domingo, 2 de junio de 2019

Los hijos de la frontera

Neuquén es Patagonia. 
La Patagonia es toda frontera. 
La Patria se hincha y enciende en las fronteras. 
En Neuquén me hice amigo de un chino que llegó hace doce años con una mano atrás y otra adelante y hoy tiene tres restaurantes, una pequeña empresa de construcción y formó una asociación provincial de residentes chinos. Hoy domingo una fiscalía lo llamó para que oficiara de intérprete y sin oponer excusa, fue. Ustedes sabrán que esos trabajos la Justicia no los paga. 
Este chino reunió dinero para pagarme el pasaje y la estadía para que yo le hablara de China a los neuquinos. “Hay algunos que tienen prejuicios contra los chinos. No hay conocimiento”. 
Este muchacho, con las empresas que creó, con los sueldos que paga (más de 20) está ganando dinero para él y los suyos y también está contribuyendo a la economía de Neuquén, la Patagonia y Argentina. 
Estos son sus hijos, los dos indisimulablemente chinos, los dos argentinitos hasta la médula. Están cenando en uno de los restaurantes del papá, que ha puesto esa bandera. 
Son felices en Neuquén. Van a la escuela, la piba juega al tenis, el pibe hace natación, son de Boca, entienden un poco el chino, no mucho. El papá los adora sin hacerles concesiones. Como hacen los papás chinos. 
Al papá le hicieron, adelante mío, este chiste: “¡ustedes nos van a invadir!”  Sospecho que no es la primera vez que le hacen ese chiste. Temo que sea recurrente. 
No sé qué pasará en el futuro, pero este chino, su mujer y sus hijos no son una invasión.

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Mística

Hay tres significados de “mística” en la sociedad argentina en este momento.
Por un lado, es el adjetivo que indica que algo (usualmente una experiencia) pertenece a un orden opuesto o diferente del mundano. Mística o místico es aproximadamente sinónimo de divino, espiritual.
Las actividades místicas forman el misticismo, sustantivo que también tiene el nombre de mística.
Finalmente, hay una segunda acepción de mística como sinónimo. Es un significado derivado del anterior, y nombra un tipo de anhelo, proyecto, iniciativa o acción cargado de un sentido trascendental.
Algunas personas son místicas y otras personas tienen mística.

La ingenuidad y la mística provocan la socarronería.
Quien se pone socarrón, se pone ácido y amargo en defensa de una vida gris, tan inerte como la tierra a la que va a ir a parar o las cenizas en que se convertirá.
La vida no mejora porque uno se someta, se resigne, se lamente porque total se va a morir.
No huyan de la mística. No la repriman.

viernes, 31 de mayo de 2019

La Evita de Elena


Una cantante de ópera entiende lo que canta.
Entiende la música.
Entiende al personaje.
Entiende la obra.
Entiende cada canción.
Puede tener un entendimiento tan profundo como lo permita su entendimiento.
Ese entendimiento es una creación.
Es entendimiento como lectura, como interpretación.
El modo en que actúa y el modo en que canta son la expresión de esa interpretación.

Cuando la vi y la escuché caracterizando a Edith Piaf, me fascinó Elena Rogers.
Estaba a la altura de Edith Piaf.
Luego la escuché personificando a Eva Perón.
La había entendido, leído, la interpretó.
¿Qué vio en Eva?
En su interpretación, Eva aparece poderosa, revoltosa, revolucionaria.
Como decía Perón: “desaforada”.
La Eva de Elena Rogers tiene la autoridad que le concedía defender a los que siempre fueron humillados y siempre lo serían, si alguien no se alzaba como un incendio.
Cuando escuchás la interpretación que hizo Elena Rogers de Eva, comprendés el odio que le tuvo, le tiene, la oligarquía, hoy en el Gobierno, con la aprobación mayoritaria de los argentinos.
El odio a que los señalara con un cuchillo, los acusara y los amenazara con matarlos por humillar a los chicos.
Eva, que le decía a los chicos: “vamos a hacer un país en que ustedes sean felices, en que no estén condenados a envidiar a los ricos”.

Posiblemente Elena Rogers no coincida con esto.

En tal caso, yo le pido disculpas y le admito que este es mi entendimiento de su interpretación.






56 años



Tengo 56 años.
Los chicos ya vuelan. Todavía se los mira, por las dudas, pero ya no se caerán.
Están bien.
Te vienen a visitar.
Vamos a visitar al Viejo.
No puedo pensar en algo más lindo que cuando tomamos unos mates con los chicos.
¿Qué más se puede querer, en la vida?

Los espejos



¿Qué piensa de vos tu hermano?
¿Qué ven en vos los clientes que atendés en la panadería?
¿Qué idea se hace de vos cuando te escucha tu psicoanalista?
¿Quién sos para tu ex?
¿Qué piensa tu hijo que pensás?
¿Qué sos para tu perro?
¿Qué cree que sos esa señora que te mira un poco torcido en el vagón del tren?
¿Quién cree que sos el gerente de la empresa en la que trabajás?

Cada persona con la que tratás es un espejo.
Se hace una imagen de vos y te la devuelve.
Sos la arquitectura de la suma de las imágenes que los demás tienen sobre vos. Algunas imágenes quizás son enormes, otras pequeñas; unas centrales, otras marginales; algunas convergen, otras se contradicen. Las hay de todos los tamaños y están ubicadas en diferentes lugares.
Y esa forma que sos, es siempre cambiante. Sos una identidad fluida.

Algunos te expresan mucho la imagen que tienen de vos, otros se la guardan.
Algunos tienen opiniones que te parecen acertadas, otros te parece que se equivocan notablemente.
Otros te hacen observaciones lúcidas que te aportan mucho.
Algunos tienen opiniones negativas, crueles, que te resultan devastadoras. Te desactivan.
Otros, quizás apenas, quizás entre otras imágenes, te muestran que sos alguien que vale mucho, que le sos insustituible, sos fecundo, lo hacés vivir.

Y vos elegís cuál es la arquitectura de los espejos que te rodean.

Nadie es del todo una víctima.



lunes, 27 de mayo de 2019

Sole, la hermana de Juan



Me encontré con un amigo de la primaria, Juan Delfedele. Mi hermana Anita seguro lo recuerda. Charlamos con una confianza notable. Cuando dejamos de vernos yo pensé que se haría tornero, o panadero, tal vez pondría una imprenta. Se hizo artista. Escultor. Vive de las estatuas que le encargan y de dar clases en escuelas.
“¿Quién hace algo por mí?”, me preguntó. “Sole, la menor de mis hermanas. Siempre fui su héroe.
“Nadie más me favorece”.
Dijo que sólo ella piensa en él para él. Observa cómo está, cómo va su vida, cómo está con su trabajo, con su pareja, con sus amigos, con su salud. Dónde vive, cómo vive, su casa, el barrio. Le pregunta, lo escucha. Si tiene problemas, le pregunta, hace lo posible por ayudarlo.
Evalúa sus cosas y hace cosas para que esté bien. Le festeja el cumpleaños, le regala tickets de descuento, a veces cuando compra algo, compra para él también.
“Lo hace porque es mi hermana. Pero no sólo porque es mi hermana. Me quiere”.
Chupa lentamente el mate y filosofa: “hay personas que hacen casi todo lo que hacen para sus hijos. Muchas porque son sus hijos. O sus padres, porque están viejos, o enfermos. No tienen esa otra cosa que tiene Sole”.
“¿Qué tiene?”, le pregunto.
“Favorecer más allá de lo que se supone, más allá de la orden, del mandato familiar, marital, tribal, más allá de cualquier mandato. Hacer algo por puro amor.”




viernes, 24 de mayo de 2019

Tibet




No pegué un ojo en toda la noche. Más vale que el frío ayudó, pero era previsible, después de haber recibido antes de acostarme la noticia de que una amiga en China está haciendo fuerza para que me inviten a una convención en el Tibet.
No depende mucho de mí. Todo lo que podía hacer para ir, lo hice. Ahora está en manos de los dioses y de las plegarias de los amigos que me quieren bien.
Lo digo así tranquilo ahora, pero anoche no me dejaba dormir el tema. 
Y volviendo al frío, uno se acostumbra a que la buena vida en la ciudad lo consienta. Está muy bien, sobre todo para la gente que no tiene otra cosa. Pero el que se ablanda, le conviene no quedarse fofo. Cada tanto, le conviene endurecerse un poco.
El frío anoche fue bravo. No  alcanzaba dormir vestido y no alcanzaban las frazadas. 
Por ahí tenía la bolsa de dormir que me regaló mi vieja hace años. Mientras temblaba tratando de dormir, recordaba que nunca tuve frío adentro de esa bolsa, ni siquiera a la intemperie en la montaña. Mi mamá me tenía un amor poderoso. Empecé a pensar en la ropa que ella me regaló y aún uso, después de su muerte. Casi todas están viejas ya. Así va desapareciendo mi mamá. 
Cuando yo hubo luz afuera, me levanté y salí. Hacía frío, pero no era el frío que me había atacado en la cama. 
Hice un fuego. Me cebé unos mates, que fui tomando lentamente, mientras miraba cómo el humo iba hacia el sol que estaban naciendo entre los pinos, reflejado en el arroyo.
Si me sale el viaje al Tibet, podría llevar la bolsa de dormir que me dejó mi mamá, pensé.