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jueves, 26 de febrero de 2026

Voces

Manuel Puig dijo, con ese tono íntimo del que no podía salir aunque estuviera frente a un teatro lleno: “No pude hacer callar a esos dos personajes. Ellos contaban la historia mucho mejor que yo”.

Hablada de los protagonistas de “El beso de la mujer araña”.

También dijo: “Las voces han dominado mis libros”.

Quizás sabía lo que había dicho Juan Carlos Onetti de él: “Sé cómo hablan los personajes de Puig. Cómo escribe Puig, no sé”.

Para algunos escritores la opinión de Onetti es una justificación de todo lo que escribieron y de sus vidas enteras.






https://www.youtube.com/watch?v=urPd6UUGV5w&t=624s


martes, 9 de diciembre de 2025

El poema salido

Podría ser que los poemas de verdad son unas palabras que se la caen a alguien sin querer, como quien pierde el ticket del estacionamiento o se le piantó la tortuga del jardín; o se le escapan, como se le escapa un pedo o una risa ante alguien que se tropieza y se cae en la calle; se le salen por fuera de su voluntad, le brotan, como la sangre menstrual, un optimismo sinrazón, un calambre, un pelo de la ceja, la desconfianza en alguien.

Después se lo puede escribir, pero sólo después.




sábado, 6 de diciembre de 2025

Cicatrices por escribir

 Algunas personas que escriben tienen algo diferente.

Son las personas antena. Escriben lo que alguien, algo o lo que sea, emite y ellas captan.

 

Siempre nos quedamos observando las consecuencias del uso que tienen las herramientas, ropa o cosas que han sido útiles durante años. La pava que queda negra abajo, los zapatos viejos de cuero, la pelota de fútbol que se peló, la escoba.

Son muy interesantes los martillos, porque duran mucho más que las generaciones. Duran para siempre. Sólo se deja de tenerlos si se los pierde. El mango se les cambia. Tan lejos del smartphone, de la tostadora eléctrica, del libro mal encolado, del mundo de la obsolescencia programada. Y aún así, el martillo tiene marcas.


Esas personas que escriben tienen abolladuras, descoloraciones, achaques que les ha dejado su actividad de recibir cosas de afuera y escribirlas.

Trabajar de escribirlas para que se parezcan a lo que la persona escuchó y trabajar de desplegar lo que escuchó —porque cuando empieza a escribir, muchas veces lo que escuchó empieza a expandirse, complicarse, florecer, generar lógicas, historias, lugares, personas, la forma de hablar de esas personas— les deja cicatrices.

 

En ese trabajo, su emoción es convulsionada, su moral es retorcida, su vida entera se ve afectada, y también su salud.

Un detalle revelador de esas personas es una enfermedad en la mirada. Como si tuviera muerte en los ojos. Es lo que puede verse sin ningún esfuerzo en Rulfo, Hemingway, Onetti, Juana Bignozzi. Y está el paradójico escritor ciego, claro.




martes, 21 de octubre de 2025

El pecado original de Martín Fierro

Hay uno que dice que no le gustan los poemas en verso, sino escondidos en los prospectos de los remedios, los edictos judiciales y obituarios.

Recordé estos versos del Martín Fierro y me di cuenta de que, escondido, hay un cuento.

Quizás es uno de los mejores cuentos cortos que se escribieron en Argentina.


A mis hijos infelices

pensé volverlos a hallar

y andaba de un lao al otro

sin tener ni qué pitar.


Supe una vez por desgracia

que había un baile por allí,

y medio desesperao

a ver la milonga fui.


Riunidos al pericón

tantos amigos hallé,

que alegre de verme entre ellos

esa noche me apedé.


Como nunca, en la ocasión

por peliar me dio la tranca,

y la emprendí con un negro

que trujo una negra en ancas.


Al ver llegar la morena

que no hacía caso de naides

le dije con la mamúa:

«Va... ca... yendo gente al baile».


La negra entendió la cosa

y no tardó en contestarme

mirándome como a perro:

«más vaca será su madre».


Y dentró al baile muy tiesa 

con más cola que una zorra

haciendo blanquiar los dientes

lo mesmo que mazamorra.


«—Negra linda»... dije yo,

«me gusta... pa la carona»;

y me puse a talariar

esta coplita fregona:


«A los blancos hizo Dios,

a los mulatos San Pedro,

a los negros hizo el diablo

para tizón del infierno».


Había estao juntando rabia

el moreno dende ajuera;

en lo escuro le brillaban

los ojos como linterna.


Lo conocí retobao,

me acerqué y le dije presto:

«Po... r... rudo… que un hombre sea

nunca se enoja por esto».


Corcovió el de los tamangos

y creyéndosé muy fijo:

«—Más porrudo serás vos,

gaucho rotoso», me dijo.


Y ya se me vino al humo

como a buscarme la hebra,

y un golpe le acomodé

con el porrón de giñebra.


Ahi no más pegó el de hollín

más gruñidos que un chanchito,

y pelando el envenao

me atropelló dando gritos.


Pegué un brinco y abrí cancha

diciéndoles: «—Caballeros,

dejen venir a este toro;

solo nací..., solo muero».


El negro después del golpe

se había el poncho refalao

y dijo: «—Vas a saber

si es solo o acompañao».


Y mientras se arremangó

yo me saqué las espuelas,

pues malicié que aquel tío

no era de arriar con las riendas.


No hay cosa como el peligro

pa refrescar un mamao:

hasta la vista se aclara

por mucho que haiga chupao.


El negro me atropelló

como a quererme comer;

me hizo dos tiros seguidos

y los dos le abarajé.


Yo tenía un facón con S

que era de lima de acero;

le hice un tiro, lo quitó

y vino ciego el moreno.


Y en el medio de las aspas 

un planaso le asenté

que le largué culebriando

lo mesmo que buscapié.


Le coloriaron las motas

con la sangre de la herida,

y volvió a venir furioso

como una tigra parida.


Y ya me hizo relumbrar

por los ojos el cuchillo,

alcansando con la punta

a cortarme en un carrillo.


Me hirvió la sangre en las venas

y me le afirmé al moreno,

dándole de punta y hacha

pa dejar un diablo menos.


Por fin en una topada

en el cuchillo lo alcé,

y como un saco de güesos

contra el cerco lo largué.


Tiró unas cuantas patadas

y ya cantó pa el carnero.

Nunca me puedo olvidar

de la agonía de aquel negro.


En esto la negra vino,

con los ojos como ají,

y empesó la pobre allí

a bramar como una loba.


Yo quise darle una soba

a ver si la hacía callar;

mas pude reflesionar

que era malo en aquel punto,

y por respeto al dijunto

no la quise castigar.


Limpié el facón en los pastos,

desaté mi redomón,

monté despacio y salí

al tranco pa el cañadón.


Después supe que al finao

ni siquiera lo velaron

y retobao en un cuero

sin resarle lo enterraron.


Y dicen que dende entonces

cuando es la noche serena

suele verse una luz mala

como de alma que anda en pena.


Yo tengo intención a veces,

para que no pene tanto,

de sacar de allí los güesos

y echarlos al camposanto.






martes, 4 de marzo de 2025

El sentido de un cuento

 Escuché a Borges contar un cuento. Mencionó quién era el autor y el nombre del cuento, pero resultó un detalle inútil. Un tipo vuelve del trabajo y encuentra dentro de su casa un zorro. El zorro lo mira asustado pero no se escapa. Él se queda estático. Se miran a los ojos. El hombre ve que además de susto, en los ojos del zorro hay angustia y pena. Y también se da cuenta de que es la mirada de su esposa. Su esposa se había convertido en un zorro. Ahí empieza todo el asunto de qué decide hacer el hombre, hasta que decide que seguirá la vida que habían tenido siempre. Claro, la mujer ya no cocina, ni habla, no nada. Es un zorro. Pero en su mirada, el tipo ve que entiende. Se comunican él hablándole y ella mirándolo. Terminan resignándose, se adaptan, aceptan los cambios y al fin estabilizan la relación. Él le lee poemas, la esposa escucha, duermen en la misma cama, ella le lame la cara a veces, él la peina con el peine de carey que ella ha usado desde joven. Pasa el tiempo. En un momento él empieza a notar que la esposa está menos atenta a los poemas. No le dice nada pero la observa, y entonces comprueba lo que sospechaba. Hasta que empieza a irse mientras él lee. Ahí empieza otra fase, que termina cuando el marido encuentra el gallinero hecho un desastre, todas las gallinas muertas, entra en la casa y la mujer echada en el piso tiene sangre y plumas en el hocico. Días después desaparece. Vuelve tres o cuatro veces, y él nota que no se entienden. Y entonces desaparece ya para siempre. Él la busca, no la encuentra, consigue perros para rastrearla, y finalmente da con ella. Está dentro de una madriguera, como las que hacen los zorros en la tierra. En la cueva hay tres cachorritos. Mientras la mente del tipo sólo está azorada, los perros la matan, como matan a los zorros.

Un escritor debería aspirar a escribir historias que la gente pueda contar como se chismosean las cosas más banales en el interior de una familia. Que la gente pueda repetir sus cuentos haciéndolos propios, modificándolos, sin que le importe quién los escribió, porque lo importante es el sentido que tienen.


miércoles, 15 de enero de 2025

Bosque de la felicidad ardiente

En el Nº12 de la Revista DangDai apareció la nota “Diez mil años no es tanto”, en la que el explorador de la ciencia ficción Pedro Perucca presenta al genial Cordwainer Smith, ahijado de Sun Yatsen, con quien su padre fue a militar la Revolución de 1911.

En su artículo, Perucca cuenta que la pronunciación de “Linebarger” en chino suena parecido a tres signos que significan “bosque de la felicidad ardiente”: 林白乐 (bosque + resplandeciente + alegría).

Cordwainer Smith también usaba el seudónimo Felix C. Forest, lo que podría ser una retraducción al latín y al inglés de ese nombre en chino.

https://dangdai.com.ar/2015/03/21/dangdai-no-12-brotes/






miércoles, 8 de enero de 2025

Fragmentos de “Las verdes colinas de África”

Un libro en el que Hemingway cuenta que fue a cazar.


Sólo por casualidad gana dinero un escritor, aunque los buenos libros terminan siempre por dar dinero. Nuestros escritores, en cuanto han ganado algún dinero aumentan su nivel de vida y quedan apresados. Tienen que escribir para mantener su situación, sus esposas y demás, y escriben vulgaridades. No son vulgaridades hechas a propósito, sino porque están hechas apresuradamente. Porque escriben cuando no tienen nada que decir, cuando se les ha secado la fuente. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y escriben más vulgaridades. Eso o leen a los críticos. Si creen a los críticos cuando éstos dicen que son grandes han de creerles también cuando afirman que son unos podridos, y entonces pierden confianza por medio de la lectura de los críticos. Si escribieran, algunas veces serían buenas, otras malos y otras peores, pero lo bueno saldría. Pero como han leído a los críticos han de escribir obras maestras. Las obras maestras que los críticos afirman que escribieron. Por supuesto que no eran obras maestras. Eran, sencillamente, buenos libros. En consecuencia, no pueden escribir nada. Los críticos les han hecho impotentes

///


Durante la guerra mandaron tropas indias a luchar aquí. Para mantenerlas además fuera de la India, porque temían otra revuelta. Luego prometieron al Aga Khan que puesto que los indios habían luchado en África, podían venir aquí con toda libertad para establecerse o dedicarse a los negocios después de la guerra. Ahora no pueden romper la promesa y los indios han desalojado a los europeos de todo el país. Viven de la nada y envían todo su dinero a la India. Cuando han ganado bastante para volverse a casa se largan, pero antes traen a sus parientes pobres para que se hagan cargo de sus negocios y continúen explotando al país.

///

A POM le disgustaba profundamente que se la comparara con un pequeño terrier . Si tenía que parecerse a algún perro, y no lo deseaba, hubiera preferido un perro lobo, algo de raza, delgado y esbelto, de patas largas y muy llamativo. Su audacia y valor eran tan automáticos y hasta tal punto un simple estado de ánimo natural que nunca pensó en el peligro. Pero el peligro estaba en las manos de Pop y por él sintió una completa, clara y absoluta adoración. Pop era el ideal de lo que un hombre debía ser para ella: valiente, apacible, cómico, sin perder nunca el dominio de sí mismo, no haciéndose nunca el fanfarrón, nunca quejándose excepto mediante algún chiste, tolerante, comprensivo, inteligente, bebiendo un poco más de la cuenta, como debe hacer un buen hombre y, a sus ojos, muy guapo.

////

(…) era feliz como se es feliz después de haber estado con una mujer a la que verdaderamente se ama, cuando, vacío, se siente hermano de nuevo el amor y ahí está y nunca puede tenerse todo y, sin embargo, lo que hay ahora se puede tener, y se quiere más y más, tener, y ser, y vivir en, poseer ahora de nuevo para siempre, para ese largo y súbitamente acabado siempre; haciendo que el tiempo se mantenga quieto, parado, a veces tan detenido que, después, se espera oírle moverse, y es lento en su arranque. Pero no se está solo, porque si alguna vez uno la ha amado felizmente y sin tragedia, ella siempre le ama a uno; no importa a quién ame ni dónde esté, ella te ama a ti más que a nadie. De esta forma, si uno ha amado a alguna mujer y algún país, uno es muy afortunado y si, después de eso, uno muere, la muerte no tiene ninguna importancia.

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(…) es muy agradable cazar algo que se desea mucho durante mucho tiempo, en el cual se siente uno superado por la presa, vencido y fracasado cada día, pero siguiendo la caza consciente de que cada vez que se está tras ella, pronto o tarde, la suerte cambiará y se conseguirá tener la oportunidad que se busca. Pero no es agradable disponer de un tiempo limitado en el que hay que cazar el kudú que se desea o quizás no conseguirlo jamás, ni siquiera ver uno. No es ésta la forma en que se debe cazar. Hacerlo así es parecido a la experiencia que hacen esos muchachos que son enviados a París con dos años para transformarse en buenos pintores o escritores tras los cuales, si no lo han conseguido, deben volver a casa y dedicarse al negocio de la familia. La forma de cazar es hacerlo por tanto tiempo como se viva y mientras se sepa que existe tal o cual animal; de la misma forma que el pintar debe hacerse en tanto existe uno y colores y lienzos, y escribir en tanto que uno existe y disponga de papel y lápiz, o tinta, o una máquina para hacerlo y cualquier cosa sobre lo que a uno le apetezca escribir; uno se siente imbécil si lo hace de otro modo, y efectivamente es un imbécil si lo hace de otra forma.

///

Uno muy alto y muy hermoso me preguntó con insistencia algo que yo no comprendía y, después, cinco o seis, se unieron a él. Se tratara de lo que se tratara lo deseaban con muchas ganas. Finalmente, el más alto de todos hizo un gesto muy extraño y emitió un sonido semejante al de un cerdo moribundo. Al fin, lo comprendí; estaba preguntando si teníamos un aparato de aquellos que hacían un ruido parecido a aquél, y yo apreté el claxon. Los niños echaron a correr gritando, los guerreros rieron locos de contento, y, luego, cuando Kamau, en respuesta a la petición popular, apretó el claxon una y otra vez.

 



————-

Otro libro que se me deshizo mientras lo leía. Lo había leído muchas veces. 
Así pasa con mi vida. 



domingo, 10 de noviembre de 2024

Nada queda afuera

El culto peronista cool casi casi se agota. 

¿Quién le regala todavía a la hija de su amiga una Evita de trapo que cuesta 50 mil pesos? 

Y aún así, si surge algo, deberá integrar el paso por el peronismo cool.






Digitalización

El hijo de mi prima, que vive de hacer operaciones con bitcoins y en el año ganó más que su papá —aunque aún vive en la misma casa de él—, se rió de mí cuando le conté que tengo una pila de un metro y medio de alto de cuadernos con notas que fui tomando desde hace años para escribir cuentos.

— ¿Y por qué no los digitalizaste? —me preguntó sorprendido.

Era tan obvio. ¡Como no se me ocurrió!

En los días siguientes pensé menos en los cuadernos y su contenido que en las razones por las que nunca se me ocurrió digitalizarlos.

Me dije que era obvio que por viejo. Es decir, por la misma razón por la que escribí los textos a mano en los cuadernos. Uno tiene en la mente las herramientas que usaba cuando empezó y que más usó; hay muchas herramientas nuevas que uno se olvida de que las tiene, porque su mente y su mano se han hecho a aquellas viejas herramientas básicas.

Me pregunté si todo el pensamiento no procede de esa manera.

Luego, con los días, una idea fue cobrando forma en mí como respuesta.

El trabajo que me ahorraría haciendo digitalizar los textos es enorme. No es nada menos que el trabajo que me propongo hacer en la última etapa de mi vida los 20 o 30 años que me quedan —y ojalá me alcance el tiempo.

En vez de digitalizar los textos lo que hago es lo siguiente: llevo la escalera a la biblioteca, bajo un par de cuadernos, los meto en la mochila y los llevo al lugar más adecuado para transcribirlos, es decir, elegir textos de cada cuaderno y reescribirlos en otro cuaderno —o debería decir escribirlos, porque lo que hay en los cuadernos son mayormente anotaciones, del tipo: “contar la historia del hombre que cazó y devoró a su muerte. La vio sentada en un rincón mugriento de Chan Chan, a la noche, en la forma de una anciana. Le pegó con una piedra en la cabeza, cargó el cadáver hasta su casa, lo trozó, hizo charquis con la carne, le dio los huesos a sus perros y se fue comiendo el charqui durante mucho tiempo.” Eso, lo convierto en un texto verdadero.

Ahora bien, ¿cuál es el lugar más adecuado para hacer ese trabajo? No lo decido yo, más bien permito que surja en mí la ocurrencia. Puede ser el Parque Saavedra, que tengo enfrente de mi casa, o puede ser un bar del barrio de la Aduana Vieja de Montevideo, o un tren a Mar del Plata, un cementerio de París, o una cabaña en el Delta del Tigre, o un banco en un parque del Bajo Manhattan, o una iglesia de Estambul o una terraza de Valparaíso.

Allí, entonces, escribo lo que tenía anotado. En el mismo lugar también dicto lo que escribo a mi celular (y ese dictado, es siempre una edición).

Al regresar a mi casa, le permito a mi computadora trascribir el audio, tomo el texto y vuelvo a darle forma. Que puede ser definitiva, aunque posiblemente no. Posiblemente deje que el texto trabaje y lo tome más adelante. Entonces seguramente le pida a algunos amigos que lo lean conmigo, o en privado y luego me comenten. Es decir, de algún modo escribimos de modo cooperativo.

Y así sigo, entre dejar y retomar el texto, hasta que me aburro de buscarle la mejor forma o alguien lo publica.

Este proceso, largo, costoso, engorroso, complicado es lo opuesto a lo que me recomendó el hijo de mi prima.

Involucra tiempo, involucra mi cuerpo, muchísimas pequeñas y grandes decisiones y también relaciones con otras personas. Es decir, el texto final es la consecuencia de una especie de aventura.

Bien. Llegado a esta conclusión, un día que nos vimos se la conté al hijo de mi prima.

Con la misma inmediatez con la que me había mandado digitalizar los cuadernos, me preguntó:

— Ajá. ¿Y ahora qué vas a hacer con el texto?

— Mi idea final, como te dije, puede ser que sea publicado.

— ¿Y qué haces con el libro?

— Bueno, otras personas lo pueden leer.

— ¿Hay gente que lee tus libros? ¿Hay gente que lee libros? —me preguntó sin agresividad, sólo conectado con la sensatez y la verdad. Y los bitcoins.

 

 

Discusión

Los del Centro Vasco nos reunimos para celebrar una fecha patria. Se cocinó, se comió, se charló, se bailó. Viejos y jóvenes.

Al día siguiente comentamos la jornada en nuestro almuerzo familiar de los domingos. Las fiestas son importantes en sí, pero no son menos importantes las charlas sobre las fiestas que se hacen los días siguientes. Se repasan todos los temas: cómo estaba cada uno, qué hizo tal o cual, cómo resultó tal actividad, como estuvo la comida, por qué faltó tal familia, todo.

En el almuerzo los grandes criticamos la nueva música que eligieron para el baile, que no tenía nada que ver con una música vasca, criticamos que se hubiera suprimido el concurso de hacheros, que se haya decidido que las clases de euskera fueran sólo online y otros temas.

Los chicos se ofuscaron. Les había parecido todo bien lo que a nosotros nos parecía mal. El nieto menor de mi hermana dijo entonces:

— ¡Nada le gusta! No tienen que venir más los viejos a las reuniones. Miren: las cosas cambian. Va a ser así desde ahora. Si no les gusta, no vengan.

Mi hermana le respondió que adónde había aprendido a no discutir.

— Te estoy discutiendo —dijo su nieto.

— No, no estás discutiendo. Estás haciendo lo contrario, estás diciendo que o nos gusta o no vamos. Discutir es justamente decir lo que vemos, intercambiar lo que pensamos, ponernos de acuerdo o no, pero enriquecernos charlando juntos sobre el tema. Quizás vos termines más seguro de tu posición y yo de la mía, pero será una seguridad enriquecida, más fundamentada, que ha sido contrastada con otro punto de vista. Discutiendo, ganaremos una experiencia, pensaremos, nos relacionaremos, tendremos sentimientos, intuiciones, recordaremos cosas que pasaron, que algunos no sabrán que sucedieron, nos conoceremos más entre todos. Todo eso no sucederá si lo único que hacemos es reducirnos a “si no les gusta, no vengan”. 

El nieto ni le respondió. Me dio la impresión de que cuando le toque organizar una reunión, no invitará a los viejos.


jueves, 7 de noviembre de 2024

Arqueología de una pasión literaria

 En el comedor, Clara deja la cartera y un paraguas sobre una silla y se sienta a comer junto a Chong, en un lugar que estaba dispuesto para ella, esperándola, con la silla y el cubierto vacíos. María le trae algo de la cocina y ella le dice “gracias”, mientras se sirve comida de una fuente. Chong le sirve vino.

No se ha quitado la campera que traía de la calle. Está envuelta en un aire de dicha luminosa, ajena al silencio y el clima taciturno del comedor. Se sienta y antes de empezar a comer, se larga a hablar de las cirugías en las que participó. Las relata con el entusiasmo con que se cuenta una película en la que uno se siente parte de lo que sucede, identificándose con el protagonista, sintiendo sus temores, sus alegrías, comprendiendo.

Los demás siguen el relato cada vez con más atención. Van dejando de comer para escucharla.

— Operamos del corazón a un hombre tan grande que, acostado, su pecho quedaba altísimo y el doctor Aiello tuvo que mandar a buscar una plataforma para subirse arriba. Estuvimos más de cuatro horas. Aiello sudaba a mares, tenía una enfermera sólo para que le secara el sudor. Y cuando dio la última puntada de la costura, el hombre va y hace un paro. Aiello, a las puteadas, decidió volver a abrirlo entero —yo ¡zzzzzzzzzác! con la tijera cortándole todos los puntos— y él le masajeó el corazón con la mano.

 

Este es un fragmento de mi última novela, que se publicará el año que viene.
En la vida real, Clara es mi madre.

 

Estos días tengo la suerte de sentir que vivo una aventura leyendo un libro.

“Cuerpos y almas”, una novela que me recomendó mi mamá cuando yo tenía ocho años. Cuenta historias en la Facultad de Medicina de Angers, Francia.

Lo agarro ahora, 60 años más tarde.

Tengo un ejemplar que alguna vez compré y es una pieza arqueológica.

El papel se me va deshaciendo, muchas páginas que leo se caen, y yo estoy apasionado con todo lo que pasa y lo que piensan los médicos, ayudantes, estudiantes, enfermeros y pacientes.

Son páginas marrones, antiguos pergaminos, con letras microscópicas de mala tinta que se han borrado y apenas se ven.

Tiene más de 600 páginas.

Leyéndolo me doy cuenta de que muchas de las cosas que nos contaba cuando volvía de operar en la clínica eran cosas que leía en ese libro.

El libro le daba alma a lo que hacía.




miércoles, 16 de octubre de 2024

Remedios

En el colectivo veo a una chiquilina que recién ha empezado la Universidad. Va con una caja de librería muy nueva y vestida como para el primer día de algo.

En el asiento frente a ella está una mujer con un bebé. La chica mira al bebé con un brillo en los ojos, y sobre todo con un aplomo y una madurez que un hombre solo conseguiría, si acaso, pasados los 50.


Algún escritor reconocerá esto: se empieza a escribir, se encuentra la punta de un hilo, se tira de ella y va apareciendo algo que al escritor le resulta atrapante y ajeno —no es su invención ni su creación—, y que demanda, de un modo indolente, ser escrito.

Eso, que no estaba antes en el mundo, resulta una verdad.

Mi observación sobre la chica del colectivo que miraba al bebé es un modo de repasar lo que escribió Gabriel García Márquez en Cien años de soledad sobre aquella niña que fue mamá a los nueve años, pasando en nueve meses de ser una chiquilla que mojaba la cama a una plena mujer.




Es común entre los hombres la preferencia por las jóvenes. 

¿Qué mira el hombre en una mujer? Lo excita la lozanía de su cuerpo, la tersura, la energía, pero incapaz como es de ver más adentro de la mujer, no tiene el mínimo sentido de cuál es la madurez que la mujer tiene adentro. Es una dimensión que el hombre no conoce —pero que sí le fue concedido apreciar a García Márquez, como premio a su trabajo de escribir sin descanso.


martes, 15 de octubre de 2024

El que escribe en un cuaderno

Siempre escribo en cuadernos.

—Bueno, no sólo en cuadernos. También escribo en el celular, en la MacBook, en mi PC de escritorio.

— Y bueno (otra vez), no siempre: siempre sólo en los intersticios. Cuando viajo en ómnibus, avión, tren o ferry; cuando espero en un consultorio o en cualquier fila; en un café en otra ciudad; en un parque o una iglesia que encuentro cuando camino hacia algún lugar; en cualquier reunión por zoom. En fin, cuando paso de un lado a otro. 


Una tarde iba en un subte de Nueva York, línea D, la anaranjada, que estaba muy lleno y escribir parado y apretado era sumamente incómodo, pero es exactamente el tipo de escenas que me exprimen haciendo brotar de mí ocurrencias que me urgen a que las escriba, de un modo tan acuciante que no tengo voluntad contra ellas. 

De manera que saqué mi cuaderno de la mochila y me puse a inscribir.


Al rato noté que una adolescente, de 16 o 17 años, me observaba con un interés tan vivaz como si yo fuera una mezcla de pulpo con tortuga, o como si tuviera ojos de cabra, o si un manojo de ardillas jugara en mi cabeza. 

Estaba fascinada porque un fulano escribía a mano en un cuaderno, y esa fascinación le producía una sonrisa, bastante hermosa. 

Le comentó de mí y me señaló a un chico y otra chica que estaban con ella. Sus amigos me echaron un vistazo con algo de interés y luego siguieron con lo suyo, pero la chica quedó fija en mí. 

Quizás pensaba que yo era un afgano, un uzbeko o un mongol sin civilizar. De hecho, me creo un sudamericano sin civilizar. (Ella tampoco parecía muy civilizada).


No se atrevió a tomarme una foto con el celular, pero le hice el día.




viernes, 9 de febrero de 2018

Fue Sergio Pérez



En las películas, con uno basta para que caiga muerto instantáneamente.
A Ricardo Jáuregui le metieron dieciséis tiros, en la casa de su hermana, en Casilda.
Dieciséis tiros, y quedó vivo.
No murió como en las películas, pero como en las películas, escribió en un papel “fue Sergio Pérez”.
Lo que tengo para decir me urge tanto decirlo, y tengo tanto para decir, que no tengo tiempo para escribir.
No me queda otro remedio que dejarle esa tarea a otro.
Tengo que utilizar el tiempo que me queda para llegar a escribir “fue Sergio Pérez”.

lunes, 5 de junio de 2017

Murciélagos en la vida de hoy

  
En los cuadros de Goya traen pesadillas
al artista. Volando hacia arriba, hacia abajo,
a derecha y a izquierda, murmuran
furtivamente sin llegar a despertarlo

Ese es la primera estrofa de Murciélagos al atardecer. Es un poema autobiográfico de Xi Chuan (西川,Xuzhou, provincia de Jiangsu, 1963).

Luego dice que “una felicidad indecible aparece en sus caras / casi humanas.”

Es tradición en China meter imágenes de murciélagos en decoraciones donde los occidentales jamás los pondríamos. 
Es que los chinos juegan con las homofonías y los significados y murciélago se pronuncia , igual que felicidad.

Xi Chuan dice que los murciélagos son “como demonios sin esperanza de redención / ciegos y crueles”. Y que “La luna creciente y menguante / gastó sus plumas. Son feos, sin nombre.”

Cuenta que “en algunas historias”:

Pueden obligar a un sonámbulo a unírseles,
arrebatarle la antorcha de su mano y apagarla;
pueden alcanzar a un lobo acechante
y hacerlo caer mudo por un precipicio

A la noche, si un niño no puede dormir
es sin duda porque un murciélago
sorteando los ojos hinchados del guardia
llegó hasta él para hablarle del destino

Dije que era un poema autobiográfico. Fíjense:

Su corazón de piedra nunca pudo conmoverme
hasta que un verano hacia el atardecer
al pasar por mi vieja casa vi muchos chicos jugando
y sobre sus cabezas aún más murciélagos

(…)

Entre las cosas antiguas un murciélago
es de aquellas que generan una especie de nostalgia.
Su actitud indolente hizo que me detuviera un largo tiempo
en ese barrio, en la calle donde crecí.




Me interesa contarles que estos murciélagos han entrado en nuestra vida gracias a que el traductor Miguel Ángel Petrecca tuvo la dichosa idea de sentarse a traducir decenas y decenas de poemas de escritores chinos de hoy.
Petrecca abrió la ventana, entraron esos fú, fú, fú chinos, fieros bichos de la felicidad, y como pasa cuando entran los murciélagos en tu casa, tu vida ya no será la misma.
No sé si los chinos son conscientes de que Petrecca es un monumento.
En su monumental antología Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos, incluyó este poema de Xi Chuan.



Murciélagos al atardecer

En los cuadros de Goya traen pesadillas
al artista. Volando hacia arriba, hacia abajo,
a derecha y a izquierda, murmuran
furtivamente sin llegar a despertarlo

Una felicidad indecible aparece en sus caras
casi humanas. Estas criaturas que parecen
pájaros pero que no lo son, completamente negros
se funden con la oscuridad, como semillas que nunca florecerán

Como demonios sin esperanza de redención
ciegos y crueles, llevados por su voluntad,
cuelgan a veces boca abajo de las ramas
igual que hojas secas, excitando nuestra lástima

En algunas historias
se concentran en húmedas grutas;
cuando el sol cae tras la montaña es su momento
para salir de caza, parir, luego desaparecen

Pueden obligar a un sonámbulo a unírseles,
arrebatarle la antorcha de su mano y apagarla;
pueden alcanzar a un lobo acechante
y hacerlo caer mudo por un precipicio

A la noche, si un niño no puede dormir
es sin duda porque un murciélago
sorteando los ojos hinchados del guardia
llegó hasta él para hablarle del destino

Uno, dos o tres murciélagos,
no tienen riqueza ni patria, ¿cómo puede ser
que traigan felicidad?  La luna creciente y menguante
gastó sus plumas. Son feos, sin nombre.

Su corazón de piedra nunca pudo conmoverme
hasta que un verano hacia el atardecer
al pasar por mi vieja casa vi muchos chicos jugando
y sobre sus cabezas aún más murciélagos

El atardecer arrojaba sombras sobre la calle
y doraba el cuerpo de los murciélagos
Revoloteaban sobre las puertas descascaradas
pero nada tenían para decir sobre el destino

Entre las cosas antiguas un murciélago
es de aquellas que generan una especie de nostalgia.
Su actitud indolente hizo que me detuviera un largo tiempo
en ese barrio, en la calle donde crecí.


夕光中的蝙蝠

在戈雅的绘画里,它们给艺术家
带来了噩梦。它们上下翻飞
忽左忽右;它们窃窃私语
却从不把艺术家叫醒

说不出的快乐浮现在它们那
人类的面孔上。这些似鸟
而不是鸟的生物,浑身漆黑
与黑暗结合,似永不开花的种籽

似无望解脱的精灵
盲目,凶残,被意志引导
有时又倒挂在枝丫上
似片片枯叶,令人哀悯

而在其他故事里,它们在
潮湿的岩穴里栖身
太阳落山是它们出行的时刻
觅食,生育,然后无影无踪

它们会强拉一个梦游人入伙
它们会夺下他手中的火把将它熄灭
它们也会赶走一只入侵的狼
让它跌落山谷,无话可说

在夜晚,如果有孩子迟迟不睡
那定是由于一只编幅
躲过了守夜人酸疼的眼睛
来到附近,向他讲述命运

一只,两只,三只编幅
没有财产,没有家园,怎能给人
带来福祉?月亮的盈亏褪尽了它们的
羽毛;它们是丑陋的,也是无名的

它们的铁石心肠从未使我动心
直到有一个夏季黄昏
我路过旧居时看到一群玩耍的孩子
看到更多的蝙蝠在他们头顶翻飞

夕光在胡同里布下了阴影
也为那些蝙蝠镀上了金衣
它们翻飞在那油漆剥落的街门外
对于命运却沉默不语

在古老的事物中,一只蝙蝠
正是一种怀念。它们闲暇的姿态
挽留了我,使我久久停留
在那片城区,在我长大的胡同里