Lo inimaginable puede pasar en lo oscuro.
El terror en lo negro vacío.
Podés dormirte para siempre si entrás.
Y cuando estás dormido lentamente lo negro te disolverá en
lo negro.
¿Cómo sabemos esto?
Porque lo negro tiene ojos abiertos.
Lo dijo G. K. Chesterton, “la noche es un monstruo hecho de
ojos”, y lo muestra Emmanuel Franco en sus dibujos.
Pero Emmanuel no se quedó dormido.
En cambio, ha traído a plena luz a las personas que lo miran
desde la oscuridad. Agarró sus ojos y al arrancarlos de lo negro, trajo con
ellos las personas de los ojos.
Emmanuel se rió a carcajadas de ellas, y las maquilló con
líneas que crecen en la luz como las guías de las enredaderas se desenrollan contra
el cielo.
La gente de los ojos, liberada de lo negro por Emmanuel
Franco, se ha transformado en personas livianas que flotan, sonríen, cantan,
son hechiceras como los cuerpos del carnaval, danzan, hechas de una sustancia
fluida como un agua perfumada.
Se mezclan con las infinitas criaturas del arte thangka —el arte
de los budistas— y en ellas se escucha la risa íntima, aguda y dulce de Ney
Matogrosso.
Anoche estuvo Ney en la muestra, tímido y sonriente, escondido
entre las criaturas de Emmanuel.
Los dibujos están expuestos en la muestra La Zoncera, curada
por Verónica Gómez —que ha visto con el alma todo esto, los ojos, las guías de
las enredaderas, el agua perfumada, Ney Matogrosso.
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