa… clara.... hermosa!... La alegría vendrá a nosotros y, con una sonrisa, volviendo con emoción la vista a nuestras desdichas presentes... descansaremos... ¡Tengo fe, tío!... ¡Creo apasionadamente! ¡Ardientemente!... Descansaremos. Oiremos a los ángeles, contemplaremos un cielo cuajado de diamantes y veremos cómo, bajo él, toda la maldad terrestre, todos nuestros sufrimientos, se ahogan en una misericordia que llenará el Universo. Y nuestra vida será quieta, tierna, dulce como una caricia... ¡Tengo fe... ¡Tengo fe! ... Pobre. Pobre tío Vania, estás llorando. Tu vida no conoció la alegría..., pero espera, tío Vania, espera... Descansaremos ¡Descansaremos!

Para Fernando Fazzolari.



lunes, 2 de febrero de 2026

Un lugar al lado del río

Un grupo de amigos de Fernando Fazzolari nos reunimos para tratar de hacer algo con los que nos pasa con su muerte. En la reunión surgieron estas palabras.


Hay un cuento de Julio Cortázar que se llama "Liliana llorando", de la época en que Cortázar escribía mucho sobre el folclore de Buenos Aires.

Hace una descripción precisa de un velorio y sobre todo permite que nos identifiquemos contándonos lo que todos observamos cuando estamos en un velorio. Identificamos al que se entusiasma con la caña Legui que da la casa de velatorio, al que cuenta chistes, a los que van solo por una formalidad, a los que están tristes de verdad, a la mujer que llega sola, va directo al cajón, no saluda a nadie, y todos la miran y se miran entre ellos, al filósofo de velorio, que es el encargado de decir “parece mentira, los otros días lo vi y estaba vivo”, o dice “hoy estamos, mañana no estábamos”, o: “qué va a ser, no somos nada”.


El velorio termina siendo la mezcla de todos los ánimos, las personalidades y todo lo que pasa en esas horas, y en total es muy necesario.

Es muy necesario el velorio para que la parte nuestra que necesita hacer contacto con la muerte de alguien, haga contacto.

En este momento preferimos dejarle las circunstancias de la muerte de Fernando a quien corresponda, y también a nosotros mismos, pero más adelante, cuando decante la ocasión de la muerte.

Preferimos guardar eso en algún rincón y pensar más en la vida de Fernando. Como dice Antonio Machado: “No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar.”


Lo primero que pensó uno de nosotros cuando supo que había muerto Fernando fue que el martes Fernando no iba a acompañar a una amiga a su sesión de quimioterapia, como había anunciado.

Le importaba más que esa amiga no estuviera sola el martes que el hecho de que Fazzo estuviera muerto.

Una insensatez completa, porque era obvio que alguien lo cubriría el martes.

Y sin embargo, era una típica insensatez de Fazzo. Es lo que Fazzo pensaría o lo que le estaba pasando al alma en pena de Fazzo.


Eso es vida. Lo mismo ese proyecto que había iniciado de escribir a máquina y hacer dibujos, y lo mismo el desbande de proyectos que tenía para todas partes, con mucha gente, de los cuales nos enterábamos de casualidad, a veces por un posteo en Facebook, y que cuando nos juntábamos él no comentaba.


Nos preguntamos si Fernando murió o si no murió.

Hay un hombre muy íntegro que fue a reconocer a un amigo al que habían acribillado a balazos y cuando vio el cadáver dijo: “No es mi amigo. No lo reconozco”.

Por otro lado, está “El libro tibetano de los muertos” que es una larga oración de varios días, que tiene la función de guiar al muerto hacia la liberación o la reencarnación. En ese acompañamiento al alma, el guía hace que el muerto pueda tomar conciencia de que está muerto. El libro no lo dice, pero es obvio que también tiene la función de que los que recitan la oración puedan tomar conciencia de que el que murió está muerto. 

Y por otro lado más, Fernando era un tipo increíblemente fecundo, era como un árbol que largaba como un loco nubes de semillas todo el tiempo.

El árbol se puede morir, pero las semillas quedan vivas, y entonces no sabemos si Fernando está vivo o está muerto.

El cuerpo de él está muerto, pero ¿cómo vamos a decir que las semillas vivas que dejó no son Fernando?


También era un artista abstracto.

Las semillas que dejó son abstractas.

Fernando como semilla era arte abstracto, lo cual a algunos les producía ofuscación, porque no entendía lo que me decía.

Quizás no le importaba comunicar porque total no podía hacerlo, o si como no le importaba, no hacía esfuerzos por comunicar. 

Se daba esa situación de que él mostraba a alguien algo que hacía y la gente tendía a encontrarle la figuración, como se hace como una nube o una mancha de humedad.

Si uno le decía a Fernando: “es un dragón” o “es una sirena”, él decía: "¡no! Es lo que es”.

Y claro, muchos nos ponemos nerviosos porque queremos saber qué es lo que vemos en los términos que ya conocemos.

Pero Fernando demostró que el arte, e incluso los negocios, no son menos fecundos por ser abstractos.


Fernando regalaba cosas todo el tiempo.

Era una persona que quería mucho. Lo que impulsaba al árbol que era Fernando a largar nubes de semillas, era el amor.

A lo largo de toda su vida fue comprendiendo muchísimo.

Comprendía todo lo que hacía —después no lo comunicaba, pero lo comprendía.

Y comprendió que es mejor el amor que cualquier otra actitud.

Es mejor el amor que cualquier otra estrategia, que cualquier otro sentimiento, que cualquier otra conducta.

Esto no significa que fuera un santo —comprender algo no significa lograrlo.

Se fracasaría si se intentara convertir a Fernando en bronce, o si lo hace un ángel, o siquiera que era bueno, porque se murió.

La depresión a la que se había entregado en los últimos tiempos parecía equivocada. No tenía derecho a darse una panzada de bajón. 

Tenemos este pensamiento desbronceador porque creemos que Fernando no se merece el insulto de ser glorificado en vano.


Fernando vivió bien.

A los 75 años no tenía todo consumado, pero tenía muchísimo consumado, muchísimo logrado, muchísimo vivido a fondo, muchísimo terminado.


La muerte de él es un naufragio.

Un filósofo de velorio dijo que la muerte de un viejo es la llegada al puerto, mientras la muerte de un joven es un naufragio.

En el caso de Fernando, era viejo y sin embargo su muerte es un naufragio.

El barco se hundió y quedan muchas cosas flotando.


Pero sobre todo queda todo lo que dio mientras estaba navegando.

Si no somos hipócritas, si no andamos diciendo que estamos tristes sin estar tristes, para honrarlo o para quererlo o para devolverle algo del amor que nos dio, podemos cuidar las semillas que nos dejó, y si alguna llega a brotar, regarlas.


Podemos cultivar lo que nos dejó Fazzo mientras él, como dijo Angie Ascasubi, “negocia con San Pedro, de panzón barbudo a panzón barbudo, un terrenito que preparará para cuando vayamos con él, un lugar con mucho sol y muchos árboles al lado del río”.




viernes, 30 de enero de 2026

Lo que está a la vuelta de la esquina

 El chino taiwanés norteamericano Jensen Huang es uno de los fundadores y actual CEO de NVIDIA, una empresa que soñó con la inteligencia artificial para desarrollarse como gigante de la industria (desarrolla unidades de procesamientos gráficos, interfaz de programación de aplicaciones para ciencia de datos y computación de alto rendimiento, así como unidades de sistema en un chip para la computación móvil y el mercado automotriz).


El que soñó fue Huang.

Cuando se le pregunta qué es la inteligencia humana responde que no consiste en resolver problemas técnicos, porque para eso ya está la inteligencia artificial, sino que la inteligencia humana es “la intersección entre la astucia técnica, la habilidad humana que permite a alguien vibrar con otros —lo que se llama ‘empatía’— y la capacidad de abordar lo que no se puede nombrar, aquello que está a la vuelta de la esquina”.






 

jueves, 29 de enero de 2026

Responder

Si uno está con una persona con la que tiene confianza y siente una necesidad imperiosa de contarle algo, es mejor explicarle lo que sucede y reservarse lo que le quema por salir hasta que la otra persona le pida que le cuente.

No siempre es fácil saber que te están haciendo una pregunta, que esperan de vos una respuesta, que esperan que des tu parecer, opinión o comentario.

Sin embargo, es mejor sólo decir algo cuando se te pregunta.

Si tenés duda, es mejor que el otro te aclare demás que quiere que respondas. 

Entonces, lo más conveniente es responder y callar lo antes posible.









lunes, 26 de enero de 2026

Vacaciones

 El 23 de enero de 1945 el Secretario de Trabajo y Previsión de la Nación, coronel Juan Domingo Perón, consiguió implementar el decreto 1.440, que dio a todos los trabajadores vacaciones pagas.


Volveremos ahí.






70 años


“Vas a cumplir 70 años. Te ha sido concedido el privilegio de una larga juventud”, dice mi amiga más sabia. “Ya es tiempo de que dejes de buscar problemas”.








sábado, 24 de enero de 2026

Muerto vivo

 



El abuelo del Señor Nakamura es aún acusado en China de haber torturado campesinos en la provincia de Guandong durante la invasión japonesa. Pocos años después de su regreso a Japón murió como militar retirado cuando explotó la bomba en Hiroshima. También murió su esposa, pero quedó viva su hija, la que sería la madre del Señor Nakamura. 

La piel de la espalda de aquella niña parecía un mapa del infierno. Con el tiempo perdió los dedos de las manos y aunque su rostro era bello, había algo depravado en su gesto, como si su cara fuera una careta que ocultara una deformidad mayor que su espalda. 

El Señor Nakamura fue maquillador en un teatro de la prefectura de Okinawa. Cuando el teatro cerró porque el público dejó de concurrir, él fue despedido. Consiguió trabajo en una empresa funeraria, donde maquilló a las personas muertas. Con el tiempo, el dueño de la funeraria le comunicó que el señor Hiroshi se retiraría por su avanzada edad, y él debía reemplazarlo en la función de embalsamador.

El señor Hiroshi le enseñó el oficio impecable y fríamente. El Señor Nakamura lo aprendió y ejerció durante muchos años.

Cuando el dueño de la empresa funeraria falleció, sus hijos le encargaron al Señor Nakamura, que lo embalsamara, y le dijeron que sería el último cuerpo con el que trabajaría en ese lugar, porque cerrarían la empresa. 

El Señor Nakamura migró entonces a Sudamérica, adonde muchas personas de su vecindario se habían asentado buscando una nueva vida.

Se mudó con su esposa a Buenos Aires y consiguió trabajo en una casa de velatorios de la comunidad okinawense. 

Sólo dos años después su esposa murió. El señor Nakamura la embalsamó y pese a que las personas de la comunidad le dijeron que debía llevarla a un cementerio, él la retuvo en su casa. Más tarde le diría a un juez que Argentina no era su país y que sentía que enterrar a su esposa en tierra desconocida era abandonar lejos de su patria a la única persona con quien compartió su vida.

A su vecino el Señor Ono le dijo que despreciaba profundamente a los nativos. “Parecen bestias entregadas a sus pasiones y sus revueltas sociales. Odio las multitudes prepotentes que hay aquí; la rebeldía contra las autoridades, los reclamos sociales hechos con insolencia y soberbia”.

Acostó a su mujer en una hermosa caja de madera en su comedor y continuó su vida con ella allí. 

Pero un día dos policías le golpearon la puerta, entraron en su casa y sacaron a su esposa y se llevaron al Señor Nakamura, que no opuso resistencia.

Había cometido un delito penal. El fiscal, incluso acusó al Señor Nakamura de haber asesinado a su esposa, en vista de que no se había registrado ingreso a ningún centro de salud y no había certificado de defunción.

El Señor Nakamura fue encerrado en la cárcel. 

Cuatro años después fue liberado de modo condicional.

No pasaron muchos días antes de qué un paisano de Okinawa le propusiera un trabajo. 

Era una tarea muy extraña, casi absurda: tenía que embalsamar a un hombre que estaba vivo. 

Se trataba de un joven adulto. Misteriosamente, su cuerpo estaba descomponiéndose. Su piel había comenzado a alejarse, había perdido todo el cabello y su olor nauseabundo era insoportable.

El Señor Nakamura decidió que tratar de darle un aspecto vital le daría un aspecto demasiado falso. Era mejor disimular su corrupción con corrupción. Siempre el mejor disfraz es la verdad.

Le pintó la cara con el polvo blanco de arroz que había usado muchos años antes en el teatro y le colocó una peluca que conservaba de su mujer, maltratada por el polvo y el abandono.

Luego le diseñó una ropa muy gruesa para que el hedor se no se difundiera demasiado, a la vez que no dejaba de sentirse.

Al terminar su obra tuvo ante sí un cadáver furioso. 

Furioso porque su alma había huido y furioso porque su ética y sus sentimientos se iban pudriendo con su cuerpo, y observaba que se comportaba como un gusano. Su moral se deshacía como el suero de su cuerpo en que chapoteaban sus pies, y que derramaba por su espalda. 

Estaba furioso porque no lo dejaban morir.

Quería arrancarse la cabeza, echarse al fuego, tirarse bajo un tren.

Pero entonces vendrían los demonios que lo habían convertido en lo que era, y el Señor Nakamura lo reconstruiría, y seguiría infernalmente vivo.

El señor Nakamura le deseó a aquel desgraciado descansar en paz.







viernes, 23 de enero de 2026

Un viejo secreto

Este secreto ha sido revelado a los humanos antes de que comenzara cualquier civilización, y sin embargo los humanos han sido lo suficientemente necios para convertirlo en una estupidez, olvidarlo y poner en su lugar cualquier superchería:


La materia nace del espíritu.

 

 

El camino de la fantasía

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 La fantasía es el modo más directo de llegar a la verdad.



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martes, 20 de enero de 2026

Una determinación para siempre

Para quien más amamos reservamos nuestros peores demonios.


Cuando era chico un perro le mordió una mano y le quedaron cicatrices muy visibles.

Siempre se ha mirado la mano y las cicatrices le han dicho algo de él.

Está determinado por esas cicatrices.

Antes, está determinado a estar determinado para siempre por esas cicatrices.

“Señas particulares”.

Podría cuestionar esa determinación para siempre.

Las cicatrices no se borrarán, pero no tienen por qué determinarlo de la misma forma toda la vida.


Algo ha dejado en él una cicatriz de intensidad y presión.

Presiona intensamente a otras personas.

No deja desear.

No da lugar a que lo extrañen.

No deja espacio personal.

No deja a otras personas vivir sus vidas en intimidad, se mete en todo.

No las deja pensar.

No las deja mirarse en el espejo.

No las deja desear a otras personas —lo que es indispensable para que puedan elegir estar con él.

Las secuestra.

Las ahoga.


Ojalá que, por su bien, esto no sea una determinación para siempre.






El problema de intentar traducir sueños

Se sabe, se resiste: los sueños son más reveladores que la vigilia.

Darle el control a la vigilia es ser vigilante.

Lo revelador de los sueños no es su traducción a la vigilia (con quién se soñó, qué pasó, la trama, los lugares, es decir, la información) sino como son propiamente, sensaciones, estados de ánimo, lo que no se puede nombrar con palabras de la vida vigilante.







lunes, 12 de enero de 2026

Después de la inteligencia artificial

 Quizás una vez que la IA haya tomado todo, cuando todo se exprese y se haga con IA, entonces aparecerá la inteligencia humana, que será diferente a lo que hemos creído hasta ahora que es la inteligencia humana.

Será diferente, entre otras cosas, porque estará liberada de las constricciones domesticadoras, castradoras, embrutecedoras, desperzonalizantes, esterilizadoras de la inteligencia humana actual; constricciones como la racionalidad consagrada como esencia del pensamiento, que han sido diseñadas para oprimir, explotar y chupar la sangre de la vida de otros.

Justamente las constricciones que tienen como máxima expresión a la IA.





Música

 Una insignificante Dirección de Cultura de un pequeñito pueblo de una provincia que pasa casi perfectamente desapercibida en los medios de comunicación y las redes sociales, está a cargo de una pequeñita señora.

La pequeñez de la señora no hace sombra sobre su dignidad de llevar un apellido precolombino.

Su sueldo es exiguo, tan exiguo como el presupuesto para su dirección.
Transigiendo de buena voluntad con esa limitación, la señora Inmerenciana Quispe ha implementado un programa cultural dedicado a la música que consiste en lo siguiente.

En lugares muy privados, casi secretos, colocó instrumentos musicales.

Una guitarra dentro de una bóveda en desuso en el fondo del cementerio.

Un xilofón en un patio de invierno abandonado del antiguo palacio municipal.

Un piano en el sótano del museo histórico del pueblo —el único que hay.

Un bongó en las ruinas de lo que fue el matadero.

Un chelo en una casa abandonada.

Una flauta dulce en otra.
Un violín en otra.

 

Todos los lugares están cerrados. Quien desee, pide la llave, va y entra a tocar.
Hay quienes piden la llave, y en la quietud del aire del pequeño pueblo, la gente escucha, a lo lejos, el murmullo de la intimidad de esas personas —que seguramente conoce.

Escucha música.




jueves, 8 de enero de 2026

COYUNTURA - Escenarios de un acto terrorista

Algunos escenarios en que se desarrolla el ataque de EEUU a América Latina y el orden mundial emergente


Es interesante el efecto sorpresa del ataque de EEUU.

Como si nada hubiera anticipado lo que pasó.

La verdad es que no había otra cosa que anticipos, anuncios, desenlace obvio y prontuario.

Una vez concretada la amenaza, los análisis parecen ganados por cierta cortedad: enfocados en los movimientos palaciegos del gobierno venezolano y desesperados por la primicia.

Quizás sirva tomar en cuenta que un hecho de estas dimensiones se desarrolla en una multiplicidad de escenarios.

Considero sólo algunos ya explorados, pero otros que no han recibido atención.


1. La política de los Estados Unidos de Trump hacia América Latina —incluyendo el esquema de gobiernos sumisos; las situaciones de Brasil y México, y la de Colombia; la continuidad de la política de los 60-70, con este episodio como una continuidad de un Plan Cóndor aggiornado (quizás cuestionando la idea de que EEUU “descuidó” América Latina y entonces se colaron los chinos).


2. La política de los Estados Unidos de Trump hacia su nuevo Espacio Americano —involucrando Canadá, Groenlandia, el canal, etc—, movido por una especie de “Go South, Go North”.


3. Las internas en EEUU.


4. El gobierno y la representatividad de los venezolanos —los que están dentro y fuera del país.


5. Las relaciones de EEUU con China, con Rusia, los BRICS+, la difusa masa emergente “Sur Global”.


6. Especialmente las relaciones de EEUU con China.


7. El esquema petrolero mundial en torno a EE.UU.


8. El modelo de mundo multipolar —horizontal en la declamación de la difusa masa emergente “Sur Global” vs. conformado por feudos, en la doctrina de Marco Rubio.


9. La marea de nuevas ultraderechas que responden a los poderes concentrados.


10. El pisoteo de la ONU y el derecho internacional.


11. La percepción y la acción de los pueblos —¿ven esto? ¿Lo consideran un TEG?


12. Los canales del flujo de datos imposibles de verificar —y de todos modos a quién le importa verificar—, vistos en clave “primer episodio de una nueva serie de Netflix”.



viernes, 2 de enero de 2026

COYUNTURA - Comienza el 26

 Lleva unos días el fin de año y el año nuevo.


Los saludazos, los cuetes, las redes sociales, la reunión familiar, la comilona, son tan indispensables para el rito como deberían serlo unos días de pausa.

 

El 31 a la noche estábamos unos grandes, que en un lugar de nuestro interior no aceptábamos que acabara el 25 porque no aceptábamos que hubiera existido el 25.

Ese 25 de resignación de toda esperanza, de aceptación del rappi como toda expectativa de futuro, de desaparición de los dirigentes que creíamos que nos representarían y en cambio se escondieron miserablemente a cuidar sus tristes rapiñas.

Ese 25 de entrega sodomita al macho norteamericano, la entrega de los chicos del Garrahan, la prostitución de todos los argentinos, de manos de una comparsa grotesca, de monstruos que son el vómito de 50 años de la mierda que fuimos comiendo desde la dictadura militar.

 

Los grandes tenemos los pensamientos desorientados, huidos, confundidos, embotados, ciegos.
La fe no hace pie en nuestra razón ni en nuestra experiencia.
No sabemos qué esperar, no sabemos qué hacer.

Sin embargo, entre nosotros estaba Vicente.
Vicente tiene ocho años.
Entre todos los grandes enredados por la impotencia y el desastre, Vicente va para adelante.


Los grandes no tenemos derecho a condenarlo a nuestra castración y nuestra parálisis.

No tenemos derecho a no ponernos de pie y hacer lo necesario para que el camino que tienen por delante los chicos no sea más el terreno infernal que instalaron aquellos militares y los millones de argentinos que celebraron ser violados, un terreno hecho de dientes, calaveras, uñas, cadáveres de los jóvenes que torturaron y mataron.
No tenemos derecho a no empezar una nueva historia.
Aunque no sepamos adónde ir.
Aunque no tengamos más que muñones y el espíritu congelado de terror.

 

En Cuba, en 1953 un grupo de jóvenes intentó asaltar un cuartel para iniciar un cambio que sacara del poder a un dictador títere de Estados Unidos.

El intento fracasó, muchos de los jóvenes fueron asesinados tras rendirse. El líder del ataque fue puesto en la cárcel, donde continuó organizado una fuerza política. Cuando recuperó la libertad se exilió en México para armar mejor un nuevo avance. Consiguió un barco y con 82 combatientes volvieron a tratar de sacar del gobierno a la dictadura.

Cuando el barco llegó a Cuba fue emboscado y más de 60 de los jóvenes fueron muertos.
Fue la segunda derrota desastrosa.

El movimiento quedó reducido a menos de 20 hombres mal armados que se dispersaron en la huida. Fidel Castro quedó escondido en un cañaveral con otros dos.
Lo escuché contar que “en ese momento no sabíamos si quedaba alguien más vivo. La revolución éramos tres. Yo tenía botas y un fusil, un compañero tenía fusil y no tenía botas y el otro, botas y no fusil.” Cuando unos días después encontró vivos a su hermano, al Che y a otros pocos, dijo: “Ahora sí ganamos la guerra”.
No podía decir algo más absurdo.
Sin embargo, la ganaron.

No tenemos derecho a entregarnos.

 

Shakespeare le hace decir a Henry V, después de una derrota total: “Cuantos menos seamos, mayor será la parte de honor. El que no tenga estómago para esta lucha, que se marche, quedaremos una banda de hermanos, porque hoy el que derrame su sangre conmigo será mi hermano”.
Vencieron.

 

No tenemos derecho a llorar públicamente.

No tenemos derecho a negociar.

No tenemos derecho a rendirnos.